ANÁLISIS · SALVADOR PEIRÓ Y GREGÒRI · PROFESOR U. ALICANTE
Las sociedades democráticas necesitan ciudadanos... reflexivos, miembros conscientes y activos de su sociedad
Valencia 03.12.08 (LAS PROVINCIAS)
Educación para la Ciudadanía y los Derechos Humanos, que es el nombre como en otras ocasiones, y para diversos fines, se llamó la asignatura EpC, es de gran actualidad. Resulta harto complicado apelar para certificarlo a notas de prensa, artículos de opinión, conferencias, manifestaciones, debates en las cámaras de representantes políticos, objeciones de conciencia, resoluciones de los Tribunales de Justicia al respecto, mesas mixtas, etc.
Ante la situación, tan crítica, en conciencia hay que trasladar a este medio lo que pienso como docente e investigador sobre los modelos de educar, que ahora se proponen con EpC. Anticipé en su momento y en esta página, hace más de un año, que las propuestas y las soluciones son poco positivas para los estudiantes. Del enfoque ministerial, que concretaba mediante su web y con la oferta de materiales para desarrollar EpC, ya hablé negando la educatividad de tal resolución administrativa.
Si la premisa es que la sociedad está enferma, descohesionada y que esto tiene malas consecuencias, a saber: violencia, indisciplina, etc. Si la igualdad legal no es suficiente (sic), la solución que se formula es sólo cohesionarla mediante una nueva ética, a instaurar con la nueva asignatura EpC, esto se identifica con proponer un ideario común para todos.
Pero, con el fin de mostrar qué es educar para ser buenos ciudadanos en un futuro, es necesario responder a la pregunta: ¿qué es EpC? Esto nos lleva a conocer que ejercer la ciudadanía implica participar de forma activa en los asuntos de la ciudad (polis: asociaciones, vecindad, ayuntamientos, diputaciones, autonomías, la nación...). Esta polis es un espacio social, cultural, económico, político, de convivencia, que no es excluyente de nadie. Un ciudadano es quien toma parte en lo que acontece y puede dar cuenta de ello. Pero, además, también debemos referirnos a la ciudadanía global, cuyos problemas nos atañen. En este sentido, las sociedades democráticas necesitan ciudadanos... reflexivos respecto de los grandes temas que en estas se suscitan, constructores de su propia opinión que sean miembros conscientes y activos de su sociedad, conocedores de sus derechos y deberes.
Desde nuestra tradición histórica, los estudios se han organizado alrededor de asignaturas. Pero, por las investigaciones sobre la mejor forma de aprender, así como la evitación de los totalitarismos, se han efectuado propuestas para desarrollar de la mejor manera los planes de estudio. Como EpC se ha pensado desde la racionalidad dialéctica, hemos de considerar qué efecto han tenido los modelos emergentes de este enfoque. Uno consiste en enseñar los aspectos éticos de la ciudadanía (1) ocasionalmente: el motivo son los sucesos y circunstancias de clase, del centro, de la calle, etc. (extraescolares). Kolhberg la desarrolló y sus efectos son de difícil evaluación. Otros la enfocaban como (2) asignatura paralela: es el enfoque actual del Ministerio, que obliga a las CC. AA. Oser y Schläfli (1985) organizaron cursos especiales intra y extraescolares. Pretendían motivar a los estudiantes en lo socio-moral. Se centraban en ciertos valores predeterminados. La experiencia fue positiva sólo en FP; deja que desear en las escuelas. La (3) consiste en organizarla como tema transversal (recordemos la Logse), así se enfoca el contenido como "encimas" dentro de las asignaturas fuertes (Ciencias Sociales, Naturales, Religión, Filosofía, Historia...). Kohlberg y Oser las ensayaron (1987), pero sin orientarlas como formación ético-moral. Sin embargo, la actual LOE las eliminó porque no dieron frutos. Otra manera se basaba en un (4) enfoque total, globalizado: es un modelo llamado "just community" (analogía con Summerhill o los Kibbutzim), a modo de escuelas ejemplares en lo moral (Kohlberg, 1981 y 1985; Power, 1985). No se trata de internados con la intención de enseñar una moral y valores con la pretensión de que los escolares aprendan lo que está bien de lo que es malo. No obstante, este enfoque no deja de tener inclinaciones a absolutizar esos estilos de vida debido a su holismo.
