Casi la mitad es obra de chicas
El maltrato a los progenitores cometido por menores ha crecido vertiginosamente
La ausencia de la figura paterna aparece a menudo en los conflictos • Los especialistas se niegan en redondo a que se rebaje la edad penal
— Las fiscalías abrieron 4.200 expedientes por maltrato en 2008 • "Los padres sólo denuncian en situaciones límite", afirma una fiscal
JOSÉ LUIS BARBERÍA 07/06/2009 MADRID (EL PAIS)
En lugar de aliviarse con el regreso del niño al hogar, miles de padres se estremecen de pánico cuando sienten la llave en la cerradura de casa. Muchos se encierran en su cuarto; no vaya a ser que el chaval venga también esta noche con ganas de bronca, frustrado, cabreado o drogado y la emprenda a insultos, empujones y golpes porque no le gusta la cena, porque exige más dinero, porque quiere la moto..., por cualquier cosa. Con el pestillo echado y la oreja pegada a la pared, temerosos de que su agitada respiración les ponga en evidencia, vigilan los pasos del hijo por la casa, a la espera de que se acueste y se suspenda la amenaza Así, un día tras otro, hasta que los padres no pueden más y acuden a la comisaría a denunciar al monstruo de sus entrañas.
Pegar al padre ya no es algo inconcebible e inaudito, el acto monstruoso, blasfemo y antinatural que viola los mandamientos humanos y divinos del "honrarás a tu padre y a tu madre". Niños y adolescentes han empezado a levantar la mano a sus progenitores (a su madre preferentemente) y, en muy poco tiempo, el delito de maltrato a los padres, antes irrelevante a efectos estadísticos, ha adquirido visos de epidemia. Durante 2008, las Fiscalías de Menores abrieron en España más de 4.200 expedientes por agresiones de hijos a padres, frente a los 2.683 incoados el año anterior. No todas las denuncias dan lugar a la apertura de expedientes judiciales -muchas se archivan tras el ejercicio de las labores de mediación-, y hay que pensar que por cada padre que acusa formalmente a su vástago, habrá otros que se resisten a dar ese paso.
"Cuando los padres denuncian es porque han llegado a una situación límite. Se sienten doblemente avergonzados por tener que pedir que se actúe contra sus hijos y porque la denuncia misma les parece la constatación de un fracaso", indica Consuelo Madrigal, fiscal de Menores del Tribunal Supremo. Las estadísticas constatan, asimismo, un espectacular incremento de chicas que pegan a sus madres y también chicas que pegan a otras chicas. "En el maltrato a los padres, los géneros están ya casi a la par, cuando hace pocos años ése era un delito abrumadoramente masculino", se inquieta la fiscal.
Otro dato de preocupación añadida es que los maltratadores adolescentes reproducen fatalmente el modelo machista, por mucho que hayan estudiado en colegios mixtos y se les suponga aleccionados en los valores de la libertad y la igualdad. La gran mayoría de estos chavales, de edades entre los 14 y los 18 años -en la legislación española, los menores de 14 años no pueden ser imputados, cometan el delito que cometan-, pasan por jóvenes normales y poco conflictivos. De hecho, por lo general, no cometen más delitos que sojuzgar, vejar y pegar a sus padres... y a sus novias.
Como ocurre con la violencia de género, el maltrato a los padres atraviesa todas las estructuras sociales, aunque, en este caso, se concentre, especialmente, en los hogares de las clases medias. Se equivocan, pues, quienes piensan en niños surgidos de la marginación social, pero aciertan quienes ven en las familias desestructuradas un factor de riesgo. "Algunos de estos chicos han sido testigos de malos tratos conyugales o han padecido directamente las agresiones paternas. Cuando llegan al 1,75 o al 1,80 de altura y pueden palparse los músculos, sienten en la sangre la tentación de la venganza", apunta el director de Justicia Juvenil de Cataluña, Jordi Sansó.
Pero, la pregunta del porqué de este estallido sigue en pie, admitida la transmisión intergeneracional de traumas y conductas y establecido que la familia es, a veces, la primera patología a tratar. ¿Qué está pasando para que niños y adolescentes que antes se fugaban del hogar opten por quedarse en casa a tiranizar a sus progenitores? ¿Y para que los padres que antes expulsaban del hogar a sus hijos díscolos o depravados ocupen hoy el papel de víctimas? La respuesta prácticamente unánime de los encargados de encauzar la violencia de los menores es que hemos sustituido el modelo autoritario del "ordeno y mando" por una práctica permisiva y sin límites, igualmente nefasta a efectos educativos.
