La situación de los niños de las capas más pobres de la sociedad ha empeorado respecto a décadas pasadas.
Varsovia, 20 jun. (COLPISA, P. Soto)
“Me llamo Anelia Krushinska y tengo 17 años. Vivo en Obelia, un barrio popular a las afueras de Sofía. Estudio en un instituto de enseñanza media. Hablo búlgaro, inglés y voy a estudiar francés. Aunque mi madre es una mujer divorciada y tiene un trabajo bastante mal remunerado, me considero una chica afortunada, porque puedo estudiar y creo que en el futuro podré hacer algo de provecho en mi país”. Anelia es no sólo afortunada, sino una privilegiada aunque viva en un barrio de bloques grises, casas destartaladas y coches abandonados poblado por familias modestas en muchos casos de origen gitano y turco. Por suerte, su madre, Diliana Dradilova, funcionaria de 44 años, quiere a toda costa que su hija estudie. Pero es un caso excepcional.
Según un reciente informe de la organización Campaña Global para la Educación, cada vez son más los menores de Bulgaria y Rumanía que no reciben un mínimo de educación. El analfabetismo, casi inexistente en ambos país balcánicos hasta hace pocos años, ha vuelto con fuerza. Diliana Dradilova explica que “las razones son complejas, aunque los problemas económicos y la pobreza son la causa principal y afectan a muchos menores, y no sólo a los niños gitanos; muchos niños de padres divorciados también sufren de este problema”.
Diliana sabe de lo que habla, pues su ex marido ruso vive en Moscú y hace años que no ve a sus hijos. El hijo varón del matrimonio, Evgueni, ahora mayor de edad, abandonó la escuela en 2006 porque quería trabajar y ganar dinero. Cuatro años después no lo ha conseguido. Su madre critica el sistema educativo búlgaro, porque “está muy mal organizado; los profesores y los alumnos no están motivados, buena parte de los jóvenes prefiere trabajar que estudiar”.
Bulgaria tiene el peor sistema judicial de la UE y es el país con mayor nivel de corrupción. Las comunidades turca y gitana constituyen el sector más empobrecido de la población. Según diversas organizaciones no gubernamentales, el 18% de los gitanos es analfabeto y el 65% no ha acabado los estudios segundarios. Un informe de UNICEF asegura que el 20% de los niños búlgaros de origen gitano nunca ha pisado una escuela.
Este grave problema afecta también a muchos menores búlgaros que no son gitanos o turcos. La cantidad de niños que completaron la enseñanza primaria en zonas rurales en 2006-2007 fue 17% más baja que en las urbanas. Además, el número de menores que abandonó la escuela en el mismo periodo en comparación a los años 90 se triplicó, según el Ministerio de Educación búlgaro.
En el país balcánico, entre 7 y 8% de los menores de zonas rurales no completa la educación segundaria, y en la comunidad gitana alcanza el 40%. Según Save the Children, las escuelas rurales carecen de servicios básicos como calefacción en invierno, agua corriente o baños que funcionen. Bulgaria gasta mucho menos del 5% del PIB, que es el promedio de inversión de los países de la OCDE en educación.
Ni leer ni escribir
La situación de Rumanía no es mejor. El abandono escolar en zonas rurales pasó del 0,6% en el curso lectivo 2000-2001 al 1,8% en 2006-2007. La falta de inversión, la desmotivación de los profesores “y la excesiva politización de la educación” son la causa de esta situación, según describe Mihaela Manole, de la sección rumana de Save the Children, en el portal de Internet IPS. “La cantidad de centros preescolares de Rumanía disminuyó de 7.616 en 2003 a 1.731 en 2007”, señala.
El sociólogo Mircea Kivu cree que “el abandono escolar, tanto en las zonas rurales como urbanas, afecta fundamentalmente a menores pobres, hijos de campesinos y de familias gitanas que no pueden hacer frente a los gastos que genera la escuela, como el material escolar, los libros, la ropa, etc. En los pueblos, muchos niños dejan de estudiar para ayudar a sus padres en las labores agrícolas”. “El problema es la pobreza, la única solución es erradicar la pobreza”, señala a esta agencia.
Muchas familias rumanas con pocos recursos renuncian a que sus hijos vayan a la escuela porque los necesitan como fuerza de trabajo o para que se dediquen a la mendicidad. Algunos acaban siendo presa de la delincuencia y la droga. Muchos son analfabetos totales o funcionales.
Un estudio del Instituto de Investigación de la Calidad de Vida revela que el periodo medio de presencia de los menores en el sistema de enseñanza rumano no supera los 10 años y entre el 20 y el 30% abandona la escuela antes de los 16. En Bucarest, los trabajadores sociales de organizaciones caritativas de signo religioso han detectado que niños entre los 12 y 14 años no saben ni leer, ni escribir, ni contar; ni siquiera nombrar los días de la semana. Veinte años después de la caída del comunismo en Bulgaria y Rumanía, la educación y la dignidad no ha llegado a toda la población.
