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viernes, 23 de enero de 2009
Jóvenes de secundaria forman “banditas” para maltratar a sus compañeros
Los agresores en su mayoría provienen de familias disfuncionales, afirman directores 
“Reproducen en la escuela lo que viven en casa”
↓  Capacitan a profesores para resolver conflictos

Mónica Archundia, 22 de enero de 2009 MÉXICO (El Universal)
A Jonathan le gusta el relajo, llevarse pesado con sus cuates y golpearse con ellos “jugando”. En la escuela le dicen Cabezón y sus maestros lo conocen porque en una semana llegó a acumular más de dos citatorios para sus padres, debido a su mala conducta. 

Apenas cursa el segundo año de secundaria y muy pronto aprendió a comunicarse con sus amigos a golpes: “nos llevamos a empujarnos, riñas no, somos amigos”. 

El grupo de 15 jóvenes con el que se reúne durante el recreo tiene una regla: estar juntos o de lo contrario te tocará “pasar” por una lluvia de patadas y trancazos. Participan de lo que se conoce como bullying, es decir, la intimidación o maltrato que se da entre escolares. Una actividad común en los planteles educativos, que ha comenzado a ser estudiada por la Secretaría de Educación del Distrito Federal, dependencia que ya prepara un programa de intervención para este año.

Uno de los cuates de Jonathan se llama Miguel Ángel, tiene 16 años y su andar refleja que pertenece a una bandita; habla lento, como arrastrando las palabras y deja escapar muchos nopsss, ssschale, queeé passssoó. 

Golpes en la espalda y patadas lo identifican como parte de un grupo al que se siente orgulloso de pertenecer porque llevarse pesado —dice— le produce diversión. 

Sus compañeros lo llaman El Mamizo, pero él asegura desconocer el origen del mote: “Me lo pusieron… no seeeé, por pinches locos”. Los estudiantes de menor edad y tamaño son quienes sufren los malos tratos de sus compañeros, según una investigación realizada por el gobierno local y la Universidad Intercontinental. Isaac cursa el primer grado y es uno de ellos. 

Mientras sube las escaleras rumbo a su salón recibe empujones de los mayores y se mantiene callado porque responder puede generarle problemas: “No les digo nada, nada más me subo”. Ani, Karen y Ástrid han visto actitudes similares en las mujeres de su generación, que atribuyen a simple maldad. 

Ellas cursan el tercer grado de secundaria y han atestiguado la forma en que se comportan algunas de sus compañeras: “Les gusta llevarse así (con zapes y golpes) para echar relajo”. 

Las reglas que han modificado conductas 

Pero en la Secundaria Técnica 50 existen reglas que todos se ven obligados a cumplir, como usar las escaleras que corresponden a cada sexo, avanzar en tiempos distintos a sus salones después de la formación, y evitar enfrentamientos dentro del plantel. 

Luis Rodríguez Avilés y David Navarro Pérez, director y subdirector de esta escuela, respectivamente, explican que hasta el ciclo escolar anterior muchos niños manoseaban y empujaban a las niñas al dirigirse a sus salones, por lo que se reforzaron algunas medidas. Entre ellas, usar escaleras distintas por género, no hacer formación en el descanso, vigilar todas las áreas del plantel, evitar las banditas e identificar a los estudiantes problemáticos. 

“Tenemos identificados a los agresores y la mayoría son de familias disfuncionales y por eso quieren llamar la atención, pero tenemos un programa de atención a los papás todos los jueves”, comenta el subdirector. 

Sólo así Jonathan moderó su comportamiento en la escuela y ahora resulta hasta raro que sus padres sean citados por los profesores para hablar sobre su conducta. 

Para acercarse más a los estudiantes, el director participa con ellos en partidos de futbol, se dan asesorías a contraturno a quienes tienen problemas en el aprendizaje, y un maestro se dedica a despejar las dudas sobre tareas. 

También se ha integrado un grupo de excelencia para motivar a los estudiantes a ser los punteros en sus grupos y recibir como premio visitas a museos, parques de diversión o empresas. 

Para evitar que los adolescentes se confronten con los de la secundaria diurna que tienen como vecina en la zona, los directivos de la técnica han establecido un horario distinto de salida con 20 minutos de diferencia. Los muros de la escuela exhiben cartulinas que destacan distintos valores como el respeto, la paz, la humildad y la tolerancia.

EL UNIVERSAL

“Reproducen en la escuela lo que viven en casa”


No sólo tienen en común un mismo cargo; también enfrentan problemáticas similares en sus planteles. La violencia entre estudiantes es una de ellas.

