DEBATE MENORES INIMPUTABLES
Las infracciones bajaron en 3.000 casos, pero se produjeron casi 17.000 lesiones
Si el crimen de Ripollet se hubiera perpetrado hace seis meses, el principal imputado estaría en su casa
C. MORCILLO / J. GUIL | Domingo, 09-11-08 MADRID / BARCELONA (ABC)
Luis, uno de los dos menores detenidos por el asesinato de Maores, la niña de Ripollet, cumplió 14 años en marzo. Está en un centro de internamiento por orden del juez. Si el crimen se hubiera perpetrado hace seis meses, Luis estaría en su casa. La reforma de Ley Penal del Menor, aprobada en 2006, siguió considerando inimputables a quienes están por debajo de los 14, cometan el delito que cometan. La voces de policías, fiscales y víctimas que pedían un cambio no fueron escuchadas. La norma que entró en vigor en 2001 consideraba que las infracciones de quienes no habían cumplido esa edad eran en general «irrelevantes», pero la realidad delincuencial ha demostrado lo contrario.
La Fiscalía de Barcelona da cuenta de esta problemática en la Memoria Fiscal de 2007. Se han triplicado los menores rumanos sometidos a explotación por mafias de adultos. Lo mismo ocurre en Madrid, donde algunos de ellos acumulan hasta 200 arrestos en meses.
Ante este problema, en la Memoria de la Fiscalía de Barcelona, se sugiere una posible solución: que se pueda actuar penalmente contra estos menores de 14 años para «sacarlos de la calle».
Más allá de estos casos, el asesinato de Maores y otros sucesos de la crónica negra reciente de nuestro país reabren el debate sobre la frontera de los 14 años de edad por debajo de la cual un delincuente queda impune.
Se pueden casar
No sin insistir en que habla a título personal, Juanjo Márquez, fiscal coordinador de Menores de Barcelona afirma a ABC que es partidario de que la frontera de la inimputabilidad se sitúe en los 12 años para casos de delincuentes multirreincidentes o que han cometido delitos muy graves, como agresiones sexuales o asesinatos, aunque precisa que eso no debería conllevar automáticamente y en todos los casos medidas de internamiento. «Podrían dictarse medidas como la libertad vigilada, la asistencia obligatoria a un centro educativo, trabajos para la comunidad y, en algunos casos, por supuesto, el internamiento», detalla.
Márquez justifica por qué considera más oportuna instaurar la frontera, a efectos de responsabilidad ante la ley, en los 12 años, y no en los 14. «En otros ámbitos del Derecho, e incluso en la enseñanza, los 14 es una edad extraña», sentencia el fiscal coordinador de Menores de Barcelona. Y argumenta: «Tenía sentido cuando la enseñanza obligatoria terminaba a los 14 años, o cuando empezaba el instituto a los 14... Pero ahora eso ya es así. Los chavales van al instituto a los 12 años, si hay un procedimiento de divorcio o separación, el juez está obligado a escuchar a los hijos si ya tienen 12 años e incluso te puedes casar con autorización judicial a partir de esa edad».
«Por todo ello -prosigue-, parece que los 12 años son una edad más normal. Y también por experiencia, porque menores de 12 años que hayan cometido delitos graves no recuerdo ninguno, en cambio de 12 a 14 años, sí que tenemos algunos».
El fiscal de Menores de Barcelona no es la única voz crítica. Su colega de la Audiencia Provincial de Valencia, Gema García, sostiene que debería rebajarse la edad penal. Según la fiscal, del total de las denuncias recibidas sobre menores en la Audiencia de Valencia, el 25 por ciento de los denunciados son menores de 14 años. Entre este 25 por ciento hay casos de violaciones u homicidios.
A la espera de analizar los efectos de la reforma de la ley del Menor -mejora la situación de las víctimas, incrementa las posibilidades sancionadoras aunque con un enorme margen de decisión del juez y modifica el tratamiento procesal de la acción civil- los datos de 2007 sobre la delincuencia juvenil (14 a 18 años) no son halagüeños. Si nos atenemos a la mera estadística es cierto que se ha producido una disminución de infracciones (103.097 delitos y faltas, frente a las 106.193 de 2006), pero los delitos graves siguen manteniendo unas cifras preocupantes. La Fiscalía recoge 189 delitos de sangre cometidos por menores, con Galicia a la cabeza (46 casos), seguida de Cataluña (31) y Andalucía con 29. Pero no sólo esos. Chicos de entre 14 y 17 años protagonizaron 16.997 delitos de lesiones, casi 5.000 sólo en Andalucía y los casos de violencia doméstica y de género fueron cerca de 5.000.
