"Hay gente que vive eternamente en la 'edad del pavo', incluso con sesenta años", afirma el sociólogo Javier Elzo, quien acaba de publicar un libro en el que retrata a los adolescentes de hoy en día
· "Dinero, preservativo y fiesta" son los grandes iconos de los adolescentes, junto a otros, como el móvil o determinadas prendas de vestir.
A.R., 16 de diciembre de 2008 VITORIA (NDAlava)
ENTRE mis amigas y yo nos hemos follado a media ciudad. A veces competimos por ver quién es la más guarra. Follar es bueno y natural". No es de extrañar que este testimonio, protagonizado por una chica de 16 años que estudia en un colegio religioso, sea, entre cientos, el que más ha impactado al sociólogo vasco Javier Elzo. "Me sorprendió por el desgarramiento, por la forma en como lo dice", admite el autor de La voz de los adolescentes (editorial PPC), un libro en el que hinca el trinchador a la edad del pavo , en la que se ha quedado anclado más de un sesentón.
AL TAJO CON 16 AÑOS
"Deben saber que una cerveza cuesta 30 minutos de trabajo"
Conscientes de que el paso a la edad adulta viene cargado de problemas y responsabilidades, los adolescentes de hoy en día estiran su condición de tales hasta tal punto que, según dice Javier Elzo, "hay gente que vive eternamente en la edad del pavo, incluso con sesenta años". Para detectarlos, bastan un par de claves. "Los adolescentes no piensan en el futuro, viven siempre en el presente, haciendo lo que les apetece en cada momento y sin pensar en las consecuencias. Es la lógica del nahi dut (quiero)", resume el catedrático de Sociología de la Universidad de Deusto, quien añade que "puedes encontrar a un sesentón que vive en un permanente nahi dut y nunca da el paso a la edad adulta y se plantea el behar dut (debo)".
Para prevenir este estancamiento y empujar a los adolescentes en su empinada cuesta hacia la edad adulta, Elzo considera necesario que sumerjan, aunque sólo sea la punta de los pies, en el mercado laboral, para que sepan lo que vale un peine. "En el momento en que tengan edad laboral, los jóvenes tienen que empezar a trabajar, estudien o no. Tienen que saber que cuando se toman una cerveza les ha costado 30 minutos de trabajo. Eso es fundamental", subraya, al tiempo que aporta algunas ideas para quienes pongan como excusa el instituto. "Un sábado a la noche hay trabajo seguro o en un velador un domingo por la mañana", sugiere.
NIDOS VACÍOS Y ABUELAS ESCLAVAS
"Nunca han tenido tantos medios y han crecido tan solos"
Rodeados de nuevas tecnologías, a los adolescentes actuales lo que les hace falta cuando llegan a casa, más que con quién chatear, es una figura paterna. "El hecho de que la mujer haya salido de casa sin que el hombre haya entrado ha dado lugar a los nidos vacíos y las abuelas esclavas ", describe Elzo, con apenas una palabras, el panorama. La denominada generación llavero -chavales que, ante la ausencia de los padres, llevan en la mochila, junto al móvil, las llaves de casa- ha adquirido, con el paso de los años, nuevas cargas. "Cuando tienen ya una cierta edad, no solamente van con la llave, sino también con la cesta de la compra. Se les dice: Oye, cuando salgas del colegio pasa un momento por el supermercado, que no hay nada, y trae media docena de huevos o unos filetes . Eso también está ocurriendo", relata este catedrático, antes de asomarse a la mirilla de la puerta para ver qué hacen los adolescentes, una vez echan el cerrojo, al otro lado. "Hace unos años veían la serie Al salir de clase . Ahora es el chat, el messenger, el móvil...", cita Elzo, para quien "nunca juventud alguna ha tenido tantos medios, pedagogos y psicólogos como la actual y ha crecido tan sola".
A pesar de que se abre ante ellos un abanico infinito de posibilidades, este sociólogo asegura que "es mucho más difícil ser adolescente ahora que hace treinta años". La explicación no se hace esperar. "Antes, si tu padre era tornero, sabías que te esperaba ser tornero y poco más. Hoy en día un chaval tiene el mundo abierto, puede hacer prácticamente lo que quiera, y eso hace que sea más incierto e inseguro. Para ellos la cosa es mucho más complicada". Más, si cabe, si carecen de referente al que imitar.
CORREGIR EN VEZ DE SANCIONAR
"Hemos pasado del sopapo y el reglazo a la permisividad total"
Por increíble que parezca -cualquiera diría que lo hacen por llevar la contraria-, los adolescentes reclaman "más disciplina". Pero no de la que se aplicaba antaño, a base de collejas y orejas de burro. "Antes se decía: la letra con sangre entra y es verdad que se han dado muchos sopapos. Por supuesto que hay que eliminar el castigo físico, pero hemos pasado del sopapo y de que te dieran en la mano con la regla a la permisividad total", señala Elzo.
Desechados los pellizcos y la tortuosa práctica de arrodillarse con los brazos en cruz, la indulgencia se apoderó de las aulas. "En los años ochenta hubo una mala comprensión de la escuela liberadora, de Summerhill, en la cual se quería eliminar todo tipo de sanción y disciplina, y ahora eso nos está costando Dios y ayuda", admite. En las casas la situación era similar. "La generación que ahora tiene 35, 45 ó 50 años, tras salir de un régimen de falta de libertades, creció con el ideal de prohibido prohibir . Ahora se encuentran con que no saben qué hacer con sus hijos", explica.
