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lunes, 25 de agosto de 2008
La protección de la infancia en su entorno más cercano
En Asturias representan el 80% de los familiares que acogen a niños que no pueden vivir con sus padres
· A las puertas de la jubilación deben sacar adelante, sin apenas ayudas, a menores marcados por la droga y el abandono
· Entre el 40 y el 50% de los menores acogidos por la familia pasan a la nueva situación en el primer año de vida
 
Paternidad donde prima el cariño y la empatíaOviedo, 24 AGOSTO 2008- Pablo GALLEGO (LNE)
Manuela y Antonio son de Langreo. «De Sama de toda la vida», matiza ella. En su casa criaron a sus tres hijos, «dos más uno», dice Antonio. Ése tercero es su nieto mayor, Ismael. Su madre, Covadonga, desapareció hace 19 años dejando tras de sí a un niño de apenas dos años y, meses más tarde, moría por sobredosis de heroína en un suburbio de Barcelona.

Con 54 y 60 años se encontraron con un niño al que criar y muchas dudas sobre cómo iban a hacerlo. Pero en ningún momento se plantearon darlo en adopción. Ismael se convirtió en hijo de sus abuelos, que pasaron a ser padres de nuevo. Como ellos, en Asturias, abuelas y abuelos -especialmente los maternos- representan al 80 por ciento de los familiares que acogen a niños que, por diferentes circunstancias, no pueden vivir con sus padres.

Se estima que en España hay en la actualidad unos 14.600 menores en acogimiento familiar. De ellos, los que se quedan con su familia extensa -en la que existe una relación de parentesco, por consanguinidad, entre el niño y las personas que se hacen cargo de él- son, con diferencia, los casos más frecuentes. Abuelos que no suelen disfrutar, y menos después de la jubilación, de una abultada cuenta corriente que afronte el desembolso que supone sacar a un niño adelante. Un auténtico reto para este 85 por ciento de los casos, en claro contraste con el 15 por ciento de ocasiones en las que el niño pasa a vivir con una familia con la que no tiene parentesco.

En general, en perfil del familiar acogedor es el de una persona mayor, muchas veces sola, y con peor situación económica, mayor tasa de desempleo y más bajo nivel educativo que los acogedores de familia ajena. Éstos suelen ser matrimonios -más del 80 por ciento de los casos- con edades en torno a los 47. Pero a pesar de estas variables, los estudios confirman el bienestar de los niños acogidos.

Jorge Fernández del Valle, profesor de la Facultad de Psicología de la Universidad de Oviedo, dirige un grupo de investigación sobre familia e infancia. Tras años de trabajo acaba de publicar, auspiciado por el Ministerio de Educación, Política Social y Deporte y junto con Mónica López, Carmen Montserrat, y Amaia Bravo, el estudio «El acogimiento familiar en España. Una evaluación de resultados», en el que se recogen los datos más recientes a nivel nacional sobre quienes acogen a un menor y lo crían como propio.

Por lo que respecta al parentesco, los abuelos son quienes acogen al niño la mayoría de las veces. Los datos para Asturias hablan de un 80 por ciento de los casos. El pequeño porcentaje restante lo ocupan mayormente las tías y tíos del pequeño, con un 15 por ciento.

La media de edad de los acogedores en Asturias que son familiares es -independientemente de la edad del niño- de 59 años. En un momento en que se piensa ya en la jubilación, toca sacar adelante a la criatura. Manuela y Antonio eran dos, y se repartieron el trabajo, los desvelos y las preocupaciones.

Pero en cifras, en Asturias alrededor del 30 por ciento de los acogedores son personas solas. Un 62,4 por ciento, en cambio, son familias de entre dos y cuatro miembros.

En todos estos casos, la llegada de este nuevo miembro de la familia supone cambios a veces difíciles de encajar. Manuela recuerda con cariño lo que fue, a sus 54 años, volver a tener en casa a alguien que necesitaba su ayuda y sus cuidados las veinticuatro horas del día: «Se me había olvidado lo que era que te despertasen por la noche, y cuando empezó a la escuela, uff». Antonio no pudo, como hubiese querido, dejar de trabajar para dedicarse a su afición, la marquetería -abandonada desde la llegada de Ismael- o a «echar la partida». «Mientras los paisanos charlaban en los bancos yo andaba afogao detrás de un guaje que no paraba de correr». Los años de la escuela pasaron, y empezaron las discotecas y las salidas los fines de semana. «Cómo no ibas a dejarle salir como salían todos, pero volvían antes. Lo de ahora ye terrible». A Antonio le asustaba que su nieto cayese en lo mismo que acabó con la madre del pequeño, y los años de la adolescencia fueron difíciles, con un chaval de 15 años teniendo el «padre» 73. LNE

