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viernes, 20 de junio de 2008
ENTREVISTA· IÑAKI VIAR ECHEVARRIA, PSIQUIATRA Y PSICOANALISTA
“En estos casos la reincidencia es lo habitual”
Iñaki Viar, psiquiatra y psicoanalista, cuestiona que la pederastia sea una enfermedad mental, más bien la interpreta como una perversión de la sexualidad
Infancia tocada · Inocencia truncada   
· Viar, que actuó como perito psiquiatra en el caso del acoso escolar al menor Jokin, analiza el “particular horror” de una perversión que trata al niño como una “cosa”.

   
· Acerca de la castración química se muestra cauto: “No es generalizable. En algún caso puede empujar al pederasta a alcanzar sus objetivos con métodos aún peores”.


 Chelo Aparicio 19 JUN 2008 MADRID (ESTRELLAdigital)
- En la tercera sesión del juicio al pederasta Alberto I. G., conocido por “Nanysex”, algunos colegas suyos estipulan esta conducta en un medio camino entre la delincuencia y la enfermedad. ¿Es o no un trastorno mental la pederastia?

- Propiamente no creo que se pueda considerar como trastorno mental en el sentido del trastorno de las facultades psíquicas. Se cataloga más generalmente como una perversión de la sexualidad, que consiste en la elección que hace un sujeto de tener como objeto sexual a un menor. El particular horror y la repugnancia que nos sugiere se debe a la brutal degradación a “cosa” que ello supone, ya que el menor, el niño, no es considerado como sujeto. Él no tiene la oportunidad de elección. En estos casos, la trasgresión de la ley moral es inseparable (o constitutiva) de la satisfacción.

- ¿Y a reincidencia de los pederastas? Se habla de “alto riesgo” en estos casos…

- Por supuesto, la reincidencia es lo habitual, porque no se modifica el objeto de satisfacción sexual. Lo mismo que un heterosexual o un homosexual. No es habitual que se modifique el objeto de satisfacción sexual que se constituye a temprana edad, que forma parte de la configuración psíquica de un sujeto. No es rehabilitable un pederasta, en líneas generales.

- Se plantean algunas propuestas, como las de “centros permanentes”, para, de un lado, controlarles, y de otro, “tratarles”.

- Yo creo que el pederasta debe cumplir su pena y sí se le puede ofrecer un tratamiento, no tanto de supervisión de su perversión sino sustitutorio, o de apoyo, para evitar la reincidencia, y sí creo que de forma permanente. En cualquier caso, el control legal (un registro policial) de los pederastas me parece lógico, es la mejor forma de evitar su reincidencia y el daño a otros menores.

- La sociedad se culpabiliza ante el horror que producen estos casos. Pero este acusado ha delinquido, según lo ha confesado, desde que era un menor. Ha tenido que llegar a adulto, cometer varios crímenes… ¿es que nadie sabía nada?

- Es difícil creer que nadie sabía nada en una conducta tan reiterada. Por desgracia, creo que en nuestras sociedades existe una cierta tolerancia de facto, a veces, de estas actuaciones.

- El acusado, que se hace llamar “Nanysex”, ha dicho que quiere someterse a una castración química. ¿Resolvería en parte esta patología?

- La respuesta a esto siempre tiene que ser individual, aunque, en principio, podría decirlo para eludir la prisión. No soy partidario, en general, de la castración llamada química. No hay soluciones universales. Puede empujar al pederasta a alcanzar sus objetivos con medios aún peores. ED


ALTERNATIVAS TERAPÉUTICAS

La pedofilia, un trastorno sin solución médica

ROSA M. TRISTÁN 19/06/2008 MADRID (EL MUNDO).-
Los científicos aún no han logrado introducirse en el cerebro de pederastas como el 'Nanysex', acusado de abusar sexualmente de varios bebés. Numerosos psiquiatras y expertos coinciden en señalar las dificultades que presenta su posible reinserción, para algunos imposible ya sea mediante tratamientos farmacológicos, la llamada castración química, o psicoterapéuticos.

Para otros ni siquiera es posible prevenir unos comportamientos, con base biológica en el 70% de los casos –el otro 30% son los que fueron niños abusados–, que sólo salen a la luz cuando ya hay víctimas.

