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lunes, 25 de mayo de 2009
Para qué son maduros los adolescentes* (2)
¿Están los jóvenes de hoy preparados para asumir decisiones de adultos? ¿Son conscientes de sus responsabilidades, deberes y derechos?
• Expertos, padres y, sobre todo, adolescentes, hablan del significado de la madurez
La tutela ¿de los padres o del Estado? Adolescentes solos Mayoría de edad
¿Maduros a los 16?>GRAFICO
VANESSA SÁNCHEZ, 24 MAY 2009. PALMA (DIARIO MALLORCA)
Pueden casarse pero no votar. Trabajar a jornada completa pero no abrir una cuenta bancaria. Necesitan el permiso paterno para hacerse un piercing y viajar pero no para someterse a una operación de cirugía estética o pasar por el altar. Y pueden mantener relaciones sexuales con adultos. Muy pronto, podrán decidir además si interrumpir su embarazo o tomar la píldora del día después sin decirselo a sus padres. Los adolescentes de hoy se enfrentan a una de las etapas más difíciles de la vida con más derechos que nunca y ante el desconcierto de vivir en un mar de responsabilidades. Tienen libertades, sí, pero también muchas restricciones. 

La madurez no se rige por la edad aunque "cuanta más experiencia", más probabilidad de elegir con acierto. "No hay que subestimar a nuestros jóvenes. Tienen una capacidad de criterio muy amplia debido a la cantidad de información que disponen. El problema es saber si realmente están preparados o no para asumir los roles que desde la sociedad se les impone", dice Jordi Llabrés, presidente de la Federación de Asociaciones de Padres y Madres de Alumnos de las Balears (FAIB-CONCAPA). Llabrés, que trata diariamente con adolescentes de entre 15 y 17 años, asegura que a estas edades "se conocen muy bien los derechos pero poco los deberes". 

"Yo veo una libertad ahora que antes no había. Las chicas de hoy están un poco más revolucionadas de lo normal". No son palabras de una madre asustada sino de la joven Nerea. A sus 18 años está segura de que la permisividad está haciendo "que las adolescentes no tengan claro lo que quieren ni donde tienen que ir, ni que quieren para su cuerpo. Yo hace dos o tres años hubiera dicho que era madura. Hoy soy consciente de que me queda mucho por aprender aunque en mi DNI diga que ya soy mayor de edad". Lo mismo le ocurre a Emma, de 19. "Aún creo que soy algo inocente para afrontar según que tipo de problemas. Siempre acudo a mis padres para pedir consejo". Su hermana, Ana, de 16 años, había respondido antes. "Creo que soy una persona adulta, madura y responsable. Puedo tomar decisiones". 

El debate está sobre la mesa. La reforma de la Ley del Aborto y la pronta administración sin receta en las farmacias y sin control paterno de la píldora del día después dispara las alarmas entre los progenitores y educadores. ¿Están capacitados los jóvenes para asumir decisiones, presumiblemente, de adultos? ¿Son conscientes de sus responsabilidades? "Por supuesto. Saben perfectamente qué esta bien y qué esta mal. Que sean menores no significan que no tengan conciencia moral", responde con rotundidad José Díaz Cappa, miembro de la fiscalía de menores de Balears. 

En la actualidad, son más de cuatro mil los expedientes registrados relacionados con menores. "Son muchos más que antes pero eso no significa que esta juventud sea más rebelde que otras. La eficacia policial es muy alta, hay un mayor control...", justifica el fiscal. Lo que explica, a su entender, este aumento progresivo de infractores o ´delincuentes´ son tres factores:?El fracaso escolar, el consumo de drogas y los problemas sociales y familiares. La falta de comunicación.

