15-N Día Mundial Sin Alcohol
El Servicio malagueño de Atención a la Movida atiende cada noche del fin de semana a
una media de dos jóvenes con intoxicación etílica, la mayoría menores de edad
· Muchos de ellos consumen otras drogas
↓ Las borracheras de fin de semana pueden salir caras
Un estudio revela que el abuso esporádico de alcohol puede ser tan nocivo como el consumo crónico
Raquel Garrido / Málaga | 16.11.2008 MÁLAGA (MH)
El fenómeno del botellón no es algo nuevo entre los jóvenes. Lo que sí está cambiando es la edad a la que empiezan a beber. La mayor permisividad para consumir alcohol los fines de semana en este tipo de concentraciones masivas está favoreciendo que aumenten de forma preocupante los casos de adicción en adolescentes con apenas 15 ó 16 años. El problema es aún más grave si se tiene en cuenta que, en el 70% de los casos, los que piden ayuda admiten que son adictos a otro tipo de sustancias como marihuana o cocaína.
El consumo de alcohol a edades cada vez más tempranas es una realidad que ya no se le escapa a nadie. El Servicio de Atención a la Movida (SAM) del Ayuntamiento de Málaga lleva tiempo observando esta tendencia entre los adolescentes y cada noche del fin de semana los voluntarios atienden al menos a dos jóvenes por intoxicación etílica en el Paseo de los Curas de la capital. La mayoría de las veces son menores de edad.
Muchos se consideran consumidores de fin de semana, pero lo que sorprende a la coordinadora de este servicio, María Sánchez, es que "cada vez encontramos a más jóvenes de entre 15 y 17 años".
Aunque no cree que el botellón sea el único culpable de esta situación. "Las tiendas siguen vendiendo alcohol a los menores sin ningún tipo de problema y muchos padres permiten a sus hijos que salgan los sábados a pesar de su corta edad", señaló.
Las consecuencias ya se están empezando a ver en las asociaciones de atención a alcohólicos. Si hasta no hace mucho tiempo el perfil más habitual era el de un hombre de mediana edad, actualmente casi la mitad tienen menos de 30 años y la mayoría aseguran haber empezado a beber durante la adolescencia.
Incluso hay algunos que aún no han cumplido los 18 años y ya dicen llevar al menos seis bebiendo de forma adictiva.
José Manuel Pérez, presidente de la Asociación Malagueña de Alcohólicos Rehabilitados, está convencido de que son las víctimas del botellón que empezó a generalizarse hace una década. Uno de los casos que más le ha llamado la atención es el que de una chica que con sólo 17 años acudió a la asociación en busca de ayuda porque "llevaba saliendo todos los fines de semana desde los 14 años y últimamente siempre que salía acababa en una casa extraña, desnuda y sin saber lo que le había pasado la noche anterior".
El problema es que el 70% de los jóvenes que reconocen tener un problema con el alcohol también son adictos a otro tipo de sustancias como cocaína, marihuana o éxtasis. "El perfil del alcohólico puro es muy difícil de encontrar ya", aseguró el responsable de este colectivo, que admitió que "cuando los jóvenes se acostumbran a la bebida quieren experimentar las sensaciones que les producen las drogas".
Una vez que los jóvenes aceptan su adicción al alcohol, tienen que concienciarse de que deben dejar el resto de las drogas. Aunque no es fácil llegar a admitir que tienen un problema. "Como son muy jóvenes vienen normalmente obligados por sus padres o sus parejas y tardan meses en aceptar lo que les pasa", según Pérez.
Cuando un enfermo de alcoholismo muestra sus síntomas de manera clara suele llevar bebiendo una media de entre seis y siete años. En cuanto al tratamiento para superar la adicción, no suele durar menos dos años y medio.
Pero no sólo aumenta la adicción al alcohol entre los adolescentes que salen los fines de semana. El exceso de carga en el trabajo y en el ámbito del hogar está empujando a muchas mujeres entre los 30 y los 35 años a la bebida como forma de evadirse de sus problemas. Según Pérez, hace diez años las mujeres sólo representaban un tercio de los enfermos que llegaban a la asociación pidiendo ayuda, mientras que ahora ese porcentaje se ha duplicado por culpa del actual ritmo de vida.
