Los niños de entre siete y doce años parecen inclinados de forma natural a sentir empatía hacia el dolor ajeno, según un estudio mediante imágenes de resonancia magnética funcional realizado por investigadores de la Universidad de Chicago en Estados Unidos que se publica en la revista 'Neuropsychologia'.
MADRID, 11/07/2008 (EUROPA PRESS)
Los niños de entre siete y doce años parecen inclinados de forma natural a sentir empatía hacia el dolor ajeno, según un estudio mediante imágenes de resonancia magnética funcional realizado por investigadores de la Universidad de Chicago en Estados Unidos que se publica en la revista 'Neuropsychologia'.
Las respuestas de los escáneres de resonancia magnética funcional (IRMf) eran similares a los de los estudios en adultos. Los investigadores descubrieron que, como los adultos, los menores muestran respuestas ante el dolor en las mismas áreas del cerebro. La investigación también descubrió aspectos adicionales del cerebro activados en los niños, cuando los chicos veían que una persona era lastimada de forma intencionada por otra persona.
Según explica Jean Decety, autor del trabajo, "este estudio es el primero en examinar en niños la respuesta neural al dolor en otros y el impacto de alguien que causa dolor a otra perona".
Decety señala que la empatía es algo que se encuentra en el cerebro normal de los niños y que no es por completo un producto de la educación de los padres o de la crianza. Comprender el papel del cerebro al responder ante el dolor puede ayudar a los investigadores a comprender cómo los defectos cerebrales influyen en conductas antisociales como el acoso escolar o 'bulling'.
Los investigadores mostraron a 17 niños de entre siete y doce años fotos animadas de personas que experimentaban dolor, ya fuera por motivos accidentales o porque alguien se lo había provocado de forma intencionada. El grupo incluía nueve niñas y ocho niños.
Mientras que los menores pasaban por los escáneres de IRMf, también observaban animaciones que utilizaban tres fotografían de dos personas de las que sólo se veía su mano o pies derechos. Las fotografías mostraban personas con dolor causado de forma accidental, como cuando se caía una bolsa pesada sobre la mano o alguien pisaba de forma accidental a la persona. También se les mostraba imágenes no referentes al dolor y animaciones en las que las personas ayudaban a alguien a aliviar su dolor.
Los escáneres mostraban que las partes del cerebro activadas cuando los adultos veían el dolor eran las mismas que en los menores.
"De forma consistente con los estudios de IRMf previos sobre empatía ante el dolor realizados en adultos, la percepción de otra persona dolorida en niños se asoció con una mayor actividad hemodinámica en los circuitos neurales que participaban en el procesamiento de la experiencia del dolor directa, incluyendo la ínsula, la corteza somatosensorial, la corteza anterior mediocingulada, el área gris periacueductual y motora suplementar", añade Decety.
Sin embargo, cuando los niños veían animaciones de alguien que era lesionado de forma intencional, las regiones del cerebro que participaban en la interacción social y el razonamiento moral también se activaban.
Según los investigadores, el estudio proporciona nuevos conocimientos sobre las percepciones de los niños sobre el bien y el mal y cómo su cerebro procesa la información. Decety señala que, aunque el estudio no entra en el juicio moral explícito, la percepción de un daño intencional sobre otra persona es probable que evoque la conciencia de maldad moral en el observador.
Entrevistas posteriores con los niños mostraron que eran conscientes de esta "maldad" en las animaciones en las que alguien era lesionado. "Trece de los niños pensaron que las situaciones eran injustas y preguntaron por la razón que podría explicar esta conducta", indica Decety. ECODIARIO
___
PS
Un estudio descubre que los pequeños son naturalmente propicios a la empatía
MADRID, 11/07/2008 (EUROPA PRESS)
Los niños de entre siete y doce años parecen inclinados de forma natural a sentir empatía hacia el dolor ajeno, según un estudio mediante imágenes de resonancia magnética funcional realizado por investigadores de la Universidad de Chicago en Estados Unidos que se publica en la revista 'Neuropsychologia'.
