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sábado, 22 de noviembre de 2008
«Que no haya ningún Álvaro más»              VÍDEOS  »1  »2  »3   »GALERÍA

Flores y velas para que no suceda más  · "Te fuiste sin avisar"  ·  ↓  La rabia en un gesto
 
MADRID, Sábado, 22-11-08 (ABC).- En recuerdo de Álvaro
Miles de personas se manifestaron ayer en la discoteca madrileña «El Balcón de Rosales» para homenajear a Álvaro Ussía, el joven de 18 años que murió a sus puertas tras recibir una paliza de los supuestos porteros del local. Convocada por la propia familia y sus compañeros de colegio, y multiplicado su efecto llamada por las redes sociales de internet, la manifestación arrancó con la emotiva lectura de varias oraciones en las que participaron profesores y amigos del joven fallecido. El acto se cerró con una cerrada ovación tras una ofrenda en la que la madre del muchacho, Beatriz Caballero, depositó una flor junto al retrato de su hijo. En el acto estuvo la hermana de Álvaro a quien consoló la presidenta de la CAM, Esperanza Aguirre, presente en la concentración. ABC

Flores, velas y lágrimas recuerdan a la víctima que cambió la noche madrileña

La familia de Álvaro Ussía estuvo arropada por miles de ciudadanos en el lugar ante el que murió
El mensaje de los familiares del joven fallecido era: «Que no vuelva a suceder»

SARA MEDIALDEA | MADRID Sábado, 22-11-08 (ABC)
«Esto es un acto familiar», se esforzaba en explicar uno de los jóvenes que, como improvisado dispositivo de seguridad, controlaban la avalancha humana y periodística que ayer se acercó hasta las puertas de la discoteca Balcón de Rosales para participar en el acto de recuerdo del joven Álvaro Ussía, que murió de forma violenta el pasado fin de semana a las puertas de este establecimiento. Sus esfuerzos fueron vanos: era imposible poner puertas a ese mar sentimental que quería recordar a Álvaro y arropar, a la vez, a su familia más cercana.

La madre y la hermana del joven fallecido permanecían en un discreto segundo plano, rodeadas de otros miembros de la familia. Rotas por el dolor, pero serenas, agradecían las atenciones y concentraban sus mensajes en uno: que no vuelva a ocurrir.

Tráfico cortado

La cita era a las puertas del Balcón de Rosales, completamente cubierto de fotos de Álvaro. A pie del paseo de Rosales, se improvisó un punto de encuentro que muy pronto estuvo totalmente cubierto de flores y velas. Los chavales se habían concentrado un poco antes en el intercambiador de Moncloa, y desde allí bajaba una riada de caras tristes que, al llegar al lugar de encuentro, se deshacían en llanto.
La aglomeración llegó a tal punto, que la Policía Municipal decidió cortar el paseo de Rosales, que permaneció cerrado al tráfico hasta pasadas las nueve y media de la noche.

No era una manifestación; ni había pancarta de cabeza ni protagonistas en primera fila. Por el contrario: los más allegados eligieron voluntariamente un rincón desde el que presenciar sin apenas ser vistos.

Plegarias y música

Había mucho dolor en el ambiente. Y un silencio que se hacía extraño entre tanta gente joven. Hubo palabras de recuerdo de todas las víctimas de sucesos violentos, y también oraciones: se rezó el Padrenuestro, se leyeron textos del Evangelio según San Mateo -«estad contentos, porque en el cielo tendréis una gran recompensa»-, y se escucharon canciones, las preferidas de Álvaro, que sus amigos grabaron en un CD. Alguno incluso se animó a leerle una carta, que apenas pudo terminar por la emoción.
El abrazo de Aguirre

La presidenta regional, Esperanza Aguirre, llegó apenas comenzado el acto, acompañada por el concejal de Moncloa, Álvaro Ballarín. Aguirre se fundió en un emotivo abrazo con la madre del joven fallecido y con su hermana. Ésta última, fuertemente aferrada al brazo de la presidenta, estuvo explicándole su estado de ánimo, a lo que la jefa del Ejecutivo regional contestó con palabras de consuelo y muestras de cariño. «Mira, éste era el mejor amigo de mi hermano», le relataba, presentándole a un muchacho con los ojos aún irritados.
Madre y hermana estuvieron en todo momento arropadas por varios familiares, que las escoltaban e intentaban aislar de la presión mediática. El clima de silencio y respeto, no obstante, fue contagioso: ninguna cámara forzó el prudente anonimato de la familia.
A las puertas de la discoteca, ahora cerrada y cubierta de fotos de Álvaro, sus amigos guardaron silencio

En la puerta de la discoteca

Tras las oraciones, vino la ofrenda de flores y velas, que miles de personas -en su mayoría, jóvenes de la edad del fallecido- fueron depositando en torno a las fotografías de Álvaro. Y como eran muchos y el espacio pequeño, optaron por disgregarse: sobre las diez de la noche, había pequeños altares elevados a su memoria en varios puntos del paseo, incluida la puerta de la discoteca donde ocurrió el trágico suceso, y también podían verse velas en los jardines.

