EDITORIAL· DIARIO DE CUYO, Argentina · 30 JUN 2008
En lo que va del año, el programa "Las Víctimas contra las Violencias", del Ministerio de Justicia, Seguridad y Derechos Humanos de la Nación, ha detectado al menos 270 casos de violencia contra chicos.
De las casi 4500 llamadas que recibió en 2007 la línea de asistencia a la infancia y a la adolescencia, en la Capital Federal, el 79% fue por denuncias sobre negligencia y maltrato. Las cifras reales son mucho mayores, si se tiene en cuenta que sólo se denuncian dos de cada diez casos. En la provincia de Buenos Aires, las denuncias recibidas en las comisarías de la mujer y la familia sobre maltrato a menores de 21 años, aumentaron un 56% el año pasado, respecto a 2006.
Aunque no hay estadísticas oficiales en cuanto al maltrato infantil a nivel nacional, en 2007 la Subsecretaría de Derechos para la Niñez, Adolescencia y Familia recibió casi 3300 denuncias de violencia familiar, que involucra la agresión física y psicológica de menores.
En el mundo las cifras son todavía más alarmantes: según Unicef, 275 millones de niños al año sufren distintos tipos de violencia. Para muchos, el maltrato es la acción de golpear al menor. Sin embargo, este flagelo abarca mucho más. La Organización Mundial de la Salud (OMS), establece que el maltrato infantil es cualquier acción u omisión de acción que viole los derechos de los niños y adolescentes. Es decir, hacer y no hacer respecto del cuidado del niño, puede convertirse en una forma de maltrato.
El abandono o negligencia, y el maltrato emocional también son formas de violencia, pero la etapa con consecuencias psicológicas físicas y psicológicas aún más graves, es el abuso sexual. La sociedad civil, la escuela y los medios de comunicación son tres actores fundamentales para prevenir esta situación y al mismo tiempo contener a los niños acostumbrados al abuso físico y emocional.
Además, hay que reconocer el problema y depositarlo en manos de quienes puedan asumir el resguardo de un niño en riesgo y trabajar con la familia involucrada para modificar las conductas violentas. Los niños son los más vulnerables, los más débiles y esa es la razón que los coloca en una desventaja atroz y a los que una sociedad humanizada no debe abandonar mirando para otro lado, sino reprobar con acciones comprometidas y eficaces la violencia hacia quienes son el futuro de una sociedad.
La esperanza, la denuncia y el compromiso deben ponerse en juego si lo que se desea es crear una sociedad que viva en paz y sin excluidos. DDC
En lo que va del año, el programa "Las Víctimas contra las Violencias", del Ministerio de Justicia, Seguridad y Derechos Humanos de la Nación, ha detectado al menos 270 casos de violencia contra chicos.
De las casi 4500 llamadas que recibió en 2007 la línea de asistencia a la infancia y a la adolescencia, en la Capital Federal, el 79% fue por denuncias sobre negligencia y maltrato. Las cifras reales son mucho mayores, si se tiene en cuenta que sólo se denuncian dos de cada diez casos. En la provincia de Buenos Aires, las denuncias recibidas en las comisarías de la mujer y la familia sobre maltrato a menores de 21 años, aumentaron un 56% el año pasado, respecto a 2006.
Aunque no hay estadísticas oficiales en cuanto al maltrato infantil a nivel nacional, en 2007 la Subsecretaría de Derechos para la Niñez, Adolescencia y Familia recibió casi 3300 denuncias de violencia familiar, que involucra la agresión física y psicológica de menores.
En el mundo las cifras son todavía más alarmantes: según Unicef, 275 millones de niños al año sufren distintos tipos de violencia. Para muchos, el maltrato es la acción de golpear al menor. Sin embargo, este flagelo abarca mucho más. La Organización Mundial de la Salud (OMS), establece que el maltrato infantil es cualquier acción u omisión de acción que viole los derechos de los niños y adolescentes. Es decir, hacer y no hacer respecto del cuidado del niño, puede convertirse en una forma de maltrato.
El abandono o negligencia, y el maltrato emocional también son formas de violencia, pero la etapa con consecuencias psicológicas físicas y psicológicas aún más graves, es el abuso sexual. La sociedad civil, la escuela y los medios de comunicación son tres actores fundamentales para prevenir esta situación y al mismo tiempo contener a los niños acostumbrados al abuso físico y emocional.
Además, hay que reconocer el problema y depositarlo en manos de quienes puedan asumir el resguardo de un niño en riesgo y trabajar con la familia involucrada para modificar las conductas violentas. Los niños son los más vulnerables, los más débiles y esa es la razón que los coloca en una desventaja atroz y a los que una sociedad humanizada no debe abandonar mirando para otro lado, sino reprobar con acciones comprometidas y eficaces la violencia hacia quienes son el futuro de una sociedad.
La esperanza, la denuncia y el compromiso deben ponerse en juego si lo que se desea es crear una sociedad que viva en paz y sin excluidos. DDC