Las respuestas de los escáneres de resonancia magnética funcional (IRMf) eran similares a los de los estudios en adultos. Los investigadores descubrieron que, como los adultos, los menores muestran respuestas ante el dolor en las mismas áreas del cerebro. La investigación también descubrió aspectos adicionales del cerebro activados en los niños, cuando los chicos veían que una persona era lastimada de forma intencionada por otra persona.
Según explica Jean Decety, autor del trabajo, "este estudio es el primero en examinar en niños la respuesta neural al dolor en otros y el impacto de alguien que causa dolor a otra perona".
Decety señala que la empatía es algo que se encuentra en el cerebro normal de los niños y que no es por completo un producto de la educación de los padres o de la crianza. Comprender el papel del cerebro al responder ante el dolor puede ayudar a los investigadores a comprender cómo los defectos cerebrales influyen en conductas antisociales como el acoso escolar o 'bulling'.
Los investigadores mostraron a 17 niños de entre siete y doce años fotos animadas de personas que experimentaban dolor, ya fuera por motivos accidentales o porque alguien se lo había provocado de forma intencionada. El grupo incluía nueve niñas y ocho niños.
Mientras que los menores pasaban por los escáneres de IRMf, también observaban animaciones que utilizaban tres fotografían de dos personas de las que sólo se veía su mano o pies derechos. Las fotografías mostraban personas con dolor causado de forma accidental, como cuando se caía una bolsa pesada sobre la mano o alguien pisaba de forma accidental a la persona. También se les mostraba imágenes no referentes al dolor y animaciones en las que las personas ayudaban a alguien a aliviar su dolor.
Los escáneres mostraban que las partes del cerebro activadas cuando los adultos veían el dolor eran las mismas que en los menores.
"De forma consistente con los estudios de IRMf previos sobre empatía ante el dolor realizados en adultos, la percepción de otra persona dolorida en niños se asoció con una mayor actividad hemodinámica en los circuitos neurales que participaban en el procesamiento de la experiencia del dolor directa, incluyendo la ínsula, la corteza somatosensorial, la corteza anterior mediocingulada, el área gris periacueductual y motora suplementar", añade Decety.
Sin embargo, cuando los niños veían animaciones de alguien que era lesionado de forma intencional, las regiones del cerebro que participaban en la interacción social y el razonamiento moral también se activaban.
Según los investigadores, el estudio proporciona nuevos conocimientos sobre las percepciones de los niños sobre el bien y el mal y cómo su cerebro procesa la información. Decety señala que, aunque el estudio no entra en el juicio moral explícito, la percepción de un daño intencional sobre otra persona es probable que evoque la conciencia de maldad moral en el observador.
Entrevistas posteriores con los niños mostraron que eran conscientes de esta "maldad" en las animaciones en las que alguien era lesionado. "Trece de los niños pensaron que las situaciones eran injustas y preguntaron por la razón que podría explicar esta conducta", indica Decety. ECODIARIO
___
PS
Los niños sufren por el dolor ajeno de la misma forma que los adultos
Los niños sufren de la misma forma que los adultos por el dolor ajeno, según ha descubierto una investigación de la Universidad de Chicago. Analizando los cerebros de 17 niños de entre 7 y 12 años, se descubrió que mostraban, al ver a alguien sufriendo dolor físico, las mismas respuestas neuronales que los adultos, y en las mismas áreas cerebrales. Además, regiones adicionales del cerebro, relacionadas con los juicios morales, se activaron también cuando los niños observaron imágenes en las que una persona hacía daño a otra de manera intencionada. Estos resultados apuntan a que la empatía tendría un factor innato, que no depende de la educación recibida. Por Yaiza Martínez.
TENDENCIAS SOCIALES Sábado 19 Julio 2008
Los niños de edades comprendidas entre los siete y los 12 años tienden por naturaleza a sentir empatía por el sufrimiento de otros, señalan los resultados de un estudio del cerebro llevado a cabo por investigadores de la Universidad de Chicago, en Estados Unidos.
La empatía es la capacidad cognitiva de sentir, en un contexto común, lo que un individuo diferente puede percibir. Es decir, es la capacidad de comprender lo que sienten otros, y de participar en cierta medida de ese sentimiento.
