Se van sobre todo a España y Estados Unidos
A pesar de sus edades, los abuelos son los que están asumiendo la crianza de estos menores

BOGOTÁ Colombia 12 de enero de 2009 (ELTIEMPO)
Una investigación, hecha por la Procuraduría General de la Nación, ubicó a los menores que crecen en esta condición y estableció la situación en la que viven por no tener cerca a sus progenitores.
"Se van lejos, a trabajar por sus hijos. Pero cuando vuelven al país muchos ya los han perdido. Sus familias se destruyen". Con estas palabras María Helena Jiménez, procuradora 15 judicial de familia de Caldas, se refiere al fenómeno denominado 'huérfanos de padres vivos'.
Jiménez habla de la situación a la que se enfrentan los niños del Eje Cafetero que tienen que crecer lejos de sus padres, que migraron a otros países para garantizarles su sostenimiento porque en Colombia, en la mayoría de casos, no tenían empleo.
De esta problemática se viene hablando desde hace varios años, pero por primera vez una investigación estableció los problemas y riesgos que atraviesan estos niños.
Sin embargo, en la investigación, realizada en los departamentos de Risaralda, Quindío, Caldas y Antioquia durante el 2008, solo encuestaron a 12.687 (de cero a 18 años). De estos, 2.724 tienen menos de 6 años.
Gracias a ese trabajo se logró corroborar que los abuelos son los que terminan asumiendo la crianza de estos niños. En Caldas, el 72 por ciento está bajo el cuidado de ellos; y en Risaralda, Quindío y Antioquia, sucede en el 69 por ciento de los casos.
Les siguen los tíos en porcentajes que oscilan entre el 23 y el 26 por ciento, y en los demás casos, los hermanos mayores.
Según la Procuraduría, con esta investigación se busca llamar la atención de los gobiernos nacional, departamental y municipal para que establezcan políticas urgentes que contrarresten esta problemática, a la que califica de preocupante.
Acompañar a estos niños para que puedan manejar la ausencia de sus padres al igual que los problemas de comportamiento que esto genera y asesorar a las personas responsables de ellos en el proceso de crianza -sobre todo los abuelos- hace parte de las sugerencias.
Aroldo Quiroz, procurador delegado para los asuntos de infancia, sostuvo que de no tomar medidas urgentes esas regiones enfrentarían una grave crisis social, pues según él, "estos niños se están saliendo de las manos de quienes los cuidan".
Se van sobre todo a España y Estados Unidos
Los destinos principales de los migrantes del Eje Cafetero son España (39 por ciento) y Estados Unidos (35 por ciento).
El porcentaje restante se radicó en países como Costa Rica, Panamá, Ecuador y Venezuela.
También se determinó que en algunos casos residen en otras regiones de Colombia.
En Caldas, por ejemplo, el 53 por ciento de encuestados afirmó que sus papás viven lejos, pero en el mismo país.
Se trata de padres que en la mayoría de casos viven de la recolección de café y viajan por todo el país, durante todo el año, de acuerdo con las temporadas de cosecha. Igualmente sorprende que la mayoría de estos niños pertenezca al régimen subsidiado de salud. Los promedios de menores que reciben atención en salud por parte del Estado en esas regiones oscilan entre el 55 y el 64 por ciento. La encuesta se realizó en escuelas y colegios de 56 municipios de los cuatro departamentos mencionados, incluidas las capitales.
Abuelas, de vuelta a las tareas y paseos
Llevar en las tardes a su nieta de 5 años a pasear es una de las cosas que más le gustan a Aleida (*), pero al mismo tiempo es su tortura. Lleva tres cirugías en la columna y esa caminata es un tormento.
Esta es una de las situaciones que a sus 48 años ha tenido que afrontar. Está al tanto de su nieta desde hace tres años cuando su hija Érika se fue a Asia en busca de mejores oportunidades y donde ha tenido que trabajar en diferentes oficios. Abuela y nieta residen en el barrio Cuba, un sector popular de Pereira.
Desde el exterior, Érika sostiene a su hija, su mamá y ayuda a una hermana y a un sobrino. La situación económica se alivió, pero ella está muy lejos y todos en casa la extrañan mucho.
