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jueves, 04 de junio de 2009
Discusiones estériles · ¿Me lo digo o me lo callo?
ANÁLISIS· Francisco Bejarano, Sevilla · JULIO A.MÁÑEZ,  Valencia  
¿Qué es peor un terremoto o la erupción de un volcán?
Nada de todo esto ocurriría si las chicas y los chicos tuvieran tan poco interés por el sexo como por el canibalismo militante.

SEVILLA 04.06.2009 (DDSevilla)
La idea es desconcertar y crear confusión en las mentes y en las conciencias. ¿Qué es peor el aborto o el abuso de menores? El aborto se relaciona con la libertad y el progresismo, y "abuso" es la palabra que se emplea para relaciones sexuales consentidas a veces. De las falsedades no puede salir nada en claro, ni podemos elegir cuál de las dos mentiras es mejor, porque por bien elaborados que estén los argumentos basados en errores, la conclusión no puede ser sino otro error. ¿Qué es peor un terremoto o la erupción de un volcán? No sabemos. Las personas inteligentes no tienen respuestas para las preguntas simples. Sólo los simples tienen contestación para las simplezas. Siéntense sismólogos y vulcanólogos y den noticia de cuándo es preferible un desastre u otro, si es que ambos son en verdad desastrosos o no pasan de la levedad de un susto, para poder elegir, a la luz de los informes, el mal menor.

Por más insistencia que se ponga en la cuestión, el aborto es un mal menor para casos excepcionales y siempre que no se fuercen las conciencias, un permiso legal para evitar males mayores. La libertad, el progresismo y el disfrute de la vida no tienen una relación directa con el aborto, más bien al contrario. No disfracemos de modernidad prácticas antiquísimas. Tampoco embrollemos sexualidad y genitalidad, ni minoría de edad legal para ejercer todos los derechos ciudadanos con minoría de edad sexual. Estamos liando tanto el asunto, si los actuales legisladores sacan adelante sus proyectos, que se va a subir la edad para las relaciones sexuales consentidas (el abuso es siempre malo a cualquier edad) y se bajará la de abortar libremente sin permiso de los padres. Las adolescentes pobres serán las peor paradas, pues pasarán de ser niñas inocentes a señoras de sus destinos con entidad jurídica aparte, sin tiempo de iniciación.

Los ritos de iniciación sexual de los adolescentes no han sido sustituidos por la educación sexual, ni pueden serlo. Hay un gran silencio hipócrita sobre este delicado asunto desde que la influencia calvinista, a través de Estados Unidos, llegó a nosotros. Pero está en los libros. No quiero citar literalmente las ideas sobre la sexualidad humana que Marvin Harris expone en Nuestra especie, ni hacer referencia a los contenidos del ensayo de Eva Cantarella El dios del amor, porque sé que la sociedad es siempre igual de hipócrita y se escandaliza como siempre, cambiando sólo el objeto del escándalo. Son obras que están en las librerías al alcance de los curiosos, para no confundir menores legales con adultos sexuales, ni la sexualidad con la genitalidad cutre. Caso aparte es el de los hombres sagrados y consagrados, quienes deben oponerse al aborto y practicar la castidad que prometieron en sus votos, no entrar en religión o renunciar, pues dañan a la Iglesia que es santa y consuelo de muchos.
DDS

¿Me lo digo o me lo callo?

JULIO A.MÁÑEZ
VALENCIA 04/06/2009 (EL PAIS)


La situación puede ser terrible. Imaginen a una chica de 16 años embarazada muy a su pesar que aborta sin consultar con sus padres. Si lo hace, guardará el secreto probablemente durante muchos años, con las secuelas psicológicas susceptibles de arruinar para siempre sus relaciones con ellos. Si, al contrario, recurre a sus padres, sabe que les dará el disgusto de su vida, porque ellos sabrán al mismo tiempo que su hija ha hecho algo que no debía hacer, o al menos no de ese modo, y que todos, aunque cada uno a su manera, se enfrentan a una situación de muy difícil salida. Claro que nada de todo esto ocurriría si las chicas y los chicos tuvieran tan poco interés por el sexo como por el canibalismo militante. No siendo ese el caso, parece aconsejable planificar algún tipo de medidas. Si es posible, desoyendo los consejos de los clérigos, de quienes tanto chicas como chicos no recibirán sino regañinas, aunque posiblemente algo disimétricas. Al "no haberlo hecho" se unirá el "ahora cargáis con las consecuencias", como si el fin de fiesta de una noche discotequera fuera motivo suficiente para alumbrar una nueva vida. El clérigo se cuidará mucho de informarles de que existen procedimientos eficaces para evitar lo que ellos prefieren inevitable sin necesidad de recurrir a la castidad.

