EDi TORIAL · LA RAZON bo · La Paz, 16 de octubre de 2008
La circunstancia de que éste sea un país mayoritariamente de infantes y adolescentes plantea una serie de exigencias, varias de las cuales no están en condiciones de ser atendidas en el plano familiar...le corresponde al Estado dedicar la mayor atención posible a estos segmentos.
Los niños y los adolescentes constituyen la mayoría en Bolivia, respecto de los demás grupos poblacionales, al sumar casi cinco millones de un total aproximado de 10 millones de habitantes. Por esta razón se puede decir, sin lugar a equívocos, que éste es un país de menores de edad, mientras que en otros de Europa, por ejemplo, la situación es a la inversa; allí, los adultos y ancianos son más que los niños y jóvenes.
Según el Instituto Nacional de Estadística (INE), hasta el año 2007 la población de niños y adolescentes era de 4.689.192, mientras que todos los habitantes del país sumaban 9.827.522.
Los sociólogos tendrían que desentrañar las implicaciones de estas realidades, y también los economistas. Estos últimos, en particular, porque el sector de la niñez y la adolescencia aún no genera ingresos y sí, más bien, demanda gastos: en la crianza, en la educación y en la profesionalización. Aunque en este peldaño no estén todos: algunos —que son muchos pero afortunadamente una minoría— trabajan desde temprana edad.
En esta temática hay también algo digno de remarcar. En Bolivia ha bajado la tasa de fecundidad, de acuerdo con datos del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD). En los últimos años, ha disminuido de 6,2 a 3,8 niños por mujer en edad fértil. De igual forma, se ha registrado una significativa reducción de la tasa de mortalidad infantil, de 89 a 54 por cada mil nacidos vivos. Ambos casos permiten sostener que se ha producido una clara transformación demográfica en el país, con la perspectiva de que cada vez sea mayor, por motivaciones familiares y económicas, aparte de que el acceso a los recursos inhibitorios se tornaron populares.
Por año nacen alrededor de 260 niños y niñas, de los cuales sólo cuatro de cada 10 logran vencer la “carrera de obstáculos” de los iniciales 17 años de existencia. La “carrera” consiste en sobrevivir el primer año de vida, superar la infancia sin las penurias de la desnutrición crónica, terminar por lo menos los estudios de los ocho años de primaria y no trabajar antes de los 14 años.
La circunstancia de que éste sea un país mayoritariamente de infantes y adolescentes plantea una serie de exigencias, varias de las cuales no están en condiciones de ser atendidas en el plano familiar, a causa de la pobreza. Por lo tanto, le corresponde al Estado dedicar la mayor atención posible a estos segmentos vitales de la nacionalidad, no sólo en la enseñanza primaria, sino también en el cuidado de la salud, para lograr que el desarrollo y el crecimiento de los menores sean mínimamente aceptables, aunque lo ideal sería que se caractericen por alcanzar la excelencia. Este es un factor esencial para garantizar que los bolivianos del futuro se hallen plenamente capacitados —física, mental y anímicamente—, es decir, mejor dotados.
El PNUD dice que Bolivia tiene un reto y una oportunidad para resolver los problemas de la infancia que está inmersa en la pobreza. El reto es comprender lo que significa ser niño en la diversidad, sin perder de vista la necesidad de construir oportunidades iguales para todos ellos, al margen de su lugar de residencia, su identidad étnico-cultural o su clase social. Eso, además de construir las capacidades, respetar los derechos y ampliar las perspectivas de una nueva generación de bolivianas y bolivianos nacidos bajo el signo de la democracia y del cambio social.
LA RAZON bo
La circunstancia de que éste sea un país mayoritariamente de infantes y adolescentes plantea una serie de exigencias, varias de las cuales no están en condiciones de ser atendidas en el plano familiar...le corresponde al Estado dedicar la mayor atención posible a estos segmentos.
Los niños y los adolescentes constituyen la mayoría en Bolivia, respecto de los demás grupos poblacionales, al sumar casi cinco millones de un total aproximado de 10 millones de habitantes. Por esta razón se puede decir, sin lugar a equívocos, que éste es un país de menores de edad, mientras que en otros de Europa, por ejemplo, la situación es a la inversa; allí, los adultos y ancianos son más que los niños y jóvenes.
Según el Instituto Nacional de Estadística (INE), hasta el año 2007 la población de niños y adolescentes era de 4.689.192, mientras que todos los habitantes del país sumaban 9.827.522.
Los sociólogos tendrían que desentrañar las implicaciones de estas realidades, y también los economistas. Estos últimos, en particular, porque el sector de la niñez y la adolescencia aún no genera ingresos y sí, más bien, demanda gastos: en la crianza, en la educación y en la profesionalización. Aunque en este peldaño no estén todos: algunos —que son muchos pero afortunadamente una minoría— trabajan desde temprana edad.
En esta temática hay también algo digno de remarcar. En Bolivia ha bajado la tasa de fecundidad, de acuerdo con datos del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD). En los últimos años, ha disminuido de 6,2 a 3,8 niños por mujer en edad fértil. De igual forma, se ha registrado una significativa reducción de la tasa de mortalidad infantil, de 89 a 54 por cada mil nacidos vivos. Ambos casos permiten sostener que se ha producido una clara transformación demográfica en el país, con la perspectiva de que cada vez sea mayor, por motivaciones familiares y económicas, aparte de que el acceso a los recursos inhibitorios se tornaron populares.
Por año nacen alrededor de 260 niños y niñas, de los cuales sólo cuatro de cada 10 logran vencer la “carrera de obstáculos” de los iniciales 17 años de existencia. La “carrera” consiste en sobrevivir el primer año de vida, superar la infancia sin las penurias de la desnutrición crónica, terminar por lo menos los estudios de los ocho años de primaria y no trabajar antes de los 14 años.
La circunstancia de que éste sea un país mayoritariamente de infantes y adolescentes plantea una serie de exigencias, varias de las cuales no están en condiciones de ser atendidas en el plano familiar, a causa de la pobreza. Por lo tanto, le corresponde al Estado dedicar la mayor atención posible a estos segmentos vitales de la nacionalidad, no sólo en la enseñanza primaria, sino también en el cuidado de la salud, para lograr que el desarrollo y el crecimiento de los menores sean mínimamente aceptables, aunque lo ideal sería que se caractericen por alcanzar la excelencia. Este es un factor esencial para garantizar que los bolivianos del futuro se hallen plenamente capacitados —física, mental y anímicamente—, es decir, mejor dotados.
El PNUD dice que Bolivia tiene un reto y una oportunidad para resolver los problemas de la infancia que está inmersa en la pobreza. El reto es comprender lo que significa ser niño en la diversidad, sin perder de vista la necesidad de construir oportunidades iguales para todos ellos, al margen de su lugar de residencia, su identidad étnico-cultural o su clase social. Eso, además de construir las capacidades, respetar los derechos y ampliar las perspectivas de una nueva generación de bolivianas y bolivianos nacidos bajo el signo de la democracia y del cambio social.
LA RAZON bo

Peace