"Antes que contárselo a mis padres se lo diría a una amiga", dice Inés, de 16. "Pues yo sí que acudiría a mi madre. Es bastante liberal y en casa siempre me han hablado de todo. Aunque sé que se llevaría una buena decepción", añade Nayiver, de la misma edad. "La amistad es un pilar fundamental en el desarrollo de la personalidad. Por eso se entiende que los jóvenes tengan una mayor confianza en sus amigos que en su propio entorno familiar. Algo comprensible pero no recomendable. Denota falta de comunicación progenitor-hijo", explica Javier Torres, decano del Colegio de Psicólogos de las islas. 

Los límites no son sólo necesarios sino que deberían ser bien recibidos. "Solía quejarme mucho de que mis padres querían atarme en corto. Hoy les doy las gracias por haberme educado en valores". Lina, de 21 años, confirma la teoría de los expertos. La madurez se alcanza siendo consecuente y responsable de los actos, conociendo la información y recibiendo una buena formación. "No es justificable que los adultos cedan toda la responsabilidad educativa a los profesores y que a la vez otorguen mucha libertad. No es bueno para una persona que está creciendo en una sociedad cada vez más competitiva y en la que se le ´obliga´ a quemar etapas de manera precipitada", añade Torres. "Lo fundamental es una buena educación afectivo-sexual", subraya Fernando Martín, presidente de la Confederación de Asociaciones de Padres y Madres de Alumnos de Balears (COAPA). 

¿Qué significa para un adolescente la madurez? ¿Cuándo se está preparado emocionalmente para afrontar la dureza de la vida? A sus 12 años, Yaiza dice sentirse "más mujer que niña" aunque aún no esté "lista" para mantener una relación seria con un chico. "Tengo muchas compañeras que ya lo han hecho. No me sorprende. En todos lados se habla de sexo, de drogas, del alcohol. Tenemos mucha información, incluso en el colegio nos dan charlas". Su amiga Marga, de 13, agrega tímida. "Yo no me veo adulta. A mí me gustan cosas aún de pequeñas". "Pues yo soy mayor para mis relaciones con los chicos, no para trabajar", bromea Inés P. conocedora de que la ley respeta su individualidad. "Lo que no parece muy normal es que podamos ponernos tetas sin autorización y sin embargo necesitemos permiso, por ejemplo, para salir retratadas en el periódico", apunta Michelle, de 17. 

Es la ley y sus diferentes códigos (civil, penal, sanitario...) los que marcan el límite de edad, "que no tiene nada que ver con la edad real o la sociológica", puntualiza Díaz Cappa. "Aunque parece que hay contradicciones en la legislación actual, a mi entender, la Ley del Menor está muy bien porque los protege. No significa que sea cien por cien efectiva porque aunque lo que se pretende es rehabilitar a los jóvenes que cometen delitos, ésto sólo se logra si ellos quieren cambiar. Es fundamental también saber que los límites de edad están pensados para regular las acciones de los mayores. Que no puedan beber alcohol hasta los 18 es una forma de evitar y castigar a los adultos que les venden las botellas, añade. 

Prohibiendo no disminuirán los errores que todos los adolescentes deben cometer. Permitiendo tampoco se logra una mayor sensatez. "La educación y el diálogo son claves para lograr la libertad que tanto se ansía", concluye Martín. 
Y aunque haya quienes se lleven las manos a la cabeza por la fácil accesibilidad a la píldora del día después y otros que aplaudan con fervor la medida progresistas del gobierno de Zapatero, nuestros jóvenes no son, para nada, tontos. "Si desde pequeños se les trata como imbéciles es normal que de adultos no sepan asumir decisiones. La madurez no es innata, se aprende".
DM

La tutela ¿de los padres o del Estado?

"La autoridad se gana, no se da". Con estas palabras Fernando Martín, presidente de la COAPA, responde a Jordi Llabrés, colega en la FAIB-CONCAPA que acusa al Estado "de coartar" la capacidad de tutelar de los padres "aprobando medidas muy permisivas con los jóvenes. ¿De qué nos sirve impartirles unos valores a nuestros hijos si luego el Gobierno crea leyes que les dan mucha libertad?" .

