Cómo se sentirá esa quinceañera por quien quizá nadie pujó en la estúpida subasta
PALMA, 21 MAY 2009 (DIARIO MALLORCA)
Altas instancias, entre ellas nuestro ínclito Ministerio de Igualdad y el Instituto de la Mujer, acaban de poner el grito en el cielo, esta vez con razón, ante la aberración que supone la subasta de chicas adolescentes (puja con dinero del Monopoly mediante) en una discoteca light de Granada. Las galas de esas discotecas, con horario de tarde, van dirigidas a jóvenes menores de edad que, sin consumo de alcohol y en un ambiente presumiblemente menos nocivo que el de las discotecas para adultos, escuchan música, bailan y disfrutan allí de los ritos iniciáticos más o menos comunes a su edad. Como digo, la protesta está justificada. Aunque se echa de menos que cuando, unos meses antes –concretamente el pasado noviembre–, la misma discoteca organizó una subasta de adolescentes varones, también el mismo Ministerio y otras administraciones mostraran idéntico y público malestar. Sobre todo, cuando se trataba igualmente de menores y el objetivo es salvaguardar su dignidad (¿o no es así?). Pero, en fin, los designios de nuestros gurús de lo "igualitario" y lo políticamente correcto son inescrutables.
En cualquier caso, y a lo que iba, la subasta de marras es preocupante. No sólo porque atente contra la dignidad de la mujer (que también), sino por los efectos que puede tener en todas esas personas, menores de edad –e independientemente de su sexo–, de los que se fomenta su participación, como sujetos activos o pasivos, en tales eventos.
Hay quien carga todas las culpas en sus organizadores, los propietarios de esas discotecas. Pero también hay que comprender que, si es legal, ellos van a lo que van: al negocio, que es de lo que viven. Y seguramente piensan: "Si no lo organizamos nosotros, lo hará la competencia". Eso no les justifica moralmente, pero permite comprenderles en el actual contexto social y económico.
Otros consideran que un o una joven de dieciséis años ya tiene edad para saber en qué participa, y que no hay que limitar su libertad, porque, al fin y al cabo, la cosa "tampoco es tan grave".
Mientras tanto, al parecer, la Fiscalía investiga el asunto por si se ha vulnerado el derecho de algún menor o se ha generado una situación de desprotección hacia ellos.
Ya se verá. Pero lo que es indudable es que no estamos ante un problema derivado de que los adolescentes sean en la actualidad peores o tengan menos potencial, en sentido alguno, que los que les precedieron. No, no es eso. En realidad nunca ha existido, gracias a la tecnología y a la extensa red de comunicaciones en la que vivimos inmersos, una juventud tan informada y con una capacidad tan grande para asimilar principios y valores relevantes, tales como la solidaridad con sus semejantes, la generosidad, el respeto por el medio ambiente, etc.
Se trata de un problema educacional. Y tampoco me refiero a que se trate específicamente de un problema educativo de ámbito académico (aunque sucesivas leyes de educación perpetradas por los gobiernos de turno hayan atentado contra materias tan esenciales para la formación de la persona como las Humanidades). Hablo de la educación recibida en el entorno social y familiar cercano. Porque hoy en día, por ejemplo, se fomenta más que una jovencita admire a personajes "silicónicos" y "colagenados" que aparecen en programas del corazón por el gran mérito de ser la "ex amiga de la prima de la portera del edificio donde vivía la meretriz preferida de ´Francisquirrín´ ", que de valorarse a si mismas por lo realmente importante. Y ahí tiene un gran peso la educación cotidiana, esa que impartimos en el día a día a nuestros hijos, al hablar con ellos durante el desayuno, al pasear juntos, al escucharles cuando nos explican con quien han discutido y por qué, o quien es esta semana su mejor amigo o amiga "para toda la vida".
Porque a mí lo que más me preocupa es cómo se sentirá esa quinceañera por quien quizá nadie pujó en la estúpida subasta. ¿Se sentirá fracasada? ¿Menos importante que sus compañeras, porque no resulta lo suficientemente "atractiva" al personal? ¿Qué creerá que debe hacer en el futuro para "compensar" ese fracaso? Recuerdo que no hace mucho mis hijas y yo volvimos a ver por enésima vez La Bella y la Bestia de Disney. Después de haber tarareado a coro la canción principal de su banda sonora, y al cabo de un buen rato, mi hija pequeña se me acercó y me preguntó, pensativa y solemne a sus cinco años: "Papá ¿la belleza está en el interior?". Yo le contesté: "Sí, cariño. Esa es la idea".
DM







