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viernes, 20 de febrero de 2009
El asesino confeso convenció a tres personas para que lo ayudaran en la desaparición del cadáver
«Si no reorientamos totalmente la educación de la afectividad en nuestros colegios e institutos, temo decirlo, pero habrá muchas más Martas en nuestra sociedad en los próximos años». F.J. García Rull, Fiscal
 
Diego J. Geniz | 19.02.2009 - CÁDIZ (DIARIO DE CÁDIZ)
Ejercer de líder hasta las últimas consecuencias. El crimen de Marta del Castillo, presuntamente asesinada por Miguel Carcaño el 24 de enero, ha levantado un debate sobre la capacidad de un joven de 20 años para implicar a tres personas en un asesinato. Someterse a sus directrices supone una obediencia que va más allá de la amistad, puesto que el resto de sujetos se arriesgan desde el primer momento a que el peso de la ley recaiga sobre ellos. ¿Qué mecanismos utiliza un líder para que todos le secunden? Una pregunta que la sociedad se plantea con este caso y para la que existe un abanico de estudios que determinan las condiciones que debe poseer un individuo para erigirse en jefe de una pandilla.

El psiquiatra Jaime Rodríguez Sánchez, catedrático de Psiquiatría Infantil y presidente de la Academia de Medicina, ha realizado diversos estudios sobre la formación de estas bandas de adolescentes y los distintos roles que desempeñan sus integrantes. El personaje más destacado es, obviamente, el cabecilla, papel que en este caso ostenta Miguel, el asesino confeso de Marta. Las características de una persona para convertirse en jefe de sus amigos pasan por el hecho de que el resto de componentes de la pandilla lo consideren superior al resto. En este aspecto, hay que subrayar que dos de los tres detenidos eran menores que él, pero que uno de ellos -su hermano- era mayor, por lo que la edad no avala su superioridad, sino que se trata de una cuestión de carácter, del que el sujeto ha tenido que hacer gala durante cierto tiempo para destacar del resto. A partir de este momento, se pone en funcionamiento lo que en psiquiatría se conoce como "dinámica de grupo", es decir, los integrantes de la pandilla le otorgan un papel diferenciador que ya supone cierta sumisión.

La segunda condición para convertirse en líder es la concentración en esa persona de los valores que identifican a un grupo. Es decir, el cabecilla debe ser ejemplo de lo que anhela conseguir el resto de amigos. En este caso, la sociedad juega un papel muy importante. Los adolescentes de hoy admiran ciertos aspectos que antes eran repudiados, pero que debido a la influencias de diversos factores -entre ellos la televisión- pueden convertirse en positivos. Aquí el nivel cultural es determinante. No obstante, Jaime Rodríguez especifica que un líder no tiene por qué proceder siempre de una familia desarraigada, sino que cada jefe responde a las expectativas de una clase social. Su poder es el mismo, si bien a mayor marginalidad, mayor proliferación de cabecillas y más se evidencia su supremacía.

La tercera condición para ser líder es la capacidad de persuasión. Este factor es clave para explicar las conductas de los imputados en el crimen de Marta, aunque aquí también entra en juego otro condicionante que contribuyó a que se cumplieran los planes de Miguel: el temor a una circunstancia inesperada. El asesino confeso logra que dos amigos y su hermano se involucren en el asesinato que acaba de cometer sin que ninguno de ellos desvele nada a la Policía y acaten sus órdenes. ¿Por qué su hermano, Samuel y un menor se convierten en súbditos? La explicación de Jaime Rodríguez se basa en la inseguridad que muestran estos implicados, una carencia que aprovecha Miguel para que se ejecute su plan. El líder es el único que aparenta controlar la situación -sólo lo parece- y en ese momento el resto del grupo deposita en él su confianza. Es cuando el teórico líder demuestra su poder, si bien es cierto que este acatamiento también está motivado por el miedo del resto, el temor a un castigo del jefe -ya sea físico o de desprecio por falta de "valentía"- y a la situación inesperada.

En la escena del crimen también se activan los otros roles de la pandilla. Además del líder interviene el transmisor, un rol desempeñado por Samuel, que sería la mano derecha del cabecilla del grupo, su persona de confianza y a quien Miguel da a conocer sus planes para que se encargue de poner los medios para llevarlos a la práctica. El menor detenido haría las funciones del aspirante que quiere ganarse la confianza del líder y quien, pese a su diferencia de edad, demuestra que está capacitado para desenvolverse en estas situaciones. El resto, su hermano y las otras personas que pudieran verse implicados, constituyen lo que se conoce como el pelotón del grupo, que conforman una base homogénea que admiten las directrices sin plantearse su conveniencia. En el estrato inferior se sitúan las las personas cuyas cualidades están en el polo opuesto de los valores que representa el líder. Este subgrupo lo conformarían, principalmente, las chicas con las que se relacionan, a las que los integrantes -dentro de una ideología machista- les otorgan un papel sumiso y sin poder decisorio. Aquí se encontraría, en teoría, la propia víctima: Marta.
www.diariodecadiz.es

La muerte de Marta: una explicación

ANÁLISIS· FRANCISCO JAVIER GARCÍA RULL, FISCAL DE LA FISCALÍA PROVINCIAL DE GRANADA
«La institución del divorcio, y no digamos el llamado 'divorcio-express' que nos retrotrae a la sociedad que había 2.000 años antes de Cristo, sea un grave disparate jurídico, que perjudica sobre todo al menor y a la mujer».