Aunque "no hay recetas", Elzo tiene claro que hay que poner límites a los adolescentes y tratar de que rectifiquen cuando los sobrepasan con sus zapatillas aerodinámicas. "El castigo bueno es el razonado y corrector, en el cual se le hace ver de buenas formas, pero con contundencia, que lo que ha hecho está mal y que es necesario que haga alguna cosa, relacionada con su falta, para corregirla". Para muestra, un botón. "Un chaval que llega tarde va a tener que demostrar al día siguiente que es capaz de venir una hora antes de la prevista", pone como ejemplo. Si llega con una copa de más, "es preciso hablar con él y, si se repite, no se puede transigir", afirma tajante. No obstante, aclara, "la solución no está en que se quede en casa, ni aunque sea leyendo a Kant y oyendo a Bach. Un chaval tiene que estar en la calle y divertirse con sus amigos y, si un día se pasa, ahí están los padres para hacerle ver: muchacho, ¡ojo!".
EL 90% HA PROBADO EL ALCOCHOL
"Tenemos que enseñarles a beber en casa"
En una sociedad en la que "el alcohol está presente y forma parte de nuestra cultura" pretender que la juventud sea abstemia es poco menos que una utopía. "Es una hipocresía decir que hay que enseñarles a no beber porque el 90% ha bebido alguna vez y no solamente los jóvenes, sino también una proporción muy grande de mayores. Si no quieren beber, ¡magnífico!, yo tengo alrededor gente de mi familia que no bebe nada, pero me sobran dedos de la mano", afirma. Con los datos encima de la mesa -el 65% de los jóvenes consume alcohol de forma habitual- Elzo apela al pragmatismo. "La inmensa mayoría bebemos. Entonces, no seamos hipócritas, tenemos que enseñarles a beber. ¿Dónde? Pues en casa. No vamos a hacer un curso en la universidad", ironiza.
Para que no haya lugar a malentendidos y nadie monte en su salón una cata de vino o una degustación de ron, Elzo aclara que "enseñarles a beber es hacerles ver que no por beber más se lo van a pasar mejor, que va a haber un momento en que van a perder absolutamente el control de sí mismos y no van a ser personas libres, sino esclavos de un producto, que es la cosa más estúpida que se puede ser". Conocedor desde hace muchos años de los malos hábitos de la juventud, no por ello dejan de impresionarle. "¿Cómo es posible que hayamos llegado a una situación en la cual a muchos les parece absolutamente normal emborracharse para pasarlo bien? Eso es lo que hay que cambiar", subraya. Para ilustrarlo, relata el caso de "una chica vasca de 13 años que para emborracharse sin oler a alcohol y que la dejaran pasar en los sitios, se puso un támpax inundado de alcohol y acabó con un coma etílico. Buscaba emborracharse y lo hizo de esa manera para eludir los controles, que son necesarios, pero no bastan", puntualiza. Como contrapartida, algunos adolescentes están empezando a hacer botellones con poco alcohol e incluso sin él, aunque "desgraciadamente son pocos".
DEL SEXO ES MALO, AL 'PÓNTELO'
"Siguen los roles del macho conquistador y la chavala fiel"
Aquí te pillo, aquí te mato . Buena parte de los jóvenes son partidarios de mantener relaciones sexuales siempre que les apetezca y haya un preservativo de por medio. A veces, ni eso. "Si no ha habido unos prolegómenos, unos entornos, unas circunstancias, los mismos chavales dicen que muchas veces ni siquiera son capaces de ponerse el condón por la euforia del momento o porque tienen una copa de alcohol de más", explica el sociólogo. Puestos a indagar en por qué, urgidos por el apretón , no reparan en los sentimientos, Elzo lo achaca a que "no ha habido una cultura sexual". "Se ha pasado de la idea de que el sexo es peligroso, malo y hay que dejarlo solamente para el matrimonio a la idea del póntelo, pónselo , sin más. Hay que utilizar el preservativo y potenciarlo, pero no basta con decir eso. El sexo es mucho más que una descarga genital. Además de eso, hay un entorno de cariño, de ternura, de afecto", dice.
En lo que poco o nada han cambiado los adolescentes de hoy en día con respecto a los de pasadas generaciones es en la arraigada convicción de que "sólo las chicas deben ser castas o casi". "No sé si va a ser así toda la vida, pero es evidente que los roles sexuales del macho conquistador y de la chavala fiel siguen los estereotipos al cien por cien. Es verdad que hay algunas chicas desvergonzadas o liberadas que de pronto dicen: yo me he follado a media ciudad y el sexo es bueno y natural y punto . Igual que un chico. Pero ¿eso es una liberación, es una ventaja, es un progreso?".
