Los datos nacionales y de la región respecto al bullying son
alarmantes, pero la realidad en
nuestra ciudad es diametralmente
distinta a la de hace dos décadas
René Inzunza Valdivia- 7 de septiembre de 2008. CHILLÁN Chile (DIARIO LA DISCUSION)
Diego no quería ir al colegio. Desde hace un tiempo su madre notaba conductas extrañas y anormales en él y por ello se decidió a hablar con la profesora jefe de su hijo para ver las causas del comportamiento. Cuando fue recibida supo de inmediato que las cosas estaban mal: Hacía una semana que Diego no iba a clases, cansado ya de que sus compañeros lo golpearan y ridiculizaran en los recreos. Su caso no es aislado. Las denuncias asociadas a este problema durante el primer semestre del año en el país aumentaron en un 43% respecto del mismo período del año pasado, lo que transforma al bullying (o matonaje escolar) en un problema lejos de ser erradicado, sobre todo si se considera que nuestra región presenta una de las tasas más altas a nivel nacional. En nuestra ciudad el Bullying tiene larga data. Decenas de casos se han registrados en los diferentes establecimientos educacionales de la ciudad y muchos de ellos han quedado en la impunidad o no han podido ser tratados por el silencio que han guardado escolares que han sido maltratados. Se trata de un flagelo que trasciende estratos sociales y tipos de establecimientos; que no discrimina entre hombres y mujeres.
UNA AGRESIÓN MÁS
El bullying es un tipo de maltrato y por ello comparte algunas consecuencias para las víctimas con los otros tipos de agresión (físico, psicológico y sexual). La disminución del autoestima, el tomar una actitud pasiva o de sumisión y la pérdida de interés por los estudios, son algunos de sus principales síntomas observados. Por lo general, ellos conllevan fracaso escolar; bajo rendimiento; trastornos emocionales, como ansiedad o depresión; problemas sicosomáticos, como insomnio o cefaleas, y, en casos extremos, ideación suicida e incluso su intento. Pero, ¿Qué hace que un niño sea maltratado por sus compañeros? Ello es relativo, no obstante tienen mayor predisposición los niños poco seguros de sí mismos, debido a que los padres en un afán de proteger a sus hijos de los peligros de la vida diaria, los aislan, insertándolos en una “burbuja” que no les permite ensayar el proceso de socialización, donde sólo conocen lo que es compartir con otros niños a través de la teoría y no de la práctica. Por otro lado y según la sicóloga Claudia García Córdova, existe una multicausalidad en el por qué el victimario ejerce maltrato. Aquí los modelos agresivos en el hogar o entornos poco afectivos -ausencia de uno de los padres, separación de padres, abuso o humillación ejercida por los padres y/o hermanos mayores- toman fuerza entre otras razones para explicar el fenómeno. Además, García destaca que no porque un niño sea hijo de padres separados o presente otra de las causales antes destacadas, ello significa que necesariamente ejercerá maltrato hacia sus compañeros, pero que estas conductas deben ser manejadas por los padres o cuidadores responsables y no minimizarlas. Para finalizar, la profesional es enfática: “Pero si los factores anteriormente mencionados están presentes, los establecimientos educacionales con gran cantidad de alumnado, donde existe menor control sobre el espacio, vigilancia y respeto, son facilitadores de este tipo de conductas”.
EN TODOS LADOS
El Liceo Narciso Tondreau de Chillán es el más emblemático de los planteles de la educación pública en Ñuble, y no ha estado ajeno al bullying.
La situación era extremadamente compleja a fi nes de los 80´ e inicios de los 90´, cuando según actuales confesiones de los alumnos de la época, los maltratos entre los estudiantes eran algo en extremo cotidianos y algo así como “la ley de la selva” se vivía entre los escolares. “El más fuerte se imponía” señala el actual camarógrafo de TVU, Luis “Nino” Poblete, a más de 20 años de la experiencia. Hoy, la realidad del Liceo A-7 es distinta. “Si bien existen casos aislados, diría que el bullyng se da muy poco porque trabajamos directamente para conversar los temas” señaló a LA DISCUSIÓN el profesor Patricio López, actual director del establecimiento. Además, la orientadora de 3º y 4º del Liceo, Gloria San Martín, destacó la ausencia de violencia en los recreos y en las salas de clases a diferencia de lo que ocurría años atrás, sin embargo, admite que “el bullying aún está presente en conductas como el poner sobrenombres y en la ridiculización.