Pero las recientes investigaciones nos dicen que la ciudadanía no consiste sólo en saber (no es lo mismo sacar un sobresaliente en paz que comportarse pacíficamente), la ciudadanía se demuestra al comportarse con madurez en la ciudad (McIntyre). Esto significa que hay que tener ciertas competencias. Un trabajo francés del 2000 nos menciona una descripción de competencia: capacidad de actuar eficazmente en un tipo definido de situaciones, tal capacidad se apoya en los conocimientos, pero no se agota en ellos, es un saber hacer de alto nivel que implica usar a tope las capacidades, tales aptitudes son válidas para solventar un gran número de problemas, la competencia permite afrontar una situación singular y compleja, construyendo una respuesta, de entre un abanico de posibilidades, pero sin forzar nuestra conducta. Por lo cual, podemos comprender que saber algo no nos garantiza el ser ciudadano. Para valorar lo que acabo de decir, reflexiones sobre estas competencias: Informarse. Comunicar. Anticipar. Inventar. Negociar. Decidir. Imaginar. Cooperar. Evaluar. Asumir riesgos. Afrontar la complejidad. Analizar necesidades. Llevar a cabo proyectos, etcétera.
Por esto cabe un quinto modelo. Este tiende a educar el carácter. Lickona (1996) propone que los profesores y los centros docentes cuiden el ejemplo, usar explicaciones que promuevan la reflexividad, mejorar el clima moral de la institución docente, vivir las virtudes con experiencia y procurar la excelencia en el rendimiento escolar de docentes y discentes.
Como se desprende de lo anterior, no sólo habría que hacer aprender de memoria nociones, ni se trata de un mero "entrenar", sino que se debería formar para que cada cual se autocontrole y alcance autonomía, hemos de implicar las competencias con las nociones. Así tenemos un proceso cíclico que (I) comienza con una transversalidad en competencias (no en temas, como la Logse): espíritu crítico, argumentación... empleando la información con debate dialógico, solución de conflictos, etc. Es decir: aprender nociones sobre ciudadanía mediante, no necesariamente, una materia específica (defiendo más una ética sistemática que estas "novedades"). Luego (II) se ha de vivir lo aprendido en el seno escolar. Para esto, todas las actividades, materias... habrían de poner en acción los valores y competencias ciudadanas entablando el compromiso intraescolar, comunitario... con relación a resolver los problemas, incluso conflictos, que surgiesen. Aquí cabe abrir el currículo hacia materias trascendentes: filosofía y/o religión. Posteriormente (III), a la vez que se efectúa la construcción del yo-personal, se traslada al entorno-social-próximo ese bagaje de competencias, actitudes-valores que se han hilvanado mediante las nociones éticas (y, por tanto, carentes de ingeniería social) con el objeto de conocerse y reconocerse consigo, con otro y demás; ayudar a comprender que su identidad no es estática, para llegar a aprender a vivir en una sociedad plural.
Esto exige más que debatir si es así o asá. Pues habría que trabajar tales competencias de EpC implicándose docentes y discentes, incorporando situaciones de ciudadanía reales. Lo cual requiere emplear todos los recursos posibles y disponibles, aportando soluciones creativas. Por tanto, más que añadir compartimentos estancos -y problematizadores- hay que flexibilizar el currículo, de modo que no tenga un enfoque analítico y estanco. Me atrevo a aconsejar que, más que tocar estructuras (hay con esto peligro de que el edificio se derrumbe), desarrollar competencias. Tales capacidades humanas son transversales (no temas), lo que implica trascender la mera enseñanza de nociones.