"El principio de autoridad se ha debilitado y ni la sociedad ni la familia han sabido establecer otros valores y límites. Las agresiones a los padres y la violencia de género aumentan porque nos estamos equivocando gravemente en la educación", advierte José Vidal, médico y director de la cárcel de Morón de la Frontera. "La mayoría de los menores delincuentes surgen en un modelo permisivo e indulgente que genera niños individualistas y hedonistas, incapaces de aceptar la frustración", explica Ana Rodríguez, pedagoga del Centro Reina Sofía para el Estudio de la Violencia. "Como el modelo autoritario de familia no ha sido sustituido por un modelo alternativo verdaderamente educativo, muchos padres no saben qué deben hacer con sus hijos, más allá de transmitirles los afectos. Detectamos con frecuencia un problema de ausencia de la figura paterna, bien porque la pareja se haya separado, porque se trata de una familia monoparental o porque el padre o la madre se inhiben o están muy ocupados en el trabajo", afirma la fiscal Consuelo Madrigal.
Según los psicólogos sociales, a eso habría que añadir el declive de la figura del padre que, a menudo, no encuentra su lugar en un cuadro de relaciones familiares más desdibujadas y horizontales. José Chamizo, Defensor del Menor de Andalucía, cree que hay "un creciente desquiciamiento colectivo" reflejado en la crueldad mostrada por los menores implicados en casos como los de Sandra Palo, Marta del Castillo o el de la indigente quemada en Barcelona. Contra las opiniones de tantas voces que testimonian en sentido contrario: "Yo también me entretengo con los videojuegos y no por eso...", y restan consecuencia a las imágenes violentas, él está convencido de que la "violencia de contexto", la omnipresencia de la agresividad en los medios de comunicación y entretenimiento y en los mensajes publicitarios, tiene una incidencia clara. No es el único. También su colega, Arturo Canalda, Defensor del Menor de Madrid, sostiene que la violencia ambiental influye, "aunque no sea el detonante del problema". A su juicio, hay que prestar particular atención a esos chicos que "pasan muchas horas solos en casa, delante de la televisión, viendo cómo las situaciones más terribles se presentan como si formaran parte de la normalidad. Todo influye en los comportamientos", subraya, "también esa cosa aparentemente tan tonta de la serie de tarde en la que gente se insulta como si nada".
El jefe del Servicio de Psiquiatría del Hospital Universitario de Guadalajara, David Huertas, asegura que estos juicios tienen un fundamento científico. "Se ha demostrado que las imágenes violentas activan el área del cerebro que fomenta la agresión. La sobreexposición a estas señales hacen bajar las defensas frente a la violencia, de forma que su utilización tiende a considerarse normal". Autor del libro Violencia: la gran amenaza, el profesor Huertas habla de una sociedad hipotecada a un modelo económico y social agresivo que habría acabado por pervertir los sistemas de valores y que amenaza con devolvernos al "todos contra todos" descrito por Hobbes en su Leviatán.
El cibersadismo, la filmación y difusión de las agresiones gratuitas, el incremento del maltrato doméstico y escolar practicado por menores serían "la piedra de toque" de esta evolución general que, por lo visto, encuentra tierra abonada en nuestro país. Tras recordar que la OMS declaró en 2002 que la violencia en el mundo se ha convertido en un problema de salud pública, el psiquiatra subraya que las sociedades modernas no cuentan con protocolos para detener esta pandemia. "Tenemos que volver a la educación en valores, a socializar en la convivencia y el respeto", resume.
Con todo, el diagnóstico del problema en España está lejos de la situación apocalíptica que retratan las voces que piden rebajar la edad penal, situada actualmente en los 14 años. "La estadística provisional de 2008 desmiente que haya aumentado la participación de los menores en homicidios y asesinatos y muestra que el incremento de sus conductas delictivas se circunscribe únicamente al maltrato doméstico y a los delitos contra la libertad sexual", destaca Consuelo Madrigal. "Eso de que están aumentando los delitos graves cometidos por menores es un mito. No hay correspondencia entre los datos disponibles y la percepción que tiene la opinión pública", confirma Jaime Tapia, magistrado de la Audiencia Provincial de Álava, y ratifica Manuel Garramiola, director del Centro de Reforma de Menores de Medina Zahara.
