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miércoles, 22 de julio de 2009
DÓNDE VA VICENTE
Siempre hay líderes y otros que les siguen aun sin estar del todo de acuerdo

Una de las funciones de los padres es controlar con quién se mueve el menor • Save the Children alerta de que muchas agresiones a menores permanecen ocultas
 
¿Qué pasa por la mente de un menor que comete una violación? · En los grupos que cometieron el delito existiría un líder que incitó a los demás · Los especialistas hablan de trastorno de los valores, pero no de una patología mental
 

Menores sin libertad, lejos de sus familias y vigilados · Los adolescentes internados por violación afrontan una reeducación por fases · El perfil de los menores infractores

Celeste López / Alicia Rodríguez de Paz | Madrid | 22/07/2009  (LA VANGUARDIA)
Muchos de los episodios de abusos sexuales infantiles por parte de menores comparten un elemento común: se cometen en grupo. Al menos, esa es la percepción que se extrae cuando se revisa la hemeroteca y se analizan los casos registrados en los últimos años y que han sobrecogido a la sociedad, como los recientes de Baeza (Córdoba) e Isla Cristina (Huelva). Pero ¿por qué actúan en pandilla? Los expertos consultados por este periódico responden casi al unísono: los menores necesitan sentir que forman parte de un grupo y, en muchos casos, hacen lo que sea para no estar al margen de él. Es una característica de esa etapa de la vida y forma parte de su desarrollo. Además, perciben que la responsabilidad en compañía se diluye. 

"En el grupo, uno se siente importante, se sabe perteneciente a algo. La adolescencia precisamente pasa por estar con los pares, que se convierten en la segunda familia. Es en él donde los adolescentes se inician en muchas cosas positivas, pero también en las drogas, en el alcohol, en el sexo... En el grupo confluyen muchas personalidades prototípicas como el líder, que marca la pauta, o el servil, que hace lo que le mandan por miedo a ser excluido", señala el doctor Germán Castellano, presidente de la Sociedad Española de Medicina de la Adolescencia. 

Para este pediatra, que trabaja con menores en institutos de Santander, resulta imprescindible que los padres conozcan a los amigos de sus hijos, algo que cree que en estos momentos no ocurre porque se "está produciendo una dejación de funciones. "¿Cómo, si no, se entiende que un menor de 13 años vaya con uno de 22? (como en el caso de la violación de una menor en Baeza)", se pregunta el doctor Castellano. Porque no se trata de una relación de pares, sino de poder: lo normal es que el mayor mande y los otros obedezcan. "Un chaval de 12 o 13 años aún no tiene claro lo que está bien o lo que está mal, sencillamente porque no ha alcanzado el desarrollo cognitivo suficiente. A partir de los 15, el 90% de los chavales ya lo saben". 

Esteban Cañamares, psicólogo especialista en familia, señala que en la preadolescencia los niños "cuestionan el conjunto de valores que tenían en su infancia, procedente exclusivamente de la familia" y buscan nuevas referencias. "Por eso, el grupo se convierte en algo tan importante, porque han de buscar un nuevo referente en cuanto a las reglas de juego, aunque a veces no estén de acuerdo con ellas". E insiste en que en el grupo cada uno demuestra lo que es: los mayores, desde la inseguridad, buscan la admiración de los pequeños, tratan de superar sus complejos. Mientras, los de menos edad luchan por destacar. "Cuando se ataca de esa manera a alguien, como en los casos de estas niñas violadas, quiere decir que están podridos de sentimiento de inferioridad". 

La profesora de Psicología de la Sexualidad de la Universitat de Barcelona, Cristina Ramírez, relativiza la presión del grupo - "que evidentemente es muy grande"-e insiste en que "la toma de decisiones siempre es individual". Y como el doctor Castellano apunta de nuevo al papel de la familia, como presencia fundamental en esa etapa de la vida, entre los 12 y los 13 años, en que comienzan a querer volar solos. 