De lunes a viernes la niña, que hoy tiene 5 años, asiste de 1:30 a 5:00 p.m. a un jardín infantil, y su abuela es quien la alista, la lleva y la recoge. También reemplaza a su hija en algo que ella, desde la distancia añora: ayudarle a hacer las tareas.
Los fines de semana acostumbra llevarla a un centro comercial, y a veces a piscina. A Aleida le toca desde la distancia ponerle cuidado, pues por su edad, dice, ya no está para esos trotes.
Érika llama hasta 3 veces al día, lo que alivia las preguntas de la niña. Sin embargo, Aleida teme que el tiempo pase y su hija y su nieta sean unas extrañas cuando se vean.
'El vacío no se llena con dinero'
Cuando lo liquidaron de la empresa de textiles en la que trabajó durante 16 años, en Pereira, a Álvaro Velásquez se le ocurrió salir del país con su esposa y su hija recién nacida a buscar un mejor futuro.
Pidieron dos veces la visa estadounidense, pero nunca la obtuvieron. Pensaron en España y su esposa y la niña se fueron como turistas y allá se quedaron. A él no le salieron los papeles.
Ellas se fueron con la esperanza de que más adelante se podrían reunir, pero Álvaro jamás obtuvo la visa. Diez meses más tarde su hija, que para entonces tenía 7 años, no se adaptó al ritmo de vida de España y regresó a Colombia.
Desde entonces, Álvaro asumió el papel de padre y madre, con el apoyo de su suegra. Los tres viven en Pereira en la casa que están pagando hace 15 años.
Precisamente para pagar la vivienda y ayudar con los gastos de la niña, su esposa decidió quedarse en España, donde se gana la vida como manicurista. Ella y su hija siguen en contacto por Internet o vía telefónica, pero, según Álvaro, el vacío de la distancia no se llena con nada.
"Hay cosas que la abuela ni yo podemos suplir. Los niños siempre necesitan a su madre", dice.
Años más tarde Álvaro consiguió empleo en una empresa que se dedica a pintar fachadas de edificios, y su esposa sigue en España esperando legalizar su situación. Por eso no ha regresado.
Él reconoce que su relación se deterioró, y que será muy difícil recuperar el hogar cuando se reencuentren.
En Risaralda son comunes las consultas siquiátricas
Deserción escolar, ansiedad y depresión, consumo de drogas y alcohol, trabajo infantil, abuso y explotación sexual, pandillismo y reclutamiento de los grupos armados ilegales son algunas de las situaciones a las que se exponen estos niños, según la investigación de la Procuraduría.
"Los abuelos no siempre representan la suficiente autoridad. Una abuela de 60 años no puede estar pendiente de un adolescente que llega a la medianoche", sostiene la procuradora 15 judicial de Familia de Caldas, María Helena Jiménez.
Y añade: "Los abuelos ya cumplieron su labor, y no están para criar a sus nietos, y más en estas épocas tan difíciles".
La funcionaria cuenta, por ejemplo, el caso de un adolescente cuyos padres vivían en el exterior y que por crecer prácticamente solo terminó metido en pandillas.
Juan Pablo Vélez, subgerente científico del Hospital Mental Universitario de Risaralda, dice que a diario allí se atienden casos de niños y jóvenes que presentan problemas psicológicos, e incluso psiquiátricos, porque están creciendo lejos de sus padres.
"Les falta la unidad familiar, autoridad y acompañamiento en una edad que es muy conflictiva", afirma Vélez al explicar que el problema más preocupante con esta población es su vulnerabilidad a la drogadicción.
"Como tienen poder adquisitivo por el dinero que les envían del exterior, y permanecen mucho tiempo solos, caen en las drogas muy fácilmente", señaló Vélez.
El Gobernador de Risaralda, Víctor Manuel Tamayo, reconoce que esta problemática existe en su departamento debido a las altos índices de desempleo.
El 19 por ciento de la plata circulante proviene de las remesas de los padres que se han ido.
(*) NOMBRES CAMBIADOS A SOLICITUD DE LAS PERSONAS.
EL TIEMPO
___
PS
ALEJANDRA DE VENGOECHEA | BOGOTÁ Domingo, 18-01-09 (ABC)
Salieron de Colombia pensando que el dinero era todo. Les dijeron a sus hijos que volverían, que quedaban a cargo de sus familias, que todo sería distinto. La generación de las remesas, la que a finales de los 90 emigró del país para buscar un mundo nuevo, la que hoy le reporta al país más de tres mil millones de dólares en ingresos, se encontrará con la generación abandonada, la que tuvo todo en dinero pero se perdió por falta de afecto.
