Una joven de 16 puede operarse los pechos pero no hacerse un 'piercing'
Expertos en menores piden "revisar" las leyes para reducir "contradicciones"Los 'dieciseisañeros' españoles pueden trabajar, pero no abrir una cuenta en el banco. Pueden someterse a un implante de silicona o a cualquier otra operación de cirugía estética, pero no hacerse un piercing o un tatuaje. Pueden mantener relaciones sexuales con adultos a partir de los 13 pero no casarse hasta los 14. Tienen responsabilidad penal y potestad para hacer testamento, pero no se les deja votar, tomarse una cerveza o comprar tabaco.
Éstas son sólo algunas paradojas del tratamiento que la legislación española da a los adolescentes de entre 16 y 18 años, menores que acaban de salir de la edad de la inocencia y que viven desconcertados en un limbo de responsabilidades. Porque la sociedad les permite cierta capacidad de decisión, por un lado, al tiempo que se la restringe por otro.
La reforma de la Ley del Aborto, que posibilitará a las chicas de 16 años interrumpir su embarazo sin permiso paterno, y la inminente administración sin receta en las farmacias de la píldora del día después han reabierto un viejo debate sobre la necesidad de "revisar" las distintas leyes y adaptarlas a la madurez real de los jóvenes. Todos los expertos en menores consultados por este periódico coinciden en que actualmente hay serias "contradicciones" en la legislación. Pero lo realmente difícil es delimitar para qué cosas están verdaderamente preparados los adolescentes españoles.
Y es que no parece haber duda de que los chicos de ahora son menos maduros que los de otras generaciones. "Cada vez los niños son más niños, y les estamos dando prerrogativas de adultos", considera el juez de menores de Granada Emilio Calatayud, famoso por sus condenas ejemplares. "A los 16 son inmaduros para muchas cosas, a veces no tienen una respuesta coherente a la realidad. Han tenido una vida más fácil que en otros tiempos", apostilla Elena Borges, psicóloga clínica experta en adolescentes.
¿Está una chica de 16 años capacitada emocionalmente para casarse, someterse a una operación estética, abortar o pedir la píldora postcoital? Borges responde que no a todo. Sobre el aborto es categórica: "Una niña de 16 años madura es justo la que no se queda embarazada".
"Probablemente haya niñas que tengan la madurez suficiente para abortar", argumenta el defensor del Menor de la Comunidad de Madrid, Arturo Canalda, "pero, al ser una decisión tan dura, es conveniente que los padres la conozcan. Esta ley hurta a los progenitores la posibilidad de hablar con sus hijas y apoyarlas en una situación complicada".
En relación a la píldora, el debate es distinto. El Ministerio de Sanidad recuerda que nunca ha habido límite de edad a la hora de administrarla y que la única diferencia es que pasará de prescribirse en el ambulatorio a repartirse en una farmacia. "La cuestión respecto a la píldora es la de la trascendencia que puede tener en la vida de los adolescentes su utilización sistemática", explica Isabel E. Lázaro, directora de la Cátedra de Derecho y Menores de la Universidad Pontificia de Comillas de Madrid. "Puede ser un alma de doble filo, porque no protege contra las enfermedades de transmisión sexual", apunta la psicóloga Borges. Por eso el secretario de la Asociación Española de Ginecología y Obstetricia, Gerardo Ventura Serrano, es taxativo: "Tiene que ser administrada por profesionales de la medicina, tanto en adolescentes como en adultos".
"No entiendo, en cualquier caso, cómo se va a dar una pastilla del día después sin límite de edad si hasta los 13 años una chica no puede tener relaciones sexuales. Habrá que cambiar la ley", hace notar el juez Calatayud, recalcando que "hay muchas contradicciones jurídicas que conviene ordenar, porque plantean serios problemas". Lo mismo piensan Canalda, Borges, Ventura Serrano o Lázaro, que precisa que "el Derecho trata a los menores de forma desigual e incoherente en muchas ocasiones". "Se pasa de la sobreprotección al descuido, existen lagunas graves. La consideración de los niños y adolescentes como personas y el reconocimiento de sus derechos como tales necesitan de revisión y desarrollo", añade.
Hace tiempo que los jueces le dan vueltas a este asunto. "Interesa hacer una revisión. Hay que adaptar la ley a los nuevos tiempos, hacer una reflexión general sobre los derechos y deberes del menor, qué debe hacer y si hay intereses contrapuestos", afirma Calatayud. "Habría que equilibrar la balanza, ya que a los 16 psicológicamente es más difícil abortar que votar o tomarse una caña", suscribe Borges.