LP
* Salvador Peiró i Gregori es profesor titular de la Universidad de Alicante, Dpto. de Sociología y teoría de la Educación »www.dste.ua.es/profesorado/peiro/
Las sociedades democráticas necesitan ciudadanos... reflexivos, miembros conscientes y activos de su sociedad
Valencia 03.12.08 (LAS PROVINCIAS)Educación para la Ciudadanía y los Derechos Humanos, que es el nombre como en otras ocasiones, y para diversos fines, se llamó la asignatura EpC, es de gran actualidad. Resulta harto complicado apelar para certificarlo a notas de prensa, artículos de opinión, conferencias, manifestaciones, debates en las cámaras de representantes políticos, objeciones de conciencia, resoluciones de los Tribunales de Justicia al respecto, mesas mixtas, etc.
Ante la situación, tan crítica, en conciencia hay que trasladar a este medio lo que pienso como docente e investigador sobre los modelos de educar, que ahora se proponen con EpC. Anticipé en su momento y en esta página, hace más de un año, que las propuestas y las soluciones son poco positivas para los estudiantes. Del enfoque ministerial, que concretaba mediante su web y con la oferta de materiales para desarrollar EpC, ya hablé negando la educatividad de tal resolución administrativa.
Si la premisa es que la sociedad está enferma, descohesionada y que esto tiene malas consecuencias, a saber: violencia, indisciplina, etc. Si la igualdad legal no es suficiente (sic), la solución que se formula es sólo cohesionarla mediante una nueva ética, a instaurar con la nueva asignatura EpC, esto se identifica con proponer un ideario común para todos.
Pero, con el fin de mostrar qué es educar para ser buenos ciudadanos en un futuro, es necesario responder a la pregunta: ¿qué es EpC? Esto nos lleva a conocer que ejercer la ciudadanía implica participar de forma activa en los asuntos de la ciudad (polis: asociaciones, vecindad, ayuntamientos, diputaciones, autonomías, la nación...). Esta polis es un espacio social, cultural, económico, político, de convivencia, que no es excluyente de nadie. Un ciudadano es quien toma parte en lo que acontece y puede dar cuenta de ello. Pero, además, también debemos referirnos a la ciudadanía global, cuyos problemas nos atañen. En este sentido, las sociedades democráticas necesitan ciudadanos... reflexivos respecto de los grandes temas que en estas se suscitan, constructores de su propia opinión que sean miembros conscientes y activos de su sociedad, conocedores de sus derechos y deberes.
Desde nuestra tradición histórica, los estudios se han organizado alrededor de asignaturas. Pero, por las investigaciones sobre la mejor forma de aprender, así como la evitación de los totalitarismos, se han efectuado propuestas para desarrollar de la mejor manera los planes de estudio. Como EpC se ha pensado desde la racionalidad dialéctica, hemos de considerar qué efecto han tenido los modelos emergentes de este enfoque. Uno consiste en enseñar los aspectos éticos de la ciudadanía (1) ocasionalmente: el motivo son los sucesos y circunstancias de clase, del centro, de la calle, etc. (extraescolares). Kolhberg la desarrolló y sus efectos son de difícil evaluación. Otros la enfocaban como (2) asignatura paralela: es el enfoque actual del Ministerio, que obliga a las CC. AA. Oser y Schläfli (1985) organizaron cursos especiales intra y extraescolares. Pretendían motivar a los estudiantes en lo socio-moral. Se centraban en ciertos valores predeterminados. La experiencia fue positiva sólo en FP; deja que desear en las escuelas. La (3) consiste en organizarla como tema transversal (recordemos la Logse), así se enfoca el contenido como "encimas" dentro de las asignaturas fuertes (Ciencias Sociales, Naturales, Religión, Filosofía, Historia...). Kohlberg y Oser las ensayaron (1987), pero sin orientarlas como formación ético-moral. Sin embargo, la actual LOE las eliminó porque no dieron frutos. Otra manera se basaba en un (4) enfoque total, globalizado: es un modelo llamado "just community" (analogía con Summerhill o los Kibbutzim), a modo de escuelas ejemplares en lo moral (Kohlberg, 1981 y 1985; Power, 1985). No se trata de internados con la intención de enseñar una moral y valores con la pretensión de que los escolares aprendan lo que está bien de lo que es malo. No obstante, este enfoque no deja de tener inclinaciones a absolutizar esos estilos de vida debido a su holismo.
