Los amigos son decisivos en la adolescencia, pero a veces influyen negativamente en su comportamiento
La educación en la infancia es clave para prevenir conflictos
Las relaciones de amistad se convierten en un apoyo importante en la adolescencia
GRANADA 09.03.09 - MARINA MARTÍNEZ (IDEAL)
Piercings en la nariz, coleta, pantalones rotos... Las apariencias engañan pero, de entrada, un chaval de esta guisa no sería precisamente el perfil que cualquier padre buscaría como amigo de su hijo/a. A menudo, el tema es fuente de conflictos. Incluso más de uno se ha fugado de casa cegado por una pareja que no es aceptada, o empujado por la pandilla. La preocupación de la familia por el entorno en el que se mueven los chicos es casi una herencia que pasa de generación en generación. Más aún cuando saltan noticias como la de la desaparición y muerte de la chica sevillana Marta del Castillo. Jóvenes procedentes de hogares desestructurados y de infancia difícil que no gustaban en casa y que al final llevaron al peor de los desenlaces.
Por supuesto, es un hecho aislado, pero eso no evita la inseguridad. A muchos padres les preocupa que los amigos ejerzan demasiada influencia mientras la suya va decayendo. Temen que caigan en la delincuencia o las drogas y se alejen de los estudios.
La adolescencia es la etapa clave, el momento en el que más importancia tienen los amigos. Los chavales sienten la necesidad de distanciarse de la familia para desarrollarse de forma independiente en la sociedad, y encuentran en la pandilla el mejor apoyo: comparten inquietudes, se divierten y se entienden. «Es en la adolescencia cuando los amigos más pueden influir, tanto positiva como negativamente», advierte la psicóloga escolar Trinidad Aparicio.
Edad básica
Según la 'Guía para madres y padres. Cómo ayudar a su hijo durante los primeros años de la adolescencia' -editada por el Departamento de Educación de Estados Unidos y adaptada en España por el psicólogo Gregorio Verano-, la edad decisiva es de los doce a los catorce años. Es entonces cuando más influencia tiene la amistad. En cuestión de moda (gustos musicales o forma de vestir) y actividades de ocio son casi un vademécum.
«Para el buen desarrollo del proceso de socialización es importante la identificación con el grupo, los gustos, el lenguaje, todo aquello que les diferencia de los adultos y que les identifica como iguales», precisa Ana Isabel Saz Marín, especialista en Psicología Evolutiva y asesora del programa de Cuatro 'SOS Adolescentes'. Al fin y al cabo, como recuerda la psicóloga María del Mar Parra, son años en los que «se busca explorar y probar experiencias nuevas».
«El niño va marcando más su camino, necesita más espacio y hay que dejárselo», recomienda. Pero no es tan fácil. Los especialistas coinciden en que la elección de los amigos debe ser libre. Eso sí, sin que los padres se desentiendan. Es un hecho constatado que si el chico escoge compañeros con poco interés por los libros y que obtienen malas notas, lo habitual es que esté menos dispuesto a estudiar. El ejemplo es aplicable a cualquier otro ámbito, desde la higiene al comportamiento en sociedad. Especialmente, en caso de falta de identidad.
Para el psicólogo, pedagogo y escritor Bernabé Tierno, «los amigos son un referente, sobre todo entre chicos con poca personalidad, que con facilidad se ven instigados por otros y se dejan llevar por lo que digan los demás».
Por eso es importante prestar atención a los hijos desde la infancia. En opinión de María del Mar Parra, «los jóvenes recogen lo que sus padres han sembrado en la infancia». Es decir, si hay una buena base, el adolescente tendrá menos papeletas para meterse en conflictos. No hay que olvidar que «la personalidad es educacional», destaca la psicóloga, que considera imprescindibles el afecto y la valoración desde pequeños.
Según Saz Marín, no se trata de imponer, sino de acompañar a los hijos en el proceso de aprendizaje, «de sentar las bases de una conducta social adecuada, con capacidad de elección, de entrega y de respeto». Para ello, lo ideal es alejarse de la crítica y permitir que sean ellos los que elijan sus relaciones. Es la fórmula para fomentar la capacidad de crítica y la responsabilidad.
Ahí entra en juego la comunicación. «Hoy no hay tiempo para nada, pero hay que buscarlo porque la educación depende mucho de la familia, por eso, más que preocuparse, los padres deberían ocuparse», sostiene Tierno.
Un primer paso es estar al tanto de las compañías que frecuentan los hijos, aunque sin presionar. Una buena fórmula es invitar a los amigos a casa o intentar conocerlos de alguna forma para evitar juicios erróneos. Conviene aprovechar para llevarlos o recogerlos de fiestas, partidos o conciertos. Siempre es mejor que rechazar de antemano. Según María del Mar Parra, si al chaval se le prohíbe ver o hablar -de todos es conocido el fenómeno de las redes sociales y los foros de Internet- con una persona simplemente porque no guste, se pueden esperar dos tipos de respuesta: la rebeldía o la pasividad.
