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jueves, 21 de mayo de 2009
CONDUCTA ANTISOCIAL
El 15 por ciento de los niños y adolescentes de entre 7 y 18 años tienen conductas antisociales que se manifiestan en comportamientos muy variopintos y que pueden perpetuar en su vida adulta.

Patricia Morén, 20 de Mayo de 2009. Barcelona (DIARIO MÉDICO)
Portada XLSemanal nº 1064¿Es posible predecir qué menores serán agresores? Un estudio de campo del sociólogo Ramón Quilis, vinculado a la Sociedad Catalana de Pediatría, ha analizado cuáles son las señales o avisos que dan los adolescentes como potenciales agresores y a los que se puede prestar atención en cualquier protocolo de sospecha para identificarlos.

¿Se puede anticipar el comportamiento agresivo de un adolescente? La respuesta es sí. Existen ciertas conductas preocupantes, es decir, que perduran en el tiempo y que pueden comprometer la salud de la comunidad y la del propio sujeto que las exhibe, como ciertos comportamientos extravagantes, impulsivos, obsesivos y paranoicos que pueden poner sobre la pista al entorno más próximo de estos menores.

La lista de estas conductas es amplia. Entre ellas, el sociólogo Ramon Quilis, adscrito a la Sociedad Catalana de Pediatría (SCP), cita las siguientes: chulería, mentira, venganza, desafío, desinhibición, disrupción, altanería, predisposición destructiva, personalismo, evasividad, aversividad, intolerancia, llevar armas (armamenticidad) y destruir objetos (o clastomanía).

Se estima que el 15,5 por ciento de los niños y adolescentes, de entre 7 y 18 años, tienen conductas antisociales con proyección en su vida adulta y que se manifiestan en distintos tipos de conductas disruptivas, según información de Quilis. De ellos, el 9,6 por ciento son chicos y el 5,5 por ciento, chicas.
En un estudio de campo realizado en 335 adolescentes catalanes de la Enseñanza Secundaria Obligatoria (ESO), Quilis ha detectado la existencia de un diagnóstico patológico previo en 125 de estos escolares.

Los más comunes en la muestra analizada fueron el trastorno por déficit de atención con hiperactividad (9,2 por ciento de los casos); el desafiante opositor (5,3); el de ansiedad (20,2); el obsesivo compulsivo (1,4); el paterno-filial (16); el adaptativo (13,8); el del estado anímico (13,1); el específico del aprendizaje (3,9); el síndrome de Tourette (0,7); el trastorno general del desarrollo (2,1); el retraso mental (1,8); y los trastornos de conducta (5).

Uno de esos trastornos antisociales es el negativista desafiante, que afecta a entre un 4 y un 5 por ciento de los niños y a entre un 2 y un 3 por ciento de las niñas, y cuya manifestación tiene su pico de máxima intensidad a los 15,5 años. Y otro ejemplo es el trastorno disocial, que pasa de ser sólo el 2,2 por ciento en la infancia al 9 por ciento en la adolescencia (es decir, su prevalencia aumenta en torno a un 22,2 por ciento en esta etapa vital), según el informe de Quilis.

Desafío y crueldad

¿Cuáles son las señales o avisos que dan los adolescentes de sus tendencias antisociales e, incluso, en algunos casos, de su potencial para agredir?

En su libro 'Siempre quieto, nunca distraído. ¿Nuestro hijo es hiperactivo?', el psiquiatra, neurólogo y pediatra Paulino Castells explica que los niños y adolescentes con un trastorno de la conducta desafiante muestran un "cuadro reiterativo de conducta negativista, desafiante, desobediente y hostil, dirigido a todas las figuras que representan la autoridad (padres, profesores, etc.)" y son propensos a las rabietas, pataletas, discusiones con los adultos, el desafío a los mayores, a ser rencorosos y vengativos, a incumplir las órdenes y a molestar deliberadamente a otras personas, además de culparlas por sus errores.

Y los niños con trastorno disocial manifiestan crueldad, agreden a personas y a animales; fanfarronean, a la par que amenazan e intimidan a los demás; inician peleas con armas como navajas o pistolas u objetos que pueden convertirse en ellas, como piedras, botellas rotas o unas tijeras o un simple bolígrafo -un material accesible en cualquier aula-; pueden forzar a alguien a cometer un acto sexual; destruyen o queman propiedades; mienten con facilidad y timan a otros; suelen hacer novillos en el colegio e, incluso, escaparse de casa y pasar la noche fuera de ésta, según informa Castells.