COLPISA

Varsovia, 20 jun. (COLPISA, P. Soto)
“Me llamo Anelia Krushinska y tengo 17 años. Vivo en Obelia, un barrio popular a las afueras de Sofía. Estudio en un instituto de enseñanza media. Hablo búlgaro, inglés y voy a estudiar francés. Aunque mi madre es una mujer divorciada y tiene un trabajo bastante mal remunerado, me considero una chica afortunada, porque puedo estudiar y creo que en el futuro podré hacer algo de provecho en mi país”. Anelia es no sólo afortunada, sino una privilegiada aunque viva en un barrio de bloques grises, casas destartaladas y coches abandonados poblado por familias modestas en muchos casos de origen gitano y turco. Por suerte, su madre, Diliana Dradilova, funcionaria de 44 años, quiere a toda costa que su hija estudie. Pero es un caso excepcional.
Según un reciente informe de la organización Campaña Global para la Educación, cada vez son más los menores de Bulgaria y Rumanía que no reciben un mínimo de educación. El analfabetismo, casi inexistente en ambos país balcánicos hasta hace pocos años, ha vuelto con fuerza. Diliana Dradilova explica que “las razones son complejas, aunque los problemas económicos y la pobreza son la causa principal y afectan a muchos menores, y no sólo a los niños gitanos; muchos niños de padres divorciados también sufren de este problema”.
Diliana sabe de lo que habla, pues su ex marido ruso vive en Moscú y hace años que no ve a sus hijos. El hijo varón del matrimonio, Evgueni, ahora mayor de edad, abandonó la escuela en 2006 porque quería trabajar y ganar dinero. Cuatro años después no lo ha conseguido. Su madre critica el sistema educativo búlgaro, porque “está muy mal organizado; los profesores y los alumnos no están motivados, buena parte de los jóvenes prefiere trabajar que estudiar”.
Bulgaria tiene el peor sistema judicial de la UE y es el país con mayor nivel de corrupción. Las comunidades turca y gitana constituyen el sector más empobrecido de la población. Según diversas organizaciones no gubernamentales, el 18% de los gitanos es analfabeto y el 65% no ha acabado los estudios segundarios. Un informe de UNICEF asegura que el 20% de los niños búlgaros de origen gitano nunca ha pisado una escuela.
Este grave problema afecta también a muchos menores búlgaros que no son gitanos o turcos. La cantidad de niños que completaron la enseñanza primaria en zonas rurales en 2006-2007 fue 17% más baja que en las urbanas. Además, el número de menores que abandonó la escuela en el mismo periodo en comparación a los años 90 se triplicó, según el Ministerio de Educación búlgaro.
En el país balcánico, entre 7 y 8% de los menores de zonas rurales no completa la educación segundaria, y en la comunidad gitana alcanza el 40%. Según Save the Children, las escuelas rurales carecen de servicios básicos como calefacción en invierno, agua corriente o baños que funcionen. Bulgaria gasta mucho menos del 5% del PIB, que es el promedio de inversión de los países de la OCDE en educación.
Ni leer ni escribir
La situación de Rumanía no es mejor. El abandono escolar en zonas rurales pasó del 0,6% en el curso lectivo 2000-2001 al 1,8% en 2006-2007. La falta de inversión, la desmotivación de los profesores “y la excesiva politización de la educación” son la causa de esta situación, según describe Mihaela Manole, de la sección rumana de Save the Children, en el portal de Internet IPS. “La cantidad de centros preescolares de Rumanía disminuyó de 7.616 en 2003 a 1.731 en 2007”, señala.
El sociólogo Mircea Kivu cree que “el abandono escolar, tanto en las zonas rurales como urbanas, afecta fundamentalmente a menores pobres, hijos de campesinos y de familias gitanas que no pueden hacer frente a los gastos que genera la escuela, como el material escolar, los libros, la ropa, etc. En los pueblos, muchos niños dejan de estudiar para ayudar a sus padres en las labores agrícolas”. “El problema es la pobreza, la única solución es erradicar la pobreza”, señala a esta agencia.
Muchas familias rumanas con pocos recursos renuncian a que sus hijos vayan a la escuela porque los necesitan como fuerza de trabajo o para que se dediquen a la mendicidad. Algunos acaban siendo presa de la delincuencia y la droga. Muchos son analfabetos totales o funcionales.
Un estudio del Instituto de Investigación de la Calidad de Vida revela que el periodo medio de presencia de los menores en el sistema de enseñanza rumano no supera los 10 años y entre el 20 y el 30% abandona la escuela antes de los 16. En Bucarest, los trabajadores sociales de organizaciones caritativas de signo religioso han detectado que niños entre los 12 y 14 años no saben ni leer, ni escribir, ni contar; ni siquiera nombrar los días de la semana. Veinte años después de la caída del comunismo en Bulgaria y Rumanía, la educación y la dignidad no ha llegado a toda la población.
COLPISA