«No tienes la misma energía, pero sabes lo que vendrá»
Entre el 40 y el 50 por ciento de los menores acogidos
por la familia pasan a la nueva situación en el primer año de vida

Donde no se observan diferencias significativas es en el sexo de los acogidos. Las niñas representan en Asturias el 50,7 por ciento, los niños un porcentaje de 49,3. A nivel nacional las cifras son casi idénticas. Por edades la cosa cambia, y sólo un 9 por ciento se sitúa en la franja de 0 a 3 años. La cifra se multiplica por cinco entre los 4 y 11 años, etapa en la que se encuentran la mitad de los niños acogidos. Los más mayores, adolescentes de 12 a 17 años, representan el 41 por ciento restante.

También hay diferencias en la edad de inicio del acogimiento: cuando se trata de un familiar, entre el 40 y el 50 por ciento de los menores fueron acogidos durante su primer año de vida, edad de inicio que aumenta cuando la familia de acogida es ajena al menor. Ismael y su madre vivieron con sus abuelos desde el principio y el niño, hoy ya casi adulto, simplemente siguió viviendo en el lugar que conocía y donde siempre lo había hecho.

«Una ventaja de los acogimientos en familia extensa es que para los niños no representan una amenaza», recuerda Del Valle. «En los casos de familia ajena, cuando el niño llega ya lleva entre uno o dos años en un centro de acogida, por lo que tiene que enfrentarse a dos cambios grandes: dejar de estar con sus padres para ir a un centro, y, una vez que lleva un tiempo allí, abandonarlo y empezar de nuevo. Al contrario de lo que ocurre en el caso de los abuelos, donde el niño ya está en una situación de acogimiento informal que, al oficializarse posteriormente, no implica ningún cambio o traslado para el niño», aclara.

La primera ley que reguló el acogimiento familiar en España data de 1987, en plena construcción del sistema público de servicios sociales. En aquella época, el sistema de protección de menores en España se basaba, casi por completo, en ingresarlos en instituciones que se ocupasen de su cuidado, enormes edificios en los que convivían niños de todas las edades marcados por historias de abandono, delincuencia o drogas.

Mientras, países vecinos llevaban ya años fomentando hogares sustitutivos. La Ley Orgánica de Protección del Menor, en 1996, vino a impulsar esta iniciativa, a través de distintas modalidades según las necesidades de niños y familias, y la legislación autonómica tomó el mismo rumbo.

El acogimiento familiar quedaba considerado de forma unánime como el emplazamiento más aconsejable para los niños y niñas que, por necesidad o circunstancias de la vida, debían ser separados de sus padres, y de manera muy especial para los más pequeños.

Hoy Ismael tiene 21 años y trabaja. Pero sigue viviendo con sus abuelos-padres. «Los resultados en general son muy buenos en el caso de los abuelos. Además, con el paso del tiempo, comprobamos que esta relación mantiene su continuidad, porque al cumplir los 18 años no abandonan el hogar que los ha acogido, sino que continúan en él incluso después de la muerte de los abuelos», afirma Del Valle. «Aunque en ese momento se queden solos, el apoyo social que han creado durante el tiempo que han estado acogidos, en general, les permite desarrollarse sin mayores complicaciones», asegura.

La estabilidad y la permanencia que presentan los acogimientos en familia extensa, que aportan a los chicos un mayor sentido de pertenencia familiar, contrastan con la falta de apoyos que reciben por parte de los servicios sociales. «Hay días en que te puede el agotamiento. No sabes porqué se vuelve rebelde, porqué empieza a suspender en el colegio. Luego ves que también les pasa a críos que viven con sus padres como si nada», reflexiona Antonio.

Sus abuelos recuerdan como, cuando era pequeño, a Ismael no le gustaba que fuesen a llevarlo o recogerlo al colegio. «Los niños le preguntaban por qué tenía unos padres tan viejos y el pobre no sabía qué decir», apunta Manuela mientras sonríe.