El debate sobre las posibilidades de medicar a los pederastas para inhibir su deseo sexual está abierto. Se trata de suministrarles el acetato de ciproterona –Androcur en su nombre comercial–, que impide la secreción de testosterona, la hormona que actúa sobre el deseo sexual y la erección.

El psiquiatra David Huertas, autor del libro Neurobiología de la Agresividad Humana, parte de la premisa de que la pedofilia es un trastorno de la orientación sexual tipificado como una enfermedad mental.

"El hecho de que sean hombres casi siempre indica la influencia de la testosterona, una patología que es repetitiva y por impulsos. A menudo, son personas normales en quienes a menudo se activa la adicción al sexo con menores. Usando antiandrógenos se consigue inhibir el deseo, como se ha comprobado. Pero tienen que tomarlos toda la vida y de forma voluntaria, según la ley", argumenta Huertas.

Entre los efectos secundarios: daños hepáticos, problemas circulatorios y cierta feminización exterior que no suele ser bien aceptada.

Pero ni Huertas ni otros colegas creen que baste con los fármacos. "En ciertos casos también la psicoterapia puede ayudarles a controlar los impulsos antes de agredir, pero si son, además, psicópatas, como parecer ser el 'Nanysex', no basta con inhibir el deseo. En esos casos, el culpable no sufre por la víctima, aunque diga que quiere la castración química de cara a la galería".
Terapia con sedantes

El forense José Cabrera añade al tratamiento para un pederasta una medicina más: los sedantes para disminuir la agresividad. "Desde hace años he prescrito la ciproterona a presos con problemas de sexualidad y su eficacia está en torno al 50%, pero cuando salen de la cárcel se pierde el control sobre el tratamiento. Y si se niega a seguirlo, con la ley en la mano no se puede hacer nada. La solución sería que tomaran medicación para perder las ganas de sexo, que siguieran una psicoterapia y que durante toda la vida, cada 15 días, tuvieran un seguimiento en el juzgado", propone Cabrera.

Su colega, también psiquiatra forense, Luis Borrás, coincide en que la inhibición de la libido mejora la conducta de los pedófilos, y de hecho en California (EEUU) no pueden salir de la cárcel si no toman el fármaco en cuestión, pero asegura que la sexualidad humana es mucho más que una cuestión hormonal en los casos que tiene un origen biológico.

"Ni los fármacos ni la psicoterapia garantizan al 100% que no haya reincidencia en algunos casos de conductas muy descontroladas. Son pocos casos, pero esos pederastas necesitarían una vigilancia continua una vez que dejan la cárcel con pulseras y GPS, o encerrarlos para siempre en la cárcel", argumenta Borrás.

Y es que uno de los problemas es lo poco que se sabe sobre el cerebro de un pedófilo. ¿Tiene una lesión? ¿Es cuestión de hormonas? ¿Acaso hay un origen genético? Los expertos coinciden en que no se ha investigado lo suficiente porque los únicos casos conocidos son los de los delincuentes. El presidente de la Asociación Española de Psiquiatría, José Luis Pedreira, es pesimista sobre cualquier tipo de recuperación. "Es un trastorno de personalidad y no hay pruebas concluyentes de que la castración química funcione. En mi opinión, no tiene solución".

La prevención, misión imposible

¿Es posible prevenir comportamientos pedófilos desde la adolescencia? Todo parece indicar que es imposible, o al menos muy difícil. En los casos en los que se trata de comportamientos fruto de un abuso en la infancia, hay síntomas (depresiones, ansiedad, trastornos alimentarios) que pueden dar pistas a los padres, como señala el psiquiatra forense Luis Borrás. Pero en los casos que el origen es biológico, la mayoría, la prevención se complica.

"Son adolescentes que buscan en internet cosas raras o van con niños bastante más pequeños, pero en esa edad la sexualidad suele ser confusa y no es fácil detectarlos hasta que son mayores. Aún así, suelen ser conductas que se dan en la intimidad, fuera del entorno habitual, y no se conocen salvo cuando hay víctimas", explica el especialista.

Los daños en los menores agredidos sin están claros: la violencia sexual les puede generar un trauma que tardarán en superar. EL MUNDO


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