GRANDA 20.02.09  (IDEAL)
Por lo que sabemos hasta la fecha, el único responsable de la muerte de la adolescente Marta del Castillo ha sido Miguel Carcaño, solo o ayudado por otros amigos o familiares. Pero sin conocer la razones últimas, y como ha dicho Fernando Seco, «en el trasfondo parece que late un desamor juvenil e inmaduro: una afectividad superficial, mal asentada o poco racionalizada que lleva a cometer todo tipo de tropelías. No se trata de justificar las razones del asesino sino intentar explicar los porqués para poner los remedios oportunos».

Conocemos el ambiente familiar en que se crió Miguel. Su madre, Felisa, cambió varias veces de pareja a lo largo de su vida; tuvo un hijo, Javier, con otro hombre y eso sin contar el trasiego de hombres que visitaban el piso en que vivía sola con su hijo. Esta desestructurada situación familiar impidió a Miguel formarse como hombre y como persona según han manifestado estos días psiquiatras especializados y han condicionado fuertemente su personalidad. En mi trabajo hasta el año 2006 como Fiscal de Protección de Menores en Málaga comprobé, estadística en mano, que 3 de cada 4 menores que presentaba problemas de conducta eran hijos de familias desestructuradas (divorciados, separados, familias monoparentales...) Pienso que este es el triste resultado de casi 30 años de legislación que no ha ayudado ni ha apoyado a que las familias permanezcan más unidas. Razonamientos tan universalmente extendidos del tipo «si desaparece el amor desaparece el matrimonio, o tengo que ser fiel a mis sentimientos y ya no siento nada por esta persona, o para hacer feliz a otro u otra antes debo ser feliz yo...» son un gran engaño y desde el punto de vista jurídico una gran barbaridad. El Derecho debe proteger y alentar aquellos modos de vivir que hacen que la sociedad pueda crecer y desarrollarse más humanamente. No cabe duda que la familia y el matrimonio deben ser protegidos porque hacen posible el relevo generacional, que los hijos sean alimentados, educados y formados en un ambiente adecuado, que los ancianos sean cuidados con cariño hasta el final, etc... De ahí que la institución del divorcio, y no digamos el llamado 'divorcio-express' que nos retrotrae a la sociedad que había 2.000 años antes de Cristo, sea un grave disparate jurídico, que perjudica sobre todo al menor y a la mujer. Fomentar que una persona cambie continuamente de pareja durante su vida, facilita sin duda que muchísimos menores en nuestro país estén creciendo actualmente en auténticos infiernos.

Igualmente desde mi experiencia profesional y trato con menores, considero que otra consecuencia que debemos sacar de este horrendo crimen es si el modo en que la 'educación sexual' se está impartiendo en nuestros colegios e institutos es el adecuado. Digo 'educación sexual' por decir algo, porque lo que aprenden los menores en clases, impartidas por personal supuestamente experto, es sobre todo cómo deben ponerse un preservativo. Seamos sensatos: si a un chico o chica de 14, 15, 16 años se le explica esto, lo único que haces es incitarlo a la promiscuidad sexual y sugerirle el placer como principio rector de su actividad. Basta con examinar el creciente aumento de abortos en adolescentes en nuestro país durante los últimos años. Y este es el mensaje que desde hace 25 años se da desde las instancias públicas, (desde el famoso 'póntelo, pónselo' al actual 'Eh, tronco, yo no corono rollos con bombo') que animan a los adolescentes a considerar el sexo como una mera diversión y al placer como única meta. También es muy divertido conducir coches o motos a 200 km/hora por la autovía y a nadie se le ocurre recomendarlo porque las consecuencias pueden ser desastrosas. Y es que al hombre o mujer obsesionado por el placer se le obscurecen los principios del recto obrar: eso es lo que le ha pasado a Miguel.

Si a todo esto añadimos que las productoras de series televisivas y las cadenas de televisión presentan continuamente, en horario de máxima audiencia, series televisivas donde chicos y chicas mantienen relaciones sexuales indiscriminadamente con otros chicas y chicos y eso lo ven adolescentes cuya afectividad se encuentra formándose, lo que conseguimos es personas incapaces de amar y por tanto de ser feliz. No olvidemos que una relación sexual no es como tomarse un café o jugar al paddle; al ponerse en juego lo más intimo de una persona deja una huella muy difícil de borrar.

A Marta la ha matado, parece ser, Miguel, pero si no existe un cambio radical en la legislación sobre el matrimonio y la familia, si no reorientamos totalmente la educación de la afectividad en nuestros colegios e institutos, temo decirlo, pero habrá muchas más Martas en nuestra sociedad en los próximos años.
IDEAL

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