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lunes, 01 de diciembre de 2008
Algún progenitor se congracia con el hijo demostrando lo que es capaz de «hacer por él»
"Los padres conflictivos quieren demostrar a sus hijos que son sus mejores amigos" y defienden su mal comportamiento
      
Help!  Autoritas!JOSÉ MARÍA ROMERA MARTÍN OLMOS | 30.11.08 - BILBAO (EL CORREO)
No sólo los alumnos acosan a sus profesores. También hay padres que contribuyen activamente al malestar extendido entre el sufrido gremio docente. En el Informe Estatal del Defensor del Profesor 2008, recientemente hecho público por un sindicato de trabajadores de la enseñanza, se constata que durante el curso 2006-2007 las amenazas recibidas de padres y madres crecieron en un 24% respecto del año anterior. El que los casos sigan siendo contados -de todas las llamadas de ayuda al teléfono de apoyo al profesor, apenas un 11% tenía su origen en atropellos causados por presión o violencia de los progenitores- no resta gravedad a un fenómeno que, alarmismos aparte, viene a complicar más la ya de por sí atribulada condición de los educadores.

Para los más apocalípticos, es un síntoma más del desmoronamiento de un sistema que hace agua por todas partes. Al fracaso escolar, la violencia generalizada en las aulas y la caída en picado de la calidad educativa, se suma la paulatina pérdida de autoridad de unos profesionales que en pocos años han pasado de ser los intocables en la estructura escolar, los poseedores de la vara de mando, a ocupar el puesto subalterno de unos operarios desamparados, sometidos a los vaivenes de leyes erráticas y a los antojos del resto de agentes, desde las administraciones hasta los propios alumnos. El Informe reclama, en este sentido, la recuperación de la autoridad perdida mediante leyes que impongan severos castigos a los agresores, en la línea ya trazada por algunas recientes sentencias judiciales. A efectos penales, el profesor goza hoy en España de la misma condición que un agente del orden, y, en consecuencia, cualquier acto de violencia contra su persona puede estar castigado con un mínimo de un año de cárcel.

Desconfianza

Pero tipificar como 'atentados' las agresiones contra los profesores no va a resolver un problema que hunde sus raíces en los cambios culturales. Una sociedad descuidada del papel de la educación, poco dispuesta a fomentar los valores positivos del esfuerzo y el aprendizaje, empeñada en destruir fuera de las aulas lo que se va construyendo en ellas, difícilmente cerrará la grieta que a menudo se abre entre las dos principales referencias de autoridad del niño: sus progenitores por un lado y sus maestros por otro. Lo que antes era cooperación, ahora es desconfianza. El recelo y la discordia han sustituido a la confianza mutua. Una de las quejas más generalizadas entre los docentes apunta a la dejadez paterna en lo que a la preocupación por los estudios de sus hijos se refiere. Por el otro lado, la gran mayoría de padres y madres atribuye la mala educación de sus hijos a la supuesta indisciplina que se ha enseñoreado de unos colegios donde los profesores consienten todo tipo de desmanes con tal de no tener problemas con sus alumnos.

Quizá la hostilidad es recíproca, por tanto. Pero no se sabe de ningún docente que haya golpeado, herido o amenazado a un padre o una madre, y sí al revés. ¿Qué conduce a un progenitor a dirigirse al centro escolar de sus hijos y zarandear al maestro que ha suspendido a la criatura o que le ha aplicado un castigo por mal comportamiento? Tiene que haber algo más que falta de sintonía con la escuela. No pocas veces el padre o la madre ven en ese conflicto una oportunidad de 'lucimiento' afectivo ante el hijo que le lanza quejas y reproches por su falta de atención. Así demuestra a éste que es capaz de batirse en duelo por él. Que a la hora de la verdad -y para cierta gente de mentalidad primaria, esto significa la hora de la barbarie- va a dar la cara en su beneficio. Muchos actos violentos son el resultado de una mala conciencia paterna que busca congraciarse con el hijo y demostrándole «lo que es capaz de hacer por él».

En todas las épocas, tanto antes como ahora, los padres han delegado en los mentores la principal responsabilidad en la formación de sus hijos. Pero en sociedades más rígidas y autoritarias esta delegación iba acompañada del permiso y del respaldo absolutos, hasta el extremo de que en el hogar eran apoyadas todas las decisiones escolares por arbitrarias que éstas fueran. Hoy la tendencia se ha invertido de tal manera que los padres ejercen respecto a la escuela un papel inquisidor o incluso opositor muy por encima de los legítimos derechos que les asisten.

Acción educativa


Bien planteada, la actitud crítica de los padres debiera redundar en la mejora de la acción educativa. Conduciría a una mayor presencia de la familia en las decisiones académicas y pedagógicas del centro, aportaría puntos de vista enriquecedores, ofrecería más información acerca de cada alumno en particular, conformaría, en fin, una verdadera «comunidad educativa». Pero las estadísticas siguen mostrando una evidencia desoladora: esa crítica no se traduce en una participación positiva en las decisiones escolares. A las reuniones con los orientadores y tutores asiste una porción mínima de padres y madres. Su presencia en asociaciones y órganos de representación no supera el 10%. Los principales perjudicados por este divorcio entre hogar y escuela son indudablemente los hijos.

