Las víctimas lo ocultan a sus padres y a sus profesores por miedo o por vergüenza. Sin embargo, los expertos aseguran que el 20% de los niños han podido sufrir algún tipo de ‘bullying’ y un 3% lo ha vivido en primera persona.
Rosario Fernández. 07-01-2009 Madrid (EXPANSION)
La línea que separa una chiquillada de un caso de acoso escolar o bullying es muy delgada. Pero en el caso de Miguel, el niño agredido por sus compañeros del Colegio Suizo, se rompió. No era una simple pelea entre chavales, como trataba de defender el centro, sino que la Justicia ha dado la razón a su familia. La sentencia de la Audiencia Provincial de Madrid dice que sí hubo acoso escolar, por lo que el centro debe pagar a los padres una multa histórica de 30.000 euros.
Detección a tiempo
“No siempre se trata de casos de bullying, pero no se puede trivializar con una situación aparentemente nimia”, admite Arturo Canalda, Defensor del Menor de la Comunidad de Madrid. Lo importante es saber detectar a tiempo un fenómeno que se extiende cada día más y que con las nuevas tecnologías –como ocurrió en el Colegio Suizo– adquiere una dimensión diferente. “Una gran proporción de padres y profesores no se enteran; en no pocos casos porque los propios escolares, que son las víctimas lo ocultan”, reconoce Javier Elzo, catedrático de Sociología de la Universidad de Deusto.
Por este motivo, Javier Urra, primer Defensor del Menor en España, afirma que “los profesores y los padres han de estar muy atentos y distinguir cuándo se trata de un simple coscorrón y cuándo de una conducta continuada, ya que la víctima vive la situación en silencio”.
Los expertos estiman que un 20% de los niños han podido sufrir algún tipo de acoso escolar en ciertos momentos de su etapa de estudiante, una cifra que Canalda considera excesiva y rebaja a un 10%. Aunque diferentes estudios constatan que los casos de bullying han descendido, éstos reflejan que “entre el 2% y el 4% de quienes sufren un acoso reiterado por parte de sus compañeros lo pasan muy mal. Uno ya es mucho, pero estas cifras son sobrecogedoras”, asegura Elzo. También Javier Urra pone cifras al acoso. En su opinión , el 3% del alumnado ha sufrido acoso, entendido este como una conducta dañina, bien física o psíquica, continuada en el tiempo.
El caso Jokin, el estudiante de cuarto de ESO de Hondarribia que se suicidó en 2004 debido a las agresiones de sus compañeros, marcó un punto y aparte, ya que antes apenas se hablaba del acoso en las aulas. Después de Jokin y de la primera aplicación de protocolos de seguimiento de casos de bullying ha habido “un significativo aumento de señalizaciones de tales acosos por parte de los centros docentes, concretamente por los jefes de estudio. A veces, para curarse en salud”, dice Elzo, quien augura que tras la sentencia del Colegio Suizo aumentarán.
Los casos de bullying no obedecen a una clase social, ya que se dan tanto en colegios públicos como en privadoss –aunque muchos de estos últimos lo nieguen– ni a una edad determinadas, si bien la mayoría de los casos se producen entre los 8 y los 15 años. El perfil de la víctima responde, según Urra, “al de alguien distinto a sus compañeros”.
La erradicación del bullying es complicada. Pero, como dice Elzo, “hemos de procurar que sea lo menos frecuente y lo menos dañino posible. Mientras padres y profesores estén enfrentados, la pagarán sus hijos y alumnos”.
Algunas de las condenas más sonadas
Tras la muerte de Jokin, hay precedentes de condenas por acoso escolar, tanto a los agresores como a los centros. En noviembre de 2007, tres ex compañeros de un joven agredido fueron condenados en Córdoba, dos de ellos a pasar ocho fines de semana en un centro de reforma y, al tercero, a 70 horas de prestaciones en servicio de la comunidad.
