ENTREVISTA· JAVIER URRA, PSICÓLOGO
El experto alerta ante la banalización de la sexualidad y el rebrote de machismo que se percibe en un sector importante de las nuevas generaciones
↓ PEQUEÑA GUÍA DIFERENCIAL PARA EDUCAR A UN HIJO · De 0 a 2 años, de 3 a 6, de 7 a 12 y de 13 a 18.
ISABEL URRUTIA, 22 JUL 2009 (VOCENTO)
A plena luz de día, en los alrededores de una piscina municipal. Eran seis. Todos la violaron, tenían entre 13 y 22 años. Uno de ellos era su ex novio. La niña tardó tres días en contar lo sucedido a sus padres. Aquello ocurrió el pasado 2 de julio en la localidad cordobesa de Baena. Ahora, la cría -que tan sólo tiene 13 años- se resiste a salir de casa y no habla con nadie. Ni toca el móvil. Uno de los chavales que abusaron de ella le puso delante de los ojos uno parecido, para que viera las imágenes grabadas en las que aparecía manteniendo relaciones sexuales con él. Así empezó el chantaje: «Le mostraremos estas fotos a tu familia si te resistes». Y ella, presa del pánico, no dijo nada.
Un caso espeluznante, pero no único. Ayer mismo [sábado y domingo pasados], otros siete menores -varios de 13, 14 y 15 años-, eran detenidos en Isla Cristina, Huelva, por abusar de otra niña la madrugada anterior.
El psicólogo Javier Urra, ex presidente de la Red Europea de Defensores del Menor, conoce al dedillo la evolución de la juventud española y no disimula su preocupación. «La inmensa mayoría educa muy bien a sus hijos, pero estos hechos no son aislados. En esta sociedad hay un factor contaminante, tóxico, grave, que transmite la idea de que todo vale. Los chavales ya no saben lo que son los límites... Fallan los diques de contención que ponen freno. En definitiva, está fallando la educación», advierte el autor de 'Educar con sentido común' (Aguilar), una hoja de ruta que ayuda a los padres a meterse en la cabeza de sus hijos para dejarles clara la frontera entre lo admisible y lo prohibido.
— Llama la atención que abusen de una niña a las seis de la tarde, a plena luz del día y en mitad de un barrio.
— Pues, fíjese, a mí no me sorprende. Refleja la banalización de la sexualidad. Estos chavales no tienen un sentimiento de que lo que han hecho está mal. Si así fuera, lo habrían hecho a oscuras y en un ascensor, donde nadie pudiera verlos.
— ¿Cómo se ha llegado a este extremo?
— Vivimos en un clima pernicioso. Sin valores. Prima el 'todo vale'. Sin ir más lejos, no hay más que ver la televisión... Ya sabe, programas con el típico tío que está con una, luego con otra y dice barbaridades de los hijos; cámaras en habitaciones con muchachos de 30 años que dan una imagen vaga, sucia... Se impone la zafiedad. Eso es sumamente lesivo. No se transmiten criterios claros, limpios, nada que favorezca la convivencia y el respeto al prójimo. Al final, todo eso va dejando un poso.
— Y los padres, ¿en qué fallan?
Yo les recordaría algo fundamental, que cultivar la autoestima del crío es importante pero, por favor, hagamos hincapié en el valor y la estima de los demás. Ésa es una de las grandes asignaturas pendientes: la educación emocional profunda. Hay un rebrote de machismo entre la juventud, y eso lo estamos viendo cada vez a edades más tempranas.
—¿Causas?
Son muchos los factores que entran en juego... El empuje de las mujeres desubica a muchos adultos y les hace reaccionar con agresividad y desprecio. Todo eso lo perciben los chavales, que terminan poniéndose a la defensiva y actúan con prepotencia ante las chicas. En cuanto al segundo factor, no perdamos de vista la realidad española.
— ¿A qué se refiere?
No seamos timoratos. En nuestro país, cada catorce kilómetros tenemos un 'puticlub'. Hay chicos que tienen padres y tíos que están todo el día de putas. Ése no es el mejor ambiente para educar en el respeto a las mujeres. Además, se abusa del alcohol y se cae en el 'zapping' emocional: hoy con una, mañana con otra... Una superficialidad que, por cierto, también se da entre las chicas. Hay muchas relaciones sexuales no queridas, que surgen sin más ni más, como si no tuvieran importancia. Y no, no es así. Siempre afectan. Siempre dejan huella.
— Se incentiva algo que no les es propio. ¡Todo a su debido tiempo! A los críos de trece años lo que les toca es jugar, ligar... No puede ser que veamos chicas de 13 años con una forma de vestir que no es propia de una niña. Van como una mujer mayor y, además, qué tipo de mujer... Por no hablar de chantajes emocionales gravísimos que sufren las niñas, cosas del tipo 'si no me acuesto con mi novio, me dejará'.
Todo esto es muy grave. Un clima insano, tanto para ellos como para ellas.
— Se ha reabierto el debate sobre la Ley del Menor. La madre de la joven de Baena exige que los menores violadores no queden impunes.