Pero las recientes investigaciones nos dicen que la ciudadanía no consiste sólo en saber (no es lo mismo sacar un sobresaliente en paz que comportarse pacíficamente), la ciudadanía se demuestra al comportarse con madurez en la ciudad (McIntyre). Esto significa que hay que tener ciertas competencias. Un trabajo francés del 2000 nos menciona una descripción de competencia: capacidad de actuar eficazmente en un tipo definido de situaciones, tal capacidad se apoya en los conocimientos, pero no se agota en ellos, es un saber hacer de alto nivel que implica usar a tope las capacidades, tales aptitudes son válidas para solventar un gran número de problemas, la competencia permite afrontar una situación singular y compleja, construyendo una respuesta, de entre un abanico de posibilidades, pero sin forzar nuestra conducta. Por lo cual, podemos comprender que saber algo no nos garantiza el ser ciudadano. Para valorar lo que acabo de decir, reflexiones sobre estas competencias: Informarse. Comunicar. Anticipar. Inventar. Negociar. Decidir. Imaginar. Cooperar. Evaluar. Asumir riesgos. Afrontar la complejidad. Analizar necesidades. Llevar a cabo proyectos, etcétera.
Por esto cabe un quinto modelo. Este tiende a educar el carácter. Lickona (1996) propone que los profesores y los centros docentes cuiden el ejemplo, usar explicaciones que promuevan la reflexividad, mejorar el clima moral de la institución docente, vivir las virtudes con experiencia y procurar la excelencia en el rendimiento escolar de docentes y discentes.
Como se desprende de lo anterior, no sólo habría que hacer aprender de memoria nociones, ni se trata de un mero "entrenar", sino que se debería formar para que cada cual se autocontrole y alcance autonomía, hemos de implicar las competencias con las nociones. Así tenemos un proceso cíclico que (I) comienza con una transversalidad en competencias (no en temas, como la Logse): espíritu crítico, argumentación... empleando la información con debate dialógico, solución de conflictos, etc. Es decir: aprender nociones sobre ciudadanía mediante, no necesariamente, una materia específica (defiendo más una ética sistemática que estas "novedades"). Luego (II) se ha de vivir lo aprendido en el seno escolar. Para esto, todas las actividades, materias... habrían de poner en acción los valores y competencias ciudadanas entablando el compromiso intraescolar, comunitario... con relación a resolver los problemas, incluso conflictos, que surgiesen. Aquí cabe abrir el currículo hacia materias trascendentes: filosofía y/o religión. Posteriormente (III), a la vez que se efectúa la construcción del yo-personal, se traslada al entorno-social-próximo ese bagaje de competencias, actitudes-valores que se han hilvanado mediante las nociones éticas (y, por tanto, carentes de ingeniería social) con el objeto de conocerse y reconocerse consigo, con otro y demás; ayudar a comprender que su identidad no es estática, para llegar a aprender a vivir en una sociedad plural.
Esto exige más que debatir si es así o asá. Pues habría que trabajar tales competencias de EpC implicándose docentes y discentes, incorporando situaciones de ciudadanía reales. Lo cual requiere emplear todos los recursos posibles y disponibles, aportando soluciones creativas. Por tanto, más que añadir compartimentos estancos -y problematizadores- hay que flexibilizar el currículo, de modo que no tenga un enfoque analítico y estanco. Me atrevo a aconsejar que, más que tocar estructuras (hay con esto peligro de que el edificio se derrumbe), desarrollar competencias. Tales capacidades humanas son transversales (no temas), lo que implica trascender la mera enseñanza de nociones.
LP
* Salvador Peiró i Gregori es profesor titular de la Universidad de Alicante, Dpto. de Sociología y teoría de la Educación »www.dste.ua.es/profesorado/peiro/