De acuerdo con los informes fiscales, durante el pasado año, los delitos dolosos con lesiones cometidos por menores se redujeron a 16.400, los robos violentos y con fuerza cayeron hasta los 8.700 y 8.200, respectivamente, al tiempo que disminuyeron, igualmente las sustracciones de vehículos de motor y el tráfico de drogas. Si la suma global de delitos protagonizados por menores superó los 55.000 anuales es porque la estadística de 2008 incorporó 4.400 expedientes abiertos por conducir sin carné, conducta no considerada hasta entonces delictiva.
A la sensación de peligrosidad de los menores contribuyen las bandas de ladrones formadas por niños de edades inferiores a los 14 años dirigidas y explotadas por el crimen organizado. "Los reclutan en las poblaciones marginales. En Rumania, pagan a los padres 2.000 euros a cambio de que les cedan el niño por unos meses. Los traen a España y los ponen a delinquir, desde la seguridad de que no pueden ser imputados penalmente. Tenemos pequeños que han sido detenidos y puestos en libertad ciento y pico veces", explican en la Fiscalía de Menores. En Cataluña, los menores delincuentes que se inician en el delito antes de los 14 años vienen a suponer el 9%.
La pregunta que políticos, columnistas, fiscales y jueces formulan últimamente con particular insistencia es de si habría que rebajar nuevamente la edad penal (antes estuvo en 16 años) y la respuesta general de los especialistas es que no, de ninguna manera. "Lo que tenemos que hacer, y ya estamos haciendo, no es detener y castigar a Oliver Twist (personaje infantil de la novela de Dickens), sino a los criminales mafiosos que los explotan y les destrozan la vida", subraya Jordi Sansó. "No es razonable cambiar la ley del Menor por cuatro casos que pueda haber. Un chico de 16 o 17 años puede ser condenado a pasar 10 años en un centro de internamiento y un adulto autor de un delito de homicidio a 12 años de cárcel", afirma el Fiscal Coordinador de Menores de Barcelona, Juan José Márquez. "Subjetivamente, la pena es más dura para el menor porque, a esas edades, un año de vida es una enormidad. Además", añade, "hay que tener en cuenta que la infracción es casi consustancial a la maduración de las personas. El 90% de los menores cometen algún hurto, un chantaje, una amenaza... Más que nada, eso forma parte del proceso de socialización urbano", indica.
Quienes tratan directamente el problema aseguran que el sistema de justicia juvenil funciona. Según ellos, la reinserción, objetivo explícito de la Ley del Menor, se cumple en más del 80% de los casos. "Hay psicópatas que tienden a reincidir y chicos que parecen incurables, pero son poquísimos. Si esto fuera una empresa, alardearíamos de los resultados", apunta Juan José Márquez con una chispa de ironía. Fiados a su experiencia, todos piensan que el encierro de los menores debe ser la alternativa última, que lo que conviene es aplicar tratamientos individualizados y, en lo posible, evitar las "prisiones de niños".
No parece, pues, que la consigna de "más Estado penal", aplicada a los menores, pueda ejercer de antídoto contra el desafecto, el abandono, la permisividad extrema, el hedonismo, el consumismo y la anomía del "prohibido prohibir", ni que pueda impedir, por tanto, la gestación dentro del hogar de personalidades explosivas de efectos retardados.
PA
El Defensor del Pueblo Andaluz alerta del aumento de violencia de hijos a padres
José Chamizo ha alertado este sábado sobre el aumento "de manera dramática" que se está produciendo en los casos de violencia de hijos a padres
06.06.09 - 18:26 - EFE | GRANADA (IDEAL)
Chamizo , que hoy ha participado en Granada en la clausura del encuentro "Experto universitario en menores en riesgo social", ha afirmado que los trastornos de conducta que provocan las agresiones de los hijos a los padres son "la nueva epidemia".
Ha explicado que sólo se está avanzando en la solución de algunas de estas situaciones, como cuando los hijos consumen drogas o tienen algún problema psiquiátrico, pero que en otros casos, como con las chicas, se tienen más dificultades, ya que la única solución es ir a un centro o la mediación familiar.
El Defensor del Pueblo considera que la situación de los menores en Andalucía es "contradictoria", porque se mezcla el discurso público, incluido el de los medios de comunicación, con la realidad, en la que la gran mayoría de jóvenes llevan "una vida normal".
