"Los niños-tiranos saben muy bien contra quien ir para conseguir lo que quieren"

SANDRA PENELAS, 06 MAY 2009- VIGO (FARO)
El profesor Clemente colaboró con la Xunta en un proyecto para tratar a jóvenes con "síndrome del emperador" que estaban internos en centros de menores. Los resultados fueron "esperanzadores", pero el trabajo no ha tenido continuidad y, a día de hoy, no existe ningún recurso público específico para este problema de conducta.
-¿Estamos ante un problema achacable a la sociedad actual?
-Evidentemente es un mal de nuestra época. Las familias tienen pocos hijos, por lo que están muy mimados y además hay más posibilidades económicas. Les hemos dado absolutamente de todo y hemos criado a pequeños emperadores. Pero en el caso de la menor de Vigo fugada podría haber algo más serio como un problema de personalidad o disociado y que origina un comportamiento psicopático. Hace poco que un menor se fugó del coche que lo llevaba a un centro de menores y quizá haya copiado la idea.
-Su familia atribuye esta conducta a las malas compañías, ¿hasta qué punto pueden influir?
-Existe un descontrol de los padres sobre los modelos de sus hijos, que son los que difunden los medios de comunicación. Los menores de las series de televisión hacen lo que les da la gana y actúan como adultos. Ésa esa la influencia de la calle. Los medios son lo único que une a todos los jóvenes.
-¿Se manifiesta a menudo el "síndrome del emperador" unido a otros problemas?
-En la mayoría de los casos se manifiesta solo. Son chicos problemáticos con un comportamiento que saca de quicio a los padres. Suelen amenazar a la madre, a los hermanos o a los abuelos, normalmente no lo hacen con el padre porque éste puede responder con violencia. Saben muy bien en contra de quien ir para conseguir lo que quieren, pero tienen un límite. Hay un deseo de manipulación, no un trastorno de personalidad como podría tener la chica de Vigo.
-Insultan y pegan a sus familiares, ¿no sienten nada por ellos?
-Es lo que diferenciaría un trastorno psicopático de un problema de conducta. Los niños con "síndrome del emperador" empañan sus sentimientos para conseguir lo que quieren, pero tienen un límite. Aunque siempre están en el filo de la navaja. Los que sufren otro tipo de problemas no sienten absolutamente nada. No tienen capacidad de empatía.
-¿Cuál es el perfil del niño-tirano?
-Normalmente son hijos únicos o los más pequeños, como también ocurre en el caso del que hablamos. Al ser la menor de cuatro hermanos posiblemente haya sido también la más mimada. Se trata de menores que no quieren estudiar, la tasa de fracaso escolar es muy elevada, pero tampoco trabajar. Buscan la satisfacción inmediata, sin esfuerzo.
-¿Responden también sus familias a un prototipo?
-La mayoría proceden de familias de clase media o media-alta. Los padres más permisivos suelen ser también los que tienen mayores posibilidades económicas. En las clases bajas este síndrome no se produce porque controlan al menor. Puede ser un delincuente, pero respeta a su familia. El problema del niño con "síndrome del emperador" es que le da absolutamente igual. El típico ejemplo sería Pocholo. Hace lo que quiere y punto. Son niños grandes que no quieren obligaciones y dicen ser víctimas de la sociedad.
-¿Hay señales de alarma?
-Los síntomas son muy progresivos y el síndrome suele surgir en la preadolescencia, a los 13 años. Se ponen "gallitos" y los padres ya no los pueden controlar. Y si la pareja tiene desavenencias es terrible, porque se aprovechan de esa circunstancia y pueden ponerlos en contra.
-Los padres de estos menores sufren graves agresiones físicas y psicológicas.
-Normalmente empiezan por las psicológicas, de ahí que sea bueno saber cortar y poner límites. Se les consiente y se hacen pactos con ellos del tipo: "Te dejo venir borracho, pero al menos baja alguna vez la basura". Con esto le demuestras que su estrategia es eficaz.
-Los centros de menores tampoco parecen el mejor destino.
-Las administraciones no ofertan alternativas ni centros adecuados. Los padres acuden a los servicios sociales, pero allí no saben qué hacer con ellos y están en absoluta indefensión hasta que la fiscalía de menores ordena ingresarlos en los centros cuando ya han cometido algún delito. Allí los tratamientos son inespecíficos. Los padres tiran la toalla, pero también hay que hacer terapia con ellos para fortalecerlos y que no renuncien a serlo.
-¿Y qué pasará con esta generación de niños-tiranos cuando sean mayores?
-En Japón se les llama otakus, son el 60% de la población menor de 40 años y se niegan a trabajar. Hemos pasado de una época terrible para la infancia, de prohibiciones y castigo físico, al extremo: la absoluta protección. La sociedad es cíclica y ya se plantean medidas como bajar la edad penal o meter a los chavales en la cárcel. Pero sería bueno no llegar a los extremos, sino buscar un modelo de sociedad que proteja a los menores, pero también a padres y educadores.
