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martes, 30 de diciembre de 2008
Carlos Aurelio Caldito Aunión. Badajoz  29 dic 2008 (EXTREMADURA AL DIA)
Todas las Navidades, desde hace casi ocho años, me pregunto lo mismo (también todas las Semanas Santas, todos los veranos...) ¿es justo un sistema en el que las madres pueden decidir, cuando se separan de sus maridos, cuánto tiempo pueden pasar sus hijos con sus padres? ¿Por qué se me niega la custodia compartida de mi hija durante el curso escolar, y sí es admisible durante los periodos de vacaciones escolares? ¿Por qué "se me permite" pasar con mi hija casi la mitad del verano, y la mitad de las fiestas navideñas, y la mitad de la Semana Santa, y no en la primavera, el otoño y el invierno? ¿Es que durante el resto del año hay una epidemia de "padritis" de la que hay que preservar a mi hija a toda costa?

¿Por qué la Juez, el Fiscal y el Equipo Técnico Psicosocial adscrito a los Juzgados, consideran que mi hija sí puede permanecer conmigo "sin traumas" parte de las fiestas navideñas, o cambiar cada quincena de domicilio en la época estival y no puede, ni debe, hacerlo durante el resto del año? Claro que, también es un enorme misterio que consideren que es bueno que mi hija pase más tiempo con terceras personas -canguros- los días de diario, en lugar de venir conmigo, a pesar de disponer yo de más tiempo que su madre para cuidar y educar a nuestra hija... 

¿Será quizá que la Juez de Familia, el Fiscal de Menores, y el Equipo Técnico Psicosocial consideran que los hijos necesitan por igual a su padre y su madre solamente durante las vacaciones escolares y, en cambio, necesitan exclusivamente a la madre durante el resto del año? Tal vez a alguna persona le parecerá una obviedad, una perogrullada, lo que estoy preguntando, pero todo ello es motivo de grandes sufrimientos para los menores que son condenados a una orfandad estúpida, cruel y evitable -al fin y al cabo una forma de maltrato a la infancia- y por otro lado una gran tragedia para cuantos padres (también alguna madre, aunque es una cantidad anecdótica) se ven privados del contacto con sus hijos. 

Soy profesor jubilado, superé una oposición y fui considerado apto, capacitado para educar a los hijos de otras personas; sin embargo la Señora Juez de Familia y el Señor Fiscal de Menores han decidido que "durante lo que dura el curso escolar" no estoy capacitado para educar a mi hija... 

Dirán ustedes qué algún motivo legal o alguna razón científica habrá para ello. Otros opinamos que esto se llama discriminación por razón de sexo, y llegamos a tener algo más que sospechas de que se están dictando sentencias injustas a sabiendas, o por negligencia o por ignorancia inexcusable...

Pues eso..., que llegaron por fin las ansiadas y esperadas vacaciones, tanto para los niños, adolescentes y jóvenes en edad de estudiar, como para los adultos. Enormemente esperadas, pues soy padre separado (también, como decía anteriormente, he sido profesor y sé lo que las vacaciones significan para los profesores y los alumnos después de un larguísimo curso escolar...)

Ya están aquí las vacaciones, por fin llegaron. Por fin voy a poder gozar de la compañía de mi hija de casi once años, y ella de la compañía de su padre durante un "tiempo suficiente". Algunos que lean estas líneas dirán qué ¿a cuento de qué dirá esto este buen hombre? Pues muy sencillo, mi hija pasa conmigo apenas una semana al mes. Y algunos seguirán preguntando ¿Es que este señor es una mala compañía que su hija ha de evitar por algún motivo?

Pues miren ustedes: esa semana al mes (muchos padres no pasan con sus hijos más allá de cuatro días al mes) la conseguí tras un acuerdo-trampa con mi ex mujer (no exento de coacciones y amenazas diversas) y con la complacencia de un señor juez y un señor fiscal de familia que es de suponer que están para velar por "el interés superior de los menores", para "hacer justicia", para solucionar problemas y no ocasionar mayores problemas...

El argumento que se utilizó era que me debía dar por satisfecho, que bastante que me concedía "tanto tiempo" (se entiende que era la madre de mi hija la que nos concedía a mi y a nuestra hija "estar tantísimo tiempo juntos") Esos "grandísimos" periodos de estancia de mi hija conmigo pasan en un "santiamén", cada separación está llena de una enorme tristeza: Papá, y ¿no me puedo quedar un poquito más? Y ¿por qué no me puedo quedar esta noche a cenar contigo y a dormir en tu casa...? Hija es que "no toca"...