Que se dispense la píldora del día después sin permiso paterno o que los chicos se puedan someter a una operación de cirugía sin que los padres firmen su consentimiento ha abierto la caja de pandora. "La permisividad no quita autoridad. Lo que tenemos que ser capaces es de dotar a nuestros hijos de las herramientas necesarias para convertirlos en personas reflexivas", explica Martín. "Y eso sólo se logra educando tanto a padres como hijos en relaciones afectivo-sexuales". La educación es también clave para lograr una adolescencia "más formal" en palabras de Llabrés que, no obstante, confía en los jóvenes de ahora. "Se les pide mucho más a su edad de los que se nos exigía a nosotros y ellos lo afrontan con optimismo". "Yo me siento orgullosos. Nuestros adolescentes están comprometidos con el entorno y tienen inquietudes que yo ni me habría planteado", añade el presidente de COAPA.
DM


Adolescentes solos, por Julia Navarro

La adolescencia es una de las etapas más difíciles en la vida de cualquier persona. Es el momento en el que necesitas reafirmar tu personalidad, que empiezas tener una mirada propia sobre el mundo, en el que tu cuerpo cambia y necesitas experimentar. La adolescencia es como un río desbocado y los padres son las esclusas que intentan canalizar el caudal del agua.

Son pocos, rarísimos, los adolescentes que no juegan a ser mayores, el problema es que no lo son. Cualquiera que tenga o haya tenido un hijo adolescente sabe que esa es una etapa en el que suelen saltar chispas. No es fácil convencer a un adolescente que fumar es una estupidez o que aunque a los quince o dieciséis años es muy pronto para que inicie una vida sexual, si lo hace, que tome precauciones para no tener que afrontar consecuencias indeseadas, desde una infección a un embarazo.

Durante la adolescencia, los hijos necesitan a los padres más que nunca aunque su máximo deseo sea el desprenderse de la tutela familiar porque esa tutela en ocasiones sienten que les coarta, que les ahoga.

No es fácil ser padre de adolescentes y va a ser más difícil a partir de ahora en que desde el Gobierno con el presidente al frente se dice a los adolescentes que pueden tomar sus propias decisiones al margen de la opinión de sus padres. Confieso que me han impactado las palabras de Zapatero defendiendo la autonomía de las niñas de dieciséis años para que aborten sin necesidad de comunicárselo a sus padres.

Hablando con un dirigente socialista me explicaba que se trata de impedir que una chiquilla de dieciséis años sea madre contra su voluntad, o sabiendo que no va a contar con el consentimiento de sus padres termine en una clínica clandestina sometiéndose a una operación de aborto sin ninguna garantía sanitaria. Y, sinceramente, el argumento no me convence. No, no me convence que el presidente aparezca haciendo guiños a los jóvenes en contra de sus padres. Es más, me parece una actitud irresponsable.

Si se quiere dar la oportunidad a una adolescente para que aborte, si es que encuentra la oposición familiar, se pueden arbitrar otras formulas, que la menor pueda pedir la tutela judicial, por ejemplo.

Porque me pregunto qué pasaría si una menor sin decírselo a sus padres acudiera a un hospital a abortar y durante la operación hubiera algún problema que pusiera en peligro su vida. ¿Se imaginan al responsable del hospital telefoneando a una familia para comunicarle que su hija está grave o ha muerto a causa de una complicación durante la operación de aborto? ¿A quién reclamarían esos padres la vida de su hija? ¿quizá al presidente?