. son cosas que dañan la autoestima del escolar”. Actualmente en el Liceo Narciso Tondreau existe un “reglamento de convivencia” que norma el actuar de todos los alumnos entre ellos y para con los profesores y personal del establecimiento. Ello, sumado a una mejor orientación en el tema de la convivencia, ha reducido notablemente los episodios más violentos. Acudimos sin aviso a uno de los recreos matutinos del plantel y lo que vimos se acerca bastante al óptimo esperado, por lejos un escenario completamente diferente al de una generación atrás, donde los juegos bruscos eran la tónica y el medio perfecto para la proliferación de conductas abusivas por parte de los escolares más fuertes. El bullying no es exclusivo de un nivel socioeconómico, pero ello puede determinar que las temáticas que originan el abuso hacia un niño u otro pudiesen variar. Por ejemplo, en los niveles altos el origen puede estar en no tener los recursos económicos que los otros compañeros, mientras que en un segmento bajo podría ser el demostrar ante el resto quién es el más dominante del medio, quén es el más “choro”. En nuestra ciudad el Colegio Da Vinci ha aprovechado su pequeño tamaño para fortalecer las relaciones entre alumnos, apoderados y profesores y así atacar problemas como el bullying y otros conflictos. Sin embargo, hasta hace dos años tuvo en su seno fuertes episodios de agresión por parte de un alumno que no era aceptado por sus compañeros y a la vez castigaba duramente a los más pequeños. “Estuvo con nosotros durante cinco años y tratamos de darle toda la ayuda posible” señala su director, Luis Fernández, quien además admite que al fi nal se aconsejó el traslado del alumno a otro establecimiento como última medida, al fallar todos los métodos usados para su inserción. Para Fernández, el tratamiento del bullying en su colegio es “más fácil”, por cuanto el pequeño tamaño y la restringida matrícula, que apenas llega a los 325 alumnos, permite un mayor control de situaciones anormales. “La comunicación entre todos es nuestra mejor arma” destaca, convencido de que si el “manual de convivencia escolar” falla en primera instancia, la rápida observación del problema garantizará un tratamiento oportuno y adecuado de la situación.
SIN CICATRICES
El tratamiento de un niño o joven que ha sido víctima del bullying, tiene mejor o peor pronóstico dependiendo del número de factores comprometidos. El apoyo que reciba un escolar que decidió contarle a sus padres sobre estos abusos; la cronicidad del maltrato, es decir, el tiempo que se mantuvo expuesto a esta presión y los factores personales y familiares, son esenciales a la hora de determinar cualquier terapia psicológica y, de ser necesario, la ayuda farmacológica correspondiente. En la mayoría de los casos las intervenciones estarán dirigidas a la expresión de emociones, aumento del autoconcepto, autoestima y expectativas de autoeficacia. Además, es esencial fomentar el desarrollo de habilidades sociales que le permitirán » desenvolverse efectivamente con su grupo de pares. En muchos casos los padres minimizan el que su hijo sufra bullying o lo ejerza, no obstante estos son problemas vitales para ellos. En la niñez, el sentirse aceptado y valorado por el grupo de pares es un aspecto importantísimo en sus vidas, luego y a medida que van creciendo, los adolescente valoran altamente la pertenencia a un grupo, pero comparan los valores del grupo con los personales y van decidiendo cuál es la que más le acomoda. Por esta razón se sugiere a los padres que a través de la palabra, pero por sobre todo de la práctica, transmitan los valores que quieren enseñar a sus hijos, puesto que es la forma de asegurarse las personas que serán a futuro. Por último nunca hay que perder de vista un dato esencial: La violencia genera violencia.
«En muchos casos los padres minimizan el que su hijo sufra bullying o lo ejerza, no obstante estos son problemas vitales para ellos. Es un aspecto importantísimo en sus vidas».