Por otra parte, que viene a ser la misma, según una encuesta fiable un 64 % de consultados rechaza que las menores aborten sin permiso. No sé si en el diseño de esa muestra se ha incluido también a las propias menores. Supongamos que no es así. Lo que resulta chocante, porque si ya valen para estudiar o trabajar, también valen para recabar su opinión sobre un asunto que tanto les concierne. Eso quiere decir que ese 64 % no permitiría que su hija menor abortara sin su permiso. Es más, un amplio porcentaje muy posiblemente no permitiría que lo hiciera de ningún modo. Y si es impensable que una chica de 16 años comunique a sus padres un sábado por la noche que pocas horas después piensa acostarse con un amigo, más lo es que les diga dos meses después que está embarazada, y todavía más que está segura de que lo mejor para ella es interrumpir cuanto antes un proceso no deseado. Como es natural, lo que menos importará en ese momento decisivo es qué cosa percibe ella como lo mejor para su persona y para su amenazado futuro. A fin de cuentas, es demasiado joven para saber qué le conviene. ¿La prueba? Haberse quedado embarazada de un atolondrado o, lo que es peor, de un aprovechado. Así que la chica no sabe del todo lo que se hace, por eso pasa lo que pasa, y aunque el resultado de tanta inconsciencia sea un engorro para todos, mejor aceptar lo que venga que incurrir en desacato a no se sabe bien qué ley divina o vivir en la sospecha de haber contribuido a consumar un acto abominable. Así que puesto que la chica no sabe lo que se hace, sus padres harán como que sí lo saben. Ni una palabra, a todo esto, sobre el atolondrado, aprovechado o enamorado cuya intervención ha resultado ser más decisiva, casi en todo decisiva, de lo que supo anticipar.

Se dirá que los padres, en su mayoría, no están obligados a prever la eventualidad de que sus chicas queden embarazadas sin quererlo, ni de que sus chicos embaracen sin saberlo a las chicas. Y se dirá bien. Siempre que se añada que tampoco están obligados a la racanería a la hora de suministrar información exhaustiva a sus adolescentes sobre tan feliz asunto. Y todavía mejor si se dice y se confirma que las chicas menores de edad pero mayores en tantas otras cosas no requieren del permiso de sus padres para resolver un problema del que depende su destino.
PA

Idea 2 JUNIO 2009
Contra el aborto de las menores
Tres encuestas publicadas ayer por otros tantos periódicos de difusión nacional han arrojado el mismo resultado: un abrumador rechazo a la reforma de la ley del aborto propuesta por el Ministerio de Igualdad en el punto en que autoriza la interrupción voluntaria  
Los rotativos ABC, La Vanguardia y El País arrojan datos incontestables que muestran la división de la sociedad. Nada menos que un 60% de los encuestados por ABC o el 64% de los de El País, cifra rotunda que La Vanguardia eleva hasta el 70%, están en contra de esa eventualidad. 
   

Contra la mayoría social
ANÁLISIS | Carlos Colón, Sevilla  
La opinión pública está así dividida al menos en cuatro posiciones: quienes apoyan el proyecto de ley pero se oponen a que las menores aborten sin permiso paterno; quienes se oponen al proyecto de ley, prefiriendo el actual marco legal corregido en un sentido restrictivo en lo que al cuarto supuesto se refiere; quienes apoyan íntegramente el proyecto de ley; y quienes objetan tanto el marco existente (aún con correcciones para evitar el "coladero" del cuarto supuesto) como el que ahora se propone. Las encuestas indican que las dos últimas posiciones -que podríamos llamar proabortistas y antiabortistas radicales- son minoritarias. Y que las dos primeras, en la medida en que podrían reflejar (aproximadamente) las sensibilidades de los electorados del PSOE y el PP, son mayoritarias. Estas dos posiciones son las que, en mi opinión, representan a esa izquierda y esa derecha que considero razonables.





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