Precisamente, el absentismo y el fracaso escolar pueden ser también dos señales inequívocas de que algo no marcha bien en la mente de estos niños y púberes.

¿Qué observar?

Junto a los novillos y los malos resultados académicos, cualquier protocolo de sospecha de conductas preocupantes en menores debe analizar el riesgo de que se lesionen a sí mismos o a los demás; si presentan síntomas depresivos; si son consumidores de tóxicos, ya que "éstos son la causa exógena número uno del riesgo de neurosis y esquizofrenia"; y si asumen papeles patológicos, según Quilis.

En referencia a los comportamientos autolesivos, este sociólogo ha recordado que, según diferentes estudios, desde 1950 se ha detectado un incremento progresivo de estas conductas en adolescentes y jóvenes y que las tasas de suicidio se han cuadruplicado en treinta años, entre 1957 y 1987.

El suicidio podría considerarse el máximo exponente de las conductas extravagantes en los menores y los datos a este respecto no son nada halagüeños. En la actualidad, ésta es la cuarta causa de muerte entre los 10 y los 15 años y la tercera entre los 15 y los 25. Para evitar estos lamentables sucesos, este sociólogo anima a padres, educadores y pediatras a fijarse en los detalles que pueden evitarlos. En relación con las conductas, deben estar atentos a las burlas, peleas, falta de respeto, agresiones previas y las provocaciones de los menores, así como el uso previo de armas de fuego, que es la segunda causa de muerte entre adolescentes. Y, en cuanto a los marcadores somáticos, a la rabia, estrés, miedo, venganza, distorsión de la realidad y fallo cognitivo. Las pistas están ahí, sólo hay que prestarles atención.
DM

Adolescentes agresores: cómo identificarlos 

Ramón Quills ha realizado un estudio en el que analiza los avisos de los menores propensos a tener actitudes agresivas o conflictivas en su madurez.

Rioja2 - 28/05/2009 
Ramón Quills, miembro de la Sociedad Catalana de Pediatría, ha desarrollado un estudio de campo en torno a la problemática de las actitudes conflictivas y agresivas que reproducen los adolescentes en España, y que pueden suponer mayores problemas en su edad adulta. 
 
En su investigación destacan actitudes como la mentira, el desafío, la predisposición destructiva, la intolerancia o la aversividad entre otras como conductas preocupantes y a tener en cuenta para reconocer el que puede ser un futuro adulto agresor. 
 
El estudio se ha desarrollado con 335 jóvenes catalanes de Enseñanza Secundaria Obligatoria, y en un 15 % de los casos se han percibido conductas alarmantes, un total de 125 de estos escolares, lo que supone un porcentaje bastante alto de jóvenes con determinadas problemáticas o dificultades que pueden suponer conductas conflictivas. 

Los trastornos más comunes que presentan estos jóvenes son: trastorno por déficit de atención con hiperactividad, conducta desafiante al opositor, problemas de ansiedad, de obesidad compulsiva o paterno-filiales.

 Las claves para identificar que algo no marcha bien en la conducta de un menor se basan, según Ramón Quills, en observar su asistencia a clase, sus resultados académicos, si presentan síntomas depresivos como adicciones a tóxicos, o si simplemente presentan actitudes negativas, violentas u hostiles ante iguales o ante la representación de autoridad en el padre o el profesor.

Sobre el problema más generalizado, el trastorno por déficit de atención con hiperactividad, el neurólogo y pediatra Paulino Castells explica que la impulsividad, el consumo compulsivo de tabaco son muestras de su presencia. Los jóvenes afectados por este trastorno son tres veces más adictos a la nicotina que la media de los fumadores. Otro peligro al que se exponen son los accidentes de tráfico, muy frecuentes en personas con este trastorno, que reduce la atención del individuo e impide su concentración.
RIOJA2

Idea MARZO 2008

Matones de 15 años, adolescentes violentos
18 Mar 2008 ... La violencia juvenil se ha desbocado y se distribuye impune y masivamente gracias a teléfonos móviles, cámaras digitales e Internet.  ¿A qué obedece este fenómeno? Violaciones, homicidios... 
· El matonismo crece de forma alarmante entre los menores, difundido impune y masivamente desde el móvil e Internet. De 8.000 agresiones hace ocho años se ha pasado a 22.000, según los últimos datos · Nos adentramos en el escalofriante mundo del happy slapping.

Matones de 15 años, adolescentes violentos (2)
[continuación]

 



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