Talla Thian, senegalés de 20 años, fue uno de los menores inmigrantes tutelados por el Principado
«Pasé doce días en el agua con otros 139. Sabiendo lo que sé, no volvería a hacerlo»
«En el Materno hay problemas por la droga. En el Hogar de San José eso no pasa»
CHELO TUYA 03.03.09 - | GIJÓN Asturias (EL COMERCIO)
«Fue un error, no lo volvería a hacer, pero yo me quedo aquí». La frase encierra toda la filosofía vital de Talla Thian, un joven senegalés que, a sus veinte años, suma más experiencias que muchos de los que ya peinan canas.
Quien le ve por la calle ahora, con una imagen impecable, vestido a la última, con contrato de especialista en tuberías en una empresa de Tremañes y titular de un apartamento en alquiler en La Calzada -sin olvidar que exhibe un completo dominio del castellano- no encuentra ningún rastro del chaval que, hace tres años, llegó a Canarias con lo puesto, hablando únicamente wolof (el dialecto en que se expresa el 45% de la población senegalesa), a bordo de uno de los cientos de cayucos que, cada semana, parten de Senegal en busca de las costas españolas. Porque, Talla Thian, nacido en Diourbel, es uno de los jóvenes a los que, hasta su mayoría de edad, tuteló el Principado tras llegar a un acuerdo con Canarias, saturada por la llegada de inmigrantes.
Ahora, con trabajo e independizado de la Administración regional, recuerda su viaje: «Doce días metido en un barco con otros 139», sin ningún tipo de contacto «con la familia». Y, aunque «podíamos preparar comida y teníamos bebida», no había «comodidades. Ni baño, ni aseo ni cama». Y eso que un cayuco, explica Talla, «nada tiene que ver con las pateras marroquíes». Es «un barco pesquero que, en Senegal, usan para viajar a España».
De hecho, hay empresas especializadas en lucrarse del hambre ajena, que se ofertan casi como vías oficiales para acceder a Canarias. Son más de 1.700 kilómetros de travesía que, mientras que en avión no suponen más de cuatro horas de viaje, en cayuco «son doce días, con suerte. Yo la tuve». Tanta, que recuerda «como si fuera ayer el 16 de agosto de 2006», cuando su barco «arribó a Canarias y nos llevaron a los 140 a un centro de acogida».
«Mi padre me perdonó»
Desde allí, su primera llamada, a su padre, propietario de un pequeño taller en Diourbel, «de donde escapé sin decirle nada». La segunda, a su hermano mayor, otro menor escapado de Senegal «que encontró trabajo en Mallorca, donde vive con su mujer y su hijo». Él fue el único al que Talla contó su decisión, «ya que sabía que mi padre era contrario, porque estaba la experiencia de mi hermano».
Sin embargo, se reconoce «cabezón» y sin escuchar a nadie «me marché por la noche. Mi padre ya no supo nada de mí hasta que desembarqué en Canarias. No le he vuelto a ver, pero hemos hablado mucho. Creo que, ahora, ya me perdonó. Pero lo pasó muy mal».
El penar de su padre es plenamente comprendido ahora por Talla, ya que si su primera llamada fue a su progenitor, su primera reacción ante lo que consideraba «el paraíso» no pudo ser más decepcionante: «Estábamos más de cien jóvenes en un mismo centro, con habitaciones de hasta seis personas». La mezcla de nacionalidades, edades e intereses «era increíble», por lo que nunca dejará de agradecer «que alguien decidiera trasladarme a Asturias».
Junto a otros nueve, Talla formó parte del segundo contingente de menores adolescentes trasladados desde Canarias a Asturias. Su estancia no fue en el Materno Infantil, donde está la unidad de primera acogida, sino que fue derivado «al Hogar de San José, que se hacía cargo de nuestro control».
Aunque no residió en el centro ovetense, «porque en Gijón encontré a mis segundos padres, Marga y Jaime». sí conoció a sus usuarios «y los problemas que hay allí es por la droga. En el San José no pasa, quizá porque los senegaleses sabemos a qué venimos: a trabajar, no a drogarnos». Cuenta que, no obstante, «Asturias no es Canarias y aquí se nos controla mucho, nos dan formación y una paga semanal. Los del San José hemos logrado nuestro objetivo: encontrar trabajo».
«Queremos trabajar»
Pero, la imagen de los jóvenes marroquíes armando alboroto en el Materno «está muy grabada en la gente, por lo que me gustaría que mi mensaje llegara con claridad: no somos todos iguales. Nosotros queremos trabajar y sé de muchos marroquíes que también, lo que pasa que algunos están muy enganchados al disolvente».