«No tienes las mismas energías que cuando eres joven, pero ya sabes lo que va a ir viniendo», recuerda. «Se necesita ayuda económica, aunque gracias a Dios nosotros estamos mejor que otros. Pero sobre todo se echa en falta no sé, alguien que te diga si lo estás haciendo bien. Hay días que te sientes muy solo». Manuela confirma con un gesto de la cabeza todo lo que cuenta su marido.

Tienen más nietos, pero la pasión les puede: «Isma es distinto. Es nuestra vida».

«Se necesita ayuda económica y se echa en falta que te digan si lo estás haciendo bien. Hay días que te sientes muy solo»

«La ventaja de seguir en la familia es que no implica cambios para el menor, por lo que no representa una amenaza» LNE

«Se necesitan programas de educación y apoyo a los que acogen»                  

El equipo que dirige Jorge Fernández del Valle lleva años inmerso en la investigación de las condiciones y consecuencias del acogimiento familiar. En 2002 ya publicaron un estudio, el primero en España, en el que se analizaba el acogimiento en familia extensa sobre una muestra de 424 familias del Principado.

La mayoría de los estudios encuentran grandes deficiencias en los servicios que se prestan a los acogimientos en familia extensa, especialmente si se les compara con los otros recursos de protección a la infancia. También en Asturias. Los acogedores de familia ajena reciben más supervisión, formación y apoyo que los acogedores de familia extensa. En opinión de Del Valle, esto tiene que cambiar: «Se necesitan programas psicosociales de supervisión, apoyo y asesoramiento a quienes acogen, por ejemplo, a un nieto».

Entre otras razones porque, si los adolescentes dan problemas, los abuelos se sienten menos preparados para afrontar estas dificultades. Si es un problema para todos los padres, cuando es el caso de los abuelos más todavía. Los resultados en la educación de los nietos serían aún más positivos de lo que ya son. Su solicitud no termina ahí. «Y que, de cara a las ayudas institucionales, se les considere como a cualquier otra familia». LNE

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PS

 Al cuidado de los nietos 

Chicago- 15 SEP 2008- ASSOCIATED PRESS
 La alegría de ser abuelos tiene un precio para Dave y Nora Dacus, al igual que para muchos otros que asumen la responsabilidad de cuidar a un niño cuando los padres no pueden o no quieren. 

Desde cambiar pañales hasta pagar la escuela, los Dacus se han hecho cargo de Ethan, de 6 años, prácticamente desde que nació. 

"Una se cansa", dice Nora, de 78 años, de Bourbon, Mo. "Pero no hay de otra.... No veo con quién más pudiera ir". 

La pareja es una de aproximadamente 2.5 millones de abuelos estadounidenses que se han hecho cargo de las necesidades básicas de uno o más nietos que viven con ellos, de acuerdo con el Sondeo de la Comunidad Americana 2006 de la oficina del Censo. 

Todos ellos enfrentan un desafío que puede ser extenuante financiera y físicamente. 

Dar un sustento a niños que de otra manera quedarían en el abandono es una tarea difícil pero suele ser aún más dura para los que viven de un ingreso fijo en la jubilación o para aquellos que pensaban destinar a otros fines los pocos recursos que reciben en sus últimos años de actividad laboral. 

Tradición en aumento 

La tradición de que los abuelos críen a sus nietos tiene profundas raíces en este país. 

George y Martha Washington criaron a sus nietos en Mount Vernon, tal como gustan de señalar los grupos defensores de los abuelos. 

"Los abuelos suelen ser los salvadores de primer y último recurso", dice Jerry Shereshewsky, director ejecutivo de Grandparents.com. "Es muy común recurrir a ellos cuando la situación anda mal". 

Lo que ha cambiado en las últimas décadas es la complejidad de los problemas familiares que, según los expertos, han hecho aumentar en aproximadamente un 30 por ciento el número de nietos que son criados por sus abuelos desde 1990, siendo la cifra actualmente de 3.7 millones de niños. 

Por otro lado, los abuelos viven más y gozan de mejor salud que generaciones anteriores, y muchas veces tienen una mejor situación financiera y pueden asumir la responsabilidad. 

Las circunstancias que han dado una segunda vida de padres a los abuelos varían mucho y pueden ser por abuso de sustancias tóxicas por parte de los padres del niño, embarazo adolescente, divorcio, abuso y abandono de menores, discapacidad mental y encarcelamiento de alguno de los progenitores. 

Por lo general no hay tiempo para prepararse financieramente ante tal eventualidad. 