«Hoy todos somos Álvaro», «Siempre estarás con nosotros», «siempre en nuestro corazón» o «todos somos Ussía» eran los rótulos más comunes en pancartas, carteles y camisetas. Y los mensajes: «El amor es más fuerte que la muerte», y «Álvaro, ayúdanos a perdonar», escrito sobre una corona.

Caían hojas y lágrimas. Grupos de chavales del mismo colegio que el fallecido, el Monte Tabor, se encontraban con otros amigos y rompían a llorar, inconsolables. O se concentraban por docenas frente a las puertas, ahora cerradas, de la discoteca, y guardaban un silencio estremecedor durante largos minutos.

Solidaridad entre madres

La madre de Sandra Palo, cuya hija murió con 15 años por el ataque violento de cuatro jóvenes, quiso participar en el acto en apoyo al dolor de la familia de Álvaro Ussía. Al finalizar el homenaje, cuando ya se marchaba, la madre del joven la vio y se acercó a saludarla.
Una niña del círculo familiar cercano preguntó quién era aquella señora y porqué la saludaban. Cuando los mayores le explicaron que su hija también había muerto de forma violenta, la espontánea pregunta de la niña fue: «¿En otra discoteca?»
ABC

«Que no haya ningún Álvaro más»

CARLOTA FOMINAYA | MADRID Sábado, 22-11-08 (ABC)
La tristeza que reinaba entre los miles de chicos que abarrotaban ayer las inmediaciones de El Balcón de Rosales lo decía todo. También la sensación de incomprensión que flotaba entre unos chavales para los que esta muerte «a todas luces se podía haber evitado».
Para ellos, las medidas tomadas por la administración durante la pasada semana llegan tarde, «porque ya no se puede hacer nada por Álvaro». «Pero sí para que esto no vuelva a repetirse. Ni aquí en Madrid ni en ningún otro lado», coincidían en decir.
Por eso se reunieron ayer ante el lugar en que murió su amigo. «Para que la ley no vaya detrás de los sucesos, para que no tenga que morir nadie más para que alguien tome cartas en el asunto», pedían.

Todos sin excepción sienten que les podía haber pasado a ellos. «Lo ocurrido le podía haber pasado a cualquiera que conoces», apuntaba María, de 18 años. «Sentimos una gran impotencia, nos han quitado a Álvaro, han destrozado una familia. Los porteros están para cuidarnos, no para matarnos», exclamaba indignada. «No tenemos ninguna gana de salir, pero cuando lo hagamos será con mucho cuidado».

La mayoría se mostraba de acuerdo con los exámenes que en el futuro tendrán que realizar los porteros. «Es lógico que tengan que pasar pruebas. Como en cualquier trabajo», decía Marta, de 19 años. «Por la noche nos sentimos inseguros, abusan mucho de la gente, nos tratan como a ganado». Ella, que estaba el viernes en el Balcón de Rosales, se quejaba de que «incluso tratan igual a las chicas que a los chicos». «Y cuando no estás dentro del local ya puedes encontrarte mal que no es su problema», denuncia. Marta y su amiga Ana, que trabaja de camarera por las noches, no conocían de nada a Álvaro, pero acudieron ayer porque quieren creer «que van a cambiar las cosas». «Al menos a partir de ahora se van a respetar los aforos», apuntaba Ana.

Tampoco Ricardo y Miguel le conocían, pero fueron a Rosales para demostrar su afecto a la familia, y su indignación ante un hecho que para ellos también «se podía haber evitado». «Esperamos que a partir de ahora haya más regulación y que los locales cumplan todos los requisitos».

«Se podía haber evitado»

Muchos padres también quisieron participar de la concentración por una muerte que ha conmocionado a sus hijos. «Esperamos con esto que no haya ningún Álvaro más», decían Zacarías y Mercedes, vecinos del Barrio del Pilar, que pedían «tranquilidad cuando nuestros hijos salen por las noches».