Por su parte, Save the Children, una ONG que trabaja particularmente este tipo de maltratos, matiza que las agresiones en pandilla tienen más que ver con la trascendencia pública de determinados casos. "No hay datos suficientes, pero desde mi experiencia creo que la mayoría de las agresiones sexuales infantiles se comete por individuos solos. Lo que ocurre es que una gran parte no se denuncian por miedo y sentimiento de culpabilidad de la víctima", señala Pepa Horno, responsable de promoción y protección de los derechos de la infancia. 

Y asevera sus palabras con cifras extraídas de estudios europeos y nacionales: el 20% de las violaciones son cometidas por menores; la prevalencia del abuso sexual antes de los 13 años se sitúa en el 14,9%, la edad de máxima incidencia de los abusos se sitúa entre los 6 y los 11 años. "En demasiadas ocasiones no hay denuncias, por lo que es muy difícil trazar con exactitud las dimensiones del problema. Se calcula que sólo llegan al sistema judicial entre el 10% y el 20% de los casos de abusos a menores que se producen", señala Horno. Como ocurría hasta hace poco con la violencia de género, los abusos a los menores sigue siendo un tema tabú. 

Un pediatra responsable del grupo de menores en un centro sanitario de la Comunidad de Madrid, que prefiere mantenerse en el anonimato, lo ratifica: "Desde hace unas semanas estoy atendiendo a una niña violada por un chico de su grupo. Fue una noche del fin de semana, bebieron y bebieron y, al final, se produjo la agresión. Ella no ha dicho nada a sus padres, porque se siente culpable", señala este doctor, para quien los menores sólo reproducen "sin hipocresías" los valores de una sociedad fabricada por adultos
LV

LOS PSIQUIATRAS OPINAN

¿Qué pasa por la mente de un menor que comete una violación?

En los grupos que cometieron el delito existiría un líder que incitó a los demás
Los especialistas hablan de trastorno de los valores, pero no de una patología mental


MARÍA VALERIO,  22/07/2009 MADRID (MUNDO SALUD)
Sucesos como los que se acaban de conocer en Isla Cristina (Huelva) y Baena (Córdoba), donde un grupo de menores viola a una menor, llevan a preguntarse qué pasa por la mente de esos chicos para llegar a traspasar los límites sociales y morales más básicos de esa manera. Los psiquiatras consultados por elmundo.es se inclinan por pensar que no existe ningún trastorno mental detrás que sirva como atenuante. Simple maldad, falta de educación en respeto y valores, machismo de grupo y el envalentonamiento de los más indecisos siguiendo a un líder son algunas de las causas que podrían explicar lo ocurrido.

"Vivimos en una sociedad tan 'hipererotizada' que lo que me sorprende que es que no haya más casos como éste", apunta el doctor Paulino Castells, psiquiatra especializado en temas de familia y profesor en la Universidad Abat Oliba CEU. A su juicio, los menores reciben tantos estímulos sexuales a través de todos los medios de comunicación que "a la mínima ocasión en que uno toma la iniciativa los compañeros se apuntan rápidamente".

Este especialista asegura que existe un "machismo de grupo" detrás de sucesos como éstos, que llevan a que incluso los menores más indecisos se envalentonen, aprovechándose de "una capa de anonimato". Eso sí, advierte a los medios de comunicación que tengan cautela en el tratamiento informativo de estas violaciones, "porque existe un gran peligro de que se produzca un fenómeno de imitación".

Castells descarta que exista ningún trastorno mental detrás de este comportamiento que ha llevado a dos grupos de menores a violar a sendas niñas, una de ellas con una discapacidad. "Lo que sí es obvio es que son chicos que en su casa no han tenido muchas normas morales, seguramente se han criado en familias que no han transmitido una idea del bien y del mal".

