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martes, 28 de octubre de 2008
DATOS DEL INSTITUTO NACIONAL DE ESTADÍSTICA, INE  »PDF
El 85 por ciento son varones

Andalucía y Cataluña fueron las comunidades con mayor tasa de condenados entre los 135.224 procesados Instalaciones de un centro de reformaen todo el pasado año
· Casi el 30% de los condenados en 2007 eran extranjeros

   MADRID, 27 Oct. (EUROPA PRESS) -
   El número de menores condenados inscritos en el Registro de la Responsabilidad Penal del Menor en 2007 asciende a 13.631, de los que el 85 por ciento son varones y el 15 por ciento mujeres, según informó este lunes el Instituto Nacional de Estadística (INE), que explota los datos en virtud del Acuerdo de Colaboración suscrito con el Ministerio de Justicia.

   Según la distribución por edad, el 33,2 por ciento de los menores que han cometido alguna infracción penal tiene 16 años y el 28,2 por ciento tiene 15. Asimismo, la mayoría de los menores condenados es de nacionalidad española (83,1 por ciento), mientras que los extranjeros suponen el 13,3 por ciento y del 3,6 por ciento no se conoce su nacionalidad, el 3,6 por ciento.

   Sobre el número de infracciones penales cometidas, el 68,8 por ciento del total ha cometido una única infracción y el 32 por ciento más de una. Atendiendo a la tipología de la infracción penal, el delito de robo (28,9 por ciento) es el de mayor incidencia entre los menores que han delinquido una única vez, seguido del delito de lesiones (10) y del de hurto (5,9). Al 78,2 por ciento de los menores condenados se les ha impuesto una sola medida por las infracciones penales cometidas.

   En cuanto a la Comunidad Autónoma, Andalucía es el lugar donde se han inscrito más menores con el 26,5 por ciento del total. Le siguen Cataluña (10,9), la Comunidad Valenciana (10,7) y la Comunidad de Madrid (9,7). En el caso de menores condenados de nacionalidad española, Valencia ocupa el segundo lugar y Cataluña el tercero, siendo también esta comunidad, la región en la que se registra un mayor número de menores extranjeros condenados.


   Por otra parte, se inscribieron un total de 22.366 infracciones penales cometidas por menores. De ellas, el 68,6 por ciento corresponde a delitos, el 30 por ciento a faltas y el 1,4 por ciento a infracciones penales sin especificar.

LOS ROBOS, EL DELITO MÁS REPETIDO

   Atendiendo a la tipología del delito, los de mayor incidencia fueron los robos (27,8), las lesiones (7,4), el robo y hurto de vehículo (5,9) y los hurtos (5,6). Entre las faltas, las más frecuentes fueron las realizadas contra las personas (63,5) y contra el patrimonio (32,6).

   Las medidas adoptadas más frecuentes son las de libertad vigilada y prestación en beneficio de la comunidad. De las 18.948 medidas adoptadas por los jueces en 2007, las más frecuentes han sido las segundas, con un 30 por ciento del total, frente a las primeras, con un 29,6.

   En resumen, el número de infracciones penales por menor condenado es de 1,6 a nivel nacional, mientras que la proporción de condenados por cada 1.000 habitantes de entre 14 y 17 años es de 7,51. El valor más elevado corresponde a la ciudad autónoma de Ceuta (27,39) y el más bajo a Galicia (5,30). EP

Seis de cada mil adolescentes asturianos han sido condenados

Andalucía y Cataluña fueron las comunidades con mayor tasa de condenados entre los 135.224 procesados en todo el pasado año

27.10.08 - 14:59 - EUROPA PRESS | OVIEDO/MADRID
De cada 1.000 asturianos de entre 14 y 17 años, 6,25 han sido condenados,, según los datos hechos públicos hoy por el Instituto Nacional de Estadística (INE) a los que tuvo acceso Europa Press. En cuanto a las infracciones penales, la tasa es de 15,06 por mil.

El número de infracciones penales por menor condenado es de 1,6 a nivel nacional. Por comunidades autónomas esta cifra oscila entre 2,4 de Principado de Asturias y 1,3 de La Rioja.

Por otra parte, estos datos revelan que el condenado medio en España es un hombre de 34 años y autor de un delito contra la seguridad del tráfico. La mayoría de ellos residen en Andalucía (con un 19,8 por ciento del total) y Cataluña (16,2 por ciento).

Las sentencias dictadas en el año 2007 registraron un total de 135.224 procesados, de los cuales el 91,7 por ciento son varones en comparación con el 8,3 por ciento de mujeres. La franja de edad más repetida en ambos sexos es la comprendida entre los 26 y los 34 años, con lo que convierte el perfil medio de los condenados en 34,5 años en el caso de los hombres y en 33,6 años en las mujeres.