La mayoría acuden solas porque "sus parejas se avergüenzan del problema que tienen o porque ya se han separado", explicó. Muchas tienen hijos y dicen haber recurrido al alcohol para afrontar problemas con sus parejas o en el trabajo, o para sobrellevar la carga que les supone trabajar dentro y fuera de casa.
Pero ni la edad, clase social y sexo son una barrera para caer en esta adicción, que sólo en la provincia de Málaga afecta a miles de personas.
MH
ANTONIO GONZÁLEZ - Madrid - 14/11/2008 (PUBLICO)
Beber alcohol de forma abusiva durante los fines de semana, una conducta cada vez más extendida entre los jóvenes y adolescentes españoles, puede provocar en el cerebro daños similares a los sufridos por los bebedores crónicos en periodos más prolongados.
Esta es la principal conclusión de un estudio realizado por investigadores españoles sobre los efectos del alcoholismo de fin de semana en la corteza prefrontal. Esta parte del cerebro es la encargada, entre otras cosas, de la toma de decisiones, la planificación de actos futuros o la solución de los problemas que surgen.
"Nuestros resultados apoyan la idea de que este patrón de consumo provoca un deterioro neurocognitivo y neuroconductual similar, en muchos aspectos, al observado en bebedores crónicos", señalan los autores del estudio, publicado en la revista Adicciones.
"La corteza prefrontal es, además, la parte del cerebro que más tarda en madurar, de forma que en la adolescencia y la juventud temprana todavía se está desarrollando", explica a Público el neuropsicólogo Luis Miguel García-Moreno, uno de los autores de la investigación. Este especialista considera que "la práctica que llevan a cabo muchos adolescentes en fines de semana les puede equiparar a un adulto que consuma alcohol habitualmente de forma regular".
Tampoco hay que olvidar que este tipo de consumo abusivo, que incluye el fenómeno del botellón, incrementa el riesgo de desarrollar alcoholismo durante la edad adulta. De hecho, -prosigue García-Moreno- "uno de los efectos menos conocidos y más peligrosos del consumo abusivo de alcohol en la adolescencia es que modifica el nivel de tolerancia, de forma que los jóvenes van a ser más resistentes al alcohol, pese al daño en el hígado, el sistema digestivo y el nervioso. Por el contrario, quien se siente mal a la segunda copa deja de beber".
Para llegar a sus conclusiones, los autores del estudio reclutaron a 62 estudiantes universitarios menores de 20 años, a los que dividieron en tres grupos según sus hábitos de ingesta de alcohol. Posteriormente les sometieron a varias pruebas neuropsicológicas y compararon los resultados, que en general fueron peores en los que practican un consumo abusivo de alcohol durante los fines de semana.
El impacto de las ‘resacas'
Por otro lado, el estudio pone de relieve otro dato curioso: los efectos nocivos de la abstinencia alcohólica o resaca en el cerebro. "Un factor que determina en buena parte la presencia de estas alteraciones es la abstinencia alcohólica que prosigue al consumo, al menos en sus fases iniciales". Según García-Moreno, este daño está relacionado con la tendencia del organismo a "adaptarse a lo que hay". "Cuando ingerimos una cantidad elevada de alcohol, el organismo pone en marcha una serie de recursos bioquímicos para contrarrestar su efecto, ya que la molécula de etanol daña las neuronas; pero al retirar abruptamente el alcohol también se produce un desequilibrio y se ponen en marcha otros mecanismos que también provocan daño neuronal".
Por último, los autores señalan que incluso una borrachera aislada "puede ocasionar neurodegeneración en determinados circuitos cerebrales y alteraciones cognitivas".
Una agresión para los cerebros más vulnerables
CEREBRO EN DESARROLLO
El consumo abusivo de alcohol resulta especialmente preocupante en adolescentes y jóvenes porque provoca alteraciones en un cerebro todavía en desarrollo.
DAÑO CONCENTRADO
El impacto del alcohol, consumido de forma aguda, puede ser similar al provocado por consumos realizados en periodos más prolongados por bebedores crónicos.
RIESGO DE ALCOHOLISMO
El alcoholismo de fin de semana eleva además el riesgo de desarrollar, en la edad adulta, dependencia alcohólica. De hecho, se estima que el 40% de los adolescentes que comienzan a beber antes de los 15 años de edad desarrollarán en el futuro problemas relacionados con el consumo de alcohol.