-Muchos padres de hoy aspiran a ser los colegas de sus hijos.
-No se puede ser su colega, porque cuando quieras actuar como un padre no te dejará. Hay que asumir las obligaciones de padre y hacérselo saber a él. No se exigen requisitos a los futuros progenitores y debería haber escuelas para ellos. Si un niño está en la guardería o con los abuelos todo el día no tendrá respeto por sus padres. Eso no es la conciliación laboral.
FDV
La lección más dura
TELECINCO 06.05.09 | ESPERANZA CALVO/ BERNI VILA
Cada año más de 6000 menores agreden a sus padres, y el número de denuncias no hace más que crecer. En gran medida porque es la única vía para que la administración medie entre padres e hijos.
Los centros de reeducación se llenan de adolescentes que cumplen medidas judiciales con problemas de conducta en casa. Robos, fugas y agresiones tanto físicas como verbales abren brechas en la convivencia familiar. Y en demasiadas ocasiones, hasta que no llega la denuncia la administración no interviene.
La Generalitat Valenciana ha puesto en marcha la Escuela de Padres, gestionada por la Fundación San Vicente Ferrer. En ella los padres regresan a las aulas mientras los hijos cumplen con la justicia para aprender la lección más difícil, la de cómo educar y comunicarse sin violencia.
TELECINCO
PS
Aprender a ser padres
PEPITA TABOADA JAÉN | Málaga | 07/05/2009 (El lector Opina /LA VANGUARDIA)Muchos padres se ven desbordados ante la figura de un ser diminuto -chicos de 7 u 8 años- que imponen su propia ley en casa. Casi siempre son hijos únicos que aprovechan la debilidad educativa de sus padres para hacer sus "gracias".
Con el equivocado enfoque de dar a sus hijos "lo mejor", están contribuyendo a preparar una adolescencia conflictiva y quizá a aumentar un problema social serio: la violencia juvenil.
La psicoanalista Christiane Olivier escribe al respecto: "hoy día, los hijos son esperados, deseados, pero solo se busca su sonrisa y no los problemas que ocasionan y, para educar, hay que saber decir ¡no!".
El fracaso educativo de los padres les lleva a claudicar con mucha facilidad, bien porque han creado un ambiente de excesivas atenciones a los niños, bien debido a la escasa presencia de los padres en el hogar que les conduce a querer compensar la falta de dedicación, favoreciendo su ego infantil, o también, si se trata de familias desestructuradas o recompuestas, acaban consintiéndolo todo para evitar más conflictos.
En este marco los progenitores pierden su papel y son incapaces de imponer unas normas y transmitir mensajes a sus hijos.
Según los expertos la mejor prevención consiste en fijar desde el primer momento los límites al niño; establecer lo que se puede hacer, lo permitido, es necesario para dar seguridad, explicando al pequeño las razones que pueda comprender.
El psicólogo Didier Pleux, en su experiencia como director de un instituto de terapia cognitiva y tras haber recibido durante años en la consulta a padres desesperados por el comportamiento de sus hijos, afirma: "Como están acostumbrados a conseguir todo lo que quieren, con una especie de coerción, los niños acaban por no soportar la frustración, pero la frustración es fundamental para la educación, porque hay que experimentarla para ser conscientes de que no se puede hacer todo".
También el egocentrismo que se les fomenta, les lleva a no aceptar que los demás tienen sus derechos. Por eso al llegar a la adolescencia, "algunos reaccionan a veces con violencia o desarrollan otras patologías porque la realidad les parece intolerable. Pero, de hecho, son ellos los que no toleran la realidad" afirma Pleux.
Por otra parte, el gasto familiar para atender los caprichos de ese hijo, se dispara. El ser diminuto no pide unos deportivos sino la marca concreta, ni una camiseta sino la mejor cotizada en el mercado, situación que aprovechan -dicho sea de paso- el mundo de los diseñadores para crear colecciones exclusivas para los pequeños. Y lo mismo se podría decir de la decoración de sus habitaciones o los juguetes, con un peso creciente en las cuentas familiares.
En buena parte de los casos, los padres acuden a la consulta de un psicólogo relacionando el problema con los estudios, pero descubren un asunto diferente: "Generalmente los padres vienen a consultar otra cosa, a menudo relacionada con el fracaso escolar; pero en cuanto se rasca un poco, uno se da cuenta de que el verdadero drama se plantea en casa" asegura Pleux.
Es bastante eficaz, y así lo recomiendan los psicólogos infantiles, que exista solidaridad entre el padre y la madre, las posturas opuestas son rápidamente captadas por el niño que sabe como aprovecharlas. Los padres educan cuando actúan en bloque.
También puede resulta útil para los padres participar en sesiones orientativas junto con otras familias. En muchas ciudades hay organizados cursos de orientación familiar que ayudan a resolver o aclarar los problemas en la educación de los hijos.
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