La mayoría de ellos (70,8%) son españoles, mientras que en el grupo de extranjeros sobresalen los penados de procedencia latinoamericana, que alcanzan el 36,9 por ciento del total de foráneos. En cuanto a las tasas de reincidencia, el estudio expone cómo el 80,8 por ciento ha cometido un único delito, relacionado éste, en la mayoría de las ocasiones, con infracciones contra la seguridad del tráfico (36,5 por ciento). Otros de los acusados han cometido un delito de lesiones (16,7%) o uno de robo (10,2%).

Los datos del Registro Central de Penados y Rebeldes reflejan cómo a la práctica totalidad se les ha impuesto más de una pena por los delitos cometidos (81,8% del total), siendo los condenados con dos penas la mayor parte de ellos (44%). Atendiendo a la tipología del delito, los de mayor incidencia fueron el delito contra la seguridad del tráfico (30,9%), las lesiones (17,6%), los robos (11,7%) y los atentados contra la seguridad (6,1%). 1,3

Delitos por persona

Durante el año pasado se inscribieron 172.518 delitos cometidos. El número de delitos cometidos por persona es de 1,3. Por comunidades, Andalucía ha registrado un mayor número de condenados, con el 19,8 por ciento, seguida de Cataluña (16,2%), Comunitat Valenciana (12,4%) y Comunidad de Madrid (9,9%). Se aprecia que tanto Cataluña (19,8%) como Andalucía (15,8%) han amparado a un mayor porcentaje de extranjeros.

La proporción de condenados por cada 1.000 habitantes es de 3,82 a nivel nacional. Las regiones que menos condenados han inscrito son Melilla (512), La Rioja (1.097), Ceuta (1.229) y la Comunidad Foral de Navarra (1.716).

Las penas impuestas más frecuentes con las de prisión y la de multa. Así, los jueces han impuesto, considerando indistintamente las penas principales y accesorias, penas privativas de otros derechos (49%), seguidas de las penas privativas de libertad (27,4%). En concreto, la pena de prisión ha sido la más habitual (25,2%), junto con la de multa (23,2%), la pena de inhabilitación especial para empleo o cargo público (15,3%) y, finalmente, la de privación del derecho de conducir vehículos (14,4%).

En este sentido, llama la atención que al 27 por ciento de los hombres se les impone penas de prisión, mientras que el porcentaje asciende cuando se trata de las féminas (32,4%). Las penas privativas de otros derechos suponen un 49,5 por ciento del total de las dictadas para los varones, y representan el 43,8 por ciento para sus compañeras.

Menores

Además, el número de menores condenados inscritos en el Registro de la Responsabilidad Penal del Menor en 2007 asciende a 13.631, de los que el 85 por ciento son varones y el 15 por ciento mujeres, según informó hoy el Instituto Nacional de Estadística (INE), que explota los datos en virtud del Acuerdo de Colaboración suscrito con el Ministerio de Justicia.

Según la distribución por edad, el 33,2 por ciento de los menores que han cometido alguna infracción penal tiene 16 años y el 28,2 por ciento tiene 15. Asimismo, la mayoría de los menores condenados es de nacionalidad española (83,1 por ciento), mientras que los extranjeros suponen el 13,3 por ciento y del 3,6 por ciento no se conoce su nacionalidad, el 3,6 por ciento.

Los delitos de mayor incidencia en este colectivo fueron los robos (27,8), las lesiones (7,4), el robo y hurto de vehículo (5,9) y los hurtos (5,6). Entre las faltas, las más frecuentes fueron las realizadas contra las personas (63,5) y contra el patrimonio (32,6). EL COMERCIO

Casi 12 de cada mil adolescentes riojanos han sido condenados

Es la mayor proporción de todas las comunidades autónomas.
· De cada 1000 riojanos de entre 14 y 17 años, 11,96 han sido condenados.

RIOJA2 - 27/10/2008
El número de infracciones penales por menor condenado es de 1,6 a nivel nacional. Por comunidades autónomas esta cifra oscila entre 2,4 de Principado de Asturias y 1,3 de La Rioja.

Por otra parte, estos datos revelan que el condenado medio en España es un hombre de 34 años y autor de un delito contra la seguridad del tráfico. La mayoría de ellos residen en Andalucía (con un 19,8 por ciento del total) y Cataluña (16,2 por ciento). RIOJA2

Casi el 30% de los condenados en España en 2007 eran extranjeros


28.10.08 - M. S. P. (HOY.es)
El 29,1% de los condenados en España durante 2007 eran extranjeros, según el primer informe del Instituto Nacional de Estadística (INE) que analiza las sentencias penales emitidas en España.

