ENTREVISTA· ALBERTO LÓPEZ, DIRECTOR del CENTRO MENORES Pi Gros DE CASTELLÓN
Pi Gros destaca por su alto índice de reinserción, que se sitúa en torno al 80%, y por la diversidad de talleres y cursos formativos que ofrece a los usuarios
27.07.08 - LAURA PÉREZ | CASTELLÓN (LAS PROVINCIAS)
El director del centro de menores de Castellón, Alberto López, abrió las puertas de Pi Gros a LAS PROVINCIAS dispuesto a derribar los estereotipos que acostumbran a acompañar a los internos y con la intención de dar a conocer la labor realizada con los jóvenes que ingresan en él.
-¿Cuál es su valoración de la delincuencia juvenil en Castellón?
-En mi opinión no es alarmante si lo comparamos con las demás provincias de la Comunitat.
-¿Qué tipo de delitos han cometido estos jóvenes?
-El más común, un 60%, es robo con violencia, seguido del maltrato familiar y quebrantamientos de libertad vigilada. Delitos graves hay, pero son los menos. Se trata de asesinato, homicidio o agresión sexual.
-¿Cuál es el porcentaje de reinserción y cuál el de reincidencia?
-Aproximadamente en Pi Gros un 70 o un 80% de los menores se reinsertan. El índice de reincidencia gira en torno a un 4 o 5%. Estamos hablando de que en siete años de gestión de la Fundación Diagrama han pasado por el centro 590 menores y la reincidencia es sólo del 4%.
-¿Cuál es la clave del buen funcionamiento de Pi Gros?
-Creo un factor importantísimo en Castellón es la buena coordinación que hay entre el juzgado, la Fiscalía y la administración. Otro es que todas las medidas de internamiento, cuando no se trata de delitos de extrema gravedad, se orientan a la consecución de algún recurso formativo para que, en su estancia, el menor pueda obtener un título que posteriormente facilite su reinserción. Sería imposible conseguir esto si cada uno trabajase por su cuenta
-¿Cuál es el proceso por el que pasa el menor desde su ingreso?
-Cuando un menor ingresa en el centro el primer hogar en el que tiene que convivir es el de Observación, donde se les hace un estudio psicológico, formativo y educativo para informar al fiscal de qué es lo que se va a trabajar con ellos. Igualmente se elabora un modelo individualizado con cada uno de los jóvenes que se remite al Juzgado de Menores y el juez, finalmente, tiene que dar su aprobación. Tras el hogar de Observación se divide el centro según edades. Los chavales de 14, 15 y 16 años pasan a un hogar y no tienen contacto con los mayores, y luego existen otras dos estancias a las que acceden en función de su nivel de autonomía y sus progresos.
-¿Qué diferencias existen entre estos hogares?
-Las principales son los medios materiales de los que disponen. Existen otras como potenciar diferentes salidas, como por ejemplo con el educador o las salidas al domicilio familiar. Las principales diferencias se refieren sobre todo a la autonomía y responsabilidad que se va dando en cada uno de los hogares.
-¿Los menores están completamente privados de libertad durante su estancia en el centro?
-No, según la Ley del Menor hay distintos tipos de régimen: cerrado, abierto, semiabierto, terapéutico... Entonces, en función de estos regímenes de internamiento, los usuarios pueden salir a la calle con una frecuencia que establece la propia ley o no salir. Pero el objetivo de todos los que trabajamos en el centro es prepararles para su futura vida en libertad. Así, el menor sale a la calle, primero acompañado de personal educativo, y más tarde puede realizar permisos al domicilio, pero siempre con nuestra supervisión.
-¿Qué papel tiene la familia en este proceso? ¿Trabajáis juntos?
-Sí, intervenir con la familia es fundamental porque es donde va a vivir el menor, por eso no podemos olvidarnos de su entorno social. En relación a esta cuestión existe un proyecto que impulsa la Fundación Diagrama que se llama proyecto Senda. En él, las familias de los menores internados vienen una vez al mes y participan en una serie de reuniones para aprender a intervenir con ellos, tanto durante el internamiento como después.
