La adolescencia interminable
El sociólogo Javier Elzo explica en 'La voz de los adolescentes', su último libro, que esta etapa de la vida es cada día más larga
· «Hay una 'adolescentización' de nuestra sociedad: sólo vive en el presente»
↓«Algunos padres no saben qué hacer, están desbordados»
Hace siglo y medio, la adolescencia no existía. De la niñez se pasaba directamente a la edad adulta. Hoy, la adolescencia, ese tiempo que transcurre entre la pubertad y la aceptación de que en algún momento deberán asumirse responsabilidades y pensar en el futuro, es más larga que nunca. Tanto que en muchos casos se extiende desde los diez o los once años hasta bien pasados los veinte y no son pocos los adultos que se comportan como si aún estuvieran viviendo esa etapa. «Hay una 'adolescentización' de nuestra sociedad, porque cada vez existe más gente que no piensa para nada en el futuro: sólo vive en el presente, haciendo lo que le apetece en cada momento y sin pensar en las consecuencias. Se vive al día en todos los sentidos. La crisis económica lo está sacando a la luz».
Lo explica el sociólogo Javier Elzo, catedrático en la Universidad de Deusto, que ha obtenido esa conclusión tras haber realizado decenas de encuestas en las últimas décadas. En su último libro, 'La voz de los adolescentes' (Editorial PPC), recoge sus opiniones para tratar de hallar los porqués de la manera de vivir de unos muchachos cuya existencia cotidiana está dominada por el consumo -con frecuencia abusivo- de alcohol, el sexo como un bien en sí mismo y un cierto distanciamiento entre la teoría de los valores que dicen asumir y la práctica de su defensa.
Elzo ha entrevistado a 272 muchachos de entre 16 y 18 años para que con sus palabras expliquen los datos fríos que aportan las encuestas. De esos testimonios se deduce, como explica el sociólogo, que la etapa de la adolescencia, que antes eran apenas tres o cuatro años, se está alargando a pasos agigantados. Elzo ve el origen de ello en el cambio familiar que se inicia con la Transición política y se acelera en la última década. «Hay una incapacidad para manejar la situación por parte de unos padres que no están apenas en casa con sus hijos. Las leyes de dependencia que se están aprobando a nivel estatal y en las autonomías hablan de ancianos y discapacitados, pero no hablan de los niños». Un olvido que no se ha dado en otros países del entorno, donde la natalidad repuntó porque a los padres se les dio la posibilidad de estar un tiempo generoso con sus hijos, recuerda este catedrático. Ese tiempo es necesario para comunicarse con ellos y transmitirles unos valores cuya ausencia explica algunos comportamientos problemáticos de muchos jóvenes.
Uno de esos comportamientos es su propio desapego hacia la familia, un concepto que a muchos jóvenes les suena antiguo y «catolicón». Sin embargo, Elzo ha descubierto que, profundizando bajo las primeras opiniones, los muchachos que forman parte de familias que funcionan razonablemente bien están en general más satisfechos con su vida. Por eso, la proliferación de las rupturas matrimoniales está creándoles muchos problemas y termina por deteriorar entre los adolescentes la imagen de la familia como institución, explica. Y genera en ellos, añade, una notable dificultad para aceptar compromisos duraderos y asumir éxitos y fracasos, dolor y felicidad.
Sexo y afectos
Todo eso se relaciona con el sexo. Casi seis de cada diez adolescentes son partidarios de «hacer el amor siempre que apetezca», sin entrar en consideraciones sobre la fortaleza o la sinceridad de la relación. El libro recoge el testimonio de una muchacha de 16 años, alumna de un centro religioso, que explica con crudeza su trayectoria: «Entre mis amigas y yo nos hemos follado a media ciudad. A veces competimos por ver quién es la más guarra», dice con desparpajo. Otros muchos reconocen que practican el sexo con frecuencia. No son pocos quienes consideran, pasado el tiempo, que habría sido mejor esperar. Una chica de 18 años se escandaliza de que algunos de sus compañeros hayan tenido sus primeras relaciones completas a los 12 ó 13. Unos cuantos aseguran que lo han hecho sólo cuando han estado seguros de sus sentimientos hacia la otra persona, pero son mayoría quienes no hablan de afectos: basta con que ambos estén de acuerdo.
Esa disociación sexo-amor está relacionada también con un fenómeno que Elzo ha detectado pero que no se atreve a cuantificar: el del miedo al fracaso amoroso. «Hay quien no se empareja porque no encuentra a nadie al nivel de sus exigencias. Hemos confundido la felicidad con el placer, y eso nos lleva al fracaso».