Este estudio, que se basa en los datos recopilados por el Registro Central de Penados y Rebeldes, destaca que Cataluña fue la comunidad autónoma en la que se registraron más condenados extranjeros (19,8% del total), seguida de Andalucía (15,8%). Los inmigrantes de origen americano fueron los ciudadanos extranjeros que más condenas acumularon, con el 36,9% del total de fallos contra no españoles.

Esta primera radiografía sobre los delincuentes hace hincapié en el creciente número de sentencias por delitos contra el tráfico y la seguridad vial. El 30% de los 172.518 ilícitos condenados fue por conductas temerarias al volante, seguidas de las lesiones con un 17%, los robos con un 11,7% y los atentados contra la autoridad con un 6%.

Los hombres delinquen mucho más que las mujeres. El 91% de los condenados eran varones. La edad media de los penados fue de 34,5 años en el caso de los hombres y de 33,6 años en el de las mujeres.

Andalucía fue la comunidad autónoma en la que se «inscribieron» más condenados, con el 19,8% del total. Le siguieron Cataluña (16,2%), Comunidad Valenciana (12,4%) y Comunidad de Madrid (9,9%).

El Instituto Nacional de Estadística, que también ha buceado en el Registro de Responsabilidad Penal del Menor, revela que el pasado año fueron inscritos en este archivo 13.631 niños y adolescentes, de los que el 83% eran españoles.

Atendiendo a la tipología de la infracción penal cometida por los menores, el delito de robo (28,9% del total) fue el de mayor incidencia, seguido del ilícito de lesiones (10%) y de los hurtos (5,9%).
HOY
___
PS
Adolescentes sin límites

Esteban Hernández.- 02/11/2008  (EL CONFIDENCIAL)
“Cuando asistes en comisaría a un chico que no llega a los 15 años y que le está diciendo al policía, 'Madero, me he tirado a más tías y más buenas que tú', te preguntas cómo se ha podido llegar a esto”. Ciertamente, lo que describe M.G., abogado del turno de menores, no es usual. Pero estas exhibiciones de arrogancia, antes impensables, ocurren hoy con creciente frecuencia. Lo que estaría demostrando, según los expertos, que los adolescentes están cambiando y no para bien. 

Según los datos publicados por el INE, en 2007 se inscribieron 13.631 menores condenados, de los cuales el 85,0% eran varones. De ellos, el 83,1% tenían nacionalidad española. En cuanto a la distribución por edad, el 33,2% alcanzaba los 16 años y el 28,2% tenía 15 años. El delito más habitual fue el robo, (28,9% del total) seguido de las lesiones (10,0%) y los hurtos (5,9%).  

Pero, al margen de que aumenten los delitos porque se contemplan como tales conductas antes ignoradas por el Código Penal, (el acoso escolar, por ejemplo) lo cierto es que los cambios no sólo se dejan sentir en las cifras. Por ello, afirman los expertos, deberíamos contemplar el problema desde una perspectiva amplia, ya que estamos fundamentalmente ante un síntoma social. Según argumenta Emilio Calatayud, un juez que se hizo popular por dictar sentencias en las que condenaba a aprender a leer y escribir a un menor que había robado material de construcción, o en las que obligaba a unos gamberros que se habían burlado de un minusválido a colaborar con una institución de asistencia a personas con discapacidad, no podemos esperar encontrar en los chicos más que un espejo de su tiempo: “Vivimos en un mundo violento, y los chavales no son otra cosa que un reflejo de la sociedad”.  

La primera causa de este incremento de la agresividad juvenil consiste, según la psicoterapeuta Teresa Pont, autora de Profiling, El acto criminal (Ed. UOC), en que “no se ponen límites a los adolescentes. Se les intenta hacer las cosas lo más fáciles posible, no se les enseña autocontrol, apenas se les dice 'no'. Y eso ha ocasionado que los chicos se hayan acostumbrado a hacer lo que les da la gana; a vivir en la cultura del placer y no en la del esfuerzo. Con consecuencias muy perjudiciales…”. Coincide en el diagnóstico Emilio Calatayud, quien percibe una sociedad “acomplejada, a la que le da miedo poner normas y que se ha habituado a hablar de derechos pero no de obligaciones. Y eso ocurre en todos los ámbitos, desde la familia hasta la escuela”.  

Serían ese contexto educativo y esas actitudes, los que, en última instancia, llevaron a tres adolescentes catalanes a quemar viva a una mendiga (ex secretaria de dirección) en un cajero de Barcelona. O, por citar otro caso últimamente de actualidad, las que provocaron que Amanda Knox, una americana de 20 años y su novio, un italiano de 24, violaran y degollaran con ayuda de una tercera persona a Meredith Kercher, la estudiante inglesa con la que la primera compartía piso en Perugia. Los acusados en ambos procedimientos aseguraron que sus intenciones eran otras (gastar una broma a la mendiga, dar un escarmiento a la coinquilina), pero que todo se les fue de las manos. Probablemente, dicen los expertos, porque nadie les dijo antes que hay cosas que no se pueden hacer, ni siquiera de broma.  