TESTIMONIOS
Callan el acoso para no dañar a los padres
Acostumbrados a que asuman a regañadientes sus órdenes y les critiquen por no recargarles el móvil o limitarles el horario de salida, los padres no dejan de sorprenderse cuando descubren que son valorados positivamente por la inmensa mayoría de los adolescentes. "No solamente eso, sino que los chavales reconocen que a veces son injustos con ellos", explica el sociólogo Javier Elzo. Más alarmante es, en su opinión, el hecho de que algunos "ocultan sus problemas a sus padres para no preocuparles demasiado porque les ven agobiados, desnortados y con dificultades de situarse en la vida". De hecho, añade, "hay chavales que están padeciendo bullying y que no lo cuentan en su casa. Lo llevan en silencio porque temen hacer daño a sus padres". Aunque son minoría, también hay adolescentes que amenazan y maltratan físicamente a sus progenitores, sobre todo a las madres. "Esos son los que son noticia", apunta el catedrático de la Universidad de Deusto. "Yo conozco a madres que me han dicho: ¿Qué hago yo con mi hijo que me amenaza con un cuchillo? Eso lo he conocido, veo la cara de angustia de esa mujer", rememora. www.noticiasdealava.com
"La gente tiene derecho a decidir si quiere seguir viviendo gracias a cuatro máquinas"
"Puedes estar delgada haciendo ejercicio y comiendo bien, no vomitando ni haciendo chorradas"
"Me parece mal que la chica defienda a su novio después de lo que el profesor Neira hizo por ella"
DEIA, PAIS VASCO
A priori asustan, pero tras hablar con ellos uno descubre que bajo sus flequillos 'centrifugados' y miradas entre infantiles y pícaras no hay sino unos chavales que lo mismo proponen repartir el sueldo del Rey que endurecer las penas para los menores.
UnA se cita por primera vez con una veintena de adolescentes y, para qué nos vamos a engañar, le tiemblan las canillas. Tras dos horas de conversación, salpicadas de risas flojas, cuchicheos y algún que otro vacile, resulta que no hay nada que temer. Bajo esos flequillos centrifugados y esas miradas entre pícaras e infantiles, no hay sino unos chavales bastante informados que lo mismo proponen repartir el sueldo de la Familia Real entre los pobres que endurecer las penas para los asesinos menores de edad.
La adolescencia
"Me independizaría ya porque los padres son muy pesados"
No hay nada más adolescente, junto con los bigotillos, las primeras curvas y el acné, que los arranques de rebeldía. Para muestra, el botón con el que rompe el hielo Xabi del Río, un chaval de pocas pero reveladoras palabras. "Si pudiese, me independizaría ahora mismo porque los padres son muy pesados", se lanza, entre las risas cómplices de sus compañeros. "Están todo el rato: Estudia, haz los deberes, vuelve a estudiar. Estudiar está bien, pero no todo el rato", matiza este joven de constitución delgada que quiere ser diseñador gráfico.
También Urtzi Balanzategi, un rubiales al que le encantaría ir a un concierto de AC/DC, parece tener prisa por volar del nido. "¿Irme de casa? A los 16 o así. Cuanto antes, mejor", acierta a decir cuando recupera el habla, tras el típico ataque de risa. "¿Y dónde vas a vivir si no tienes dinero? ¿Debajo de un puente?", le hace aterrizar en la realidad Lore Billelabeitia, una joven de voz dulce y en apariencia prudente que, al igual que Urtzi, tiene pensado estudiar Arquitectura.
Sentados en torno a una mesa, en la biblioteca del Instituto de Mungia, este puñado de catorceañeros dice preocuparse por los estudios, ir de fiesta, los amigos y la familia. Alazne añade el físico a la lista, aunque tiene claro que no haría cualquier cosa por mantener la línea. "No comer me parece una tontería. Puedes estar delgada haciendo ejercicio y comiendo bien, no vomitando ni haciendo esas chorradas", opina, al tiempo que Lore recuerda a una amiga que tuvo anorexia. "En la escuela nos daban salchichas y les quitaba la grasa con un papel o las escondía de cualquier manera. Ahora ya se le ha pasado", afirma.
Los ídolos y el móvil
"Podría vivir sin el teléfono móvil, pero muy estresado"
Puestos a dejar volar la imaginación, a la mayoría le gustaría conocer en persona a algún músico, actor o deportista. Asier, en cambio, no parece tener ídolos, pese a las sugerencias de sus compañeros. "Di Obama", le propone uno. "O Txema, el amigo imaginario de Xabi", bromea otro y estallan en risas. Mientras Asier se lo piensa, el resto fantasea con hacer la maleta rumbo a una isla desierta. "Yo me llevaría a un amigo, comida y...", se queda pensativa Lore. "¡Y a Txema!", insiste uno de sus compañeros, sacando a relucir al colega imaginario que tanta gracia les hace por segunda vez. Quien no tiene duda de qué metería en su equipaje es Txomin Iragorri, un chaval bastante sensato. "Llevaría un teléfono móvil para llamar a cualquiera. Es que sin móvil hoy en día...", señala, sin reparar en que, por más que se encarame a un cocotero, es poco probable que tenga cobertura.
Tras admitir su "dependencia" -"podría vivir sin el teléfono móvil, pero muy estresado", confiesa- Txomin censura a quien lo utiliza para grabar palizas. "No veo normal que se estén pegando dos y lo primero que hagas sea sacar el móvil para grabarlo. Si te metes en internet, tienes mil vídeos", afirma este joven seguidor de Valentino Rossi, el piloto de MotoGP.