Para Chamizo en los medios "casi siempre sale de los menores la parte negativa", ya que trasladan "más información de violencia de la que hay", porque lo que es normal "lamentablemente no es noticia".
Dentro de los menores que se encuentran con problemas de riesgo social hay más de 6.000 que están acogidos a medidas de desamparo, ya sea en centros de menores o en acogida con otras familias.
Estas situaciones se producen porque el nivel familiar "ha fallado previamente" y después hay muchas dificultades para restituirlo, por lo que ha propuesto que se lleven a cabo menos medidas de desamparo y en su lugar se trabaje más con las familias.
Los grupos familiares en los que se dan estos casos "no siempre van unidos a la pobreza", ya que actualmente se vive "en muchas familias de clase media", en las que los dos padres tienen que trabajar y "hay cierto abandono de los padres".
IDEAL
Un cambio temporal de familia ayuda a reformar a los niños que pegan a sus padres
El Defensor del Pueblo Andaluz propone explorar nuevas terapias para reformar a menores que son violentos porque nadie les puso límites
07.06.09 - C. MORÁN | GRANADA (IDEAL)
La buena noticia es que la inmensa mayoría del 1.600.000 andaluces menores de edad son personas totalmente normales. Según José Chamizo, Defensor del Pueblo Andaluz, los medios de comunicación no suelen recoger este tipo de informaciones. Lo 'positivo' no vende. «Y los chavales están molestos por eso. Se quejan de que sólo se cuentan las cosas malas. Por eso doy el dato: la mayor parte de ese 1.600.000 niños y adolescentes de entre '0' y 17 años que hay en Andalucía, son gente normal. Con sus problemas, claro, pero normales».
Dicho queda. Ahora, las excepciones: las malas noticias. Chamizo y la institución que dirige están preocupados por el «dramático» fenómeno de los chicos y chicas que pegan a sus padres, una conducta que, según alertó el Defensor, va en aumento.
El responsable público, que ayer estuvo en Granada para clausurar el curso universitario para formar expertos en menores que se encuentran en riesgo social, precisó que no es un problema homogéneo.
Drogas
Según su experiencia, los jóvenes que agreden a sus padres pueden dividirse en tres grupos: los que tienen ese comportamiento porque consumen drogas, los que padecen problemas conductuales o mentales y los que emplean la violencia porque nunca nadie les puso límites.
En los dos primeros grupos, se están produciendo avances. «Hemos comprobado que funciona muy bien la rehabilitación de menores con problemas de drogas en centros de adultos. Conocen directamente las historias de los mayores y eso les ayuda a recapacitar y cambiar», refirió el Defensor.
En cuanto a los adolescentes que sufren alguna anomalía mental o conductual, Chamizo reclamó una implicación más decidida del Servicio Andaluz de Salud, «porque, a fin de cuentas, es algo que es de su competencia». Con todo, Chamizo se mostró moderadamente optimista.
El reducto más resistente a las terapias -y, por ende, el que más inquieta a los expertos- es el de los niños y niñas que agreden a sus padres porque sí, porque no saben relacionarse de otra forma. Son muchachos que, muy mayoritariamente, pertenecen a familias que no tienen problemas económicos ni sociales. Clase media o clase media-alta. El padre y la madre trabajan y no pasan demasiado tiempo con sus hijos. No han conocido límites porque nadie se los ha puesto. Han hecho siempre lo que han querido y cuando escuchan la palabra 'no' por primera vez, ya es demasiado tarde. El resultado, explicó Chamizo, es una «violencia muy potente».
El Defensor propuso explorar nuevas vías para reeducar a estos chicos. En este sentido, mencionó la posibilidad de que cambien de familia durante un tiempo, una alternativa que se ha ensayado con éxito en países como Alemania -«también parece se ha hecho algo similar en Cataluña», precisó Chamizo-.
El Defensor detalló que el primer paso consiste en reunir a familias que están padeciendo el problema. De esa especie de terapia de grupo, salen los intercambios. «Y parece que está funcionando», dijo Chamizo, que recordó que, en ocasiones, también ha habido adolescentes que han superado el problema después de vivir durante unos meses en otro país. «Aquí en Andalucía, ya hemos tenido algún caso de estos», informó.