Algunas administraciones ya se están planteando esta revisión. Así, el Congreso instó hace poco al Gobierno a que suba 14 años la edad mínima para tener sexo con adultos, mientras que la Junta de Andalucía ha endurecido la Ley de Autonomía del Paciente para que las menores que quieran hacerse una operación de estética tengan que pasar primero por un examen de madurez.
Los expertos consideran que no se trata tanto de poner una única edad para todo, ya que todas las acciones no tienen la misma trascendencia y la madurez va obteniéndose poco a poco, sino de ir valorando todas las cuestiones. "No creo que haya que homogeneizar las distintas edades, sino adaptarlas a la realidad social", indica Canalda. "A lo mejor hay que plantearse bajar la edad para determinadas cosas, como realizar transacciones económicas y comerciales sin el permiso paterno, y subirla para otras".
Edad real y legal
Fernando Gil Villa, sociólogo profesor de la Universidad de Salamanca, apunta que "una cosa es el límite legal y otra la edad real o sociológica a la que los jóvenes se inician en ciertas prácticas". "Si alguien quiere fumar o beber, lo hará. Si se lo permiten, bien; en otro caso, casi mejor, pues aparece el aliciente del morbo", explica.
"La edad real del uso del sexo, las drogas y la ruptura de normas está y seguirá estando por debajo de la edad legal o de la que le gustaría a la mayoría de los políticos. Están equivocados los legisladores conservadores que creen que prohibiendo disminuirá la práctica y los supuestamente progresistas que creen que con gestos liberales como el de la píldora del día después los adolescentes recuperarán de repente la sensatez y la responsabilidad. Porque el problema está justamente en que la verdadera libertad no es un regalo ni se otorga por ley, sino que se enseña". La educación es la clave.
"Es preciso un proceso de formación en el discernimiento, en el ejercicio de la voluntad y en la asunción de la responsabilidad del menor", sostiene Isabel E. Lázaro, directora de la Cátedra de Derecho y Menores de la Universidad Pontificia de Comillas.
EL MUNDO
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PS
¿NIÑAS O MUJERES DE 16 AÑOS?
Los expertos abogan por equiparar las leyes españolas a la edad de la madurez de los adolescentes
El desarrollo biológico se adelanta, pero se discrepa sobre el cognitivo | Ninguna norma recoge que las chicas maduran 1,5 años antes que los chicos
CELESTE LÓPEZ / MARTA RICART | Madrid / Barcelona | 22/05/2009 (LA VANGUARDIA)
La decisión del Gobierno de permitir a las chicas de 16 y 17 años abortar libremente dentro de las 14 primeras semanas sin que sea obligatorio el permiso de los padres ni tampoco su conocimiento ha desatado una fuerte polémica sobre si a esa edad se pueden adoptar decisiones de tal calibre. En estos días, y dependiendo de la ideología y las creencias de cada cual, e incluso de si se tienen hijos o no, unos han descrito a las menores de esas edades como "niñas", mientras que otros hablan de "mujeres", descripciones que se modifican radicalmente, sin embargo, cuando el debate se centra en si una chica de 16 años que ha matado a otra debería ser juzgada como una menor o como una mayor de edad. Quienes hablan de que es una niña para abortar alegan entonces que es responsable de sus actos, mientras que los que en este momento las definen como mujeres, en el caso penal las señalan como niñas.
Pero ¿qué es una menor de edad de 16 o de 17 años? Según la legislación española vigente, una persona inmadura como para conducir, beber alcohol o votar a sus representantes políticos, pero lo suficientemente madura como para mantener relaciones sexuales consentidas (desde los 13 años), trabajar (desde los 16 años), decidir si quiere o no seguir un tratamiento oncológico (16) o casarse (con permiso paterno desde los 14, sin él, a los 16)...
"Es preciso equilibrar el ordenamiento jurídico español y hacerlo con coherencia. No es lógico que según qué código establezca que un menor está capacitado para una cuestión determinada y no para otras. La sociedad evoluciona y las leyes deben evolucionar. Si la normativa considera que en materia sanitaria un chico o una chica de 16 años pueden tomar sus propias decisiones, no se pueden establecer excepciones (como la del aborto), porque si no se cuestiona que alguien decida tener un hijo a esa edad, decisión muy trascendente, tampoco se le debe cuestionar una decisión al contrario", señala Altamira Gonzalo, presidenta de la asociación de mujeres juristas Themis.