Por eso, por primera vez en la historia de Colombia, la Procuraduría ha hecho un estudio sobre los costos emocionales y sociales que lleva consigo la migración. Drogadicción, embarazos en adolescentes, depresiones, ingreso en bandas armadas, abandono de los estudios, alcoholismo. «Hay muchas familias que se han destruido. Estamos ante los huérfanos de padres vivos», explicaba María Helena Jiménez, procuradora de familia de la provincia de Caldas.
El papel de los abuelos
Aunque en la investigación, realizada en las provincias cafeteras de Risaralda, Quindío, Caldas y Antioquia durante el 2008, solo encuestaron a 12.687 personas de hasta 18 años, se corroboró que los abuelos son los que terminan asumiendo la crianza esos niños. En Caldas, por ejemplo, el 72 por ciento está bajo el cuidado de ellos.
Pero como bien anotaba Jiménez, una abuela de 60 años no puede estar pendiente de un adolescente que llega a la medianoche. «Los abuelos ya cumplieron su labor en su momento, y no están ya en condiciones de criar a sus nietos».
Juan Pablo Vélez, subgerente científico del Hospital Mental Universitario de la provincia de Risaralda, dice que a diario atiende casos de niños y jóvenes que presentan problemas psicológicos e incluso psiquiátricos. «Les falta la unidad familiar, autoridad y acompañamiento en una edad que es muy conflictiva», afirma Vélez. «Como tienen poder adquisitivo por el dinero que les envían del exterior, y permanecen mucho tiempo solos, caen en las drogas muy fácilmente», señaló tras mostrar las últimas cifras: hasta junio del año pasado, llegaron 200 menores de edad con problemas de droga, incluidos el consumo de heroína.
Para las familias que asumieron la responsabilidad de criar niños en ausencia de sus padres, tampoco es fácil.
«No teníamos con qué comer. ¿Cómo no iba a dejarla ir para que consiguiera dinero?», le diría a este diario Alicia Rodríguez, de 65 años, madre de Isabel, manicurista en Madrid, quien sostiene a su hija de 5 años, a su mamá y ayuda a una hermana y a un sobrino. «Me canso, no le dedico el tiempo que necesita. Su madre la llama dos veces al día pero la conversación se ha vuelto un monosílabo. La niña es muy pequeña todavía, pero ya en el colegio me hablan de problemas. ¿Qué otra cosa puedo hacer? Dependemos de esa plata».
Por la misma paradoja pasa Francisco Gutiérrez, de 46 años. Al no conseguir empleo como administrador de empresas, le dio luz verde a su esposa para que viajara a España. Asumió el papel de padre y madre, con el apoyo de su suegra. Los tres viven en la casa que pagan desde hace 15 años. Para pagar la vivienda y ayudar con los gastos de la niña, su esposa decidió quedarse en España. Ella y su hija siguen en contacto, por internet o por teléfono. Pero, según Francisco Gutiérrez, esa presencia es insuficiente. Él ya no siente nada por ella. La niña acude a que la vea una psicóloga.
Resentimiento
«Uno crece resentido», le contaría a este diario Javier Quijano, de 16 años. «Mi mamá me llama y me dice que si me porto bien me manda regalos. Me deja con mi abuelito, que duerme todo el día. Mis amigos me aconsejan que falte al colegio porque mi mamá me dejó acá tirado y nada que manda por mí, como prometió».
Para Arnoldo Quiroz, procurador delegado para los asuntos de infancia, de no tomar medidas urgentes la región del eje cafetero tendrá que enfrentarse a una grave crisis social, pues según él «estos niños se están escapando de las manos de quienes los cuidan».
Ante la posibilidad de que regresen luego de que España suspendiera la contratación de trabajadores inmigrantes tras los altos índices de desempleo, el escenario no es alentador. «Si quiere que su hijo salga adelante», contaría Adela González, tía de un muchacho con problemas de droga de los que su madre no tiene idea, «deberá dedicarle el tiempo perdido. Y mientras tanto, ¿quién trae la plata a la casa? Es un problema de nunca acabar».