'Messenger' y los videojuegos
"Si pones tus fotos en internet, igual luego te raptan"
Enganchados al messenger y los blogs, donde cuelgan "fotos, canciones y vídeos", todos son conscientes de que en internet pueden encontrar amistades peligrosas. "Si pones tus fotos, igual luego te raptan", plantea uno de ellos temeroso, mientras que Janire Osa, todo un torrente de vitalidad, cree que lo verdaderamente arriesgado es "quedar con desconocidos". "La mayoría de veces, cuando te agrega en el messenger alguien que no conoces, empieza a decir chorradas, pero le borras y ya está", zanja, sabedora de que está a salvo con sólo cliquear el ratón. Con las amigas, dice, habla de "cotilleos o de a qué hora quedamos". "O de qué me pongo para mañana", hace de apuntador un chaval, mientras ellas se rinden a la evidencia y sonríen.
Pese a los temores paternos -que, como algunas variables, suelen tender a infinito-, los aficionados a los videojuegos aseguran saber distinguir perfectamente ficción y realidad. "Y el que no sepa, qué tonto es, porque no vas a empezar a matar a gente por la calle creyendo que son marcianos", señala Urtzi, antes de ser poseído de nuevo por la risa floja. Txomin, en cambio, reconoce que algunos chavales sí que imitan a sus personajes preferidos. "No vas a ir con una escopeta pegando tiros, pero yo sí he visto a gente pegándose como si fueran los luchadores de Pressing Catch y acaban haciéndose daño de verdad", da fe.
Menores asesinos
"Es injusto que mates a alguien y te juzguen como a un niño"
Hecha la radiografía de lo que, a grandes rasgos, comparten buena parte de los adolescentes, las discrepancias saltan a la palestra cuando se ponen a analizar la actualidad. Informados de los últimos casos de asesinatos cometidos por menores, Urtzi dice que les enviaría a "un correccional porque no puedes matar así como así", mientras que Janire se muestra más implacable. "Yo les juzgaría como a un adulto. Con catorce años ya tienes suficiente mentalidad como para saber lo que haces y que por matar a una persona te juzguen como a un niño y te pongan sólo dos años o así de correccional, cuando a los mayores les ponen muchos más años, no me parece justo porque hay una persona muerta en los dos casos", argumenta. También Lore "los metería en la cárcel porque con catorce años ya puedes pensar que no hay que matar a nadie".
De repente a Txomin se le vienen a la cabeza el caso del "chaval que entró al instituto y empezó a matar a profesores y alumnos" y el del que "mató a su madre". "Pero ése era esquizofrénico", matiza Lore. "Bueno, pero la madre ya había puesto más de una denuncia y la policía, hasta que el chaval no hace nada, no le detienen. Por esa regla de tres, seguirá pasando lo mismo. Si estoy amenazando de muerte a la gente y no se hace nada...", se lamenta.
Violencia machista
"En muchos casos denuncian maltratos y terminan muertas"
La excepción que confirma la regla es Aritz Jauregizar, un chaval al que le "aburre" el messenger y que abre la espita de las acusaciones cuando se le pregunta por el caso del profesor Neira. "La chica es una sinvergüenza. Yo creo que está defendiendo al novio para sacar dinero porque le dan 72.000 euros o así por ir a La Noria. Se está forrando sólo por mentir y por defender a uno que casi mata a una persona", reprueba. "Igual la mujer está mal", le da alguien el beneficio de la duda. "Pues que vaya a un psiquiatra. A ti cuando te dicen: Si dices algo, te voy a matar, estás como nervioso. No estás ahí todo tranquilo, defendiéndole", se mantiene firme Aritz.
Descartada la posibilidad, sugerida por una chica, de que el agresor y su novia "lo tuvieran todo montado", Tomás coincide con su compañero. "Me parece bastante mal que la chica defienda a su novio, después de lo que el profesor Neira hizo por ella. Se está enriqueciendo a costa de los programas de la tele", reitera. "A lo mejor la tiene amenazada", vuelve a retomar una chica el debate. "Pero eso se habla con el juez y muchas veces te ponen guardaespaldas", dice Txomin, aunque Janire no las tiene todas consigo. "En mogollón de casos ha habido mujeres que han denunciado maltratos, se les ha puesto una orden de alejamiento y han terminado muertas. Ella no va a tener encima a un policía para ver que se está cumpliendo esa orden", advierte. Consciente de que esa medida de protección "no sirve para nada", Txomin propone que se "encierre" a los maltratadores y "se les intente curar, como se hace con los drogadictos, para luego reinsertarles".
Eutanasia
"Para un chaval tiene que ser duro decidir si morir o vivir"
Convencido de que "la gente tiene derecho a decidir si quiere seguir viviendo gracias a cuatro máquinas", Txomin no lo tiene tan claro en el caso de la niña inglesa que ha rechazado un trasplante de corazón para poder morir dignamente. "No me parece que tenga la edad suficiente como para decidir sobre ella. Para un chaval de nuestra edad tiene que ser muy duro decidir si morir o vivir, pero si hay una operación, ¿por qué te vas a morir? Habiendo una oportunidad, se le puede operar y luego ya, si sale mal, se le da la opción", reflexiona sobre la marcha. De su misma opinión es Tomás, quien se muestra partidario de intervenirla porque "tiene toda la vida por delante". Las chicas, en cambio, respetarían la decisión de la pequeña. "Esa niña lleva muchísimos años sometiéndose a operaciones y terapias. Es lo suficientemente madura para decidir lo que quiere hacer", defiende Olaia Elorriaga. Aunque Janire también acataría la opinión de la niña porque "es consciente de lo que quiere", ella no actuaría igual. "Yo me operaría porque, aunque tengas que ir a médicos, vives y disfrutas".