Víctimas unidas
Cataluña, tal y como advierten algunos miembros del Ministerio Público, tiene mucho que decir. Se produjeron 201 delitos contra la libertad sexual y se incoaron más de 12.000 diligencias contra menores. Sólo 340 acabaron en centros de internamiento cerrado.
Las víctimas se revuelven cuando conocen las cifras y cuando casos como el de Ripollet les hacen revivir sus tragedias. Una de ellas, Marimar Bermúdez, madre de Sandra Palo, que fue violada, atropellada y quemada viva, habla de «terrorismo callejero» con víctimas inocentes. Se subleva contra quienes alegan que se trata de casos aislados. «Estoy pagando con mis impuestos los 400 euros al día que vale mantener a los asesinos de mi hija», explica y recuerda que uno de ellos, «Rafita» ya está en libertad vigilada, pese al criterio contrario de los educadores. La empatía que creó este caso hace que a Marimar la llamen a diario ciudadanos anónimos cada vez que se cruzan con él.
ABC
Una semana después del asesinato, en el que el primer viernes sin Maores, la puerta de entrada al edificio de la Rambla Sant Jordi de Ripollet donde vivía la víctima parece un mausoleo. En plena calle, a uno y otro lado del portal, se agolpan decenas de velas y pequeños carteles con mensajes de cariño hacia esa niña de 15 años que ya no está entre nosotros. Vecinos del inmueble y transeúntes pasan por delante de este improvisado monumento conmemorativo sin apenas inmutarse, ocupados en sus quehaceres. ¿El dolor como rutina o una rutina para combatir el dolor?
La versión oficial no puede acudir aún al rescate de la familia para desmentir falsas acusaciones y desviar la atención mediática hacia otras presas. Como los detenidos. «Eran chicos normales», decían algunos compañeros de instituto. «Eran chulillos, pero no violentos», añadían.
Las infracciones bajaron en 3.000 casos, pero se produjeron casi 17.000 lesiones
Si el crimen de Ripollet se hubiera perpetrado hace seis meses, el principal imputado estaría en su casa
Luis, uno de los dos menores detenidos por el asesinato de Maores, la niña de Ripollet, cumplió 14 años en marzo. Está en un centro de internamiento por orden del juez. Si el crimen se hubiera perpetrado hace seis meses, Luis estaría en su casa. La reforma de Ley Penal del Menor, aprobada en 2006, siguió considerando inimputables a quienes están por debajo de los 14, cometan el delito que cometan. La voces de policías, fiscales y víctimas que pedían un cambio no fueron escuchadas. La norma que entró en vigor en 2001 consideraba que las infracciones de quienes no habían cumplido esa edad eran en general «irrelevantes», pero la realidad delincuencial ha demostrado lo contrario.
La Fiscalía de Barcelona da cuenta de esta problemática en la Memoria Fiscal de 2007. Se han triplicado los menores rumanos sometidos a explotación por mafias de adultos. Lo mismo ocurre en Madrid, donde algunos de ellos acumulan hasta 200 arrestos en meses.
Ante este problema, en la Memoria de la Fiscalía de Barcelona, se sugiere una posible solución: que se pueda actuar penalmente contra estos menores de 14 años para «sacarlos de la calle».
Más allá de estos casos, el asesinato de Maores y otros sucesos de la crónica negra reciente de nuestro país reabren el debate sobre la frontera de los 14 años de edad por debajo de la cual un delincuente queda impune.