IDEAL
El maltrato a los progenitores cometido por menores ha crecido vertiginosamente
La ausencia de la figura paterna aparece a menudo en los conflictos • Los especialistas se niegan en redondo a que se rebaje la edad penal
— Las fiscalías abrieron 4.200 expedientes por maltrato en 2008 • "Los padres sólo denuncian en situaciones límite", afirma una fiscal
| ↓ El Defensor del Pueblo Andaluz alerta del aumento de violencia de hijos a padres José Chamizo ha alertado este sábado sobre el aumento "de manera dramática" que se está produciendo en los casos de violencia de hijos a padres. Un cambio temporal de familia ayuda a reformar a los niños que pegan a sus padres Propone explorar nuevas terapias para reformar a menores que son violentos porque nadie les puso límites |
En lugar de aliviarse con el regreso del niño al hogar, miles de padres se estremecen de pánico cuando sienten la llave en la cerradura de casa. Muchos se encierran en su cuarto; no vaya a ser que el chaval venga también esta noche con ganas de bronca, frustrado, cabreado o drogado y la emprenda a insultos, empujones y golpes porque no le gusta la cena, porque exige más dinero, porque quiere la moto..., por cualquier cosa. Con el pestillo echado y la oreja pegada a la pared, temerosos de que su agitada respiración les ponga en evidencia, vigilan los pasos del hijo por la casa, a la espera de que se acueste y se suspenda la amenaza Así, un día tras otro, hasta que los padres no pueden más y acuden a la comisaría a denunciar al monstruo de sus entrañas.
Pegar al padre ya no es algo inconcebible e inaudito, el acto monstruoso, blasfemo y antinatural que viola los mandamientos humanos y divinos del "honrarás a tu padre y a tu madre". Niños y adolescentes han empezado a levantar la mano a sus progenitores (a su madre preferentemente) y, en muy poco tiempo, el delito de maltrato a los padres, antes irrelevante a efectos estadísticos, ha adquirido visos de epidemia. Durante 2008, las Fiscalías de Menores abrieron en España más de 4.200 expedientes por agresiones de hijos a padres, frente a los 2.683 incoados el año anterior. No todas las denuncias dan lugar a la apertura de expedientes judiciales -muchas se archivan tras el ejercicio de las labores de mediación-, y hay que pensar que por cada padre que acusa formalmente a su vástago, habrá otros que se resisten a dar ese paso.
"Cuando los padres denuncian es porque han llegado a una situación límite. Se sienten doblemente avergonzados por tener que pedir que se actúe contra sus hijos y porque la denuncia misma les parece la constatación de un fracaso", indica Consuelo Madrigal, fiscal de Menores del Tribunal Supremo. Las estadísticas constatan, asimismo, un espectacular incremento de chicas que pegan a sus madres y también chicas que pegan a otras chicas. "En el maltrato a los padres, los géneros están ya casi a la par, cuando hace pocos años ése era un delito abrumadoramente masculino", se inquieta la fiscal.
Otro dato de preocupación añadida es que los maltratadores adolescentes reproducen fatalmente el modelo machista, por mucho que hayan estudiado en colegios mixtos y se les suponga aleccionados en los valores de la libertad y la igualdad. La gran mayoría de estos chavales, de edades entre los 14 y los 18 años -en la legislación española, los menores de 14 años no pueden ser imputados, cometan el delito que cometan-, pasan por jóvenes normales y poco conflictivos. De hecho, por lo general, no cometen más delitos que sojuzgar, vejar y pegar a sus padres... y a sus novias.
Como ocurre con la violencia de género, el maltrato a los padres atraviesa todas las estructuras sociales, aunque, en este caso, se concentre, especialmente, en los hogares de las clases medias. Se equivocan, pues, quienes piensan en niños surgidos de la marginación social, pero aciertan quienes ven en las familias desestructuradas un factor de riesgo. "Algunos de estos chicos han sido testigos de malos tratos conyugales o han padecido directamente las agresiones paternas. Cuando llegan al 1,75 o al 1,80 de altura y pueden palparse los músculos, sienten en la sangre la tentación de la venganza", apunta el director de Justicia Juvenil de Cataluña, Jordi Sansó.
Pero, la pregunta del porqué de este estallido sigue en pie, admitida la transmisión intergeneracional de traumas y conductas y establecido que la familia es, a veces, la primera patología a tratar. ¿Qué está pasando para que niños y adolescentes que antes se fugaban del hogar opten por quedarse en casa a tiranizar a sus progenitores? ¿Y para que los padres que antes expulsaban del hogar a sus hijos díscolos o depravados ocupen hoy el papel de víctimas? La respuesta prácticamente unánime de los encargados de encauzar la violencia de los menores es que hemos sustituido el modelo autoritario del "ordeno y mando" por una práctica permisiva y sin límites, igualmente nefasta a efectos educativos.