Esta “sintonía” con los demás había sido ya registrada en la actividad cerebral de personas adultas, pero un equipo de científicos norteamericanos ha conseguido constatar la misma actividad también en niños.
Empatía y juicios morales
Para ello, utilizaron la tecnología de exploración de resonancia magnética funcional fMRI, que permite medir la respuesta hemodinámica (de la circulación sanguínea) relacionada con la actividad neural del cerebro.
Así, descubrieron que los cerebros de los niños mostraban, al ver a alguien sufriendo dolor físico, las mismas respuestas que los adultos, y en las mismas áreas cerebrales, publica la Universidad de Chicago en un comunicado.
Además, regiones adicionales del cerebro, relacionadas con los juicios morales, se activaron también cuando los niños observaron imágenes en las que una persona hacía daño a otra de manera intencionada.
Según declaraciones de Jean Decety, profesor del departamento de psicología y de psiquiatría de dicha universidad y uno de los autores del estudio, “esta investigación es la primera que examina en niños la respuesta neural al dolor de otros y al impacto de ver a alguien causando daño a otros”.
Entender los comportamientos antisociales
Decety añade que la “programación” cerebral para la empatía está definida de un modo predeterminado e inamovible en los cerebros de los niños de desarrollo normal y, por lo tanto, no depende de la orientación de los padres o de otro tipo de educación.
Comprender el rol del cerebro en la respuesta al dolor ajeno ayudaría a los investigadores a comprender de qué manera los trastornos cerebrales influyen en determinados comportamientos antisociales infantiles, como el acoso escolar (que es cualquier forma de maltrato producido entre escolares, de forma reiterada), explicó Decety.
En la revista especializada Neuropshychologia, en la que los investigadores han descrito sus hallazgos, se señala que la investigación fue llevada a cabo con 17 niños (nueve varones y ocho niñas) de entre siete y 12 años, a los que se les escaneó el cerebro al mismo tiempo que se les mostraban estímulos visuales animados cortos, que reflejaban situaciones dolorosas y no dolorosas.
Las imágenes reflejaban bien a personas que se hacían daño accidentalmente bien a personas a las que alguien les hacía daño de manera intencionada. Tras el escaneo, los niños evaluaron el grado de dolor de cada situación mostrada.
Resultados cerebrales
Los resultados de la fMRI mostraron, al igual que estudios previos con esta tecnología llevados a cabo en adultos, que la percepción del dolor de otros en el caso de los niños se asociaba a un incremento de la actividad hemodinámica en los circuitos neuronales implicados en el procesamiento de la experiencia del dolor propio.
Estas regiones eran la ínsula, la corteza somatosensorial, la corteza cingulada media, la sustancia gris periaqueductal y la región motora suplementaria.
Cuando los niños vieron imágenes de personas dañando a otras personas intencionadamente, se activaron también regiones cerebrales relacionadas con la interacción social y el juicio moral, es decir la unión temporoparietal, la cortezas paracingulada y frontal orbital, y la amígdala.
Por tanto, este estudio, que ha sido patrocinado por la National Sciencie Foundation de Estados Unidos, ha proporcionado más información sobre las percepciones infantiles acerca de lo correcto o incorrecto, así como de la forma en que los cerebros de los niños procesan esta información.
En Tendencias21 hablamos con anterioridad de una investigación, llevada a cabo con la tecnología fMRI en el Reino Unido, que demostró que las regiones cerebrales implicadas en el dolor se activan en aquellas personas que se sienten identificadas con la persona que sufre. Realizado entonces con adultos, este estudio confirmó asimismo que no sólo se puede sentir lo que sienten otros seres humanos, sino que queda un registro cerebral de este sentimiento.
Estos resultados apuntan a que la empatía depende no sólo de los factores educativos, sino también de factores hereditarios, reflejados en la estructura del cerebro. En el caso de los niños, este hecho explicaría, por ejemplo, porqué bebés de apenas unos meses lloran cuando ven a otro bebé llorar.