Futuros delicuentes en todas las clases medias y altas
 
Pero estos casos también nos indican que no sólo las clases menos favorecidas y las familias completamente desestructuradas, como antes era creencia común, son el entorno en el que crecen los futuros delincuentes. Más al contrario, donde se está notando hoy esa falta de autoridad es en las clases medias y altas, allí donde los padres son más proclives a darles a sus hijos todos los caprichos. “Tuve que defender hace poco a un adolescente denunciado porque pegaba a sus padres. Y se reía de mí diciéndome: 'Letrado, vaya mierda de móvil que llevas, mira el que tengo yo'. Esos padres a los que maltrataba le compraban todo lo que quería…”. Y lo más peculiar, asegura M.G., “es que no suelen ser malos chavales. Están desorientados, no tienen referencias claras, pero se les puede rehabilitar”. 

Esta clase de actitudes tienen que ver, asegura la psicoanalista Jorgelina Rodríguez O’Connor, con el lugar que ocupan los niños hoy en la familia: “Son niños muy queridos, que viven muy protegidos y a los que no se les quiere frustrar. Por eso muchos padres perciben los límites como algo negativo, sin reparar en que tienen un lado muy beneficioso. Aprender a pararse en un semáforo, por ejemplo, nos protege y protege a los demás; no es una limitación ni un atentado contra uno mismo, sino algo que nos ayuda y nos enriquece. Hay que empezar, pues, a pensar en las normas como algo que nos guía en lugar de verlo como algo que nos limita”. Lo que ocurre, afirma Rodríguez O’ Connor, es que en muchas ocasiones son los propios padres los que no se ponen límites: “Vivimos en una sociedad que te dice que debes disfrutar de todo sin renunciar a nada y muchos adultos se lo terminan creyendo”. 

Pero, por más que las causas se originen en la familia, las consecuencias alcanzan a toda la sociedad. Por ello, desde muy diferentes ámbitos, desde el educativo hasta el jurídico, se intenta dar respuesta a la pregunta acerca de qué hacer con una juventud que no ha aprendido a controlarse. Según el juez Emilio Calatayud, autor de Mis sentencias ejemplares (ed. La esfera de los libros), la primera piedra tiene que ser “la recuperación del sentido común. No debemos tener complejo de joven democracia. Tenemos que educar desde los valores, rescatando algunos que parecen haberse perdido, tanto en la familia como en la escuela, caso de la autoridad. Y los medios tienen que ayudar en esa tarea, porque, en especial la televisión, más que reflejar cómo es la juventud la están influyendo negativamente”.

Para Teresa Pont, la capacidad de acción de la sociedad en lo que se refiere a la reeducación de los jóvenes delincuentes es amplia. Y pasa por tomar medidas encaminadas, más que a castigarles, a obligarles a reparar el daño causado. “Además de pagar por lo que han hecho, han de caer en la cuenta del dolor y el daño que han generado sus acciones”. Cree Pont que hemos pasado de una época en la que había excesiva mano dura a otra en la que somos demasiado blandos. “Y ninguno de ambos extremos es bueno. Los padres, por ejemplo, han de tomar medidas firmes, pero no imponiéndolas porque sí, lo que estimula la rabia, sino explicándolas y razonándolas”. 

Reincidentes

Esta clase de acciones pueden resultar útiles, aseguran, en la mayoría de los casos. Pero hay otros, que suelen ser los que subrayan los medios de comunicación, que generan mayores dudas, ya sea por la especial violencia empleada en la comisión del delito, ya porque estamos hablando de una frecuente reincidencia. En esos casos, aseguran algunas voces alarmadas, sólo sirve la mano dura: ya no estaríamos hablando de reinsertar al delincuente, sino de proteger a la sociedad. Algo con lo que no está de acuerdo Rodríguez O’Connor. “Las causas se pueden revertir con tiempo, medios y dedicación. La repenalización no arregla nada. Llevamos mucho tiempo trabajado con prácticas que no reinsertan a los chicos; se les enseña a cumplir una disciplina, pero no a pensar en el otro. Y de este modo se someten pero no aprenden. Y lo importante es educar para aprender”. 

El último escalón en esa tarea, y de importancia crucial, según Emilio Calatayud, es el de los medios de comunicación, “quienes deberían concienciarse de su función: ya está bien de transmitir la idea de que vivimos en la impunidad. Así, muchos adolescentes creen que, por ser menores de edad, pueden hacer cualquier cosa sin que les pase nada. Y luego se llevan la sorpresa…”. EL CONFIDENCIAL



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