ANÁLISIS · María José Prieto, periodista
Estamos obligados a cuidarlos, a criarlos, a quererlos y a educarlos en valores consistentes
CIUDAD REAL, 23 ABR 2009 (LANZA Digital)
Si hay algo que nos duele especialmente a las personas (cuerdas) es la muerte de niños y niñas. Pero cuando la muerte se produce al saltar una niña de unos 15 años desde la furgoneta que la trasladaba a un centro de menores, alejado de su entorno y tutelado por la administración, la cosa es mucho más espeluznante. Si a esto añadimos que el centro de destino había sido denunciado por el Defensor de Pueblo, junto a otros, por el trato que se daba a los menores, la historia va adquiriendo consistencia penal, aunque puede que la realidad sea distinta. Habrá de ser una investigación rigurosa e imparcial la única capaz de reconstruir esta tragedia y dirimir responsabilidades.
Pero no nos viene mal darle vueltas a la criminalización generalizada que existe entorno a los adolescentes en general y a los llamados problemáticos, en particular, aunque estos últimos sean ajenos a la vida que les ha tocado en suerte. Indefensos absolutamente ante las acusaciones falsas, ante las decisiones injustas, ante la arbitrariedad, dependientes de ciertos adultos inadecuados, no deseados, abandonados, no queridos, muchos de ellos y ellas maltratados, arrojados a la fuerza a un mundo que desde su nacimiento les fue hostil.
La administración tutelante está obligada a investigar de manera rigurosa e imparcial aunque el resultado duela. Hay que escuchar a los menores y, especialmente, hay que investigar con inteligencia lo que ocurre cuando se cierran las puertas de éste y de otros muchos centros de menores…y de mayores. Hay que buscar profesionales comprometidos que inspiren confianza a los residentes y no firmar en blanco las versiones de los responsables de dichos centros. No se trata de criminalizar a sus trabajadores, sino de no culpabilizar por sistema a los menores.
Todos, de una u otra forma, somos culpables de la muerte de esta niña, al margen de las circunstancias reales. Somos cómplices cuando otorgamos carta blanca para desarrollar algunos servicios sociales, cuando culpamos a priori al grupo de chavales más próximo cuando aparece un banco roto, una papelera quemada. Cuando confundimos su lucha interior por convertirse en adultos, con una desvergonzada afrenta, una indolencia continua, un desafío permanente a las normas establecidas.
Olvidamos que nosotros también pasamos por ahí y no vale decir que eran otros tiempos, que había más respeto, más educación. Esto tampoco se lo han inventado ellos, sino que se lo hemos dejado nosotros, la generación anterior. Seguramente no les hemos querido lo suficiente como para educarles en condiciones. Hemos construido un mundo, unos valores, en los que el dinero y la posesión de cosas son el don mas preciado, lo que da el reconocimiento y el prestigio social. Diariamente soltamos frases estúpidas sobre el deseo de ser ricos que ellos escuchan y hemos creído construir una sociedad perfecta en las necesidades básicas.
Pero hemos ignorado, presiento que a sabiendas, que detrás seguían viniendo al mundo seres indefensos y frágiles que nunca pidieron nacer. Y hemos olvidado, con tantas comodidades, que estamos obligados a cuidarlos, a criarlos, a quererlos y a educarlos en valores consistentes. Y no solo a los propios.
Los derechos humanos son también, desde luego, los derechos del niño: a ser oído, a ser escuchado, a ser atendido, a ser creído. A no ser tratado con prejuicios, aunque tenga granos en la cara, aunque lleve los pantalones arrastrando o los pelos de punta. Porque hay muchos más adultos delincuentes, mentirosos, estafadores, drogadictos, destrozadores de mobiliario urbano, malas compañías, hipócritas, mal hablados, acosadores, maltratadores….que menores.