Desde Cádiz y para acompañar a Beatriz y a la familia había llegado Víctor López. Conocía a Álvaro desde pequeño, ya que veraneaban en el mismo sitio. «Era un chico extraordinario, abierto, cariñoso». «Es evidente que la noche funciona mal y que todos somos responsables». «Esta sociedad hay que cambiarla. No tiene sentido esta forma de diversión inocua, sin ningún sentido. Se podía haber evitado con conciencia, con principios».

Por solidaridad con la madre, Beatriz, «una mujer con la cabeza muy bien amueblada, cabal y con temple, que nunca ha levantado la voz», y «para que esto no vuelva a ocurrir», acudieron igualmente Flor y Ana, compañeras de trabajo en Hacienda. «Está claro que el colegio donde estudiaba Álvaro se ha movido mucho, pero esta concentración es por él y para que no le ocurra a otros chavales». Ya lo ha dicho su madre. y lo repitieron ayer muchos jóvenes de Madrid: «Que la muerte de Álvaro sirva para algo».
ABC


Muerte en la discoteca: el último adiós a Ussía

"Te fuiste sin avisar"

Rezos, música y lecturas religiosas en el acto de homenaje a Álvaro Ussía - Más de 2.500 personas se reúnen junto a las puertas de Balcón de Rosales
− "Pedimos que esto no le pase nunca más a nadie", dicen dos amigas del joven
−  "Estos chicos han logrado movilizar a la sociedad", asegura el director del colegio

JAVIER SÁNCHEZ DEL MORAL - Madrid - 22/11/2008 (EL PAIS)
 
Beatriz Caballero, la madre de Álvaro Ussía, una mujer menuda y morena, sólo cerró los ojos. Con fuerza. Como quien, en el fondo, piensa que si pone todo su empeño podrá escapar de la realidad. Esa en la que su hijo, muerto tras una paliza a manos de tres porteros de la discoteca Balcón de Rosales hace justo una semana, ya no está.

Cerca de Beatriz, en medio de 2.500 personas reunidas en silencio a la luz de las velas frente al local ahora clausurado y empapelado con pasquines, con la cara de Álvaro, está otra madre. María del Mar Bermúdez perdió a su hija, Sandra Palo, hace más de cinco años. También fue víctima de la violencia. No han hablado nunca. No se conocen.

Rodeándolas por todos los flancos, alrededor de 2.500 personas guardaban, en la tarde de ayer, un escrupuloso silencio. Caras jóvenes, sobre todo. Compañeros de clase de Álvaro en el colegio concertado Monte Tabor de Pozuelo. Y sus padres. Muchos de ellos llevaban carteles y camisetas con la imagen del joven muerto. "Todos somos Álvaro". "Siempre Ussía. No te olvidaremos"

Todos ellos, familiares, amigos, vecinos o incluso ciudadanos que nunca le conocieron, acudieron ayer a rendirle homenaje al lugar en el que fue asesinado en la madrugada del pasado sábado, y a pedir que nunca más vuelva a repetirse un caso así.

El entorno del Balcón de Rosales estaba abarrotado mucho antes de las ocho de la noche, la hora a la que estaba convocada la concentración en memoria de Ussía. A la entrada del parque, justo bajo un cartel que anuncia el Teleférico, crecía poco a poco un altar hecho a base de flores y velas. También de fotografías de Álvaro y mensajes de sus amigos y familiares, e incluso de sus vecinos de la urbanización de Chiclana (Cádiz), en la que veraneaba junto a su madre y hermanos.

Pero no era el único altar. Bastaba bajar la escalinata más próxima y llegar a las puertas de la discoteca, forrada con carteles de la cara del joven asesinado, para encontrar otro pequeño templo de velas, flores y fotografías. Tres chicas de 16 y 17 años se apretaban unas contra otras, intentando buscar el calor que no ofrecía la fría noche.

Son amigas de la hermana pequeña de Álvaro, que ayer era incapaz de encontrar consuelo en ningún brazo. Juntas sujetan una fotografía del joven con una mano, y una vela con la otra. "Lo único que pedimos es que se haga justicia, y que esto no le pase nunca más a nadie", señalan mientras las lágrimas afloran en sus ojos.

Solo, apoyado en una barandilla, Juan Antonio Perteguer, el director del colegio en el que estudiaba el joven, mira a su entorno: está orgulloso, reconoce. "Estos chicos han logrado movilizar a toda la sociedad, han conseguido obligar a las administraciones a tomar medidas, para alcanzar mayor seguridad en el ocio nocturno", dice antes de emocionarse. Pero antes que Álvaro, murieron en la región otros dos jóvenes. Dos marroquíes, en Fuenlabrada y Alcorcón.

Al acto acudieron la presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, y el concejal del distrito de Moncloa, Álvaro Ballarín.