DEIA
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A.R., 16 de diciembre de 2008 VITORIA (NDAlava)
ENTRE mis amigas y yo nos hemos follado a media ciudad. A veces competimos por ver quién es la más guarra. Follar es bueno y natural". No es de extrañar que este testimonio, protagonizado por una chica de 16 años que estudia en un colegio religioso, sea, entre cientos, el que más ha impactado al sociólogo vasco Javier Elzo. "Me sorprendió por el desgarramiento, por la forma en como lo dice", admite el autor de La voz de los adolescentes (editorial PPC), un libro en el que hinca el trinchador a la edad del pavo , en la que se ha quedado anclado más de un sesentón.
AL TAJO CON 16 AÑOS
"Deben saber que una cerveza cuesta 30 minutos de trabajo"
Conscientes de que el paso a la edad adulta viene cargado de problemas y responsabilidades, los adolescentes de hoy en día estiran su condición de tales hasta tal punto que, según dice Javier Elzo, "hay gente que vive eternamente en la edad del pavo, incluso con sesenta años". Para detectarlos, bastan un par de claves. "Los adolescentes no piensan en el futuro, viven siempre en el presente, haciendo lo que les apetece en cada momento y sin pensar en las consecuencias. Es la lógica del nahi dut (quiero)", resume el catedrático de Sociología de la Universidad de Deusto, quien añade que "puedes encontrar a un sesentón que vive en un permanente nahi dut y nunca da el paso a la edad adulta y se plantea el behar dut (debo)".
Para prevenir este estancamiento y empujar a los adolescentes en su empinada cuesta hacia la edad adulta, Elzo considera necesario que sumerjan, aunque sólo sea la punta de los pies, en el mercado laboral, para que sepan lo que vale un peine. "En el momento en que tengan edad laboral, los jóvenes tienen que empezar a trabajar, estudien o no. Tienen que saber que cuando se toman una cerveza les ha costado 30 minutos de trabajo. Eso es fundamental", subraya, al tiempo que aporta algunas ideas para quienes pongan como excusa el instituto. "Un sábado a la noche hay trabajo seguro o en un velador un domingo por la mañana", sugiere.
NIDOS VACÍOS Y ABUELAS ESCLAVAS
"Nunca han tenido tantos medios y han crecido tan solos"
Rodeados de nuevas tecnologías, a los adolescentes actuales lo que les hace falta cuando llegan a casa, más que con quién chatear, es una figura paterna. "El hecho de que la mujer haya salido de casa sin que el hombre haya entrado ha dado lugar a los nidos vacíos y las abuelas esclavas ", describe Elzo, con apenas una palabras, el panorama. La denominada generación llavero -chavales que, ante la ausencia de los padres, llevan en la mochila, junto al móvil, las llaves de casa- ha adquirido, con el paso de los años, nuevas cargas. "Cuando tienen ya una cierta edad, no solamente van con la llave, sino también con la cesta de la compra. Se les dice: Oye, cuando salgas del colegio pasa un momento por el supermercado, que no hay nada, y trae media docena de huevos o unos filetes . Eso también está ocurriendo", relata este catedrático, antes de asomarse a la mirilla de la puerta para ver qué hacen los adolescentes, una vez echan el cerrojo, al otro lado. "Hace unos años veían la serie Al salir de clase . Ahora es el chat, el messenger, el móvil...", cita Elzo, para quien "nunca juventud alguna ha tenido tantos medios, pedagogos y psicólogos como la actual y ha crecido tan sola".
A pesar de que se abre ante ellos un abanico infinito de posibilidades, este sociólogo asegura que "es mucho más difícil ser adolescente ahora que hace treinta años". La explicación no se hace esperar. "Antes, si tu padre era tornero, sabías que te esperaba ser tornero y poco más. Hoy en día un chaval tiene el mundo abierto, puede hacer prácticamente lo que quiera, y eso hace que sea más incierto e inseguro. Para ellos la cosa es mucho más complicada". Más, si cabe, si carecen de referente al que imitar.
CORREGIR EN VEZ DE SANCIONAR
"Hemos pasado del sopapo y el reglazo a la permisividad total"
Por increíble que parezca -cualquiera diría que lo hacen por llevar la contraria-, los adolescentes reclaman "más disciplina". Pero no de la que se aplicaba antaño, a base de collejas y orejas de burro. "Antes se decía: la letra con sangre entra y es verdad que se han dado muchos sopapos. Por supuesto que hay que eliminar el castigo físico, pero hemos pasado del sopapo y de que te dieran en la mano con la regla a la permisividad total", señala Elzo.
Desechados los pellizcos y la tortuosa práctica de arrodillarse con los brazos en cruz, la indulgencia se apoderó de las aulas. "En los años ochenta hubo una mala comprensión de la escuela liberadora, de Summerhill, en la cual se quería eliminar todo tipo de sanción y disciplina, y ahora eso nos está costando Dios y ayuda", admite. En las casas la situación era similar. "La generación que ahora tiene 35, 45 ó 50 años, tras salir de un régimen de falta de libertades, creció con el ideal de prohibido prohibir . Ahora se encuentran con que no saben qué hacer con sus hijos", explica.