"El principio de autoridad se ha debilitado y ni la sociedad ni la familia han sabido establecer otros valores y límites. Las agresiones a los padres y la violencia de género aumentan porque nos estamos equivocando gravemente en la educación", advierte José Vidal, médico y director de la cárcel de Morón de la Frontera. "La mayoría de los menores delincuentes surgen en un modelo permisivo e indulgente que genera niños individualistas y hedonistas, incapaces de aceptar la frustración", explica Ana Rodríguez, pedagoga del Centro Reina Sofía para el Estudio de la Violencia. "Como el modelo autoritario de familia no ha sido sustituido por un modelo alternativo verdaderamente educativo, muchos padres no saben qué deben hacer con sus hijos, más allá de transmitirles los afectos. Detectamos con frecuencia un problema de ausencia de la figura paterna, bien porque la pareja se haya separado, porque se trata de una familia monoparental o porque el padre o la madre se inhiben o están muy ocupados en el trabajo", afirma la fiscal Consuelo Madrigal.
Según los psicólogos sociales, a eso habría que añadir el declive de la figura del padre que, a menudo, no encuentra su lugar en un cuadro de relaciones familiares más desdibujadas y horizontales. José Chamizo, Defensor del Menor de Andalucía, cree que hay "un creciente desquiciamiento colectivo" reflejado en la crueldad mostrada por los menores implicados en casos como los de Sandra Palo, Marta del Castillo o el de la indigente quemada en Barcelona. Contra las opiniones de tantas voces que testimonian en sentido contrario: "Yo también me entretengo con los videojuegos y no por eso...", y restan consecuencia a las imágenes violentas, él está convencido de que la "violencia de contexto", la omnipresencia de la agresividad en los medios de comunicación y entretenimiento y en los mensajes publicitarios, tiene una incidencia clara. No es el único. También su colega, Arturo Canalda, Defensor del Menor de Madrid, sostiene que la violencia ambiental influye, "aunque no sea el detonante del problema". A su juicio, hay que prestar particular atención a esos chicos que "pasan muchas horas solos en casa, delante de la televisión, viendo cómo las situaciones más terribles se presentan como si formaran parte de la normalidad. Todo influye en los comportamientos", subraya, "también esa cosa aparentemente tan tonta de la serie de tarde en la que gente se insulta como si nada".
El jefe del Servicio de Psiquiatría del Hospital Universitario de Guadalajara, David Huertas, asegura que estos juicios tienen un fundamento científico. "Se ha demostrado que las imágenes violentas activan el área del cerebro que fomenta la agresión. La sobreexposición a estas señales hacen bajar las defensas frente a la violencia, de forma que su utilización tiende a considerarse normal". Autor del libro Violencia: la gran amenaza, el profesor Huertas habla de una sociedad hipotecada a un modelo económico y social agresivo que habría acabado por pervertir los sistemas de valores y que amenaza con devolvernos al "todos contra todos" descrito por Hobbes en su Leviatán.
El cibersadismo, la filmación y difusión de las agresiones gratuitas, el incremento del maltrato doméstico y escolar practicado por menores serían "la piedra de toque" de esta evolución general que, por lo visto, encuentra tierra abonada en nuestro país. Tras recordar que la OMS declaró en 2002 que la violencia en el mundo se ha convertido en un problema de salud pública, el psiquiatra subraya que las sociedades modernas no cuentan con protocolos para detener esta pandemia. "Tenemos que volver a la educación en valores, a socializar en la convivencia y el respeto", resume.
Con todo, el diagnóstico del problema en España está lejos de la situación apocalíptica que retratan las voces que piden rebajar la edad penal, situada actualmente en los 14 años. "La estadística provisional de 2008 desmiente que haya aumentado la participación de los menores en homicidios y asesinatos y muestra que el incremento de sus conductas delictivas se circunscribe únicamente al maltrato doméstico y a los delitos contra la libertad sexual", destaca Consuelo Madrigal. "Eso de que están aumentando los delitos graves cometidos por menores es un mito. No hay correspondencia entre los datos disponibles y la percepción que tiene la opinión pública", confirma Jaime Tapia, magistrado de la Audiencia Provincial de Álava, y ratifica Manuel Garramiola, director del Centro de Reforma de Menores de Medina Zahara.