Mientras tanto, las decenas de amigos y compañeros de clases de Álvaro están por todas partes. Organizan, participan con sus lecturas de los evangelios en la oración, y van de un lado para otro abrazando y saludando a todos. Es uno más de los muchos esfuerzos que han brindado durante toda la semana a la memoria de su amigo. Los jóvenes también leyeron ayer una carta, que entre todos habían escrito para Álvaro. En ella recordaban la energía y la bondad del muchacho, y le tranquilizaban anunciándole que ellos cuidarían de todo aquello que con su muerte ha dejado atrás. "Te fuiste sin avisar", culminaba el texto.

Tras el mensaje, un disco con la música preferida de Álvaro Ussía cerró la concentración. Todavía tardó un buen rato en marcharse la mayor parte de la gente, que se reunía en pequeños corros o miraba en silencio hacia alguno de los rincones, en los que cualquier pequeño detalle recordaba al joven. "Hace una semana él estaba por aquí, dispuesto a divertirse sin molestar a nadie. Feliz por terminar los exámenes y estar con sus amigos", se lamentaba Luis, uno de sus compañeros.

Ya sólo había espacio para el llanto y los abrazos. De fondo, una de las canciones preferidas de Álvaro: la voz de Rosario Flores cantaba: "Nunca más usar la violencia".
PA

La rabia en un gesto

Una joven quemó durante el homenaje a Álvaro Ussía una de las tarjetas VIP de la discoteca de 'El Balcón de Rosales' que guardaba en su cartera

MOKHTAR ATITAR - Madrid - 21/11/2008 (EL PAIS)
 Miles de personas, en su mayoría jóvenes, se han concentrado este viernes por la tarde junto a la discoteca madrileña El Balcón de Rosales para rendir homenaje a Alvaro Ussía, el joven de 18 años que murió hace una semana golpeado por porteros de este local. El homenaje ha cubierto toda la calle Rosales, donde se ubicaba la discoteca, que ya ha sido cerrada al público por la Policía Municipal.
Gallardón cierra cuatro discotecas días después de la muerte de Ussía

Convocada por la familia de Álvaro, sus compañeros y el colegio de Pozuelo de Alarcón donde estudiaba, el Monte Tabor, la concentración, que duró unos 40 minutos, arrancó con la lectura de varias oraciones leídas por el delegado de Juventud del Arzobispado de Madrid, que hizo un llamamiento en favor del amor y en contra la violencia, y recordó otros jóvenes que murieron de manera violenta, de forma absurda, como Wilson Pacheco o Sandra Palos.

Las oraciones dieron paso a cinco minutos de silencio en los que solo se escuchaba el llanto de los compañeros de instituto y de muchos de jóvenes allí congregados, que se arropaban y buscaban el consuelo de los que tenían más cerca. Entre los asistentes se encontraba la presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, que ha dado el pésame a la familia del joven.

Y un simple gesto: Natalia, una joven de la misma edad que Álvaro, decidió esta noche quemar la tarjeta VIP del Balcón de Rosales que guardaba con una de las numerosas velas que llevaban los asistentes. "Yo no lo conocía, pero tengo mucha, mucha rabia", decía apenada. "A cualquiera de nosotros nos podía haber tocado", recordaba otro.

Los compañeros del joven, visiblemente emocionados y muchos de ellos acompañados por sus padres, han establecido dos altares, uno de ellos en la puerta principal, en el mismo lugar donde fue asesinado Álvaro, con toda la fachada cubierta de fotos y mensajes con las palabras como "no te olvidaremos" o "siempre en nuestro corazón". Mientras, desde la megafonía ha sonado, entre muchas otras, una canción de Antonio Flores, en la voz de su hermana Rosario. "Pero nunca, nunca más usar la violencia", dice la canción.
PA

Emoción e impotencia en la concentración por Álvaro Ussía

María Sanz-    sábado, 22 de noviembre de 2008 (DIARIO DE POZUELO)

Con el rezo de un rosario y una oración dio comienzo la concentración celebrada el viernes a las 20:00 horas en Pintor Rosales en memoria del joven Álvaro Ussía, vecino de Aravaca y estudiante del colegio Monte Tabor en Pozuelo de Alarcón.

Faltaba casi una hora para que diera comienzo el acto y ya eran muchos, sobre todo compañeros del colegio, los reunidos frente a la discoteca El Balcón de Rosales, lugar donde Álvaro fue asesinado supuestamente por una paliza de los porteros. Un goteo constante de personas se iba sumando a los ya presentes.