Otro fenómeno emergente es el del muchacho con dificultades para relacionarse en la vida real que empieza a centrar sus amistades en el ámbito virtual. Son buenos estudiantes que al llegar a casa se encierran en su cuarto y dialogan con personas que no conocen a través del 'messenger' y comunidades como 'tuenti'. Paradójicamente, quienes son más reacios a quedar con sus amigos del colegio para charlar, pasear o beber en la calle, son quienes en mayor medida tienden a citarse con desconocidos. Una experiencia que muchas veces acaba en un desastre total. «Casi prefiero el botellón -con un cierto control- a esos encuentros con personas de las que en realidad no saben nada», advierte Elzo.
Alcohol y violencia
El botellón es otra de las referencias de los chicos de hoy. Muchos sostienen en el libro que beben «hasta coger un puntito», aunque en la gran mayoría de los casos reconocen que se han pasado más de una vez. Otros son más directos: «Bebemos hasta morirnos», dicen. La mayoría, sin embargo, asegura que cuando alguno se excede hay que llevarlo a casa -o al hospital- y eso les «estropea la noche». La comparación entre el alcohol que consumen los jóvenes y el que ingiere la totalidad de la población española, en el contexto europeo, muestra, sin embargo, que estos beben proporcionalmente menos que sus padres, aunque lo hacen sólo en dos días y no repartido a lo largo de la semana.
Los adolescentes se definen como pacifistas, pero la persistencia de la violencia en la escuela no parece avalar en la práctica ese espíritu. Una violencia que se ejerce entre iguales y respecto de sus profesores, y se ha convertido en uno de los problemas más acuciantes hoy en las aulas. «Una prueba del fracaso del sistema escolar es la dificultad de los profesores para mantener el orden. Durante años, se ha transigido con todo, y el resultado ahora es que sólo un gran profesor es capaz de hacer que sus alumnos lo respeten», dice Elzo, quien entiende que es muy difícil dar la vuelta a lo sucedido e implantar de nuevo un sistema que permita reconocer la autoridad del docente.
Lo explica con las orlas que vio en el pasillo de un colegio donde impartió una conferencia. En una de los años cincuenta, se leía: «Los alumnos del centro X a sus dignos profesores». En otra de los setenta: «Los alumnos a sus profesores». En los noventa: «Alumnos y profesores del centro X». En breve, asegura con una sonrisa, las orlas dirán: «Los profesores del centro X, a sus dignos alumnos». Así ha cambiado la escuela. Así son los adolescentes que hoy están en ella.
EL CORREO
JAVIER ELZO SOCIÓLOGO
«Algunos padres no saben qué hacer, están desbordados»
-Con frecuencia, habla de hijos sin referencias, fruto de la desaparición de casa de sus padres. ¿Tan importante es eso?-Hablo de los hijos que llegan a casa, a media tarde, y se encuentran con que durante tres o cuatro horas están solos. O están con uno de sus padres, pero muy cansado y sin ganas ni disposición de dedicarle tiempo. O van a casa de sus abuelas. En Cataluña está empezando a acuñarse el término 'abuelas esclavas' para referirse a las que cuidan de sus nietos cinco días a la semana durante muchas horas.
-¿Eso explica también la proliferación de actividades extraescolares? ¿Son una forma de tener a los hijos 'colocados'?
-Es cierto que nunca han tenido tanta atención escolar: actividades fuera del programa, campamentos, deporte, música, psicopedagogos que los atienden en cuanto tienen un problema. Junto a mi despacho en la Universidad está el del psicopedagogo. Y estudiantes universitarios acuden a él para plantearle sus problemas... ¿Cuándo ha existido algo así? Eso se explica porque en muchos casos los padres no saben qué hacer, están desbordados. El suceso de los niños de Ripollet (acusados de haber matado a una menor) sólo se entiende en ese contexto de familias desbordadas, en las que surgen hijos con dificultades para distinguir el juego de la realidad, chicos que no toleran una decepción.
-¿Qué sucede cuando los padres se divorcian? ¿Cómo lo asimilan?
-Desde el punto de vista ideológico, aceptan el divorcio sin ningún reparo. Pero cuando son sus padres quienes rompen, lo llevan muy mal. Es cierto que si su casa es un infierno a diario puede ser incluso peor, pero lo que está sucediendo ahora es que sin que casi se den cuenta, sin que hayan visto muchas discusiones, se enteran de la ruptura. Y a partir de ahí tienen que acomodarse: un 'padrastro' o 'madrastra', nuevos hermanos, abuelos, quizá vivir en otra casa... También en ese caso pierden muchas referencias.