Buscar y evaluar al líder

Mucho más crítico se muestra el doctor José Luis Pedreira, psiquiatra infantil en el Hospital Niño Jesús de Madrid, que utiliza los calificativos más duros para referirse a estos jóvenes. "Ser mala persona no es un diagnóstico psiquiátrico. No se puede buscar ningún trastorno como atenuante o eximente de lo que han hecho", asegura indignado a elmundo.es. "El paciente psiquiátrico es un ser que sufre, pero en estos casos no hay ningún respeto al otro; es una brutalidad, una cuestión de mala educación y deben pagar por lo que han hecho".

Sí coincide con su colega catalán en que en estos casos siempre existe una figura que ejerce de líder, llevando al resto de chicos a cometer el delito. Aunque tampoco tiene justificación para "los seguidistas"; en estas situaciones, añade, "hay que saber decir no". Este individuo es el que más preocupa al doctor José Ramón Gutiérrez, jefe del servicio de Psiquiatría del Hospital Infanta Cristina de Badajoz. "Hay que ver quién ha inducido eso, porque es probable que tenga algún tipo de conflicto con la muchacha o problemas con la sexualidad".

En este sentido, sin embargo, aclara que el acto cometido seguramente tenga más que ver con las ganas de humillar y agredir a la chica que de resolver unas necesidades sexuales como pueda tener un violador adulto.

Tratamiento

Como añade por su parte la doctora Ana Gago, psiquiatra de la Unidade de Saúde Mental da Infancia e a Adolescencia en el Hospital de Santiago de Compostela (CHUS), sí es conveniente que ante comportamientos antisociales tan extremos como éstos, se investigue si existe alguna psicopatología de base. Ella sospecha que estos chicos que han cometido la violación encadenan un historial de fracaso escolar, "tonteo con sustancias toxicológicas" y alcohol... "Y un adolescente mal influenciado puede pasar a la acción mucho más rápido que un adulto, porque no conocen límites".

A pesar de la gravedad de los hechos, esta especialista señala que los menores que cometen un delito tan grave merecen la oportunidad de ser explorados, evaluados y tratados, si fuese necesario, "porque en la adolescencia existen más posibilidades de rehabilitación que siendo ya adulto". Para ello, es probable que haya que recurrir a una combinación de fármacos y psicoterapia, e incluso un ingreso en un centro especializado si fuese necesario. Sin embargo, apunta, "en España hay poca gente formada para ver a menores y algunos de estos comportamientos es posible detectarlos de antemano".

"Evidentemente necesitan terapia para entender que lo que han hecho está mal", apunta su colega Castells, "si se dan cuenta y encuentran una manera de enmendar el daño que han causado, la rehabilitación es posible. Si se consigue, habremos hecho una buena rehabilitación social, pero si no estaremos ante el perfil del típico delincuente frío".

Más allá del debate sobre la reforma de la Ley del Menor, y después de que estos chicos hayan saldado sus deudas legales y judiciales con la sociedad, el doctor Gutiérrez recomienda que se les vaya integrando en la sociedad; "que sientan culpa y pidan perdón a su víctima, que sepan sentir el dolor del otro y muestren arrepentimiento". Algunos de los que hayan participado en las violaciones, explica, "si lo hicieron por equivocación, auspiciados por otro, y pertenecen a familias estructuradas, es probable que ya estén arrepentidos.
EM

Menores sin libertad, lejos de sus familias y vigilados

Los adolescentes internados por violación afrontan una reeducación por fases

Intslaciones de un centro de protección de menoresÁ.M. / M.S. / R.V. - SEVILLA / CÓRDOBA - 22/07/2009   (PÚBLICO)
Privados de libertad en un centro con medidas para evitar su fuga, en ocasiones lejos de casa y siempre vigilados, los menores ingresados por el juez en centros de internamiento empiezan su vida de cero, con un estricto proceso de reeducación y de toma de conciencia de sus actos. "Residen en habitaciones individuales y tienen un régimen educador que comienza a las 8.30 horas y termina a las 22.00, cuyo objetivo es resocializarlos a través de talleres y profesionales como psicólogos, educadores y trabajadores sociales, que les enseñan pautas de conducta y habilidades", explica Mercedes Mayo, delegada de la Consejería de Justicia en Córdoba.