UNA CONDUCTA FRECUENTE
En España un 87% de la población de entre 15 y 65 años ha bebido alcohol en alguna ocasión, el 47% lo consume de forma semanal y un 13% de forma diaria. Según señalan los autores del trabajo, las borracheras de fin de semana son muy frecuentes entre los jóvenes.
CAMBIO DE PATRÓN
En España se está adoptando el modelo anglosajón de consumo de alcohol, donde embriagarse es la principal motivación que reúne a los jóvenes los fines de semana.
PUBLICO
EUROPA PRESS | BILBAO, 17-11-08 (ABC)
El neurólogo y psiquiatra bilbaíno, Javier Aizpiri, calculó que el 90 por ciento de la población española bebe alcohol habitualmente. El 10 por ciento de la población española masculina, añadió, tiene "un problema grave" de alcoholismo, mientras que esta cifra se sitúa en el 5 por ciento en lo que respecta a la población femenina.
En declaraciones a Europa Press TV realizadas con motivo del 'Día Mundial Sin Alcohol', Aizpiri aseguró que el alcoholismo supone el 20 por ciento de las urgencias siquiátricas. Es más, explicitó, "una de cada tres personas ingresadas en hospital siquiátrico tiene un problema de alcohol".
Según los datos que maneja Aizpiri, que se hace eco de los ofrecidos por el Gobierno español, el consumo de alcohol supone la causa del 20 por ciento de los ingresos en los hospitales siquiátricos, "y un 30 por ciento de los ingresos por aparato digestivo".
En palabras de Aizpiri, el alcoholismo supone "el 10 por ciento de las bajas laborales y más o menos del 25 al 30, casi el 40 por ciento de los accidentes de tráfico; está presente en el 60 por ciento de todos los homicidios que hay en el país y es la primera causa de accidentes laborales, domésticos y sobre todo de violencia en casa".
El experto en alcohol recordó que España es un país que lleva 3. 000 años consumiendo alcohol. "Tenemos una tradición cultural, venimos de una cultura cristiana donde el alcohol está en todos los rituales, desde la misa hasta las festividades. Somos un país donde se bebe, le apetece a la gente beber, y nos están dando estímulos de bebida constantemente", señaló. En este sentido, recordó que sólo en el País Vasco hay más bares y tabernas que en 8 países de la UE. "España tiene más bares que la totalidad de toda Europa en su conjunto", agregó.
Emborracharse el fin de semana
Aizpiri incidió en que existe "un problema grave" de alcoholismo que, en su opinión, ha ido avanzando. "Antes era de personas adultas, y en estos momentos alcanza a edades entre los 13 y 17 años. Exactamente el 35 por ciento de nuestros jóvenes se emborracha el fin de semana. Es decir, uno de cada tres jóvenes bebe alcohol en grandes cantidades el fin de semana hasta perder la conciencia, alterándole profundamente el desarrollo de su cerebro y su cuerpo", sentenció.
El neurólogo bilbaíno recordó que al cerebro de un joven de 14 años "todavía le faltan 10 años de maduración", por lo que calificó la ingesta de alcohol en el fin de semana de verdadero drama, ya que "altera y desplaza todo el proceso de maduración de un menor".
"Todos lo días llegan madres angustiadas con problemas de alcohol de los hijos y jóvenes en muy malas condiciones; sobre todo empiezan a los 12-13 años, pero entre 15-16-17 años tenemos una población juvenil muy alta con gravísimo consumo y alto deterioro, por eso somos el anteúltimo país de Europa en este momento en el fracaso escolar", aseveró.
«Hasta ahora no ha habido nunca una sociedad que permita destruirse a los jóvenes públicamente sin tomar medidas»
Aizpiri lamentó que los jóvenes de hoy beben "como no se ha bebido nunca". "Nunca en la historia ha habido a disposición de los jóvenes tal cantidad de alcohol, de tal nivel de potencia y sin ningún tipo de control", afirmó. Según explicó, hasta ahora las culturas, -"sobre todo la cristiana"-, el joven "bebía en navidad, cuando se pasaba un poquito, y en la fiestas del pueblo y se acabó". Sin embargo, ahora acuden "cada semana a un pueblo diferente", por lo que, a final de año, suman unas "60 trompas", tal y como cifró. Hasta ahora, continuó, no ha habido nunca una sociedad "que permita destruirse a los jóvenes públicamente" sin tomar medidas.