De acuerdo con los informes fiscales, durante el pasado año, los delitos dolosos con lesiones cometidos por menores se redujeron a 16.400, los robos violentos y con fuerza cayeron hasta los 8.700 y 8.200, respectivamente, al tiempo que disminuyeron, igualmente las sustracciones de vehículos de motor y el tráfico de drogas. Si la suma global de delitos protagonizados por menores superó los 55.000 anuales es porque la estadística de 2008 incorporó 4.400 expedientes abiertos por conducir sin carné, conducta no considerada hasta entonces delictiva.
A la sensación de peligrosidad de los menores contribuyen las bandas de ladrones formadas por niños de edades inferiores a los 14 años dirigidas y explotadas por el crimen organizado. "Los reclutan en las poblaciones marginales. En Rumania, pagan a los padres 2.000 euros a cambio de que les cedan el niño por unos meses. Los traen a España y los ponen a delinquir, desde la seguridad de que no pueden ser imputados penalmente. Tenemos pequeños que han sido detenidos y puestos en libertad ciento y pico veces", explican en la Fiscalía de Menores. En Cataluña, los menores delincuentes que se inician en el delito antes de los 14 años vienen a suponer el 9%.
La pregunta que políticos, columnistas, fiscales y jueces formulan últimamente con particular insistencia es de si habría que rebajar nuevamente la edad penal (antes estuvo en 16 años) y la respuesta general de los especialistas es que no, de ninguna manera. "Lo que tenemos que hacer, y ya estamos haciendo, no es detener y castigar a Oliver Twist (personaje infantil de la novela de Dickens), sino a los criminales mafiosos que los explotan y les destrozan la vida", subraya Jordi Sansó. "No es razonable cambiar la ley del Menor por cuatro casos que pueda haber. Un chico de 16 o 17 años puede ser condenado a pasar 10 años en un centro de internamiento y un adulto autor de un delito de homicidio a 12 años de cárcel", afirma el Fiscal Coordinador de Menores de Barcelona, Juan José Márquez. "Subjetivamente, la pena es más dura para el menor porque, a esas edades, un año de vida es una enormidad. Además", añade, "hay que tener en cuenta que la infracción es casi consustancial a la maduración de las personas. El 90% de los menores cometen algún hurto, un chantaje, una amenaza... Más que nada, eso forma parte del proceso de socialización urbano", indica.
Quienes tratan directamente el problema aseguran que el sistema de justicia juvenil funciona. Según ellos, la reinserción, objetivo explícito de la Ley del Menor, se cumple en más del 80% de los casos. "Hay psicópatas que tienden a reincidir y chicos que parecen incurables, pero son poquísimos. Si esto fuera una empresa, alardearíamos de los resultados", apunta Juan José Márquez con una chispa de ironía. Fiados a su experiencia, todos piensan que el encierro de los menores debe ser la alternativa última, que lo que conviene es aplicar tratamientos individualizados y, en lo posible, evitar las "prisiones de niños".
No parece, pues, que la consigna de "más Estado penal", aplicada a los menores, pueda ejercer de antídoto contra el desafecto, el abandono, la permisividad extrema, el hedonismo, el consumismo y la anomía del "prohibido prohibir", ni que pueda impedir, por tanto, la gestación dentro del hogar de personalidades explosivas de efectos retardados.
PA
El Defensor del Pueblo Andaluz alerta del aumento de violencia de hijos a padres
José Chamizo ha alertado este sábado sobre el aumento "de manera dramática" que se está produciendo en los casos de violencia de hijos a padres06.06.09 - 18:26 - EFE | GRANADA (IDEAL)
Chamizo , que hoy ha participado en Granada en la clausura del encuentro "Experto universitario en menores en riesgo social", ha afirmado que los trastornos de conducta que provocan las agresiones de los hijos a los padres son "la nueva epidemia".
Ha explicado que sólo se está avanzando en la solución de algunas de estas situaciones, como cuando los hijos consumen drogas o tienen algún problema psiquiátrico, pero que en otros casos, como con las chicas, se tienen más dificultades, ya que la única solución es ir a un centro o la mediación familiar.