Aunque "no hay recetas", Elzo tiene claro que hay que poner límites a los adolescentes y tratar de que rectifiquen cuando los sobrepasan con sus zapatillas aerodinámicas. "El castigo bueno es el razonado y corrector, en el cual se le hace ver de buenas formas, pero con contundencia, que lo que ha hecho está mal y que es necesario que haga alguna cosa, relacionada con su falta, para corregirla". Para muestra, un botón. "Un chaval que llega tarde va a tener que demostrar al día siguiente que es capaz de venir una hora antes de la prevista", pone como ejemplo. Si llega con una copa de más, "es preciso hablar con él y, si se repite, no se puede transigir", afirma tajante. No obstante, aclara, "la solución no está en que se quede en casa, ni aunque sea leyendo a Kant y oyendo a Bach. Un chaval tiene que estar en la calle y divertirse con sus amigos y, si un día se pasa, ahí están los padres para hacerle ver: muchacho, ¡ojo!".
EL 90% HA PROBADO EL ALCOCHOL
"Tenemos que enseñarles a beber en casa"
En una sociedad en la que "el alcohol está presente y forma parte de nuestra cultura" pretender que la juventud sea abstemia es poco menos que una utopía. "Es una hipocresía decir que hay que enseñarles a no beber porque el 90% ha bebido alguna vez y no solamente los jóvenes, sino también una proporción muy grande de mayores. Si no quieren beber, ¡magnífico!, yo tengo alrededor gente de mi familia que no bebe nada, pero me sobran dedos de la mano", afirma. Con los datos encima de la mesa -el 65% de los jóvenes consume alcohol de forma habitual- Elzo apela al pragmatismo. "La inmensa mayoría bebemos. Entonces, no seamos hipócritas, tenemos que enseñarles a beber. ¿Dónde? Pues en casa. No vamos a hacer un curso en la universidad", ironiza.
Para que no haya lugar a malentendidos y nadie monte en su salón una cata de vino o una degustación de ron, Elzo aclara que "enseñarles a beber es hacerles ver que no por beber más se lo van a pasar mejor, que va a haber un momento en que van a perder absolutamente el control de sí mismos y no van a ser personas libres, sino esclavos de un producto, que es la cosa más estúpida que se puede ser". Conocedor desde hace muchos años de los malos hábitos de la juventud, no por ello dejan de impresionarle. "¿Cómo es posible que hayamos llegado a una situación en la cual a muchos les parece absolutamente normal emborracharse para pasarlo bien? Eso es lo que hay que cambiar", subraya. Para ilustrarlo, relata el caso de "una chica vasca de 13 años que para emborracharse sin oler a alcohol y que la dejaran pasar en los sitios, se puso un támpax inundado de alcohol y acabó con un coma etílico. Buscaba emborracharse y lo hizo de esa manera para eludir los controles, que son necesarios, pero no bastan", puntualiza. Como contrapartida, algunos adolescentes están empezando a hacer botellones con poco alcohol e incluso sin él, aunque "desgraciadamente son pocos".
"Siguen los roles del macho conquistador y la chavala fiel"
Aquí te pillo, aquí te mato . Buena parte de los jóvenes son partidarios de mantener relaciones sexuales siempre que les apetezca y haya un preservativo de por medio. A veces, ni eso. "Si no ha habido unos prolegómenos, unos entornos, unas circunstancias, los mismos chavales dicen que muchas veces ni siquiera son capaces de ponerse el condón por la euforia del momento o porque tienen una copa de alcohol de más", explica el sociólogo. Puestos a indagar en por qué, urgidos por el apretón , no reparan en los sentimientos, Elzo lo achaca a que "no ha habido una cultura sexual". "Se ha pasado de la idea de que el sexo es peligroso, malo y hay que dejarlo solamente para el matrimonio a la idea del póntelo, pónselo , sin más. Hay que utilizar el preservativo y potenciarlo, pero no basta con decir eso. El sexo es mucho más que una descarga genital. Además de eso, hay un entorno de cariño, de ternura, de afecto", dice.
En lo que poco o nada han cambiado los adolescentes de hoy en día con respecto a los de pasadas generaciones es en la arraigada convicción de que "sólo las chicas deben ser castas o casi". "No sé si va a ser así toda la vida, pero es evidente que los roles sexuales del macho conquistador y de la chavala fiel siguen los estereotipos al cien por cien. Es verdad que hay algunas chicas desvergonzadas o liberadas que de pronto dicen: yo me he follado a media ciudad y el sexo es bueno y natural y punto . Igual que un chico. Pero ¿eso es una liberación, es una ventaja, es un progreso?".