"Por primera vez en la historia, no ha ocurrido nunca, los jóvenes disponen de gran cantidad de dinero, no hay ningún control en horario nocturno, y beben grandes dosis, tanto niños como niñas, veo niñas de 36-37 kilogramos de peso consumiendo unas dosis de alcohol que no las ha bebido su abuelo en la vida y eso en un mes y claro las alteraciones son brutales", explicitó.
Finalmente, realizó unas recomendaciones a padres y madres cuando vean que su hijo regresa a casa bebido. "Se le tienen que empezar a poner los pelos de punta, saber con quien anda, qué dinero maneja, empezar a controlar la cuadrilla, el ambiente, las circunstancias e intentar cambiar las cosas antes de tiempo", especificó.
Lo que no pueden hacer, agregó, es "acostarse y decir no sé cómo llegan mis hijos, en qué condiciones y a correr". "Una intoxicación y una embriaguez de un menor de edad es una intoxicación grave y hay que controlarla", avisó.
"Luego no hay que quejarse que vaya mal en clase, no quejarse que haya violencia en casa, no quejarse de que le pega a la madre y que se monten todos los patines que se montan en la sociedad nuestra todos los fines de semana", concluyó.
ABC
Naufragio cívico
Lo sucedido en Vitoria el otro día tiene de principio a fin las hechuras de un naufragio cívico
¿Cómo hay que tomarse entonces tanto esa movilización juvenil como las desastrosas consecuencias que tuvo? ¿Hay que considerarlo un incidente absolutamente aislado, sin conexión con nada conocido o previsible, esto es, como un signo mudo de sentidos sociales? O, por el contrario, hay que verlo como el primer signo de los signos, como la punta del iceberg de las señales que indican que hay que observar con preocupación la relación de muchos de nuestros jóvenes con algunos valores sociales tan fundamentales como el respeto del otro y de lo público, o con la cultura entendida en su sentido más común. Personalmente, creo que hay que quedarse con la segunda opción, ver en lo sucedido en Vitoria un indicador de alerta máxima. Una sirena estruendosa que, además, hay que poner en conexión con otras señales menos llamativas, pero igualmente inquietantes que proceden del ámbito familiar, del entorno escolar y de una experiencia de calle perceptible a simple vista sin necesidad de lupa.
Estas señales permiten sin dificultad llegar al diagnóstico o a la conclusión de que entre los adultos y los jóvenes no es que haya hoy un conflicto (el clásico conflicto intergeneracional), sino que se ha producido como una avería que ha interrumpido la corriente, y que, por lo tanto, hay mensajes, códigos, enseñanzas de respeto, empatía, autoridad, convivencia civil que han dejado de producirse y, sobre todo, de transmitirse. En definitiva, que cada vez se expresa con mayor elocuencia y contundencia la realidad de una infancia- adolescencia-juventud en un estado de desamparo o de naufragio cívico, a la que no parece haberle rozado, ni siquiera en la forma de una brisa pasajera, la noción de que lo público significa, hasta en los más mínimos detalles, de todos; de que ser titular de derechos supone de un modo automático y simultáneo serlo de deberes, o de que la libertad y la responsabilidad son conciencias y experiencias siamesas. A este panorama hay que añadirle naturalmente la siembra de intolerancias y la contrapedagogía cívica que han supuesto la dejadez, laxismo o incluso permisividad con que, desde muchas instancias y en muchos lugares de Euskadi, se ha abordado el borrokismo callejero.
Lo sucedido en Vitoria el otro día tiene, de principio (el motivo de esa convocatoria masiva) a fin (la destrucción de la exposición), las hechuras de un naufragio cívico. Y una elocuencia que merece que se le presten, que se le den definitivamente, todos los oídos.
ELPAIS
El Servicio malagueño de Atención a la Movida atiende cada noche del fin de semana a
una media de dos jóvenes con intoxicación etílica, la mayoría menores de edad
· Muchos de ellos consumen otras drogas
↓ Las borracheras de fin de semana pueden salir carasUn estudio revela que el abuso esporádico de alcohol puede ser tan nocivo como el consumo crónico
Raquel Garrido / Málaga | 16.11.2008 MÁLAGA (MH)
El fenómeno del botellón no es algo nuevo entre los jóvenes. Lo que sí está cambiando es la edad a la que empiezan a beber. La mayor permisividad para consumir alcohol los fines de semana en este tipo de concentraciones masivas está favoreciendo que aumenten de forma preocupante los casos de adicción en adolescentes con apenas 15 ó 16 años. El problema es aún más grave si se tiene en cuenta que, en el 70% de los casos, los que piden ayuda admiten que son adictos a otro tipo de sustancias como marihuana o cocaína.