Son directores de secundarias públicas de la capital que han entendido que los jóvenes reproducen en los planteles lo que viven en casa o han encontrado en el ambiente escolar el medio para sacar lo que han reprimido.

El descuido de los padres, que tienen que trabajar para sostener el hogar o se encuentran separados, ha derivado también, aseguran, en una falta de valores que requiere ser atendida de forma conjunta por la escuela y la familia.

Silvino González, de la Secundaria Técnica número 10, situada en la colonia Doctores, tuvo que tomar medidas estrictas de vigilancia con apoyo de los maestros y del personal de servicios, así como colocar una guardia en los baños para evitar enfrentamientos entre estudiantes.

Esto lo decidió luego de que en diciembre pasado un estudiante fuera golpeado por otro al negarse a ser extorsionado, y de que un adolescente resultara con el brazo fracturado por forcejear con un compañero.

“Para ellos su forma de comunicación es una patada, el golpe o el aventón... Llevo tres semanas con estas medidas y ha disminuido un poco; también solicité la relación de alumnos más difíciles y los dividí en grupos con maestros que tienen horas de auxiliar docente. Ahí hablan con ellos”.

Teodoro González Maldonado, director de la Secundaria Técnica número 13, ubicada en la colonia Ampliación Asturias, explica que los de tercer grado son los que incurren más en este tipo de violencia contra sus compañeros, y suspenderlos pocas veces funciona.

José Enrique Farfán, de la Secundaria Técnica 36, en la colonia Jardín Balbuena, ha visto cómo los niños ingresan a la secundaria muy tranquilos y con el tiempo se transforman: “En esta etapa lo prohibido es un deleite... Los niños van aprendiendo de los de segundo y tercero”.

La situación de los estudiantes refleja sus problemas familiares: “Tenemos un porcentaje alto de familias desintegradas, no porque trabajen sino porque carecen de papá o mamá, o están arrimados con los abuelitos o con la madrastra o el padrastro”.

Ramiro Olguín, director de la Técnica 99, situada en la colonia Bondojito, afirma que algunas encuestas demuestran que es en las casas donde los niños son más violentados o golpeados. Y al estar en las escuelas “tratan de hacerse líderes porque para ellos lo importante es el valor negativo, es el que se atreve a fumar o a golpear el que es mejor”, agrega por su lado Farfán.

María Isabel Ortiz, directora de la Técnica 78, considera que los estudiantes necesitan límites y en casa no los tienen porque los padres compensan su ausencia con mimos y regalos, y en las escuelas “tenemos que reeducar a los niños en valores”.

Aunque los casos de violencia extrema se registran más en el exterior de los planteles, donde los adolescentes acostumbran tener sus riñas, agregan los directores.

 Capacitan a profesores para resolver conflictos

 En marzo dará inicio el proceso de capacitación de profesores que integrarán en la ciudad de México una especie de red antibullying, término asociado a la intimidación o maltrato escolar.

Conocido a nivel internacional, este fenómeno —que se refiere a las agresiones entre estudiantes— fue estudiado el año pasado por la Secretaría de Educación del Distrito Federal (SEDF) en conjunto con la Universidad Intercontinental (UIC).

A la aplicación de 4 mil 500 cuestionarios entre estudiantes de 29 escuelas primarias y secundarias de las 16 delegaciones políticas, este año seguirá la capacitación de dos docentes por cada plantel.

El propósito es que sepan intervenir con los chavos que ejercen y sufren violencia, aprendan a resolver los conflictos a través de medios pacíficos y se consiga empoderar a las víctimas, dar atención especial a los agresores y trabajar con la autoestima de ambos.

Una vez que se encuentren preparados en esta área, los profesores podrán replicar la información con sus compañeros de escuela y canalizar a la SEDF a todos los niños que requieran terapia.

Para ello se tiene comunicación con una institución especializada en el tema, que cuenta ya con un programa de sicoterapia grupal, la cual se ofrecerá a un costo mínimo de 50 pesos por consulta.

Marina Giangiancomo, especialista de la Secretaría de Educación capitalina en este tema, comenta que se pretende que cuando menos los pequeños acudan a 12 sesiones semanales, de hora y media cada una, para que se genere un impacto positivo en su conducta.

Explica que se entregará a cada uno de los 29 planteles el diagnóstico específico de la problemática detectada en ellos, para que los directivos tomen las medidas que consideren necesarias.

A lo largo del año este método de intervención será evaluado para extenderlo a otros planteles de la capital.

EL UNIVERSAL

COMPLEMENTO

 Editorial: Violencia ignorada  [artículo adjunto]


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