Pues como decía, inevitablemente, cada vez que llegan las vacaciones escolares de mi hija, desde hace ocho años, me pregunto lo mismo...

Otro día hablaremos de prevaricación en las rupturas de pareja...

* Carlos Aurelio Caldito Aunión. Presidente de CCPMI, Custodia Compartida, Padres y Madres en Igualdad.

ExAD

Navidad: Los hijos de padres separados pasan del trauma al chantaje 

Los más pequeños se muestran nerviosos, tristes e irritables
 
16.12.08 - R. SOTORRÍO (IDEAL)

La armonía entre la pareja ayuda a que el menor viva esta época con normalidad Cuando crecen, valoran quién es el mejor postor para compartir las fiestas

Nochebuena y Navidad con mamá; Fin de Año y noche de Reyes con papá. Es el calendario ya conocido por muchos hijos de padres separados que, en este periodo de vacaciones, vuelven a estar en medio de las confrontaciones de pareja. «Sufren una doble lucha: la propia de todo el año y la especial de las Navidades, que los padres utilizan para pelearse entre ellos mismos», declara el psiquiatra Conrado Montesinos, también especialista en psiquiatría infanto-juvenil. 

Como explica este experto, «la separación es la causa más frecuente de problemas emocionales y trastornos de conducta en niños; algo que en fechas navideñas se agudiza». No obstante, cada caso requiere de un análisis particular. Eso sí, los especialistas no dudan en afirmar que la armonía entre los padres divorciados permite que los menores vivan las fiestas con normalidad y naturalidad. 

A partir de los cinco años, los pequeños son ya conscientes de la situación familiar y comparan la Navidad ideal que refleja la televisión con la real que experimentan en sus casas. De hecho, aunque cada vez es una situación más habitual en la sociedad, esto no se refleja en las películas infantiles ni en los anuncios de juguetes que bombardean la pequeña pantalla, donde siempre se retratan hogares perfectos, felices y sin desavenencias. 

«Lo viven de forma dramática porque les gustaría estar con los dos padres, complacer a los dos, pero saben que no pueden», añade el psiquiatra y psicoanalista Hilario Cid. Esos sentimientos se traducen en estados depresivos y de tristeza, nerviosismo, una mayor irritabilidad y el intento de rehuir el contacto con ambos padres. 

Regalos y planes 

Además, algunos progenitores aprovechan estas fiestas para mover ficha a su favor e intentan atraer hacia sí a los pequeños con regalos excesivos y planes extraordinarios. «La guerra larvada se exacerba y la lucha entre el padre y la madre se hace más relevante», asegura el experto en infancia. 

En cualquier caso, también muchos padres son 'víctimas' de estas fechas y de la separación de la pareja. No son pocos los hombres y mujeres divorciados que se responsabilizan de no poder cumplir con las expectativas de una Navidad perfecta para sus niños y que experimentan un profundo sentimiento de vacío cuando no tienen al hijo consigo en unos días tan señalados. 

Y si cuando son pequeños los niños viven de forma traumática la separación, en la adolescencia los papeles se intercambian. «Cuando ya no son tan niños usan esta situación para manipular a los padres y ver quién es el mejor postor. Piensan: 'Con el que más me ofrezca, con ese me voy'», señala Montesinos. Es la ley de la oferta y la demanda. Hilario Cid comparte esa misma opinión y asegura que los adolescentes «siempre chantajean». «No hay narcisismo más grande que el del adolescente», apunta el psicoanalista. 

Conflicto generacional 

Por otro lado, la desaparición de la familia tradicional y la pérdida del concepto más clásico de la Navidad como una reunión en el hogar, provoca un nuevo conflicto generacional entre padres e hijos. «Antes, los adolescentes sólo pasaban fuera de casa la Nochevieja, ahora también quieren salir en Nochebuena y la noche de reyes», afirma Cid. 

En consecuencia, participan poco de las cenas con los tíos, abuelos, primos... «Dedican mucho tiempo a arreglarse para la noche y se muestran más interesados en irse cuanto antes con los amigos que en hacer vida familiar», añade. Un comportamiento que provoca las iras y la frustración de los padres. «En consulta se ve a muchos progenitores absolutamente destrozados porque han tenido unas Navidades desastrosas con sus hijos», concluye Cid.
IDEAL


 


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