A raíz de la violación de dos niñas de 13 años en Baena (Córdoba) e Isla Cristina (Huelva), siete menores aunque con 14 años o más han sido ingresados cautelarmente en régimen semiabierto en distintos centros de internamiento de Andalucía. Por los hechos de Baena, hay tres en centros de Córdoba, Sevilla y Granada, según Mayo. Por la agresión en Isla Cristina, hay dos en Cádiz, otro en Sevilla y un cuarto en Almería, explican fuentes de la Guardia Civil. 

El debate abierto por los tres menores de 14 años que han quedado en libertad por ser inimputables en los casos de estas dos supuestas violaciones ha eclipsado en parte un hecho que también podría ser objeto de discusión: el de la privación de libertad de menores que, en ocasiones, sólo tienen 14 años. En este caso, además, sólo uno de ellos ha sido recluido en su provincia.

Los siete adolescentes afrontan ahora una larga reeducación en diversas fases. El régimen semiabierto impuesto a los internados por los hechos de Baena e Isla Cristina implica que pueden salir del centro para actividades programadas por el centro, pero siempre deben dormir en él. El contacto con sus familiares se limita a visitas de estos. "El régimen sancionador es muy duro", explica Mercedes Serrato, integradora social que ha trabajado en centros de internamiento en Sevilla. 

Patricia Fernández, abogada experta en menores, también desmonta el tópico incierto de que, por tener menos de 18 años, cualquier detenido se va de rositas. "A un internado se le aplica el mismo protocolo de entrada que a un adulto en prisión preventiva. Lo primero que se hace es despojarlo de todos sus efectos personales", cuenta. "Y si cometen faltas, se les castiga con cosas que les importan, como objetos personales o ropa", añade. 

Conciencia y prevención

La Junta de Andalucía evita dar detalles sobre casos concreto que afecten a menores. Pilar González, coordinadora de Justicia Juvenil de la Consejería de Justicia, señala que, con carácter general, en casos en los que el juez decreta una privación cautelar de la libertad del menor, se trata desde el principio de que este "tome conciencia del mal comportamiento que ha tenido", de forma que "se prevenga que pueda tenerlo en el futuro". Estos menores están "siempre vigilados" y realizando actividades. 

En el paso por un centro de menores hay tres fases principales. La primera, de observación, que dura unos días y durante la cual "los directores del centro y todo el personal están especialmente atentos", a fin de garantizar la integración de este. La segunda es de desarrollo, cuando el internado empieza a participar en las actividades del centro. Esta es la de más duración. Por último, en la fase final el menor se prepara para su reingreso en la sociedad. A ello puede sumarse la libertad vigilada una vez que abandone el centro. 

"Lo que más añoran", cuenta la abogada Fernández, "es a su familia y amigos". Viven en módulos que no suelen exceder las siete u ocho personas aunque cambia según los centros y a menudo duermen en habitaciones individuales. El régimen de talleres es muy intenso. Las normas son estrictas y abarcan desde los hábitos de comida a los modales, pasando por el vocabulario. 

El perfil de los menores infractores

1- Por regiones
Según los últimos datos del Instituto Nacional de Estadística, pertenecientes a 2007, la comunidad autónoma con un mayor número de menores condenados es Andalucía, con 3.608, seguida de Catalunya (1.489), el País Valenciano (1.458) y la Comunidad de Madrid (1.319).

2- Por sexo
Como sucede con los delincuentes adultos, la mayor parte de los menores infractores son masculinos. Ellos suman 11.580 condenas, frente a las 2.051 que se les impuso a las jóvenes españolas.

3- Por tipo de delito
La mayor parte de los delitos cometidos por los menores comprendidos entre los 14 y los 17 años fueron robos (6.216) y hurtos (1.251). Además, en 2007 los menores fueron responsables de 1.644 delitos de lesiones.
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