-¿Y la violencia en la escuela?
-Se da por una pérdida de respeto hacia el profesor, consecuencia de un exceso de tolerancia hacia ciertos comportamientos. Y ahí la televisión, con todos esos programas donde debaten personas que se insultan continuamento, es un pésimo ejemplo. ¿Cómo se consigue luego que los chicos respeten a los demás en la escuela?
EL CORREO
Javier Elzo:«Es falso que sólo la diversión dé la felicidad»
28-10-2006 (ABC)
Cuenta Javier Elzo cómo una invitación de la filósofa Adela Cortina para participar hace año y medio en un curso de la Menéndez Pelayo sobre «Felicidad y proyectos de vida buena» originó este nuevo libro con el que el sociólogo nos lleva por los recovecos de la personalidad de los jóvenes españoles. Un laberinto sorprendente para llegar al quid del bienser y que termina empíricamente donde debía: en el mismo centro de la virtud y la justicia, la caridad y el amor universal.
-El pediatra francés Aldo Naouri ha constatado que de padres permisivos, hijos tiranos, y según su análisis, ¿también desgraciados?
Ciertamente son los menos felices de todos. Nosotros hemos dicho de padres permisivos, hijos violentos, porque frente a la vieja tesis de que de padres prepotentes salen hijos prepotentes, ahora hay que decir que de padres impotentes salen hijos prepotentes, precisamente los más violentos, los más tiranos y, sin duda, los más infelices.
-¿Qué otros factores amén de la familia que ha dimitido de su misión educadora fomentan la infelicidad en la infancia?
Hemos tenido un problema importante en la década de los ochenta y comienzo de los noventa con la propia escuela, cuando los términos de disciplina, de orden y de obediencia estaban mal vistos, creando una situación complicada que se está corrigiendo. En segundo lugar, está la sociedad en su conjunto. He dicho muchas veces que el prohibido prohibir de mayo del 68 donde se aplicó fue en España. Veníamos de un Estado autoritario y al pasar a un régimen democrático se confundieron planos y parecía que todo lo que fuera prohibir y poner límites era algo negativo, lo que procuró durante muchos años una sociedad de la que ahora estamos viendo las consecuencias, como en el uso del tiempo de libre, porque se cedió en los usos abusivos del alcohol y drogas.
-¿Cuál es el perfil del joven feliz español?
-El que tiene un proyecto de vida, un norte que, aunque no sabe exactamente lo que quiere hacer, sí intuye que su vida es algo más que llegar al fin de semana y divertirse y pasárselo bien. Precisamente de ahí viene el equívoco que me ha impulsado a hacer el trabajo: hay una percepción elemental que dice que la felicidad consiste en pasárselo bien el fin de semana, beber sin límites y, si se tercia, tomar todo tipo de drogas. Y lo que demuestro es que eso es rotundamente falso. Un segundo elemento es el altruismo, y no digo que sea Gandhi o Madre Teresa, sino que es un joven preocupado por lo que pasa en su barrio, en el mundo; que ve en la tele algo más que ñoñerías como «Al salir de clase», que lee la Prensa. Un tercer elemento nos dice que el joven feliz es el que rechaza los planteamientos incívicos como no pagar el autobús, rayar un coche, romper una farola, o cualquier acto que tengan que ver con la violencia. Y usted dirá ¿qué tiene que ver la felicidad con que a uno le moleste que no se pague el autobús? Pues sí, porque esa persona tiene un sentido cívico de la vida, ha salido de su yo. Y no es mi opinión, sino un dato empírico. En el fondo, estamos ante el principio socrático de la virtud, de la justicia, de la verdad unido al principio evangélico del amor. Y eso se ha demostrado que da la felicidad. Con todo ello podemos decir que dos terceras partes de los jóvenes se sitúan en el polo de la felicidad, mientras que en el polo opuesto hay un tercio del que forman parte los libredisfrutardores, menos felices, y los retraídos, un 8 por ciento del total, claramente no felices, pobres diablos.
-Sorprende que su estudio señale a las mujeres como las más contentas.
-Sí, son más felices, pero en el momento actual. Y tiene una explicación: De 15 a 24 años las chicas tienen una estructura más construida que los chicos, saben divertirse con red, congeniar mucho mejor que ellos el trabajo con la diversión y la preocupación por el presente mirando al futuro; ellas tienen un cierto control sobre la vida que no tienen ellos; pero sucede que dentro de diez o quince años ese joven que hoy pone todo el acento en la diversión puede ponerlo en el éxito social y la chica no, porque ella va a seguir conservando el equilibrio entre el ocio y los estudios, algo que querrá mantener después entre su vida personal y su vida laboral y eso es un handicap para poder escalar a las mejores posiciones en una sociedad que busca por encima de todo la competitividad pura y dura y que el líder entregue su cabeza, su tiempo y su vida a la empresa.