A las 20:00 horas parte del Paseo de Pintor Rosales había sido cortado al tráfico y daba comienzo un acto en el que no sólo se recordó a Álvaro, sino también a otras víctimas de los porteros de discoteca.

Cinco minutos de silencio, sólo rotos por algún pitido lejano, dieron paso a una emotiva carta leída por un compañero de Ussía al que agradecía todo lo que les había dado y le explicaba cómo sentían su ausencia.

Niños pequeños, adolescentes, padres, madres y ancianos: todos llevaban velas y claveles blancos para depositar como ofrenda en la puerta de la discoteca. Pancartas en las que se podían leer consignas como ‘Justicia’ o ‘Todos somos Ussía’ sobresalían, junto a enormes fotos de Álvaro, entre la multitud.

Ahora los allí reunidos para mostrar su solidaridad y apoyo a la familia sólo esperan sobreponerse al dolor y que se haga justicia.
www.diariodepozuelo.es

___
PS

DOS SEMANAS DESPUÉS

«No tengo deseos de venganza»

La novia de Álvaro Ussía habla por primera vez de la muerte del joven

MADRID. Viernes, 28-11-08 (ABC)
ABC ha unido a los amigos de Álvaro Ussía, a su círculo más íntimo, dos semanas después de su muerte a las puertas del Balcón de Rosales presuntamente a manos de un portero. La protagonista de la reunión, a su pesar, es María, de 17 años, la que era su novia desde hacía más de seis meses. No quería venir a la entrevista. Pero al final la fuerza de sus amigos, los íntimos de Álvaro, ha podido con ella.

Rubia, muy delgada, monísima y con la cara empañada en lágrimas, prácticamente no habla. Al principio es imposible sacarle una palabra. «No, de verdad, yo no quiero hablar». A medida que transcurre la tarde, comienza a hacerlo poco a poco. La terapia de grupo funciona.

«Estamos aquí porque queremos que, por primera vez, se oiga la voz de Álvaro. Se han dicho muchas cosas que no tenían nada que ver con él. Queremos decir cómo era de verdad», dice María. «Era muy familiar. Su familia por encima de todo. Dejaba lo que fuera por su madre. Lo que más le gustaba era la naturaleza, los caballos, hacer deporte -era muy competitivo-, el fútbol -madridista acérrimo- y, sobre todo, una persona feliz. Transmitía felicidad. Le quería, le quiero, muchísimo». E incluso recuerda el día en que se le declaró: «No he pasado más vergüenza nunca. Estábamos en las fiestas de Majadahonda, compró unas rosas y, delante de sus amigos, se arrodilló y me pidió que saliera con él».

Casi en un susurro María continúa: «Álvaro estaba en su mejor momento y era listísimo». No lo asimila. «Injusticia, rabia, tristeza. ¿Qué voy a sentir? Con todo lo que quería hacer...». De venganza no quiere ni hablar. «No tengo ningún deseo de venganza. Sólo sé que me han partido la vida en dos. Me acuerdo todo el rato de él y le echo muchísimo de menos».

También lanza un mensaje claro: «Ya no está en nuestras manos hacer nada más. Ahora son los políticos los que se tienen que comprometer de verdad. Sólo pido que ésta no sea una muerte más». Y María recuerda a Wilson Pacheco, el chico ecuatoriano que mataron en Barcelona y al que nadie ayudó. Como le pasó a su novio. Un caso más, entre muchos otros que, desgraciadamente, ya se han olvidado. «Álvaro tiene que ser la llama que no se puede apagar. Su muerte no puede quedarse en el olvido. Ha sido una salvajada».

Cobardes y valientes

Entre sus amigos también se producen reflexiones más propias de adultos que de jóvenes que rondan los 17, 18 o como mucho los 20 años. Por ejemplo, Juan Luis, para quien «ser valiente no es ser un inconsciente. Es mejor ser un cobarde vivo que un valiente muerto». O Marcelo, que asegura que «lo que he aprendido con esto es que no hay que reaccionar jamás ante la provocación con violencia». Así, reconocen que el padre de Mari Luz «es el mejor ejemplo. Este maravilloso hombre, de raza gitana, que gracias a su «cruzada» ha conseguido que la sociedad se sensibilice con la tremenda injusticia que se cometió con su hija, ha sido el mejor ejemplo que hemos podido tener».

A otros amigos, la muerte de Álvaro Ussía les ha hecho reflexionar sobre la figura de los padres. Es el caso de Benjamín: «Hemos aprendido a ver a nuestros padres de otra manera. Todo lo que estamos viviendo nos hace entender de verdad su preocupación constante cuando salimos y lo que sufren. Nunca crees que te puede pasar a ti».
ABC



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