TESTIMONIOS
Callan el acoso para no dañar a los padres
Acostumbrados a que asuman a regañadientes sus órdenes y les critiquen por no recargarles el móvil o limitarles el horario de salida, los padres no dejan de sorprenderse cuando descubren que son valorados positivamente por la inmensa mayoría de los adolescentes. "No solamente eso, sino que los chavales reconocen que a veces son injustos con ellos", explica el sociólogo Javier Elzo. Más alarmante es, en su opinión, el hecho de que algunos "ocultan sus problemas a sus padres para no preocuparles demasiado porque les ven agobiados, desnortados y con dificultades de situarse en la vida". De hecho, añade, "hay chavales que están padeciendo bullying y que no lo cuentan en su casa. Lo llevan en silencio porque temen hacer daño a sus padres". Aunque son minoría, también hay adolescentes que amenazan y maltratan físicamente a sus progenitores, sobre todo a las madres. "Esos son los que son noticia", apunta el catedrático de la Universidad de Deusto. "Yo conozco a madres que me han dicho: ¿Qué hago yo con mi hijo que me amenaza con un cuchillo? Eso lo he conocido, veo la cara de angustia de esa mujer", rememora. www.noticiasdealava.com
Los adolescentes toman la palabra
La vida a los catorce"La gente tiene derecho a decidir si quiere seguir viviendo gracias a cuatro máquinas"
"Puedes estar delgada haciendo ejercicio y comiendo bien, no vomitando ni haciendo chorradas"
"Me parece mal que la chica defienda a su novio después de lo que el profesor Neira hizo por ella"
DEIA, PAIS VASCOA priori asustan, pero tras hablar con ellos uno descubre que bajo sus flequillos 'centrifugados' y miradas entre infantiles y pícaras no hay sino unos chavales que lo mismo proponen repartir el sueldo del Rey que endurecer las penas para los menores.
UnA se cita por primera vez con una veintena de adolescentes y, para qué nos vamos a engañar, le tiemblan las canillas. Tras dos horas de conversación, salpicadas de risas flojas, cuchicheos y algún que otro vacile, resulta que no hay nada que temer. Bajo esos flequillos centrifugados y esas miradas entre pícaras e infantiles, no hay sino unos chavales bastante informados que lo mismo proponen repartir el sueldo de la Familia Real entre los pobres que endurecer las penas para los asesinos menores de edad.
La adolescencia
"Me independizaría ya porque los padres son muy pesados"
No hay nada más adolescente, junto con los bigotillos, las primeras curvas y el acné, que los arranques de rebeldía. Para muestra, el botón con el que rompe el hielo Xabi del Río, un chaval de pocas pero reveladoras palabras. "Si pudiese, me independizaría ahora mismo porque los padres son muy pesados", se lanza, entre las risas cómplices de sus compañeros. "Están todo el rato: Estudia, haz los deberes, vuelve a estudiar. Estudiar está bien, pero no todo el rato", matiza este joven de constitución delgada que quiere ser diseñador gráfico.
También Urtzi Balanzategi, un rubiales al que le encantaría ir a un concierto de AC/DC, parece tener prisa por volar del nido. "¿Irme de casa? A los 16 o así. Cuanto antes, mejor", acierta a decir cuando recupera el habla, tras el típico ataque de risa. "¿Y dónde vas a vivir si no tienes dinero? ¿Debajo de un puente?", le hace aterrizar en la realidad Lore Billelabeitia, una joven de voz dulce y en apariencia prudente que, al igual que Urtzi, tiene pensado estudiar Arquitectura.
Sentados en torno a una mesa, en la biblioteca del Instituto de Mungia, este puñado de catorceañeros dice preocuparse por los estudios, ir de fiesta, los amigos y la familia. Alazne añade el físico a la lista, aunque tiene claro que no haría cualquier cosa por mantener la línea. "No comer me parece una tontería. Puedes estar delgada haciendo ejercicio y comiendo bien, no vomitando ni haciendo esas chorradas", opina, al tiempo que Lore recuerda a una amiga que tuvo anorexia. "En la escuela nos daban salchichas y les quitaba la grasa con un papel o las escondía de cualquier manera. Ahora ya se le ha pasado", afirma.
Los ídolos y el móvil
"Podría vivir sin el teléfono móvil, pero muy estresado"
Puestos a dejar volar la imaginación, a la mayoría le gustaría conocer en persona a algún músico, actor o deportista. Asier, en cambio, no parece tener ídolos, pese a las sugerencias de sus compañeros. "Di Obama", le propone uno. "O Txema, el amigo imaginario de Xabi", bromea otro y estallan en risas. Mientras Asier se lo piensa, el resto fantasea con hacer la maleta rumbo a una isla desierta. "Yo me llevaría a un amigo, comida y...", se queda pensativa Lore. "¡Y a Txema!", insiste uno de sus compañeros, sacando a relucir al colega imaginario que tanta gracia les hace por segunda vez. Quien no tiene duda de qué metería en su equipaje es Txomin Iragorri, un chaval bastante sensato. "Llevaría un teléfono móvil para llamar a cualquiera. Es que sin móvil hoy en día...", señala, sin reparar en que, por más que se encarame a un cocotero, es poco probable que tenga cobertura.
Tras admitir su "dependencia" -"podría vivir sin el teléfono móvil, pero muy estresado", confiesa- Txomin censura a quien lo utiliza para grabar palizas. "No veo normal que se estén pegando dos y lo primero que hagas sea sacar el móvil para grabarlo. Si te metes en internet, tienes mil vídeos", afirma este joven seguidor de Valentino Rossi, el piloto de MotoGP.
'Messenger' y los videojuegos
"Si pones tus fotos en internet, igual luego te raptan"
Enganchados al messenger y los blogs, donde cuelgan "fotos, canciones y vídeos", todos son conscientes de que en internet pueden encontrar amistades peligrosas. "Si pones tus fotos, igual luego te raptan", plantea uno de ellos temeroso, mientras que Janire Osa, todo un torrente de vitalidad, cree que lo verdaderamente arriesgado es "quedar con desconocidos". "La mayoría de veces, cuando te agrega en el messenger alguien que no conoces, empieza a decir chorradas, pero le borras y ya está", zanja, sabedora de que está a salvo con sólo cliquear el ratón. Con las amigas, dice, habla de "cotilleos o de a qué hora quedamos". "O de qué me pongo para mañana", hace de apuntador un chaval, mientras ellas se rinden a la evidencia y sonríen.