Ninguna es deseable. En el primer caso, la imposición se convierte en una especie de 'boomerang' que produce el efecto contrario: el chico no sólo no romperá la relación con el individuo en cuestión sino que se acercará más a él en detrimento de la familia. En el segundo, la conformidad frenaría el crecimiento personal del joven, anulando su capacidad de razonamiento y autonomía.
Llegar a acuerdos
Lo más recomendable es llegar a acuerdos. La guía para padres y madres de los expertos estadounidenses en Educación aconseja hablar con los hijos sobre posibles situaciones de riesgo. «Hay que estar cerca de ellos, reforzarles y alabarles en las conductas positivas y enseñarles las consecuencias de las malas compañías», observa Bernabé Tierno, autor del libro 'La educación inteligente'. Como consejo, sugiere comentarios del tipo «desde que estás con este chico tus notas son peores» o «dices más tacos», para hacerles ver que realmente está afectando a su comportamiento.
Otra opción es exponer supuestos e interesarse por su reacción en esos casos. Por ejemplo, preguntarle qué haría si un día alguien de la pandilla llegase con una botella de licor o propusiera saltarse una clase para irse de compras. Es una forma de buscar alternativas y darle seguridad.
Clima de confianza
Esto siempre será más fácil de conseguir si previamente ha existido una relación de confianza entre padres e hijos, avisa Trinidad Aparicio. El clima ayuda a saber si esa posible influencia negativa puede ser algo pasajero y sin importancia, como vestir siempre de negro, o si realmente están influyendo en aspectos importantes de su personalidad, agrega la especialista.
No obstante, tampoco hay que desterrar el 'no'. «Muchas veces, los padres no se atreven a poner límites por miedo a la respuesta que puedan encontrarse», aclara María del Mar Parra. Y es que no se trata de que no tengan amigos, destaca Bernabé Tierno, sino de darles libertad «sin fiscalizar, pero sin perder determinadas normas y principios».
IDEAL
La educación en la infancia es clave para prevenir conflictos
Las relaciones de amistad se convierten en un apoyo importante en la adolescencia
| CONSEJOS De cerca: Si se conoce personalmente a los amigos de los hijos se podrá tener más información sobre el entorno en el que se mueve y sus actividades. Invitarlos a casa o llevarlos y recogerlos en sus salidas son buenas oportunidades. Padres: Sin necesidad de ser íntimos, conocer a los padres de los amigos ayuda a saber si hay coincidencias en las actitudes y preferencias. Conociéndose entre sí los padres se puede llegar a acuerdos que eviten comparaciones del tipo 'es que a ellos les dejan'. No prohibir: Algunos adolescentes pueden rebelarse si sus padres les prohíben tajantemente relacionarse con ciertos amigos. Es más aconsejable llegar a acuerdos y hacerles ver con argumentos los posibles perjuicios de esa amistad. Libertad: Hay que dejar a los chicos libertad para que elijan a sus amigos por sí mismos, aunque sin desentenderse. Sobreprotegerlos perjudica a su desarrollo social, ya que debilita su personalidad y limita su independencia. |
GRANADA 09.03.09 - MARINA MARTÍNEZ (IDEAL)
Piercings en la nariz, coleta, pantalones rotos... Las apariencias engañan pero, de entrada, un chaval de esta guisa no sería precisamente el perfil que cualquier padre buscaría como amigo de su hijo/a. A menudo, el tema es fuente de conflictos. Incluso más de uno se ha fugado de casa cegado por una pareja que no es aceptada, o empujado por la pandilla. La preocupación de la familia por el entorno en el que se mueven los chicos es casi una herencia que pasa de generación en generación. Más aún cuando saltan noticias como la de la desaparición y muerte de la chica sevillana Marta del Castillo. Jóvenes procedentes de hogares desestructurados y de infancia difícil que no gustaban en casa y que al final llevaron al peor de los desenlaces.
Por supuesto, es un hecho aislado, pero eso no evita la inseguridad. A muchos padres les preocupa que los amigos ejerzan demasiada influencia mientras la suya va decayendo. Temen que caigan en la delincuencia o las drogas y se alejen de los estudios.
La adolescencia es la etapa clave, el momento en el que más importancia tienen los amigos. Los chavales sienten la necesidad de distanciarse de la familia para desarrollarse de forma independiente en la sociedad, y encuentran en la pandilla el mejor apoyo: comparten inquietudes, se divierten y se entienden. «Es en la adolescencia cuando los amigos más pueden influir, tanto positiva como negativamente», advierte la psicóloga escolar Trinidad Aparicio.
Edad básica
Según la 'Guía para madres y padres. Cómo ayudar a su hijo durante los primeros años de la adolescencia' -editada por el Departamento de Educación de Estados Unidos y adaptada en España por el psicólogo Gregorio Verano-, la edad decisiva es de los doce a los catorce años. Es entonces cuando más influencia tiene la amistad. En cuestión de moda (gustos musicales o forma de vestir) y actividades de ocio son casi un vademécum.