LA DISCUSION
nuestra ciudad es diametralmente
distinta a la de hace dos décadasRené Inzunza Valdivia- 7 de septiembre de 2008. CHILLÁN Chile (DIARIO LA DISCUSION)
Diego no quería ir al colegio. Desde hace un tiempo su madre notaba conductas extrañas y anormales en él y por ello se decidió a hablar con la profesora jefe de su hijo para ver las causas del comportamiento. Cuando fue recibida supo de inmediato que las cosas estaban mal: Hacía una semana que Diego no iba a clases, cansado ya de que sus compañeros lo golpearan y ridiculizaran en los recreos. Su caso no es aislado. Las denuncias asociadas a este problema durante el primer semestre del año en el país aumentaron en un 43% respecto del mismo período del año pasado, lo que transforma al bullying (o matonaje escolar) en un problema lejos de ser erradicado, sobre todo si se considera que nuestra región presenta una de las tasas más altas a nivel nacional. En nuestra ciudad el Bullying tiene larga data. Decenas de casos se han registrados en los diferentes establecimientos educacionales de la ciudad y muchos de ellos han quedado en la impunidad o no han podido ser tratados por el silencio que han guardado escolares que han sido maltratados. Se trata de un flagelo que trasciende estratos sociales y tipos de establecimientos; que no discrimina entre hombres y mujeres.
UNA AGRESIÓN MÁS
El bullying es un tipo de maltrato y por ello comparte algunas consecuencias para las víctimas con los otros tipos de agresión (físico, psicológico y sexual). La disminución del autoestima, el tomar una actitud pasiva o de sumisión y la pérdida de interés por los estudios, son algunos de sus principales síntomas observados. Por lo general, ellos conllevan fracaso escolar; bajo rendimiento; trastornos emocionales, como ansiedad o depresión; problemas sicosomáticos, como insomnio o cefaleas, y, en casos extremos, ideación suicida e incluso su intento. Pero, ¿Qué hace que un niño sea maltratado por sus compañeros? Ello es relativo, no obstante tienen mayor predisposición los niños poco seguros de sí mismos, debido a que los padres en un afán de proteger a sus hijos de los peligros de la vida diaria, los aislan, insertándolos en una “burbuja” que no les permite ensayar el proceso de socialización, donde sólo conocen lo que es compartir con otros niños a través de la teoría y no de la práctica. Por otro lado y según la sicóloga Claudia García Córdova, existe una multicausalidad en el por qué el victimario ejerce maltrato. Aquí los modelos agresivos en el hogar o entornos poco afectivos -ausencia de uno de los padres, separación de padres, abuso o humillación ejercida por los padres y/o hermanos mayores- toman fuerza entre otras razones para explicar el fenómeno. Además, García destaca que no porque un niño sea hijo de padres separados o presente otra de las causales antes destacadas, ello significa que necesariamente ejercerá maltrato hacia sus compañeros, pero que estas conductas deben ser manejadas por los padres o cuidadores responsables y no minimizarlas. Para finalizar, la profesional es enfática: “Pero si los factores anteriormente mencionados están presentes, los establecimientos educacionales con gran cantidad de alumnado, donde existe menor control sobre el espacio, vigilancia y respeto, son facilitadores de este tipo de conductas”.
EN TODOS LADOS
El Liceo Narciso Tondreau de Chillán es el más emblemático de los planteles de la educación pública en Ñuble, y no ha estado ajeno al bullying.
La situación era extremadamente compleja a fi nes de los 80´ e inicios de los 90´, cuando según actuales confesiones de los alumnos de la época, los maltratos entre los estudiantes eran algo en extremo cotidianos y algo así como “la ley de la selva” se vivía entre los escolares. “El más fuerte se imponía” señala el actual camarógrafo de TVU, Luis “Nino” Poblete, a más de 20 años de la experiencia. Hoy, la realidad del Liceo A-7 es distinta. “Si bien existen casos aislados, diría que el bullyng se da muy poco porque trabajamos directamente para conversar los temas” señaló a LA DISCUSIÓN el profesor Patricio López, actual director del establecimiento. Además, la orientadora de 3º y 4º del Liceo, Gloria San Martín, destacó la ausencia de violencia en los recreos y en las salas de clases a diferencia de lo que ocurría años atrás, sin embargo, admite que “el bullying aún está presente en conductas como el poner sobrenombres y en la ridiculización.