Pero sabe de la dificultad de que esa idea cale, «porque la situación aquí está muy mal». Por eso tiene claro que «mi padre tenía razón» y que «venir a España en cayuco fue un error». Sin embargo, tras el esfuerzo realizado «no quiero volver a Senegal», salvo «para visitar a mi padre y hermanos y, si pudiera, abrir una empresa». No quiere irse porque «aquí tengo mi trabajo, mi casa y, es mi ilusión formar mi propia familia».
Una familia sin, confía, «mi hermano pequeño», que ahora estudia en Diourbel «y al que digo, cada día, que no haga lo que yo. Que se forme y trabaje allí. El futuro no está en el cayuco».
ECD
LAS PALMAS DE GRAN CANARIA, 3 Mar. (EUROPA PRESS) -
El Gobierno de Canarias ha reiterado hoy la necesidad de que los menores inmigrantes se conviertan en un asunto de Estado, ya que el número de niños se "ha cuadriplicado" en los primeros meses de 2009 con respecto a los del pasado año, según indicó hoy el portavoz del Ejecutivo autonómico, Martín Marrero.
Marrero calificó la situación actual de los centros de menores inmigrantes en las islas de "preocupación extrema", asegurando que si "ya estaban desbordados, ahora mismo ya no cabría calificativo para decir cómo se encuentran". Agregó, en rueda de prensa posterior al Consejo de Gobierno, que en los dos primeros meses de 2008 habían llegado a Canarias "37 menores inmigrantes no acompañados", mientras que en el mismo periodo de este año lo han hecho "más de 150".
En este sentido, subrayó que se trata de una cuestión que "no puede seguir siendo un asunto sólo de la Comunidad Autónoma" de Canarias donde, indicó, los canarios continúen sintiéndose "solos y casi aislados antes este fenómeno que va in crecendo".
Marrero reiteró que la situación de los centros de menores en las islas es "desbordante". En este sentido, insistió en la necesidad de que se convierta en "un asunto de Estado" y que "no sea una cuestión voluntarista de otras comunidades autónomas el acoger, mediante un principio de solidaridad, acoger a parte de los menores que están ahora mismo albergándose en Canarias".
Asimismo, en lo que respecta a cuestiones normativas, Marrero apuntó que el Ejecutivo canario ha insistido en la "idoneidad de aprovechar el trámite parlamentario en las Cortes Generales de la nueva Ley de Extranjería para que este asunto sea regulado legalmente", ya que ni la Ley del Menor, en vigor, ni la Ley de Extranjería "podía entender el fenómeno al que se está enfrentando Canarias en solitario, sin el apoyo del Estado".
"Entendemos que es de justicia y ya más que de justicia, es que entendemos que es de sentido común, por nuestra situación transfronteriza, mar de por medio con el continente africano, es por lo que estos menores están llegando aquí, pero llegan aquí como podrían llegar a otra comunidad que también fuera fronteriza y, por tanto, es un asunto de Estado, tiene que ser un asunto de Estado", apuntilló.
Agregó que el objetivo final está en que los niños que llegan "tengan la mejor atención posible" para su integración en la sociedad actual, lo que "es imposible conseguir" con situaciones de "hacinamiento como las que se han estado produciendo y que se están agravando" en los centros.
"DERECHO A SABER QUÉ PASÓ ALLÍ"
En cuanto a las circunstancias en las que se produjo el naufragio de la patera de Lanzarote en la que perdieron la vida 25 inmigrantes, indicó que al Gobierno canario lo que le cabe "es pedirle al Ministerio del Interior la aclaración, investigación o el procedimiento que sea para que los canarios" conozcan "la verdad".
"Para que una vez ocurrido ya lo que pasó en Teguise sepamos toda la verdad, toda la verdad de lo que pasó, entre otras cosas, porque mientras no sepamos toda esa verdad será difícil arbitrar los medios para que no vuelva ocurrir algo de estas características", subrayó Marrero.
"Los canarios tenemos derecho a saber qué pasó allí y tenemos derecho a saber todo lo que ocurrió allí, toda la verdad sobre lo que ocurrió allí, porque las informaciones que se han publicado y que no han sido desmentidas abren interrogantes sobre cómo funcionó el sistema de detección. No entramos en ninguna otra valoración política, lo que pretendemos es que simplemente se aclare y se esclarezca lo que ocurrió. Lo que estamos pidiendo simplemente es que se aclare lo ocurrido. Se trata de saber la verdad de algo que ocurrió en nuestras costas y donde fallecieron 25 personas, la mayoría de ellas menores", sentenció.