La empatía es la capacidad cognitiva de sentir, en un contexto común, lo que un individuo diferente puede percibir. Es decir, es la capacidad de comprender lo que sienten otros, y de participar en cierta medida de ese sentimiento.
Esta “sintonía” con los demás había sido ya registrada en la actividad cerebral de personas adultas, pero un equipo de científicos norteamericanos ha conseguido constatar la misma actividad también en niños.
Empatía y juicios morales
Para ello, utilizaron la tecnología de exploración de resonancia magnética funcional fMRI, que permite medir la respuesta hemodinámica (de la circulación sanguínea) relacionada con la actividad neural del cerebro.
Así, descubrieron que los cerebros de los niños mostraban, al ver a alguien sufriendo dolor físico, las mismas respuestas que los adultos, y en las mismas áreas cerebrales, publica la Universidad de Chicago en un comunicado.
Además, regiones adicionales del cerebro, relacionadas con los juicios morales, se activaron también cuando los niños observaron imágenes en las que una persona hacía daño a otra de manera intencionada.
Según declaraciones de Jean Decety, profesor del departamento de psicología y de psiquiatría de dicha universidad y uno de los autores del estudio, “esta investigación es la primera que examina en niños la respuesta neural al dolor de otros y al impacto de ver a alguien causando daño a otros”.
Entender los comportamientos antisociales
Decety añade que la “programación” cerebral para la empatía está definida de un modo predeterminado e inamovible en los cerebros de los niños de desarrollo normal y, por lo tanto, no depende de la orientación de los padres o de otro tipo de educación.
Comprender el rol del cerebro en la respuesta al dolor ajeno ayudaría a los investigadores a comprender de qué manera los trastornos cerebrales influyen en determinados comportamientos antisociales infantiles, como el acoso escolar (que es cualquier forma de maltrato producido entre escolares, de forma reiterada), explicó Decety.
En la revista especializada Neuropshychologia, en la que los investigadores han descrito sus hallazgos, se señala que la investigación fue llevada a cabo con 17 niños (nueve varones y ocho niñas) de entre siete y 12 años, a los que se les escaneó el cerebro al mismo tiempo que se les mostraban estímulos visuales animados cortos, que reflejaban situaciones dolorosas y no dolorosas.
Las imágenes reflejaban bien a personas que se hacían daño accidentalmente bien a personas a las que alguien les hacía daño de manera intencionada. Tras el escaneo, los niños evaluaron el grado de dolor de cada situación mostrada.
Resultados cerebrales
Los resultados de la fMRI mostraron, al igual que estudios previos con esta tecnología llevados a cabo en adultos, que la percepción del dolor de otros en el caso de los niños se asociaba a un incremento de la actividad hemodinámica en los circuitos neuronales implicados en el procesamiento de la experiencia del dolor propio.
Estas regiones eran la ínsula, la corteza somatosensorial, la corteza cingulada media, la sustancia gris periaqueductal y la región motora suplementaria.
Cuando los niños vieron imágenes de personas dañando a otras personas intencionadamente, se activaron también regiones cerebrales relacionadas con la interacción social y el juicio moral, es decir la unión temporoparietal, la cortezas paracingulada y frontal orbital, y la amígdala.
Por tanto, este estudio, que ha sido patrocinado por la National Sciencie Foundation de Estados Unidos, ha proporcionado más información sobre las percepciones infantiles acerca de lo correcto o incorrecto, así como de la forma en que los cerebros de los niños procesan esta información.
En Tendencias21 hablamos con anterioridad de una investigación, llevada a cabo con la tecnología fMRI en el Reino Unido, que demostró que las regiones cerebrales implicadas en el dolor se activan en aquellas personas que se sienten identificadas con la persona que sufre. Realizado entonces con adultos, este estudio confirmó asimismo que no sólo se puede sentir lo que sienten otros seres humanos, sino que queda un registro cerebral de este sentimiento.
Estos resultados apuntan a que la empatía depende no sólo de los factores educativos, sino también de factores hereditarios, reflejados en la estructura del cerebro. En el caso de los niños, este hecho explicaría, por ejemplo, porqué bebés de apenas unos meses lloran cuando ven a otro bebé llorar.

Peace