. son cosas que dañan la autoestima del escolar”. Actualmente en el Liceo Narciso Tondreau existe un “reglamento de convivencia” que norma el actuar de todos los alumnos entre ellos y para con los profesores y personal del establecimiento. Ello, sumado a una mejor orientación en el tema de la convivencia, ha reducido notablemente los episodios más violentos. Acudimos sin aviso a uno de los recreos matutinos del plantel y lo que vimos se acerca bastante al óptimo esperado, por lejos un escenario completamente diferente al de una generación atrás, donde los juegos bruscos eran la tónica y el medio perfecto para la proliferación de conductas abusivas por parte de los escolares más fuertes. El bullying no es exclusivo de un nivel socioeconómico, pero ello puede determinar que las temáticas que originan el abuso hacia un niño u otro pudiesen variar. Por ejemplo, en los niveles altos el origen puede estar en no tener los recursos económicos que los otros compañeros, mientras que en un segmento bajo podría ser el demostrar ante el resto quién es el más dominante del medio, quén es el más “choro”. En nuestra ciudad el Colegio Da Vinci ha aprovechado su pequeño tamaño para fortalecer las relaciones entre alumnos, apoderados y profesores y así atacar problemas como el bullying y otros conflictos. Sin embargo, hasta hace dos años tuvo en su seno fuertes episodios de agresión por parte de un alumno que no era aceptado por sus compañeros y a la vez castigaba duramente a los más pequeños. “Estuvo con nosotros durante cinco años y tratamos de darle toda la ayuda posible” señala su director, Luis Fernández, quien además admite que al fi nal se aconsejó el traslado del alumno a otro establecimiento como última medida, al fallar todos los métodos usados para su inserción. Para Fernández, el tratamiento del bullying en su colegio es “más fácil”, por cuanto el pequeño tamaño y la restringida matrícula, que apenas llega a los 325 alumnos, permite un mayor control de situaciones anormales. “La comunicación entre todos es nuestra mejor arma” destaca, convencido de que si el “manual de convivencia escolar” falla en primera instancia, la rápida observación del problema garantizará un tratamiento oportuno y adecuado de la situación.
SIN CICATRICES
El tratamiento de un niño o joven que ha sido víctima del bullying, tiene mejor o peor pronóstico dependiendo del número de factores comprometidos. El apoyo que reciba un escolar que decidió contarle a sus padres sobre estos abusos; la cronicidad del maltrato, es decir, el tiempo que se mantuvo expuesto a esta presión y los factores personales y familiares, son esenciales a la hora de determinar cualquier terapia psicológica y, de ser necesario, la ayuda farmacológica correspondiente. En la mayoría de los casos las intervenciones estarán dirigidas a la expresión de emociones, aumento del autoconcepto, autoestima y expectativas de autoeficacia. Además, es esencial fomentar el desarrollo de habilidades sociales que le permitirán » desenvolverse efectivamente con su grupo de pares. En muchos casos los padres minimizan el que su hijo sufra bullying o lo ejerza, no obstante estos son problemas vitales para ellos. En la niñez, el sentirse aceptado y valorado por el grupo de pares es un aspecto importantísimo en sus vidas, luego y a medida que van creciendo, los adolescente valoran altamente la pertenencia a un grupo, pero comparan los valores del grupo con los personales y van decidiendo cuál es la que más le acomoda. Por esta razón se sugiere a los padres que a través de la palabra, pero por sobre todo de la práctica, transmitan los valores que quieren enseñar a sus hijos, puesto que es la forma de asegurarse las personas que serán a futuro. Por último nunca hay que perder de vista un dato esencial: La violencia genera violencia.
«En muchos casos los padres minimizan el que su hijo sufra bullying o lo ejerza, no obstante estos son problemas vitales para ellos. Es un aspecto importantísimo en sus vidas».
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