EP
«Pasé doce días en el agua con otros 139. Sabiendo lo que sé, no volvería a hacerlo»
«En el Materno hay problemas por la droga. En el Hogar de San José eso no pasa»
CHELO TUYA 03.03.09 - | GIJÓN Asturias (EL COMERCIO)«Fue un error, no lo volvería a hacer, pero yo me quedo aquí». La frase encierra toda la filosofía vital de Talla Thian, un joven senegalés que, a sus veinte años, suma más experiencias que muchos de los que ya peinan canas.
Quien le ve por la calle ahora, con una imagen impecable, vestido a la última, con contrato de especialista en tuberías en una empresa de Tremañes y titular de un apartamento en alquiler en La Calzada -sin olvidar que exhibe un completo dominio del castellano- no encuentra ningún rastro del chaval que, hace tres años, llegó a Canarias con lo puesto, hablando únicamente wolof (el dialecto en que se expresa el 45% de la población senegalesa), a bordo de uno de los cientos de cayucos que, cada semana, parten de Senegal en busca de las costas españolas. Porque, Talla Thian, nacido en Diourbel, es uno de los jóvenes a los que, hasta su mayoría de edad, tuteló el Principado tras llegar a un acuerdo con Canarias, saturada por la llegada de inmigrantes.
Ahora, con trabajo e independizado de la Administración regional, recuerda su viaje: «Doce días metido en un barco con otros 139», sin ningún tipo de contacto «con la familia». Y, aunque «podíamos preparar comida y teníamos bebida», no había «comodidades. Ni baño, ni aseo ni cama». Y eso que un cayuco, explica Talla, «nada tiene que ver con las pateras marroquíes». Es «un barco pesquero que, en Senegal, usan para viajar a España».
De hecho, hay empresas especializadas en lucrarse del hambre ajena, que se ofertan casi como vías oficiales para acceder a Canarias. Son más de 1.700 kilómetros de travesía que, mientras que en avión no suponen más de cuatro horas de viaje, en cayuco «son doce días, con suerte. Yo la tuve». Tanta, que recuerda «como si fuera ayer el 16 de agosto de 2006», cuando su barco «arribó a Canarias y nos llevaron a los 140 a un centro de acogida».
«Mi padre me perdonó»
Desde allí, su primera llamada, a su padre, propietario de un pequeño taller en Diourbel, «de donde escapé sin decirle nada». La segunda, a su hermano mayor, otro menor escapado de Senegal «que encontró trabajo en Mallorca, donde vive con su mujer y su hijo». Él fue el único al que Talla contó su decisión, «ya que sabía que mi padre era contrario, porque estaba la experiencia de mi hermano».
Sin embargo, se reconoce «cabezón» y sin escuchar a nadie «me marché por la noche. Mi padre ya no supo nada de mí hasta que desembarqué en Canarias. No le he vuelto a ver, pero hemos hablado mucho. Creo que, ahora, ya me perdonó. Pero lo pasó muy mal».
El penar de su padre es plenamente comprendido ahora por Talla, ya que si su primera llamada fue a su progenitor, su primera reacción ante lo que consideraba «el paraíso» no pudo ser más decepcionante: «Estábamos más de cien jóvenes en un mismo centro, con habitaciones de hasta seis personas». La mezcla de nacionalidades, edades e intereses «era increíble», por lo que nunca dejará de agradecer «que alguien decidiera trasladarme a Asturias».
Junto a otros nueve, Talla formó parte del segundo contingente de menores adolescentes trasladados desde Canarias a Asturias. Su estancia no fue en el Materno Infantil, donde está la unidad de primera acogida, sino que fue derivado «al Hogar de San José, que se hacía cargo de nuestro control».
Aunque no residió en el centro ovetense, «porque en Gijón encontré a mis segundos padres, Marga y Jaime». sí conoció a sus usuarios «y los problemas que hay allí es por la droga. En el San José no pasa, quizá porque los senegaleses sabemos a qué venimos: a trabajar, no a drogarnos». Cuenta que, no obstante, «Asturias no es Canarias y aquí se nos controla mucho, nos dan formación y una paga semanal. Los del San José hemos logrado nuestro objetivo: encontrar trabajo».
«Queremos trabajar»
Pero, la imagen de los jóvenes marroquíes armando alboroto en el Materno «está muy grabada en la gente, por lo que me gustaría que mi mensaje llegara con claridad: no somos todos iguales. Nosotros queremos trabajar y sé de muchos marroquíes que también, lo que pasa que algunos están muy enganchados al disolvente».