-¿Cómo es el día a día de los jóvenes?
-Depende de su medida de internamiento. Por ejemplo, hay menores que ingresan en el centro pero realizan actividad laboral o educativa fuera. Lo normal es que, durante el curso escolar, los menores participen de las actividades en función de su nivel curricular. Para ello se desarrollan clases de educación Secundaria en Pi Gros. Hay una sección propia de educación Secundaria del Instituto Matilde Salvador y se desplazan hasta aquí 11 profesores. Además de la educación Secundaria hay dos programas de cualificación profesional inicial. Uno de Carpintería y otro de Operaciones Auxiliares de Montaje de Instalaciones Electrotécnicas y de Telecomunicaciones.
-¿Cuál es el protocolo de actuación ante un comportamiento violento del menor?
-El protocolo a seguir está recogido en la Ley del Menor donde hay una serie de sanciones tipificadas como faltas leves, graves o muy graves, pero que normalmente significan privar al menor de algún tipo de recurso de ocio, permisos o, en casos extremos, imponer a ese joven una atención especializada con un educador que le acompañe todo el día.
-¿Considera que debería invertirse más en prevención?
-Actualmente ya se invierte en prevención. Ahora bien, siempre hay que seguir inviertiendo porque los menores son el futuro de nuestra sociedad. De igual manera, considero que son necesarios tanto los centros de menores como todas las medidas en centro abierto que se realizan a día de hoy en la provincia y en la Comunitat.
-¿Qué ocurre cuando el menor sale del centro? ¿Se desvincula completamente?
-Cuando llega el menor se hace un estudio previo y se le asigna un programa educativo. En la parte final del internamiento se apunta al menor al instituto de procedencia para que continúe sus estudios y los que están en edad laboral, junto con el insertor del centro, llevan a cabo una búsqueda activa de empleo individual de cara a lograr un trabajo. Tras salir del centro todos los menores tienen un periodo de libertad vigilada. LP
Pi Gros destaca por su alto índice de reinserción, que se sitúa en torno al 80%, y por la diversidad de talleres y cursos formativos que ofrece a los usuarios
27.07.08 - LAURA PÉREZ | CASTELLÓN (LAS PROVINCIAS)El director del centro de menores de Castellón, Alberto López, abrió las puertas de Pi Gros a LAS PROVINCIAS dispuesto a derribar los estereotipos que acostumbran a acompañar a los internos y con la intención de dar a conocer la labor realizada con los jóvenes que ingresan en él.
-¿Cuál es su valoración de la delincuencia juvenil en Castellón?
-En mi opinión no es alarmante si lo comparamos con las demás provincias de la Comunitat.
-¿Qué tipo de delitos han cometido estos jóvenes?
-El más común, un 60%, es robo con violencia, seguido del maltrato familiar y quebrantamientos de libertad vigilada. Delitos graves hay, pero son los menos. Se trata de asesinato, homicidio o agresión sexual.
-¿Cuál es el porcentaje de reinserción y cuál el de reincidencia?
-Aproximadamente en Pi Gros un 70 o un 80% de los menores se reinsertan. El índice de reincidencia gira en torno a un 4 o 5%. Estamos hablando de que en siete años de gestión de la Fundación Diagrama han pasado por el centro 590 menores y la reincidencia es sólo del 4%.
-¿Cuál es la clave del buen funcionamiento de Pi Gros?
-Creo un factor importantísimo en Castellón es la buena coordinación que hay entre el juzgado, la Fiscalía y la administración. Otro es que todas las medidas de internamiento, cuando no se trata de delitos de extrema gravedad, se orientan a la consecución de algún recurso formativo para que, en su estancia, el menor pueda obtener un título que posteriormente facilite su reinserción. Sería imposible conseguir esto si cada uno trabajase por su cuenta
-¿Cuál es el proceso por el que pasa el menor desde su ingreso?