Defiendo la necesidad de una ley de interrupción del embarazo y que sea una ley de plazos, lo que no defiendo es que una niña, porque a los dieciséis años se es una niña, pueda asumir en solitario esa decisión. Me parece una barbaridad que en un hospital público cualquier médico asuma el riesgo de meter a una cría en el quirófano sin que sus padres lo sepan. Creo que el proyecto de ley del Gobierno no ha logrado resolver el problema entre la voluntad de la menor y la de sus padres, pero en ningún caso lo que puede hacer un Gobierno es instar al enfrentamiento de los hijos contra los padres.
DM

Mayoría de edad

La reforma de la ley del aborto parece tender a considerar mayores a niñas de tan sólo 16 años de edad                  

CARMEN FERRERAS
ZAMORA, 25 MAy 2009 (LA OPINION)
Quien sea debe ir planteándose urgentemente cambiar la mayoría de edad de los 18 a los 16 años. Son ya muchos los padres que empiezan a encontrar contestación en sus hijas menores, a raíz de la nueva ley del aborto que permitirá a las adolescentes de 16 años interrumpir su embarazo de manera voluntaria sin necesidad de contar con el consentimiento paterno. A lo que hay que añadir el asunto de la píldora del día después, el anticonceptivo de emergencia que dispensarán las farmacias españolas libremente en pocos meses. Comprendo, y de qué manera, a los farmacéuticos que se han opuesto a esta especie de libre albedrío gubernamental.

Es imposible que se pretenda seguir llamando menores, civil y penalmente, a chicas, prácticamente unas niñas, a las que se otorga el derecho a decidir sobre cuestión tan importante sin consulta previa a los padres. Por esa regla de tres, cuando estas menores delincan habrá que aplicarles el código penal sin restricciones en función de su edad. Si son maduras para adoptar una decisión tan dura y difícil, también lo son en otros casos que cuentan con la protección del Estado por su condición de menores.

Lo de menor, una vez que se apruebe la controvertida ley, quedará reducido a los niños y niñas de 0, si previamente los dejan nacer, a 10 años. Sólo hay que darle tiempo al tiempo mientras nos seguimos sorprendiendo de la liviandad con la que la ministra está tratando el tema, con argumentos que se caen de su peso y contradicciones como aquella en la que considera al feto como un ser vivo pero no como un ser humano. No me extraña, señora ministra, que haya tanto feto por ahí, deambulando por la calle, en despachos oficiales y particulares y demás.

La ministra defiende lo indefendible, o sea que no se trata de hacer "una ley más permisiva sino más segura". Y cabe preguntar: ¿está segura de lo que dice? Porque con tanta permisividad ministerial lo único que van a hacer es dar pie a un "feticidio", al fin y al cabo se trata sólo de seres vivos que no humanos, de tal magnitud, que ni los laboratorios de cosmética tan interesados siempre, ni la propia ciencia van a saber qué hacer con tantos. Lo que tenía que hacer la señora ministra es procurar a las adolescentes una educación sexual sana, enseñar al que no sabe y mostrarles las consecuencias de los hechos. Por cierto, los fabricantes de condones están que se suben por las paredes, porque entre la píldora del día después y el aborto, esa protección tan, en teoría, segura se va a ir al carajo. Las consecuencias pueden ser peores: enfermedades venéreas, dada la promiscuidad a la que se aboca a las adolescentes y el Sida que no es ninguna tontería. El asunto va mucho más allá. Se quita autoridad a los padres, la poca que van teniendo sobre los hijos, sobre todo adolescentes, y se fomenta lo que acabará siendo un mal mayor para nuestra sociedad.
LOZ

* Idea Para qué son maduros los adolescentes (1)
Una joven de 16 puede operarse los pechos pero no hacerse un 'piercing'  
Expertos en menores piden "revisar" las leyes para reducir "contradicciones"
Olga R. Sanmartín | Madrid, 16/05/2009 (EL MUNDO)
Disminuye el tamaño del textoAumenta el tamaño del textoLos 'dieciseisañeros' españoles pueden trabajar, pero no abrir una cuenta en el banco. Pueden someterse a un implante de silicona o a cualquier otra operación de cirugía estética, pero no hacerse un piercing o un tatuaje. Pueden mantener relaciones sexuales con adultos a partir de los 13 pero no casarse hasta los 14. Tienen responsabilidad penal y potestad para hacer testamento, pero no se les deja votar, tomarse una cerveza o comprar tabaco.
Éstas son sólo algunas paradojas del tratamiento que la legislación española da...




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