ABC
A pesar de sus edades, los abuelos son los que están asumiendo la crianza de estos menores

BOGOTÁ Colombia 12 de enero de 2009 (ELTIEMPO)
Una investigación, hecha por la Procuraduría General de la Nación, ubicó a los menores que crecen en esta condición y estableció la situación en la que viven por no tener cerca a sus progenitores.
"Se van lejos, a trabajar por sus hijos. Pero cuando vuelven al país muchos ya los han perdido. Sus familias se destruyen". Con estas palabras María Helena Jiménez, procuradora 15 judicial de familia de Caldas, se refiere al fenómeno denominado 'huérfanos de padres vivos'.
Jiménez habla de la situación a la que se enfrentan los niños del Eje Cafetero que tienen que crecer lejos de sus padres, que migraron a otros países para garantizarles su sostenimiento porque en Colombia, en la mayoría de casos, no tenían empleo.
De esta problemática se viene hablando desde hace varios años, pero por primera vez una investigación estableció los problemas y riesgos que atraviesan estos niños.
Sin embargo, en la investigación, realizada en los departamentos de Risaralda, Quindío, Caldas y Antioquia durante el 2008, solo encuestaron a 12.687 (de cero a 18 años). De estos, 2.724 tienen menos de 6 años.
Gracias a ese trabajo se logró corroborar que los abuelos son los que terminan asumiendo la crianza de estos niños. En Caldas, el 72 por ciento está bajo el cuidado de ellos; y en Risaralda, Quindío y Antioquia, sucede en el 69 por ciento de los casos.
Les siguen los tíos en porcentajes que oscilan entre el 23 y el 26 por ciento, y en los demás casos, los hermanos mayores.
Según la Procuraduría, con esta investigación se busca llamar la atención de los gobiernos nacional, departamental y municipal para que establezcan políticas urgentes que contrarresten esta problemática, a la que califica de preocupante.
Acompañar a estos niños para que puedan manejar la ausencia de sus padres al igual que los problemas de comportamiento que esto genera y asesorar a las personas responsables de ellos en el proceso de crianza -sobre todo los abuelos- hace parte de las sugerencias.
Aroldo Quiroz, procurador delegado para los asuntos de infancia, sostuvo que de no tomar medidas urgentes esas regiones enfrentarían una grave crisis social, pues según él, "estos niños se están saliendo de las manos de quienes los cuidan".
Se van sobre todo a España y Estados Unidos
Los destinos principales de los migrantes del Eje Cafetero son España (39 por ciento) y Estados Unidos (35 por ciento).
El porcentaje restante se radicó en países como Costa Rica, Panamá, Ecuador y Venezuela.
También se determinó que en algunos casos residen en otras regiones de Colombia.
En Caldas, por ejemplo, el 53 por ciento de encuestados afirmó que sus papás viven lejos, pero en el mismo país.
Se trata de padres que en la mayoría de casos viven de la recolección de café y viajan por todo el país, durante todo el año, de acuerdo con las temporadas de cosecha. Igualmente sorprende que la mayoría de estos niños pertenezca al régimen subsidiado de salud. Los promedios de menores que reciben atención en salud por parte del Estado en esas regiones oscilan entre el 55 y el 64 por ciento. La encuesta se realizó en escuelas y colegios de 56 municipios de los cuatro departamentos mencionados, incluidas las capitales.
Abuelas, de vuelta a las tareas y paseos
Llevar en las tardes a su nieta de 5 años a pasear es una de las cosas que más le gustan a Aleida (*), pero al mismo tiempo es su tortura. Lleva tres cirugías en la columna y esa caminata es un tormento.
Esta es una de las situaciones que a sus 48 años ha tenido que afrontar. Está al tanto de su nieta desde hace tres años cuando su hija Érika se fue a Asia en busca de mejores oportunidades y donde ha tenido que trabajar en diferentes oficios. Abuela y nieta residen en el barrio Cuba, un sector popular de Pereira.
Desde el exterior, Érika sostiene a su hija, su mamá y ayuda a una hermana y a un sobrino. La situación económica se alivió, pero ella está muy lejos y todos en casa la extrañan mucho.
De lunes a viernes la niña, que hoy tiene 5 años, asiste de 1:30 a 5:00 p.m. a un jardín infantil, y su abuela es quien la alista, la lleva y la recoge. También reemplaza a su hija en algo que ella, desde la distancia añora: ayudarle a hacer las tareas.