El psicólogo y pedagogo Javier Urra cree que la madurez se alcanza, entre los 18 y 21 años, "antes no, porque no se ha alcanzando el desarrollo cognitivo ni emocional". Otra cuestión bien distinta es el desarrollo biológico, que se ha adelantado "claramente". Pero, dicho esto, reconoce que el debate sobre la evolución de la madurez de los menores es "muy complejo y en muchas ocasiones se establece una edad u otra en función del debate social del momento", señala, mientras recuerda las voces de hace unos meses pidiendo la cárcel para los menores de 16 años tras el asesinato de una joven por un menor.
Jaume Funes, psicólogo especializado en menores y que fue adjunto al Síndic catalán para asuntos de infancia, cree que "es un error de planteamiento equipar la adolescencia o madurez al concepto jurídico de mayoría o minoría de edad. Socialmente o psicológicamente, la madurez no es un estado al que se llega a esa edad, aparte que esta cambia según la sociedad. La madurez supone la capacidad de tomar decisiones. A los 16 años una persona puede tomarlas, pero se deben crear las condiciones para que sea posible. No debe haber autoritarismos, sino que los adultos deben garantizar que los adolescentes puedan construir sus criterios para decidir, además de apoyarles, pero la decisión última debe ser suya".
"La sociedad evoluciona y ahora ya no es como hace 30 años, se da más libertad a los adolescentes, pero a la vez, los adultos temen sus decisiones. Dicen: ¡ay, qué les dejamos hacer y qué no! Son los adultos quienes entran en contradicción al decidir que autorizan o no decidir a los adolescentes", indica Funes.
La jurista y directora del Institut Borja de Bioètica, Núria Terribas, recuerda que lo de considerar que a los 16 años ya se ha alcanzado la madurez viene de la psicología evolutiva y del desarrollo cognitivo de estudiosos como Jean Piaget. Por debajo de esa edad, se deja a criterio del médico juzgar si el menor es maduro para tomar algunas decisiones. "El problema -dice Terribas- es que el médico no tiene instrumentos para un rápido test de madurez, no hay encuestas validadas. Se trabaja en ello porque son necesarias".
El doctor Celso Arango, jefe de la unidad de adolescentes del hospital Gregorio Marañón de Madrid apuesta por un debate científico ("no pseudocientífico", aclara) para determinar exactamente la edad de madurez. "Se toman las decisiones de una manera aleatoria y en función de las necesidades del momento. Por ejemplo, en Estados Unidos se permite que un chico conduzca a los 16 años porque las distancias son largas y es preciso moverse, mientras se le niega el acceso al alcohol a los 21. ¿Es que se es más maduro para una cosa o para otra?, ¿es más peligroso beber que conducir?... Son decisiones exclusivamente políticas". Otra reflexión de Arango: "Ninguna normativa, por ejemplo, refleja algo tan demostrado como que las chicas maduran más pronto que los chicos -"alrededor de un año y medio antes" precisa-, en ningún caso se realiza esa diferenciación".
El ámbito sanitario es, junto con el penal, donde más discrepancias se producen a la hora de debatir si con 16 o 17 años una persona es madura o no, pese a que la ley de Autonomía del Paciente, del 2002, así lo estipula, salvo en tres excepciones (aborto, reproducción asistida y participación en ensayos clínicos, en los que la edad es eleva a los 18). Terribas entiende que esa 'mayoría de edad sanitaria' a los 16 viene justificada porque "se trata de cuestiones que afectan a la integridad de una persona, a su cuerpo". Esto no supone, señala, que se reconozca que una persona a los 16 años deba tomar decisiones sola. "Contar con el apoyo familiar sería lo ideal, sobre todo las que comporten un mayor impacto emocional o riesgo vital. No es lo mismo decidir si se toman anticonceptivos que interrumpir el embarazo", agrega.
Para Màrius Morlans, presidente de la comisión deontológica del Collegi de Metges de Barcelona y que participa en el Comité de Bioètica de Catalunya, "un rasgo de madurez de un adolescente ya es que quiera preservar su confidencialidad, su intimidad. La sociedad reivindica ese derecho, pero los padres llevamos mal que lo ejerzan nuestros hijos. Y de esa contradicción vienen conflictos. No es un problema médico, es un debate social: qué madurez reconocemos a nuestros adolescentes".
LA VANGUARDIA