Se pueden casar
No sin insistir en que habla a título personal, Juanjo Márquez, fiscal coordinador de Menores de Barcelona afirma a ABC que es partidario de que la frontera de la inimputabilidad se sitúe en los 12 años para casos de delincuentes multirreincidentes o que han cometido delitos muy graves, como agresiones sexuales o asesinatos, aunque precisa que eso no debería conllevar automáticamente y en todos los casos medidas de internamiento. «Podrían dictarse medidas como la libertad vigilada, la asistencia obligatoria a un centro educativo, trabajos para la comunidad y, en algunos casos, por supuesto, el internamiento», detalla.
Márquez justifica por qué considera más oportuna instaurar la frontera, a efectos de responsabilidad ante la ley, en los 12 años, y no en los 14. «En otros ámbitos del Derecho, e incluso en la enseñanza, los 14 es una edad extraña», sentencia el fiscal coordinador de Menores de Barcelona. Y argumenta: «Tenía sentido cuando la enseñanza obligatoria terminaba a los 14 años, o cuando empezaba el instituto a los 14... Pero ahora eso ya es así. Los chavales van al instituto a los 12 años, si hay un procedimiento de divorcio o separación, el juez está obligado a escuchar a los hijos si ya tienen 12 años e incluso te puedes casar con autorización judicial a partir de esa edad».
«Por todo ello -prosigue-, parece que los 12 años son una edad más normal. Y también por experiencia, porque menores de 12 años que hayan cometido delitos graves no recuerdo ninguno, en cambio de 12 a 14 años, sí que tenemos algunos».
El fiscal de Menores de Barcelona no es la única voz crítica. Su colega de la Audiencia Provincial de Valencia, Gema García, sostiene que debería rebajarse la edad penal. Según la fiscal, del total de las denuncias recibidas sobre menores en la Audiencia de Valencia, el 25 por ciento de los denunciados son menores de 14 años. Entre este 25 por ciento hay casos de violaciones u homicidios.
Víctimas unidas
Cataluña, tal y como advierten algunos miembros del Ministerio Público, tiene mucho que decir. Se produjeron 201 delitos contra la libertad sexual y se incoaron más de 12.000 diligencias contra menores. Sólo 340 acabaron en centros de internamiento cerrado.
Las víctimas se revuelven cuando conocen las cifras y cuando casos como el de Ripollet les hacen revivir sus tragedias. Una de ellas, Marimar Bermúdez, madre de Sandra Palo, que fue violada, atropellada y quemada viva, habla de «terrorismo callejero» con víctimas inocentes. Se subleva contra quienes alegan que se trata de casos aislados. «Estoy pagando con mis impuestos los 400 euros al día que vale mantener a los asesinos de mi hija», explica y recuerda que uno de ellos, «Rafita» ya está en libertad vigilada, pese al criterio contrario de los educadores. La empatía que creó este caso hace que a Marimar la llamen a diario ciudadanos anónimos cada vez que se cruzan con él.
El presunto asesino asesino de José Antonio Márquez
está en libertad tras 9 meses de internado
La asociación Sandra Palo creada por esta mujer -que presentó 1,1 millón de firmas en el Congreso para que se endurezca la ley del Menor- va a convocar una reunión. El fin es que jueces y fiscales tengan la oportunidad de oír en primera persona a los padres de las víctimas. Una de las personas que acudirá será Mari Carmen, madre de José Antonio Márquez. Tenía 17 años cuando un vecino de la misma edad le rajó el pecho con una navaja el año pasado. Carlos, el presunto autor pasó nueve meses internado y salió en libertad vigilada a la espera de juicio. La madre ha acudido desesperada a la asociación. «A las víctimas sólo nos queda estar unidas y consolarnos en nuestro dolor». Este fin de semana Marimar y su pareja tenían previsto visitar a los padres de Maores.está en libertad tras 9 meses de internado
ABC
Ripollet: el final de la inocencia
JANOT GUIL | BARCELONA- Domingo, 09-11-08 (ABC)Una semana después del asesinato, en el que el primer viernes sin Maores, la puerta de entrada al edificio de la Rambla Sant Jordi de Ripollet donde vivía la víctima parece un mausoleo. En plena calle, a uno y otro lado del portal, se agolpan decenas de velas y pequeños carteles con mensajes de cariño hacia esa niña de 15 años que ya no está entre nosotros. Vecinos del inmueble y transeúntes pasan por delante de este improvisado monumento conmemorativo sin apenas inmutarse, ocupados en sus quehaceres. ¿El dolor como rutina o una rutina para combatir el dolor?