El Defensor del Pueblo considera que la situación de los menores en Andalucía es "contradictoria", porque se mezcla el discurso público, incluido el de los medios de comunicación, con la realidad, en la que la gran mayoría de jóvenes llevan "una vida normal".
Para Chamizo en los medios "casi siempre sale de los menores la parte negativa", ya que trasladan "más información de violencia de la que hay", porque lo que es normal "lamentablemente no es noticia".
Dentro de los menores que se encuentran con problemas de riesgo social hay más de 6.000 que están acogidos a medidas de desamparo, ya sea en centros de menores o en acogida con otras familias.
Estas situaciones se producen porque el nivel familiar "ha fallado previamente" y después hay muchas dificultades para restituirlo, por lo que ha propuesto que se lleven a cabo menos medidas de desamparo y en su lugar se trabaje más con las familias.
Los grupos familiares en los que se dan estos casos "no siempre van unidos a la pobreza", ya que actualmente se vive "en muchas familias de clase media", en las que los dos padres tienen que trabajar y "hay cierto abandono de los padres".
IDEAL
Un cambio temporal de familia ayuda a reformar a los niños que pegan a sus padres
El Defensor del Pueblo Andaluz propone explorar nuevas terapias para reformar a menores que son violentos porque nadie les puso límites07.06.09 - C. MORÁN | GRANADA (IDEAL)
La buena noticia es que la inmensa mayoría del 1.600.000 andaluces menores de edad son personas totalmente normales. Según José Chamizo, Defensor del Pueblo Andaluz, los medios de comunicación no suelen recoger este tipo de informaciones. Lo 'positivo' no vende. «Y los chavales están molestos por eso. Se quejan de que sólo se cuentan las cosas malas. Por eso doy el dato: la mayor parte de ese 1.600.000 niños y adolescentes de entre '0' y 17 años que hay en Andalucía, son gente normal. Con sus problemas, claro, pero normales».
Dicho queda. Ahora, las excepciones: las malas noticias. Chamizo y la institución que dirige están preocupados por el «dramático» fenómeno de los chicos y chicas que pegan a sus padres, una conducta que, según alertó el Defensor, va en aumento.
El responsable público, que ayer estuvo en Granada para clausurar el curso universitario para formar expertos en menores que se encuentran en riesgo social, precisó que no es un problema homogéneo.
Drogas
Según su experiencia, los jóvenes que agreden a sus padres pueden dividirse en tres grupos: los que tienen ese comportamiento porque consumen drogas, los que padecen problemas conductuales o mentales y los que emplean la violencia porque nunca nadie les puso límites. En los dos primeros grupos, se están produciendo avances. «Hemos comprobado que funciona muy bien la rehabilitación de menores con problemas de drogas en centros de adultos. Conocen directamente las historias de los mayores y eso les ayuda a recapacitar y cambiar», refirió el Defensor.
En cuanto a los adolescentes que sufren alguna anomalía mental o conductual, Chamizo reclamó una implicación más decidida del Servicio Andaluz de Salud, «porque, a fin de cuentas, es algo que es de su competencia». Con todo, Chamizo se mostró moderadamente optimista.
El reducto más resistente a las terapias -y, por ende, el que más inquieta a los expertos- es el de los niños y niñas que agreden a sus padres porque sí, porque no saben relacionarse de otra forma. Son muchachos que, muy mayoritariamente, pertenecen a familias que no tienen problemas económicos ni sociales. Clase media o clase media-alta. El padre y la madre trabajan y no pasan demasiado tiempo con sus hijos. No han conocido límites porque nadie se los ha puesto. Han hecho siempre lo que han querido y cuando escuchan la palabra 'no' por primera vez, ya es demasiado tarde. El resultado, explicó Chamizo, es una «violencia muy potente».
El Defensor propuso explorar nuevas vías para reeducar a estos chicos. En este sentido, mencionó la posibilidad de que cambien de familia durante un tiempo, una alternativa que se ha ensayado con éxito en países como Alemania -«también parece se ha hecho algo similar en Cataluña», precisó Chamizo-.
El Defensor detalló que el primer paso consiste en reunir a familias que están padeciendo el problema. De esa especie de terapia de grupo, salen los intercambios. «Y parece que está funcionando», dijo Chamizo, que recordó que, en ocasiones, también ha habido adolescentes que han superado el problema después de vivir durante unos meses en otro país. «Aquí en Andalucía, ya hemos tenido algún caso de estos», informó.
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