En diciembre de 2006, un juzgado de Écija (Sevilla) condenó a un colegio concertado de esta localidad a indemnizar con 12.000 euros a una menor que durante tres cursos soportó agresiones psicológicas.
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Rosario Fernández. 07-01-2009 Madrid (EXPANSION)La línea que separa una chiquillada de un caso de acoso escolar o bullying es muy delgada. Pero en el caso de Miguel, el niño agredido por sus compañeros del Colegio Suizo, se rompió. No era una simple pelea entre chavales, como trataba de defender el centro, sino que la Justicia ha dado la razón a su familia. La sentencia de la Audiencia Provincial de Madrid dice que sí hubo acoso escolar, por lo que el centro debe pagar a los padres una multa histórica de 30.000 euros.
Detección a tiempo
“No siempre se trata de casos de bullying, pero no se puede trivializar con una situación aparentemente nimia”, admite Arturo Canalda, Defensor del Menor de la Comunidad de Madrid. Lo importante es saber detectar a tiempo un fenómeno que se extiende cada día más y que con las nuevas tecnologías –como ocurrió en el Colegio Suizo– adquiere una dimensión diferente. “Una gran proporción de padres y profesores no se enteran; en no pocos casos porque los propios escolares, que son las víctimas lo ocultan”, reconoce Javier Elzo, catedrático de Sociología de la Universidad de Deusto.
Por este motivo, Javier Urra, primer Defensor del Menor en España, afirma que “los profesores y los padres han de estar muy atentos y distinguir cuándo se trata de un simple coscorrón y cuándo de una conducta continuada, ya que la víctima vive la situación en silencio”.
Los expertos estiman que un 20% de los niños han podido sufrir algún tipo de acoso escolar en ciertos momentos de su etapa de estudiante, una cifra que Canalda considera excesiva y rebaja a un 10%. Aunque diferentes estudios constatan que los casos de bullying han descendido, éstos reflejan que “entre el 2% y el 4% de quienes sufren un acoso reiterado por parte de sus compañeros lo pasan muy mal. Uno ya es mucho, pero estas cifras son sobrecogedoras”, asegura Elzo. También Javier Urra pone cifras al acoso. En su opinión , el 3% del alumnado ha sufrido acoso, entendido este como una conducta dañina, bien física o psíquica, continuada en el tiempo.
El caso Jokin, el estudiante de cuarto de ESO de Hondarribia que se suicidó en 2004 debido a las agresiones de sus compañeros, marcó un punto y aparte, ya que antes apenas se hablaba del acoso en las aulas. Después de Jokin y de la primera aplicación de protocolos de seguimiento de casos de bullying ha habido “un significativo aumento de señalizaciones de tales acosos por parte de los centros docentes, concretamente por los jefes de estudio. A veces, para curarse en salud”, dice Elzo, quien augura que tras la sentencia del Colegio Suizo aumentarán.
Los casos de bullying no obedecen a una clase social, ya que se dan tanto en colegios públicos como en privadoss –aunque muchos de estos últimos lo nieguen– ni a una edad determinadas, si bien la mayoría de los casos se producen entre los 8 y los 15 años. El perfil de la víctima responde, según Urra, “al de alguien distinto a sus compañeros”.
La erradicación del bullying es complicada. Pero, como dice Elzo, “hemos de procurar que sea lo menos frecuente y lo menos dañino posible. Mientras padres y profesores estén enfrentados, la pagarán sus hijos y alumnos”.
Algunas de las condenas más sonadas
Tras la muerte de Jokin, hay precedentes de condenas por acoso escolar, tanto a los agresores como a los centros. En noviembre de 2007, tres ex compañeros de un joven agredido fueron condenados en Córdoba, dos de ellos a pasar ocho fines de semana en un centro de reforma y, al tercero, a 70 horas de prestaciones en servicio de la comunidad.
En diciembre de 2006, un juzgado de Écija (Sevilla) condenó a un colegio concertado de esta localidad a indemnizar con 12.000 euros a una menor que durante tres cursos soportó agresiones psicológicas.
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