El consumo de alcohol a edades cada vez más tempranas es una realidad que ya no se le escapa a nadie. El Servicio de Atención a la Movida (SAM) del Ayuntamiento de Málaga lleva tiempo observando esta tendencia entre los adolescentes y cada noche del fin de semana los voluntarios atienden al menos a dos jóvenes por intoxicación etílica en el Paseo de los Curas de la capital. La mayoría de las veces son menores de edad.
Muchos se consideran consumidores de fin de semana, pero lo que sorprende a la coordinadora de este servicio, María Sánchez, es que "cada vez encontramos a más jóvenes de entre 15 y 17 años".
Aunque no cree que el botellón sea el único culpable de esta situación. "Las tiendas siguen vendiendo alcohol a los menores sin ningún tipo de problema y muchos padres permiten a sus hijos que salgan los sábados a pesar de su corta edad", señaló.
Las consecuencias ya se están empezando a ver en las asociaciones de atención a alcohólicos. Si hasta no hace mucho tiempo el perfil más habitual era el de un hombre de mediana edad, actualmente casi la mitad tienen menos de 30 años y la mayoría aseguran haber empezado a beber durante la adolescencia.
Incluso hay algunos que aún no han cumplido los 18 años y ya dicen llevar al menos seis bebiendo de forma adictiva.
José Manuel Pérez, presidente de la Asociación Malagueña de Alcohólicos Rehabilitados, está convencido de que son las víctimas del botellón que empezó a generalizarse hace una década. Uno de los casos que más le ha llamado la atención es el que de una chica que con sólo 17 años acudió a la asociación en busca de ayuda porque "llevaba saliendo todos los fines de semana desde los 14 años y últimamente siempre que salía acababa en una casa extraña, desnuda y sin saber lo que le había pasado la noche anterior".
El problema es que el 70% de los jóvenes que reconocen tener un problema con el alcohol también son adictos a otro tipo de sustancias como cocaína, marihuana o éxtasis. "El perfil del alcohólico puro es muy difícil de encontrar ya", aseguró el responsable de este colectivo, que admitió que "cuando los jóvenes se acostumbran a la bebida quieren experimentar las sensaciones que les producen las drogas".
Una vez que los jóvenes aceptan su adicción al alcohol, tienen que concienciarse de que deben dejar el resto de las drogas. Aunque no es fácil llegar a admitir que tienen un problema. "Como son muy jóvenes vienen normalmente obligados por sus padres o sus parejas y tardan meses en aceptar lo que les pasa", según Pérez.
Cuando un enfermo de alcoholismo muestra sus síntomas de manera clara suele llevar bebiendo una media de entre seis y siete años. En cuanto al tratamiento para superar la adicción, no suele durar menos dos años y medio.
Pero no sólo aumenta la adicción al alcohol entre los adolescentes que salen los fines de semana. El exceso de carga en el trabajo y en el ámbito del hogar está empujando a muchas mujeres entre los 30 y los 35 años a la bebida como forma de evadirse de sus problemas. Según Pérez, hace diez años las mujeres sólo representaban un tercio de los enfermos que llegaban a la asociación pidiendo ayuda, mientras que ahora ese porcentaje se ha duplicado por culpa del actual ritmo de vida.
La mayoría acuden solas porque "sus parejas se avergüenzan del problema que tienen o porque ya se han separado", explicó. Muchas tienen hijos y dicen haber recurrido al alcohol para afrontar problemas con sus parejas o en el trabajo, o para sobrellevar la carga que les supone trabajar dentro y fuera de casa.
Pero ni la edad, clase social y sexo son una barrera para caer en esta adicción, que sólo en la provincia de Málaga afecta a miles de personas.
MH
Las borracheras de fin de semana pueden salir caras
Un estudio revela que el abuso esporádico de alcohol puede ser tan nocivo como el consumo crónicoANTONIO GONZÁLEZ - Madrid - 14/11/2008 (PUBLICO)
Beber alcohol de forma abusiva durante los fines de semana, una conducta cada vez más extendida entre los jóvenes y adolescentes españoles, puede provocar en el cerebro daños similares a los sufridos por los bebedores crónicos en periodos más prolongados.