-Entonces, ¿jóvenes felices no tienen por qué ser adultos felices?
-No. El caso más claro es el de las mujeres. Y puede ocurrir que jóvenes que ahora no son muy felices con un mayor grado de autocontrol lo sean más. Hay un grupo que son los retraídos, del que hablaba antes, formado sobre todo por hombres, cuasi violentos de los que se puede decir que no son felices y que difícilmente lo serán salvo un milagro, que se encuentren con alguien que se ocupe de ellos o tengan la tremenda suerte de encontrar una chavala que les quiera de verdad. Creo mucho en el noviazgo y pienso que éste puede cambiar muchas cosas.
-El joven medio español, ¿es de izquierdas o de derechas?
-Son más de izquierdas que de derechas. Cuando pasaron los trece años del Gobierno de Felipe González, eran más de derechas de lo que lo eran al comienzo, y al término de los ocho años de Aznar, eran más de izquierdas. Un fenómeno curioso y positivo porque indica cierta rebeldía.
-¿Y cuál es más dichoso, el de derechas o el de izquierdas?
-Es muy complicado porque entran muchos factores y he optado por decir que no hay distinción. Mi idea es que son un poquito más felices los de izquierdas, pero no tengo suficiente información para afirmarlo. Sí digo claramente que los demócratas son más felices que los autoritarios.
-También se observa en su análisis que a menos edad menos felicidad.
-No hay mucha diferencia en las edades, pero sí es cierto que en los nuevos adolescentes entre 14 y 16 años empiezan a aparecer unos ribetes de intolerancia preocupantes. Están emergiendo situaciones complicadas. De hecho, el grupo de los retraídos es el que menos edad tiene, y son los más anti inmigrantes, los más violentos y con menos formación, luego cuidado.
-Demuestra que no plantearse el asunto religioso es inversamente proporcional a la felicidad. Sin embargo, la Iglesia católica sale, incluso entre los practicantes, muy mal parada.
-Los más felices son los católicos practicantes y los agnósticos, porque los dos se han hecho la pregunta religiosa de alguna manera. Es más feliz el que ha salido de la pura inmanencia y se ha hecho la pregunta de la trascendencia. El católico no practicante, con el indiferente en materia religiosa y el no creyente sociológico, están en un ranking más bajo de felicidad. ¿Por qué sale mal parada la Iglesia católica? Porque la mayor parte de los jovénes que son felices son mujeres y las mujeres tienen un problema muy serio con la Iglesia, a las que perdió claramente al final del siglo XX, aunque a muchos obispos les cueste entenderlo. Además, la Iglesia ha adoptado el planteamiento del no, poniendo trabas a todo lo que supongan nuevos principios. Menos mal que este Papa ha dicho que la Iglesia tiene que decir no pero también sí. Además, la Iglesia se topa con el grave problema del tema de la sexualidad cuando podría decir tanto en una sociedad que sólo habla del sexo seguro cuando la sexualidad es mucho más que eso. Y el dilema se acentúa aún más cuando se comprueba en la juventud española una demanda religiosa muy clara que aguarda unas respuestas que no se dan.
-Dijo hace diez años que «si los jóvenes fueron la cantera de ETA, también pueden ser su tumba». ¿Lo sigue pensando?
-Ya lo son.
ABC
FICHA
LA VOZ DE LOS ADOLESCENTES
ELZO, JAVIER
Editorial: PPC
Fecha edición: 10/2008
ISBN: 978-84-288-2082-0
Nº de Páginas: 248
La consideración de la adolescencia y la juventud como etapas distintas de la infancia y la edad adulta, es un fenómeno relativamente reciente. Con la erradicación, en buena parte del mundo, del trabajo infantil, se comenzó a estudiar y a tener en cuenta los cambios físicos y metales tan importantes que niños y niñas experimentaban al llegar a la pubertad.
No podemos dejar de lado que jóvenes y adolescentes son como son por el ambiente en el que han crecido y muchas veces, cuando los adultos hacemos comparaciones, olvidamos que nuestra sociedad era muy distinta apenas hace unas décadas. Los adolescentes de hoy, de estos últimos diez años, si no menos, presentan algunos rasgos diferenciales que permiten pensar y afirmar que estamos ante «nuevos adolescentes».
Este libro pretende avanzar en la reflexión con el objeto de aportar algunas claves que ayuden a entender mejor al adolescente de hoy.
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