Pero sabe de la dificultad de que esa idea cale, «porque la situación aquí está muy mal». Por eso tiene claro que «mi padre tenía razón» y que «venir a España en cayuco fue un error». Sin embargo, tras el esfuerzo realizado «no quiero volver a Senegal», salvo «para visitar a mi padre y hermanos y, si pudiera, abrir una empresa». No quiere irse porque «aquí tengo mi trabajo, mi casa y, es mi ilusión formar mi propia familia».
Una familia sin, confía, «mi hermano pequeño», que ahora estudia en Diourbel «y al que digo, cada día, que no haga lo que yo. Que se forme y trabaje allí. El futuro no está en el cayuco».
ECD
Gobierno canario reitera la necesidad de que los menores inmigrantes se conviertan en un asunto de Estado
El Ejecutivo regional asegura que los canarios tiene "derecho a saber qué pasó" en el naufragio de la patera de LanzaroteLAS PALMAS DE GRAN CANARIA, 3 Mar. (EUROPA PRESS) -
El Gobierno de Canarias ha reiterado hoy la necesidad de que los menores inmigrantes se conviertan en un asunto de Estado, ya que el número de niños se "ha cuadriplicado" en los primeros meses de 2009 con respecto a los del pasado año, según indicó hoy el portavoz del Ejecutivo autonómico, Martín Marrero.
Marrero calificó la situación actual de los centros de menores inmigrantes en las islas de "preocupación extrema", asegurando que si "ya estaban desbordados, ahora mismo ya no cabría calificativo para decir cómo se encuentran". Agregó, en rueda de prensa posterior al Consejo de Gobierno, que en los dos primeros meses de 2008 habían llegado a Canarias "37 menores inmigrantes no acompañados", mientras que en el mismo periodo de este año lo han hecho "más de 150".
En este sentido, subrayó que se trata de una cuestión que "no puede seguir siendo un asunto sólo de la Comunidad Autónoma" de Canarias donde, indicó, los canarios continúen sintiéndose "solos y casi aislados antes este fenómeno que va in crecendo".
Marrero reiteró que la situación de los centros de menores en las islas es "desbordante". En este sentido, insistió en la necesidad de que se convierta en "un asunto de Estado" y que "no sea una cuestión voluntarista de otras comunidades autónomas el acoger, mediante un principio de solidaridad, acoger a parte de los menores que están ahora mismo albergándose en Canarias".
Asimismo, en lo que respecta a cuestiones normativas, Marrero apuntó que el Ejecutivo canario ha insistido en la "idoneidad de aprovechar el trámite parlamentario en las Cortes Generales de la nueva Ley de Extranjería para que este asunto sea regulado legalmente", ya que ni la Ley del Menor, en vigor, ni la Ley de Extranjería "podía entender el fenómeno al que se está enfrentando Canarias en solitario, sin el apoyo del Estado".
"Entendemos que es de justicia y ya más que de justicia, es que entendemos que es de sentido común, por nuestra situación transfronteriza, mar de por medio con el continente africano, es por lo que estos menores están llegando aquí, pero llegan aquí como podrían llegar a otra comunidad que también fuera fronteriza y, por tanto, es un asunto de Estado, tiene que ser un asunto de Estado", apuntilló.
Agregó que el objetivo final está en que los niños que llegan "tengan la mejor atención posible" para su integración en la sociedad actual, lo que "es imposible conseguir" con situaciones de "hacinamiento como las que se han estado produciendo y que se están agravando" en los centros.
"DERECHO A SABER QUÉ PASÓ ALLÍ"
En cuanto a las circunstancias en las que se produjo el naufragio de la patera de Lanzarote en la que perdieron la vida 25 inmigrantes, indicó que al Gobierno canario lo que le cabe "es pedirle al Ministerio del Interior la aclaración, investigación o el procedimiento que sea para que los canarios" conozcan "la verdad".
"Para que una vez ocurrido ya lo que pasó en Teguise sepamos toda la verdad, toda la verdad de lo que pasó, entre otras cosas, porque mientras no sepamos toda esa verdad será difícil arbitrar los medios para que no vuelva ocurrir algo de estas características", subrayó Marrero.
"Los canarios tenemos derecho a saber qué pasó allí y tenemos derecho a saber todo lo que ocurrió allí, toda la verdad sobre lo que ocurrió allí, porque las informaciones que se han publicado y que no han sido desmentidas abren interrogantes sobre cómo funcionó el sistema de detección. No entramos en ninguna otra valoración política, lo que pretendemos es que simplemente se aclare y se esclarezca lo que ocurrió. Lo que estamos pidiendo simplemente es que se aclare lo ocurrido. Se trata de saber la verdad de algo que ocurrió en nuestras costas y donde fallecieron 25 personas, la mayoría de ellas menores", sentenció.
EP