Esta es la principal conclusión de un estudio realizado por investigadores españoles sobre los efectos del alcoholismo de fin de semana en la corteza prefrontal. Esta parte del cerebro es la encargada, entre otras cosas, de la toma de decisiones, la planificación de actos futuros o la solución de los problemas que surgen.
"Nuestros resultados apoyan la idea de que este patrón de consumo provoca un deterioro neurocognitivo y neuroconductual similar, en muchos aspectos, al observado en bebedores crónicos", señalan los autores del estudio, publicado en la revista Adicciones.
"La corteza prefrontal es, además, la parte del cerebro que más tarda en madurar, de forma que en la adolescencia y la juventud temprana todavía se está desarrollando", explica a Público el neuropsicólogo Luis Miguel García-Moreno, uno de los autores de la investigación. Este especialista considera que "la práctica que llevan a cabo muchos adolescentes en fines de semana les puede equiparar a un adulto que consuma alcohol habitualmente de forma regular".
Tampoco hay que olvidar que este tipo de consumo abusivo, que incluye el fenómeno del botellón, incrementa el riesgo de desarrollar alcoholismo durante la edad adulta. De hecho, -prosigue García-Moreno- "uno de los efectos menos conocidos y más peligrosos del consumo abusivo de alcohol en la adolescencia es que modifica el nivel de tolerancia, de forma que los jóvenes van a ser más resistentes al alcohol, pese al daño en el hígado, el sistema digestivo y el nervioso. Por el contrario, quien se siente mal a la segunda copa deja de beber".
Para llegar a sus conclusiones, los autores del estudio reclutaron a 62 estudiantes universitarios menores de 20 años, a los que dividieron en tres grupos según sus hábitos de ingesta de alcohol. Posteriormente les sometieron a varias pruebas neuropsicológicas y compararon los resultados, que en general fueron peores en los que practican un consumo abusivo de alcohol durante los fines de semana.
El impacto de las ‘resacas'
Por otro lado, el estudio pone de relieve otro dato curioso: los efectos nocivos de la abstinencia alcohólica o resaca en el cerebro. "Un factor que determina en buena parte la presencia de estas alteraciones es la abstinencia alcohólica que prosigue al consumo, al menos en sus fases iniciales". Según García-Moreno, este daño está relacionado con la tendencia del organismo a "adaptarse a lo que hay". "Cuando ingerimos una cantidad elevada de alcohol, el organismo pone en marcha una serie de recursos bioquímicos para contrarrestar su efecto, ya que la molécula de etanol daña las neuronas; pero al retirar abruptamente el alcohol también se produce un desequilibrio y se ponen en marcha otros mecanismos que también provocan daño neuronal".
Por último, los autores señalan que incluso una borrachera aislada "puede ocasionar neurodegeneración en determinados circuitos cerebrales y alteraciones cognitivas".
Una agresión para los cerebros más vulnerables
CEREBRO EN DESARROLLO
El consumo abusivo de alcohol resulta especialmente preocupante en adolescentes y jóvenes porque provoca alteraciones en un cerebro todavía en desarrollo.
DAÑO CONCENTRADO
El impacto del alcohol, consumido de forma aguda, puede ser similar al provocado por consumos realizados en periodos más prolongados por bebedores crónicos.
RIESGO DE ALCOHOLISMO
El alcoholismo de fin de semana eleva además el riesgo de desarrollar, en la edad adulta, dependencia alcohólica. De hecho, se estima que el 40% de los adolescentes que comienzan a beber antes de los 15 años de edad desarrollarán en el futuro problemas relacionados con el consumo de alcohol.
UNA CONDUCTA FRECUENTE
En España un 87% de la población de entre 15 y 65 años ha bebido alcohol en alguna ocasión, el 47% lo consume de forma semanal y un 13% de forma diaria. Según señalan los autores del trabajo, las borracheras de fin de semana son muy frecuentes entre los jóvenes.
CAMBIO DE PATRÓN
En España se está adoptando el modelo anglosajón de consumo de alcohol, donde embriagarse es la principal motivación que reúne a los jóvenes los fines de semana.