-Cuando un menor ingresa en el centro el primer hogar en el que tiene que convivir es el de Observación, donde se les hace un estudio psicológico, formativo y educativo para informar al fiscal de qué es lo que se va a trabajar con ellos. Igualmente se elabora un modelo individualizado con cada uno de los jóvenes que se remite al Juzgado de Menores y el juez, finalmente, tiene que dar su aprobación. Tras el hogar de Observación se divide el centro según edades. Los chavales de 14, 15 y 16 años pasan a un hogar y no tienen contacto con los mayores, y luego existen otras dos estancias a las que acceden en función de su nivel de autonomía y sus progresos.
-¿Qué diferencias existen entre estos hogares?
-Las principales son los medios materiales de los que disponen. Existen otras como potenciar diferentes salidas, como por ejemplo con el educador o las salidas al domicilio familiar. Las principales diferencias se refieren sobre todo a la autonomía y responsabilidad que se va dando en cada uno de los hogares.
-¿Los menores están completamente privados de libertad durante su estancia en el centro?
-No, según la Ley del Menor hay distintos tipos de régimen: cerrado, abierto, semiabierto, terapéutico... Entonces, en función de estos regímenes de internamiento, los usuarios pueden salir a la calle con una frecuencia que establece la propia ley o no salir. Pero el objetivo de todos los que trabajamos en el centro es prepararles para su futura vida en libertad. Así, el menor sale a la calle, primero acompañado de personal educativo, y más tarde puede realizar permisos al domicilio, pero siempre con nuestra supervisión.
-¿Qué papel tiene la familia en este proceso? ¿Trabajáis juntos?
-Sí, intervenir con la familia es fundamental porque es donde va a vivir el menor, por eso no podemos olvidarnos de su entorno social. En relación a esta cuestión existe un proyecto que impulsa la Fundación Diagrama que se llama proyecto Senda. En él, las familias de los menores internados vienen una vez al mes y participan en una serie de reuniones para aprender a intervenir con ellos, tanto durante el internamiento como después.
-¿Cómo es el día a día de los jóvenes?
-Depende de su medida de internamiento. Por ejemplo, hay menores que ingresan en el centro pero realizan actividad laboral o educativa fuera. Lo normal es que, durante el curso escolar, los menores participen de las actividades en función de su nivel curricular. Para ello se desarrollan clases de educación Secundaria en Pi Gros. Hay una sección propia de educación Secundaria del Instituto Matilde Salvador y se desplazan hasta aquí 11 profesores. Además de la educación Secundaria hay dos programas de cualificación profesional inicial. Uno de Carpintería y otro de Operaciones Auxiliares de Montaje de Instalaciones Electrotécnicas y de Telecomunicaciones.
-¿Cuál es el protocolo de actuación ante un comportamiento violento del menor?
-El protocolo a seguir está recogido en la Ley del Menor donde hay una serie de sanciones tipificadas como faltas leves, graves o muy graves, pero que normalmente significan privar al menor de algún tipo de recurso de ocio, permisos o, en casos extremos, imponer a ese joven una atención especializada con un educador que le acompañe todo el día.
-¿Considera que debería invertirse más en prevención?
-Actualmente ya se invierte en prevención. Ahora bien, siempre hay que seguir inviertiendo porque los menores son el futuro de nuestra sociedad. De igual manera, considero que son necesarios tanto los centros de menores como todas las medidas en centro abierto que se realizan a día de hoy en la provincia y en la Comunitat.
-¿Qué ocurre cuando el menor sale del centro? ¿Se desvincula completamente?
-Cuando llega el menor se hace un estudio previo y se le asigna un programa educativo. En la parte final del internamiento se apunta al menor al instituto de procedencia para que continúe sus estudios y los que están en edad laboral, junto con el insertor del centro, llevan a cabo una búsqueda activa de empleo individual de cara a lograr un trabajo. Tras salir del centro todos los menores tienen un periodo de libertad vigilada. LP