Además, puesto que esto que hemos construido es mentira en buena parte como se viene demostrando con intensidad en los últimos tiempos, que nada ni nadie es lo que parece, pongan ustedes nombres que los hay para todos los gustos y que tenemos una gran tarea por delante tan “sencilla” como la de construir una sociedad mejor, empecemos por controlar de verdad los lugares cerrados donde confinamos a los que estorban nuestra vida de primera clase como son esos menores, los presos, los ancianos, los enfermos mentales y otros colectivos de ellos y de ellas necesitados de toda nuestra atención y cariño. Esta es, sin duda, la gran responsabilidad social.
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21 ABR 2009
Muere una adolescente tutelada tras arrojarse de un coche en marcha al regresar de vacaciones
DE 14 AÑOS, ACUDÍA AL CENTRO DE MENORES CASA JOVEN DE AZUQUECA (GUALAJARA)
La adolescente fue a pasar las vacaciones de Semana Santa a casa de unos familiares hasta el pasado 12 de abril cuando una furgoneta del centro la recogió para llevarla de vuelta al correccional en el que estaba interna.
Durante el viaje, la menor se lanzó del vehículo a la carretera, un acto que le provocó graves heridas por todo el cuerpo, por lo que fue trasladada al Hospital Niño Jesús de Madrid. Allí se mantuvo en estado crítico hasta el pasado domingo cuando falleció.
Comienza la investigación por la muerte de la niña tutelada de 14 años que se tiró del coche (2)
BAJO SOSPECHA EL CENTRO DE MENORES AL QUE SE DIRIGÍA
"¡Nos tiramos y nos escapamos!"
La niña que se tiró del furgón para evitar su vuelta a un centro de menores llevaba dos días sin comer • Sus familiares demandarán a la Fundación O'Belén • Con los padres en prisión, la abuela no pudo hacerse cargo de la chica
Dos asesores del Defensor del Pueblo han sido enviados al centro "para verlo in situ"
Para recabar información y esclarecer las circunstancias que llevaron a la niña a arrojarse "del coche o de la furgoneta que le trasladaba al centro de menores"
— Múgica recuerda que en el centro ya se habían observado irregularidades, y que "lo más curioso del caso es que el centro de Azuqueca de Henares, junto con otros centros regentados por la misma empresa, ha recibido la peor calificación" en el informe presentado a las Cortes Generales
Estamos obligados a cuidarlos, a criarlos, a quererlos y a educarlos en valores consistentes
| Y no solo a los propios |
CIUDAD REAL, 23 ABR 2009 (LANZA Digital)Si hay algo que nos duele especialmente a las personas (cuerdas) es la muerte de niños y niñas. Pero cuando la muerte se produce al saltar una niña de unos 15 años desde la furgoneta que la trasladaba a un centro de menores, alejado de su entorno y tutelado por la administración, la cosa es mucho más espeluznante. Si a esto añadimos que el centro de destino había sido denunciado por el Defensor de Pueblo, junto a otros, por el trato que se daba a los menores, la historia va adquiriendo consistencia penal, aunque puede que la realidad sea distinta. Habrá de ser una investigación rigurosa e imparcial la única capaz de reconstruir esta tragedia y dirimir responsabilidades.
Pero no nos viene mal darle vueltas a la criminalización generalizada que existe entorno a los adolescentes en general y a los llamados problemáticos, en particular, aunque estos últimos sean ajenos a la vida que les ha tocado en suerte. Indefensos absolutamente ante las acusaciones falsas, ante las decisiones injustas, ante la arbitrariedad, dependientes de ciertos adultos inadecuados, no deseados, abandonados, no queridos, muchos de ellos y ellas maltratados, arrojados a la fuerza a un mundo que desde su nacimiento les fue hostil.
La administración tutelante está obligada a investigar de manera rigurosa e imparcial aunque el resultado duela. Hay que escuchar a los menores y, especialmente, hay que investigar con inteligencia lo que ocurre cuando se cierran las puertas de éste y de otros muchos centros de menores…y de mayores. Hay que buscar profesionales comprometidos que inspiren confianza a los residentes y no firmar en blanco las versiones de los responsables de dichos centros. No se trata de criminalizar a sus trabajadores, sino de no culpabilizar por sistema a los menores.