Los fines de semana acostumbra llevarla a un centro comercial, y a veces a piscina. A Aleida le toca desde la distancia ponerle cuidado, pues por su edad, dice, ya no está para esos trotes.
Érika llama hasta 3 veces al día, lo que alivia las preguntas de la niña. Sin embargo, Aleida teme que el tiempo pase y su hija y su nieta sean unas extrañas cuando se vean.
'El vacío no se llena con dinero'
Cuando lo liquidaron de la empresa de textiles en la que trabajó durante 16 años, en Pereira, a Álvaro Velásquez se le ocurrió salir del país con su esposa y su hija recién nacida a buscar un mejor futuro.
Pidieron dos veces la visa estadounidense, pero nunca la obtuvieron. Pensaron en España y su esposa y la niña se fueron como turistas y allá se quedaron. A él no le salieron los papeles.
Ellas se fueron con la esperanza de que más adelante se podrían reunir, pero Álvaro jamás obtuvo la visa. Diez meses más tarde su hija, que para entonces tenía 7 años, no se adaptó al ritmo de vida de España y regresó a Colombia.
Desde entonces, Álvaro asumió el papel de padre y madre, con el apoyo de su suegra. Los tres viven en Pereira en la casa que están pagando hace 15 años.
Precisamente para pagar la vivienda y ayudar con los gastos de la niña, su esposa decidió quedarse en España, donde se gana la vida como manicurista. Ella y su hija siguen en contacto por Internet o vía telefónica, pero, según Álvaro, el vacío de la distancia no se llena con nada.
"Hay cosas que la abuela ni yo podemos suplir. Los niños siempre necesitan a su madre", dice.
Años más tarde Álvaro consiguió empleo en una empresa que se dedica a pintar fachadas de edificios, y su esposa sigue en España esperando legalizar su situación. Por eso no ha regresado.
Él reconoce que su relación se deterioró, y que será muy difícil recuperar el hogar cuando se reencuentren.
En Risaralda son comunes las consultas siquiátricas
Deserción escolar, ansiedad y depresión, consumo de drogas y alcohol, trabajo infantil, abuso y explotación sexual, pandillismo y reclutamiento de los grupos armados ilegales son algunas de las situaciones a las que se exponen estos niños, según la investigación de la Procuraduría.
"Los abuelos no siempre representan la suficiente autoridad. Una abuela de 60 años no puede estar pendiente de un adolescente que llega a la medianoche", sostiene la procuradora 15 judicial de Familia de Caldas, María Helena Jiménez.
Y añade: "Los abuelos ya cumplieron su labor, y no están para criar a sus nietos, y más en estas épocas tan difíciles".
La funcionaria cuenta, por ejemplo, el caso de un adolescente cuyos padres vivían en el exterior y que por crecer prácticamente solo terminó metido en pandillas.
Juan Pablo Vélez, subgerente científico del Hospital Mental Universitario de Risaralda, dice que a diario allí se atienden casos de niños y jóvenes que presentan problemas psicológicos, e incluso psiquiátricos, porque están creciendo lejos de sus padres.
"Les falta la unidad familiar, autoridad y acompañamiento en una edad que es muy conflictiva", afirma Vélez al explicar que el problema más preocupante con esta población es su vulnerabilidad a la drogadicción.
"Como tienen poder adquisitivo por el dinero que les envían del exterior, y permanecen mucho tiempo solos, caen en las drogas muy fácilmente", señaló Vélez.
El Gobernador de Risaralda, Víctor Manuel Tamayo, reconoce que esta problemática existe en su departamento debido a las altos índices de desempleo.
El 19 por ciento de la plata circulante proviene de las remesas de los padres que se han ido.
(*) NOMBRES CAMBIADOS A SOLICITUD DE LAS PERSONAS.
EL TIEMPO
___
PS
El hijo del emigrado llora en Colombia
Por primera vez en la historia de Colombia, la Procuraduría ha hecho un estudio sobre los costos emocionales y sociales que lleva consigo la migraciónALEJANDRA DE VENGOECHEA | BOGOTÁ Domingo, 18-01-09 (ABC)
Salieron de Colombia pensando que el dinero era todo. Les dijeron a sus hijos que volverían, que quedaban a cargo de sus familias, que todo sería distinto. La generación de las remesas, la que a finales de los 90 emigró del país para buscar un mundo nuevo, la que hoy le reporta al país más de tres mil millones de dólares en ingresos, se encontrará con la generación abandonada, la que tuvo todo en dinero pero se perdió por falta de afecto.