En todo Can Mas, un barrio de gente trabajadora, se
habla de lo mismo. De cómo en la madrugada del sábado de la semana
pasada Maores fue degollada, apaleada y desfigurada en una solar
cercano a su casa, a pocas manzanas de una comisaría de los Mossos,
después de salir a la calle con dos compañeros de instituto que conocía
y que la fueron a buscar a casa: Sergio, de 15 años, un, al parecer,
«más que amigo»,y Luis, de 14. Ambos fueron detenidos. Uno, Luis, culpa
a Sergio del horrendo crimen; el otro, culpa a un tercero, «un tal
Abel», que los Mossos creen que no compareció, si es que existe.
El caso de Maores está aún plagado de misterio. Muchas
preguntas por responder que chocan con el silencio institucional
impuesto por la Justicia y la Policía; un terreno abonado para que los
rumores campen por sus anchas sin confirmación. «Se han dicho muchas
mentiras que en su día aclararé», dice Rubén Rivas, el padrastro de
Maores, al que sorprendemos en plena calle, delante de su casa. Está
indignado con algunas informaciones publicadas en los medios de
comunicación, mas no especifica cuáles. «De momento no queremos hablar,
además la investigación no ha terminado», afirma Rubén, aunque uno teme
que ya haya garlado, o acordado hacerlo, para otros. Quién sabe si en
una televisión que sabrá compensarle las molestias.
Móviles
La familia de Maores se vio retratada ante el ojo público y se indignó. Familia humilde: un hermano de 17 años, un padrastro que trabajo en la construcción, la madre que hace tareas de limpieza y una abuela con problemas de movilidad. Ayudados por los servicios sociales. La víctima, decían que no iba mucho a clase y se insinúa que era un poco frívola. «Han dicho que era una pendona y no es verdad», tercia su amiga Tamara. Demasiado tarde.
La familia de Maores se vio retratada ante el ojo público y se indignó. Familia humilde: un hermano de 17 años, un padrastro que trabajo en la construcción, la madre que hace tareas de limpieza y una abuela con problemas de movilidad. Ayudados por los servicios sociales. La víctima, decían que no iba mucho a clase y se insinúa que era un poco frívola. «Han dicho que era una pendona y no es verdad», tercia su amiga Tamara. Demasiado tarde.
Y se sugieren problemas con la bebida de la madre. Y se
dice que su padrastro tardó horas en ir a buscar a su hija por el
barrio después de que sus compañeros de instituto la reclamaran por el
portero automático ye ella bajara a la calle en ropa de andar por casa.
La versión oficial no puede acudir aún al rescate de la familia para desmentir falsas acusaciones y desviar la atención mediática hacia otras presas. Como los detenidos. «Eran chicos normales», decían algunos compañeros de instituto. «Eran chulillos, pero no violentos», añadían.
Sergio, el presunto autor del asesinato, es una
incógnita. Se dice que estaba en tratamiento psicológico desde niño,
mas no ha trascendido por qué. «Su familia está muy afectada y no
quiere hablar», zanja su abogado, Jordi Llobet.
¿Y el móvil del crimen? Pues hay varios mientras
justicia no se cribe entre tanta versión, aunque hasta ahora todos se
engloban en la categoría de «por motivos sentimentales». Llámese
pasión, escarceos amorosos, amor inocente y adolescente u otra cosa.
La amiga Tamara revela que Sergio iba a pedirle a Maores
que salieran juntos. Quizás pagó un «no» con su vida. Otras fuentes
sostienen que Sergio se enfadó con Maores por colgar en Internet un
vídeo hecho con el móvil de ella en el que se veía a ambos besándose.
Era un vídeo comprometido para él, ya que tenía novia.
Internet está omnipresente en este caso. Maores tenía
varios fotologs (blogs con fotos) que ahora se inundan de mensajes de
tristeza y rabia. Y también los tenían sus supuestos verdugos, a los
que vengadores anónimos difamaron colgando fotos suyas en «Youtube» que
los Mossos ya mandaron retirar.
ABC
ABC

Peace