Todos, de una u otra forma, somos culpables de la muerte de esta niña, al margen de las circunstancias reales. Somos cómplices cuando otorgamos carta blanca para desarrollar algunos servicios sociales, cuando culpamos a priori al grupo de chavales más próximo cuando aparece un banco roto, una papelera quemada. Cuando confundimos su lucha interior por convertirse en adultos, con una desvergonzada afrenta, una indolencia continua, un desafío permanente a las normas establecidas.
Olvidamos que nosotros también pasamos por ahí y no vale decir que eran otros tiempos, que había más respeto, más educación. Esto tampoco se lo han inventado ellos, sino que se lo hemos dejado nosotros, la generación anterior. Seguramente no les hemos querido lo suficiente como para educarles en condiciones. Hemos construido un mundo, unos valores, en los que el dinero y la posesión de cosas son el don mas preciado, lo que da el reconocimiento y el prestigio social. Diariamente soltamos frases estúpidas sobre el deseo de ser ricos que ellos escuchan y hemos creído construir una sociedad perfecta en las necesidades básicas.
Pero hemos ignorado, presiento que a sabiendas, que detrás seguían viniendo al mundo seres indefensos y frágiles que nunca pidieron nacer. Y hemos olvidado, con tantas comodidades, que estamos obligados a cuidarlos, a criarlos, a quererlos y a educarlos en valores consistentes. Y no solo a los propios.
Los derechos humanos son también, desde luego, los derechos del niño: a ser oído, a ser escuchado, a ser atendido, a ser creído. A no ser tratado con prejuicios, aunque tenga granos en la cara, aunque lleve los pantalones arrastrando o los pelos de punta. Porque hay muchos más adultos delincuentes, mentirosos, estafadores, drogadictos, destrozadores de mobiliario urbano, malas compañías, hipócritas, mal hablados, acosadores, maltratadores….que menores.
Además, puesto que esto que hemos construido es mentira en buena parte como se viene demostrando con intensidad en los últimos tiempos, que nada ni nadie es lo que parece, pongan ustedes nombres que los hay para todos los gustos y que tenemos una gran tarea por delante tan “sencilla” como la de construir una sociedad mejor, empecemos por controlar de verdad los lugares cerrados donde confinamos a los que estorban nuestra vida de primera clase como son esos menores, los presos, los ancianos, los enfermos mentales y otros colectivos de ellos y de ellas necesitados de toda nuestra atención y cariño. Esta es, sin duda, la gran responsabilidad social.
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21 ABR 2009
Muere una adolescente tutelada tras arrojarse de un coche en marcha al regresar de vacaciones
DE 14 AÑOS, ACUDÍA AL CENTRO DE MENORES CASA JOVEN DE AZUQUECA (GUALAJARA)
La adolescente fue a pasar las vacaciones de Semana Santa a casa de unos familiares hasta el pasado 12 de abril cuando una furgoneta del centro la recogió para llevarla de vuelta al correccional en el que estaba interna.
Durante el viaje, la menor se lanzó del vehículo a la carretera, un acto que le provocó graves heridas por todo el cuerpo, por lo que fue trasladada al Hospital Niño Jesús de Madrid. Allí se mantuvo en estado crítico hasta el pasado domingo cuando falleció.
Comienza la investigación por la muerte de la niña tutelada de 14 años que se tiró del coche (2)
BAJO SOSPECHA EL CENTRO DE MENORES AL QUE SE DIRIGÍA
"¡Nos tiramos y nos escapamos!"
La niña que se tiró del furgón para evitar su vuelta a un centro de menores llevaba dos días sin comer • Sus familiares demandarán a la Fundación O'Belén • Con los padres en prisión, la abuela no pudo hacerse cargo de la chica
Dos asesores del Defensor del Pueblo han sido enviados al centro "para verlo in situ"
Para recabar información y esclarecer las circunstancias que llevaron a la niña a arrojarse "del coche o de la furgoneta que le trasladaba al centro de menores"
— Múgica recuerda que en el centro ya se habían observado irregularidades, y que "lo más curioso del caso es que el centro de Azuqueca de Henares, junto con otros centros regentados por la misma empresa, ha recibido la peor calificación" en el informe presentado a las Cortes Generales

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