Los padres y madres violentos encarnan la parte más inquietante del fenómeno. En las conclusiones del Informe del Defensor del Profesor se insiste en «la tarea irrenunciable de los padres en la educación de sus hijos», así como en la exigencia de colaboración de aquéllos con los docentes, y en la necesidad de una mayor protección legal del profesor. Quizá sean propuestas demasiado simplificadoras de una realidad tan compleja como la de la escuela. Pero a ras de suelo pueden servir para parar los pies a más de un progenitor exaltado. Ya que no nos preocupamos del respeto a nuestros profesores, al menos preocupémonos de salvarles el pellejo.
EL CORREO
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PS

 "Los padres conflictivos quieren demostrar a sus hijos que son sus mejores amigos"

La responsable de ANPE lamenta la defensa que algunos padres hacen del mal comportamiento de sus hijos.        
                   
Adrián ARCOS    3 de diciembre de 2008    MAGISnet
En ocasiones, ella misma se siente afectada cuando muchos profesores la llaman y le cuentan sus experiencias, algunas totalmente espeluznantes. Como coordinadora del servicio del Defensor del Profesor de ANPE, escucha a diario las confidencias de profesores que no pueden aguantar más, o de aquellos que creían que nunca les iba a tocar. Y como madre, no puede llegar a entender cómo un padre, que persiga exactamente igual que un profesor, la Educación de su hijo, pueda delegar en el profesor toda esa Educación, pero a la vez le quita los medios para llevarla a cabo.

− ¿Han aumentado los conflictos en los últimos años?

− Por supuesto, debido también a los cambios en la sociedad. Yo, que fui alumna, jamás vi a un compañero enfrentarse a un profesor o un padre llegar a la agresión.

− ¿Qué cambios se han producido en la sociedad?

− Los padres ya no ponen límites a sus hijos. Ni quieren que nadie se los ponga. También ha cambiado la concepción de la Educación. Antes se pensaba que se iba al colegio a enseñar y a aprender. Ahora, es casi un centro asistencial.

− ¿Es fundamental la familia en la Educación?

− Al niño se le da todo de forma gratuita y sin pedirle nada a cambio. Y esto ya lo considera por derecho.

− ¿Y por qué se comportan así los niños?

− Quieren llamar la atención, pero además, quieren demostrar que a ellos no se les va a poner límites. Le echan un pulso al profesor y saben que los padres le van a apoyar en todo. Si el niño se niega a cumplir las normas mínimas de convivencia, al padre le parece bien. Si el niño es absentista, llega el padre y le justifica esa falta, aunque tú sepas de sobra que ha estado en el parque. Si falsifica una firma, el padre dice que no es para tanto. ¿Qué está acosando al compañero?, pues algo habrá hecho el compañero. Los padres llegan a disculpar cada una de las actitudes de sus hijos y además les dicen: “si te ponen una sanción, no la cumplas, porque voy yo allí y se entera el profesor”. ¿Y qué armas tiene el profesor? Ninguna.

− ¿Y qué les lleva a los padres a actuar de esa forma?

− Primero hay que señalar que la mayoría de padres apoya al profesorado, le ayuda, se molesta por la Educación de sus hijos. Pero los padres violentos, que son una minoría, quieren demostrar a sus hijos que son sus mejores amigos, que ellos van a estar siempre ahí para lo que necesiten. Los padres trabajamos, tenemos muy poco tiempo para estar con nuestros hijos, no hablamos mucho con ellos, y además, el niño suele hacer su propia vida. Lo que quieren hacerle ver los padres es que, aunque no puedan estar con él, que sepan que siempre van a estar a su lado.

− ¿Tiene el profesor miedo a estos padres?

− No sólo el profesor, sino el centro entero. Se tiene la idea de que a estos padres no se les puede decir nada ya que quizá lleguen y puedan agredir. Entonces, llega un momento que se les consiente todo.

− ¿Está el profesor totalmente desprotegido?

− En muchas comunidades existen decretos de derechos y deberes de los alumnos. Pero en muchos centros no se cumplen. Cuando el profesor manda al alumno al jefe de estudios, éste le dice al niño que vuelva a clase y se porte mejor. Y el niño llega a clase mandando al propio profesor al jefe de estudios. El profesor se siente indefenso, porque nadie le apoya. Siente impotencia, tristeza, frustración. Y si pasa de todo y no presta atención a los niños, puede que llegue el momento de que un alumno agreda a otro. Y el responsable es el profesor que está en el aula. Es una situación muy difícil.

− ¿Cómo debe actuar el profesor en estas situaciones?

− Yo creo que es muy importante que el Claustro de profesores esté unido. Todo el profesorado se tiene que unir ante las faltas de respeto constantes hacia los compañeros. La fuerza de todos es muy importante, y además hay que ponerlo en conocimiento de los padres del Consejo Escolar. La unión de todos es muy importante para evitar que tres o cuatro alumnos impidan el desarrollo normal de la vida en el centro.

− ¿Y en la práctica se produce este consenso?

− En la práctica los claustros ya se están posicionando. Lo que ocurre es que tanto profesores como equipos directivos al final tienen miedo, ya que llegan los padres, le pegan un guantazo al profesor y le cae una multa de 100 euros. Les sale prácticamente gratis, como ir al parque de atracciones, y encima se desahogan. Yo creo que la Judicatura tendría que considerar al profesor autoridad pública.
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