Pese a los temores paternos -que, como algunas variables, suelen tender a infinito-, los aficionados a los videojuegos aseguran saber distinguir perfectamente ficción y realidad. "Y el que no sepa, qué tonto es, porque no vas a empezar a matar a gente por la calle creyendo que son marcianos", señala Urtzi, antes de ser poseído de nuevo por la risa floja. Txomin, en cambio, reconoce que algunos chavales sí que imitan a sus personajes preferidos. "No vas a ir con una escopeta pegando tiros, pero yo sí he visto a gente pegándose como si fueran los luchadores de Pressing Catch y acaban haciéndose daño de verdad", da fe.
Menores asesinos
"Es injusto que mates a alguien y te juzguen como a un niño"
Hecha la radiografía de lo que, a grandes rasgos, comparten buena parte de los adolescentes, las discrepancias saltan a la palestra cuando se ponen a analizar la actualidad. Informados de los últimos casos de asesinatos cometidos por menores, Urtzi dice que les enviaría a "un correccional porque no puedes matar así como así", mientras que Janire se muestra más implacable. "Yo les juzgaría como a un adulto. Con catorce años ya tienes suficiente mentalidad como para saber lo que haces y que por matar a una persona te juzguen como a un niño y te pongan sólo dos años o así de correccional, cuando a los mayores les ponen muchos más años, no me parece justo porque hay una persona muerta en los dos casos", argumenta. También Lore "los metería en la cárcel porque con catorce años ya puedes pensar que no hay que matar a nadie".
De repente a Txomin se le vienen a la cabeza el caso del "chaval que entró al instituto y empezó a matar a profesores y alumnos" y el del que "mató a su madre". "Pero ése era esquizofrénico", matiza Lore. "Bueno, pero la madre ya había puesto más de una denuncia y la policía, hasta que el chaval no hace nada, no le detienen. Por esa regla de tres, seguirá pasando lo mismo. Si estoy amenazando de muerte a la gente y no se hace nada...", se lamenta.
Violencia machista
"En muchos casos denuncian maltratos y terminan muertas"
La excepción que confirma la regla es Aritz Jauregizar, un chaval al que le "aburre" el messenger y que abre la espita de las acusaciones cuando se le pregunta por el caso del profesor Neira. "La chica es una sinvergüenza. Yo creo que está defendiendo al novio para sacar dinero porque le dan 72.000 euros o así por ir a La Noria. Se está forrando sólo por mentir y por defender a uno que casi mata a una persona", reprueba. "Igual la mujer está mal", le da alguien el beneficio de la duda. "Pues que vaya a un psiquiatra. A ti cuando te dicen: Si dices algo, te voy a matar, estás como nervioso. No estás ahí todo tranquilo, defendiéndole", se mantiene firme Aritz.
Descartada la posibilidad, sugerida por una chica, de que el agresor y su novia "lo tuvieran todo montado", Tomás coincide con su compañero. "Me parece bastante mal que la chica defienda a su novio, después de lo que el profesor Neira hizo por ella. Se está enriqueciendo a costa de los programas de la tele", reitera. "A lo mejor la tiene amenazada", vuelve a retomar una chica el debate. "Pero eso se habla con el juez y muchas veces te ponen guardaespaldas", dice Txomin, aunque Janire no las tiene todas consigo. "En mogollón de casos ha habido mujeres que han denunciado maltratos, se les ha puesto una orden de alejamiento y han terminado muertas. Ella no va a tener encima a un policía para ver que se está cumpliendo esa orden", advierte. Consciente de que esa medida de protección "no sirve para nada", Txomin propone que se "encierre" a los maltratadores y "se les intente curar, como se hace con los drogadictos, para luego reinsertarles".
Eutanasia
"Para un chaval tiene que ser duro decidir si morir o vivir"
Convencido de que "la gente tiene derecho a decidir si quiere seguir viviendo gracias a cuatro máquinas", Txomin no lo tiene tan claro en el caso de la niña inglesa que ha rechazado un trasplante de corazón para poder morir dignamente. "No me parece que tenga la edad suficiente como para decidir sobre ella. Para un chaval de nuestra edad tiene que ser muy duro decidir si morir o vivir, pero si hay una operación, ¿por qué te vas a morir? Habiendo una oportunidad, se le puede operar y luego ya, si sale mal, se le da la opción", reflexiona sobre la marcha. De su misma opinión es Tomás, quien se muestra partidario de intervenirla porque "tiene toda la vida por delante". Las chicas, en cambio, respetarían la decisión de la pequeña. "Esa niña lleva muchísimos años sometiéndose a operaciones y terapias. Es lo suficientemente madura para decidir lo que quiere hacer", defiende Olaia Elorriaga. Aunque Janire también acataría la opinión de la niña porque "es consciente de lo que quiere", ella no actuaría igual. "Yo me operaría porque, aunque tengas que ir a médicos, vives y disfrutas".
DEIA
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Permalink COPY |
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| RESUMEN | con algunos aspectos esenciales del reportaje | |
| 05:14 | http://www.youtube.com/watch?v=ve2gW2kwj24&hl=es | |
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