PUBLICO
Un estudio asegura que el 10% de hombres y el 5% de mujeres tiene problemas graves de alcoholismo
«Uno de cada tres jóvenes bebe alcohol en grandes cantidades el fin de semana hasta perder la conciencia»EUROPA PRESS | BILBAO, 17-11-08 (ABC)
El neurólogo y psiquiatra bilbaíno, Javier Aizpiri, calculó que el 90 por ciento de la población española bebe alcohol habitualmente. El 10 por ciento de la población española masculina, añadió, tiene "un problema grave" de alcoholismo, mientras que esta cifra se sitúa en el 5 por ciento en lo que respecta a la población femenina.
En declaraciones a Europa Press TV realizadas con motivo del 'Día Mundial Sin Alcohol', Aizpiri aseguró que el alcoholismo supone el 20 por ciento de las urgencias siquiátricas. Es más, explicitó, "una de cada tres personas ingresadas en hospital siquiátrico tiene un problema de alcohol".
Según los datos que maneja Aizpiri, que se hace eco de los ofrecidos por el Gobierno español, el consumo de alcohol supone la causa del 20 por ciento de los ingresos en los hospitales siquiátricos, "y un 30 por ciento de los ingresos por aparato digestivo".
En palabras de Aizpiri, el alcoholismo supone "el 10 por ciento de las bajas laborales y más o menos del 25 al 30, casi el 40 por ciento de los accidentes de tráfico; está presente en el 60 por ciento de todos los homicidios que hay en el país y es la primera causa de accidentes laborales, domésticos y sobre todo de violencia en casa".
El experto en alcohol recordó que España es un país que lleva 3. 000 años consumiendo alcohol. "Tenemos una tradición cultural, venimos de una cultura cristiana donde el alcohol está en todos los rituales, desde la misa hasta las festividades. Somos un país donde se bebe, le apetece a la gente beber, y nos están dando estímulos de bebida constantemente", señaló. En este sentido, recordó que sólo en el País Vasco hay más bares y tabernas que en 8 países de la UE. "España tiene más bares que la totalidad de toda Europa en su conjunto", agregó.
Emborracharse el fin de semana
Aizpiri incidió en que existe "un problema grave" de alcoholismo que, en su opinión, ha ido avanzando. "Antes era de personas adultas, y en estos momentos alcanza a edades entre los 13 y 17 años. Exactamente el 35 por ciento de nuestros jóvenes se emborracha el fin de semana. Es decir, uno de cada tres jóvenes bebe alcohol en grandes cantidades el fin de semana hasta perder la conciencia, alterándole profundamente el desarrollo de su cerebro y su cuerpo", sentenció.
El neurólogo bilbaíno recordó que al cerebro de un joven de 14 años "todavía le faltan 10 años de maduración", por lo que calificó la ingesta de alcohol en el fin de semana de verdadero drama, ya que "altera y desplaza todo el proceso de maduración de un menor".
"Todos lo días llegan madres angustiadas con problemas de alcohol de los hijos y jóvenes en muy malas condiciones; sobre todo empiezan a los 12-13 años, pero entre 15-16-17 años tenemos una población juvenil muy alta con gravísimo consumo y alto deterioro, por eso somos el anteúltimo país de Europa en este momento en el fracaso escolar", aseveró.
«Hasta ahora no ha habido nunca una sociedad que permita destruirse a los jóvenes públicamente sin tomar medidas»
Aizpiri lamentó que los jóvenes de hoy beben "como no se ha bebido nunca". "Nunca en la historia ha habido a disposición de los jóvenes tal cantidad de alcohol, de tal nivel de potencia y sin ningún tipo de control", afirmó. Según explicó, hasta ahora las culturas, -"sobre todo la cristiana"-, el joven "bebía en navidad, cuando se pasaba un poquito, y en la fiestas del pueblo y se acabó". Sin embargo, ahora acuden "cada semana a un pueblo diferente", por lo que, a final de año, suman unas "60 trompas", tal y como cifró. Hasta ahora, continuó, no ha habido nunca una sociedad "que permita destruirse a los jóvenes públicamente" sin tomar medidas.
"Por primera vez en la historia, no ha ocurrido nunca, los jóvenes disponen de gran cantidad de dinero, no hay ningún control en horario nocturno, y beben grandes dosis, tanto niños como niñas, veo niñas de 36-37 kilogramos de peso consumiendo unas dosis de alcohol que no las ha bebido su abuelo en la vida y eso en un mes y claro las alteraciones son brutales", explicitó.