Por eso, por primera vez en la historia de Colombia, la Procuraduría ha hecho un estudio sobre los costos emocionales y sociales que lleva consigo la migración. Drogadicción, embarazos en adolescentes, depresiones, ingreso en bandas armadas, abandono de los estudios, alcoholismo. «Hay muchas familias que se han destruido. Estamos ante los huérfanos de padres vivos», explicaba María Helena Jiménez, procuradora de familia de la provincia de Caldas.
El papel de los abuelos
Aunque en la investigación, realizada en las provincias cafeteras de Risaralda, Quindío, Caldas y Antioquia durante el 2008, solo encuestaron a 12.687 personas de hasta 18 años, se corroboró que los abuelos son los que terminan asumiendo la crianza esos niños. En Caldas, por ejemplo, el 72 por ciento está bajo el cuidado de ellos.
Pero como bien anotaba Jiménez, una abuela de 60 años no puede estar pendiente de un adolescente que llega a la medianoche. «Los abuelos ya cumplieron su labor en su momento, y no están ya en condiciones de criar a sus nietos».
Juan Pablo Vélez, subgerente científico del Hospital Mental Universitario de la provincia de Risaralda, dice que a diario atiende casos de niños y jóvenes que presentan problemas psicológicos e incluso psiquiátricos. «Les falta la unidad familiar, autoridad y acompañamiento en una edad que es muy conflictiva», afirma Vélez. «Como tienen poder adquisitivo por el dinero que les envían del exterior, y permanecen mucho tiempo solos, caen en las drogas muy fácilmente», señaló tras mostrar las últimas cifras: hasta junio del año pasado, llegaron 200 menores de edad con problemas de droga, incluidos el consumo de heroína.
Para las familias que asumieron la responsabilidad de criar niños en ausencia de sus padres, tampoco es fácil.
«No teníamos con qué comer. ¿Cómo no iba a dejarla ir para que consiguiera dinero?», le diría a este diario Alicia Rodríguez, de 65 años, madre de Isabel, manicurista en Madrid, quien sostiene a su hija de 5 años, a su mamá y ayuda a una hermana y a un sobrino. «Me canso, no le dedico el tiempo que necesita. Su madre la llama dos veces al día pero la conversación se ha vuelto un monosílabo. La niña es muy pequeña todavía, pero ya en el colegio me hablan de problemas. ¿Qué otra cosa puedo hacer? Dependemos de esa plata».
Por la misma paradoja pasa Francisco Gutiérrez, de 46 años. Al no conseguir empleo como administrador de empresas, le dio luz verde a su esposa para que viajara a España. Asumió el papel de padre y madre, con el apoyo de su suegra. Los tres viven en la casa que pagan desde hace 15 años. Para pagar la vivienda y ayudar con los gastos de la niña, su esposa decidió quedarse en España. Ella y su hija siguen en contacto, por internet o por teléfono. Pero, según Francisco Gutiérrez, esa presencia es insuficiente. Él ya no siente nada por ella. La niña acude a que la vea una psicóloga.
Resentimiento
«Uno crece resentido», le contaría a este diario Javier Quijano, de 16 años. «Mi mamá me llama y me dice que si me porto bien me manda regalos. Me deja con mi abuelito, que duerme todo el día. Mis amigos me aconsejan que falte al colegio porque mi mamá me dejó acá tirado y nada que manda por mí, como prometió».
Para Arnoldo Quiroz, procurador delegado para los asuntos de infancia, de no tomar medidas urgentes la región del eje cafetero tendrá que enfrentarse a una grave crisis social, pues según él «estos niños se están escapando de las manos de quienes los cuidan».
Ante la posibilidad de que regresen luego de que España suspendiera la contratación de trabajadores inmigrantes tras los altos índices de desempleo, el escenario no es alentador. «Si quiere que su hijo salga adelante», contaría Adela González, tía de un muchacho con problemas de droga de los que su madre no tiene idea, «deberá dedicarle el tiempo perdido. Y mientras tanto, ¿quién trae la plata a la casa? Es un problema de nunca acabar».
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