"Esta situación afecta a los abuelos justo cuando deberían estar pensando en ahorrar para el retiro, y en cambio se ven obligados a gastar sus recursos para mantener a los nietos", dice Donna Butts, directora ejecutiva de Generations United, un asociación de información y promoción de derechos. 

Aunque los estadounidenses de edad madura están mucho mejor financieramente que generaciones pasadas, un gran porcentaje de abuelos que están a cargo de sus nietos batallan para salir adelante. 

Generations United afirma que algunos de ellos prácticamente tienen que escoger entre comprar sus medicinas o los pañales del niño con sus escasos recursos. 

Muchos son de bajos ingresos o pertenecen a grupos minoritarios. Unos 477,000 abuelos que están haciéndose cargo de sus nietos viven por debajo del nivel de pobreza, de acuerdo con estadísticas del Censo correspondientes al 2006. 

El ingreso promedio de un hogar de abuelos con nietos pero sin padres fue de solo 31,405 dólares. 

Sin embargo este problema atraviesa todas las fronteras demográficas. 

"Algunos piensan que es un asunto de los barrios pobres, de abuelos afroamericanos. No es así", dice Butts. 

Los Dacus no tienen mucho dinero y dependen del Seguro Social y sus pensiones de dos compañías para vivir. 

Pero no se pudieron quedar con los brazos cruzados cuando su bisnieto Ethan parecía estar encaminado a un hogar adoptivo siendo un bebé. 

Nacido prematuro y con menos de cuatro libras de peso, durante meses necesitó de atención las 24 horas, y su madre era soltera y estaba desempleada y simplemente no estaba preparada para ser madre. 

Ninguno de sus siete hijos quiso hacerse cargo de él. 

"Todos trabajan y tienen familia propia", explicó Nora, jubilada como ex gerente de un supermercado. 

Por eso Dave, de 73 años, jubilado como supervisor de mantenimiento en Emerson Electric Co., convirtió el sótano de su casa de dos recámaras en un cuarto para el bebé y adoptaron a Ethan como suyo. 

Sin lujos 

Ahora, a sus setentaitantos años, su vida está abocada al cuidado de un niño. Es raro que puedan viajar o darse otros gustos. 

La pareja dice que no se puede dar tales gustos por la carga del pago anual de 2,600 dólares para la escuela, ropa y los demás gastos del niño, y de cualquier modo quieren dedicar su tiempo, su energía y su dinero en Ethan. 

"Un niño cambia la vida", dice Nora. "No tenemos descanso. Pero (el niño) es nuestro. No puedo imaginar un día sin él". 

Elizabeth Reinsch, especialista en desarrollo humano en la University of Missouri Extension, dice que los abuelos de 55 años y más tienen derecho a recibir un ayuda financiera modesta bajo la Ley de Tutores de Familia. 

Sin embargo, factores legales o emocionales podrían impedirles obtenerla. 

El proceso legal 

Muchos abuelos postergan el proceso legal para obtener la custodia o la evitan por completo, pensando o esperando que su encargo será temporal, dijo. 

Pero sin una relación de custodia sobre los nietos, los abuelos no pueden recibir asistencia. 

Tal es el caso de los Dacus, que pensaron en adoptar a Ethan pero finalmente desistieron por miedo a ser rechazados por su edad, relegando así al niño a vivir en simple amparo. 

Los abuelos pueden enfrentar una serie de obstáculos legales, especialmente si hallan resistencia de los padres del niño o deben demostrar que el menor fue abandonado o desatendido. 

Una pareja de Utah gastó unos 12,000 dólares en abogados, entre ellos uno especializado en código de menores y un abogado patrimonial que les ayudó a preparar un testamento y un fideicomiso que incluyera a su nieto. 

Con o sin la ayuda financiera, según los expertos, es esencial que aquellos que se están haciendo cargo de sus nietos busquen un grupo de apoyo. 

"He visto abuelos que acuden a un grupo de apoyo por primera vez y lloran porque hasta ese momento creían que estaban solos", dijo Reinsch, coordinadora de Gateway Grandparents/Kinship Network, una coalición de grupos que trabajan en apoyo de los abuelos en el área de St. Louis. 

"Están haciendo una labor fenomenal", dijo Reinsch, haciendo notar su energía. "Son un brillante ejemplo de los abuelos que se hacen cargo de sus nietos".
ALDIA Tx



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