Finalmente, realizó unas recomendaciones a padres y madres cuando vean que su hijo regresa a casa bebido. "Se le tienen que empezar a poner los pelos de punta, saber con quien anda, qué dinero maneja, empezar a controlar la cuadrilla, el ambiente, las circunstancias e intentar cambiar las cosas antes de tiempo", especificó.
Lo que no pueden hacer, agregó, es "acostarse y decir no sé cómo llegan mis hijos, en qué condiciones y a correr". "Una intoxicación y una embriaguez de un menor de edad es una intoxicación grave y hay que controlarla", avisó.
"Luego no hay que quejarse que vaya mal en clase, no quejarse que haya violencia en casa, no quejarse de que le pega a la madre y que se monten todos los patines que se montan en la sociedad nuestra todos los fines de semana", concluyó.
ABC
Naufragio cívico
Lo sucedido en Vitoria el otro día tiene de principio a fin las hechuras de un naufragio cívico
ANÁLISIS· LUISA ETXENIKE 17/11/2008 (EL PAIS)
¿Cómo hay que considerar lo sucedido hace unos días en Gasteiz, donde unos cuantos jóvenes, rodeados de otros cientos pasivamente espectadores, redujeron a escombros una exposición fotográfica? Esos jóvenes se habían concentrado allí no para protestar por nuestra estratosférica tasa de empleo precario, ni por la carestía de la vida, ni por la pobre calidad de nuestra atmósfera (lo que anticipa el aire que les va a quedar para el futuro), ni por la misión imposible que les supone acceder a una vivienda, ni por las carencias de un sistema educativo que les sitúa a la cola de los países de nuestro entorno en resultados académicos. No, esos jóvenes estaban allí, a miles, por un botellón, para pedir más horas de bares abiertos por las noches. Motivo éste de asamblea que creo que vale ya en sí mismo lo que un diagnóstico de situación.¿Cómo hay que tomarse entonces tanto esa movilización juvenil como las desastrosas consecuencias que tuvo? ¿Hay que considerarlo un incidente absolutamente aislado, sin conexión con nada conocido o previsible, esto es, como un signo mudo de sentidos sociales? O, por el contrario, hay que verlo como el primer signo de los signos, como la punta del iceberg de las señales que indican que hay que observar con preocupación la relación de muchos de nuestros jóvenes con algunos valores sociales tan fundamentales como el respeto del otro y de lo público, o con la cultura entendida en su sentido más común. Personalmente, creo que hay que quedarse con la segunda opción, ver en lo sucedido en Vitoria un indicador de alerta máxima. Una sirena estruendosa que, además, hay que poner en conexión con otras señales menos llamativas, pero igualmente inquietantes que proceden del ámbito familiar, del entorno escolar y de una experiencia de calle perceptible a simple vista sin necesidad de lupa.
Estas señales permiten sin dificultad llegar al diagnóstico o a la conclusión de que entre los adultos y los jóvenes no es que haya hoy un conflicto (el clásico conflicto intergeneracional), sino que se ha producido como una avería que ha interrumpido la corriente, y que, por lo tanto, hay mensajes, códigos, enseñanzas de respeto, empatía, autoridad, convivencia civil que han dejado de producirse y, sobre todo, de transmitirse. En definitiva, que cada vez se expresa con mayor elocuencia y contundencia la realidad de una infancia- adolescencia-juventud en un estado de desamparo o de naufragio cívico, a la que no parece haberle rozado, ni siquiera en la forma de una brisa pasajera, la noción de que lo público significa, hasta en los más mínimos detalles, de todos; de que ser titular de derechos supone de un modo automático y simultáneo serlo de deberes, o de que la libertad y la responsabilidad son conciencias y experiencias siamesas. A este panorama hay que añadirle naturalmente la siembra de intolerancias y la contrapedagogía cívica que han supuesto la dejadez, laxismo o incluso permisividad con que, desde muchas instancias y en muchos lugares de Euskadi, se ha abordado el borrokismo callejero.
Lo sucedido en Vitoria el otro día tiene, de principio (el motivo de esa convocatoria masiva) a fin (la destrucción de la exposición), las hechuras de un naufragio cívico. Y una elocuencia que merece que se le presten, que se le den definitivamente, todos los oídos.
ELPAIS