«Para el buen desarrollo del proceso de socialización es importante la identificación con el grupo, los gustos, el lenguaje, todo aquello que les diferencia de los adultos y que les identifica como iguales», precisa Ana Isabel Saz Marín, especialista en Psicología Evolutiva y asesora del programa de Cuatro 'SOS Adolescentes'. Al fin y al cabo, como recuerda la psicóloga María del Mar Parra, son años en los que «se busca explorar y probar experiencias nuevas».
«El niño va marcando más su camino, necesita más espacio y hay que dejárselo», recomienda. Pero no es tan fácil. Los especialistas coinciden en que la elección de los amigos debe ser libre. Eso sí, sin que los padres se desentiendan. Es un hecho constatado que si el chico escoge compañeros con poco interés por los libros y que obtienen malas notas, lo habitual es que esté menos dispuesto a estudiar. El ejemplo es aplicable a cualquier otro ámbito, desde la higiene al comportamiento en sociedad. Especialmente, en caso de falta de identidad.
Para el psicólogo, pedagogo y escritor Bernabé Tierno, «los amigos son un referente, sobre todo entre chicos con poca personalidad, que con facilidad se ven instigados por otros y se dejan llevar por lo que digan los demás».
Por eso es importante prestar atención a los hijos desde la infancia. En opinión de María del Mar Parra, «los jóvenes recogen lo que sus padres han sembrado en la infancia». Es decir, si hay una buena base, el adolescente tendrá menos papeletas para meterse en conflictos. No hay que olvidar que «la personalidad es educacional», destaca la psicóloga, que considera imprescindibles el afecto y la valoración desde pequeños.
Según Saz Marín, no se trata de imponer, sino de acompañar a los hijos en el proceso de aprendizaje, «de sentar las bases de una conducta social adecuada, con capacidad de elección, de entrega y de respeto». Para ello, lo ideal es alejarse de la crítica y permitir que sean ellos los que elijan sus relaciones. Es la fórmula para fomentar la capacidad de crítica y la responsabilidad.
Ahí entra en juego la comunicación. «Hoy no hay tiempo para nada, pero hay que buscarlo porque la educación depende mucho de la familia, por eso, más que preocuparse, los padres deberían ocuparse», sostiene Tierno.
Un primer paso es estar al tanto de las compañías que frecuentan los hijos, aunque sin presionar. Una buena fórmula es invitar a los amigos a casa o intentar conocerlos de alguna forma para evitar juicios erróneos. Conviene aprovechar para llevarlos o recogerlos de fiestas, partidos o conciertos. Siempre es mejor que rechazar de antemano. Según María del Mar Parra, si al chaval se le prohíbe ver o hablar -de todos es conocido el fenómeno de las redes sociales y los foros de Internet- con una persona simplemente porque no guste, se pueden esperar dos tipos de respuesta: la rebeldía o la pasividad.
Ninguna es deseable. En el primer caso, la imposición se convierte en una especie de 'boomerang' que produce el efecto contrario: el chico no sólo no romperá la relación con el individuo en cuestión sino que se acercará más a él en detrimento de la familia. En el segundo, la conformidad frenaría el crecimiento personal del joven, anulando su capacidad de razonamiento y autonomía.
Llegar a acuerdos
Lo más recomendable es llegar a acuerdos. La guía para padres y madres de los expertos estadounidenses en Educación aconseja hablar con los hijos sobre posibles situaciones de riesgo. «Hay que estar cerca de ellos, reforzarles y alabarles en las conductas positivas y enseñarles las consecuencias de las malas compañías», observa Bernabé Tierno, autor del libro 'La educación inteligente'. Como consejo, sugiere comentarios del tipo «desde que estás con este chico tus notas son peores» o «dices más tacos», para hacerles ver que realmente está afectando a su comportamiento.
Otra opción es exponer supuestos e interesarse por su reacción en esos casos. Por ejemplo, preguntarle qué haría si un día alguien de la pandilla llegase con una botella de licor o propusiera saltarse una clase para irse de compras. Es una forma de buscar alternativas y darle seguridad.
Clima de confianza
Esto siempre será más fácil de conseguir si previamente ha existido una relación de confianza entre padres e hijos, avisa Trinidad Aparicio. El clima ayuda a saber si esa posible influencia negativa puede ser algo pasajero y sin importancia, como vestir siempre de negro, o si realmente están influyendo en aspectos importantes de su personalidad, agrega la especialista.
No obstante, tampoco hay que desterrar el 'no'. «Muchas veces, los padres no se atreven a poner límites por miedo a la respuesta que puedan encontrarse», aclara María del Mar Parra. Y es que no se trata de que no tengan amigos, destaca Bernabé Tierno, sino de darles libertad «sin fiscalizar, pero sin perder determinadas normas y principios».
IDEAL

Peace