— Claro. Y yo, en este tema, mantengo mi postura. No me parece mal que se modifique la norma. Ahora bien, estoy convencido de que la cuestión no reside tanto en el endurecimiento de las penas sino en el límite de edad. Habría que bajarlo a los doce años.
— ¿En qué supuestos?
— En los casos de violación, homicidio y multirreincidencia. Entendiéndolo, evidentemente, como un fracaso total.
— Y con el peligro de que, al poco tiempo, se pida otro cambio.
— Ya, ya, que se baje a los diez años... No, si a este paso tendremos que llevar a los bebés a juicio. Terrible. O educamos como se debe o vamos muy mal. Le recuerdo que hemos multiplicado por ocho el número de centros de reforma en España. ¡Están llenos! Hay nada menos que 72.000 adultos en las cárceles. Somos el país que, proporcionalmente, tiene más presos en Europa. Y un 5% están privados de su libertad por ser abusadores sexuales.
— ¿Estaría de acuerdo con un endurecimiento de las sanciones?
— Pues sí, conforme. Pero, ojo, no olvidemos el costo que eso conlleva... Por eso, más valdría apelar al viejo axioma de Pitágoras: 'Educad a los niños y no será necesario castigar a los hombres'. Yo insisto en lo que le decía al principio: al chaval tenemos que recordarle que hay límites, que no se pueden hacer determinadas cosas bajo ningún concepto. Debemos dejarle claro que tener relaciones con una chica en contra de su voluntad echa por los suelos su propia dignidad. Se convierte en un ser indigno. A raíz de estos últimos casos, no vendría mal que todos los padres miraran a los ojos a su hijo y le preguntaran: 'Oye, en las fiestas del pueblo, si algo así llegara a ocurrir, si te encontraras en medio de un grupo que acorrala a una chica, ¿tendrías capacidad de decir 'no' a ese grupo?'.
— Y usted, como psicólogo forense, ¿qué les diría a los agresores de la niña de Baena o de la de Huelva?
— Les haría la gran pregunta: '¿Qué te parecería si hubieran hecho esto a tu hermana?'. Se lo soltaría a cada uno, por separado y en mi despacho. A bocajarro.
— ¿Qué piensa que le responderían?
— 'Los mataría'. Conozco muchos casos similares y seguro que dicen algo así. Qué paradoja, ¿no? Clara señal de que algo no funciona. Está mal, sí, pero no cuando lo hacen ellos. Tienen la idea de que pueden hacer lo que les da la gana.Son chavales nihilistas y hedonistas, que sólo piensan en su placer. Primero yo, y luego yo. Ésa es la sociedad que estamos fomentando. A ver si nos damos cuenta de una vez y le ponemos remedio entre todos.
Cómo hablarles: Con un tono de voz alto, modulando despacio y con claridad, usando vocablos y frases cortas, repitiendo correctamente las palabras que los niños suelen pronunciar de cualquier manera. No conviene abusar del uso de diminutivos ni emplear 'lengua de trapo'.
Pesadillas: Aparecen hacia los ocho meses, cuando el niño empieza a desplazarse autónomamente. Nacen de la inseguridad. Es importante tranquilizarlo de forma inmediata, para que concilie el sueño enseguida.
Que no rompan nada: Antes de los dos años, no hay que permitirles que destruyan de forma deliberada sus cosas, o que las ensucien adrede. A los dos, ya deberían ayudar a recoger sus juguetes.
Relación con los demás niños: Hacia los 20 meses, ya comprenden que los actos que dañan a los otros están prohibidos. Hay que dejárselo bien claro.
Que note las diferencias: Si habitualmente queda al cuidado de una 'canguro', es conveniente que los padres se reserven ciertas actividades como bañarle, darle de cenar y sobre todo acostar al niño cada noche.
Que se haga responsable: A partir de los 3 años, deberían asumir tareas domésticas, como la de ayudar a poner la mesa o vaciar los cestos de papeles.
Primera rabieta: Se ha de responder con calma, pero con determinación. El niño no puede conseguir lo que se propone. Hay que enseñar a los críos a dominarse y a controlar los enfados.
Angustias: Durante el tercer y cuarto año, pueden sentir miedo a estar solo, a la oscuridad, a los insectos, al médico o a las tormentas; en el quinto y sexto, los temores pueden aflorar por criaturas imaginarias, ya sean monstruos o fantasmas. También pueden tener miedo a la muerte, especialmente a la de la madre, y esto se manifiesta con insomnio severo. Para contrarrestar las angustias, hay que transmitirles seguridad, cariño, no burlarse nunca de ellos y, en casos extremos, acudir a un psicólogo.
Sin infantilismos: No hay que esconderles ni el dolor ni la muerte. Y fomentar el sentido del humor. El buen tono y relativizar los problemas es esencial.
Álbum: Todos los niños deberían tener un libro de fotos de su vida con breves anotaciones. Les ayuda a tomar conciencia de su evolución.
Ante el acoso escolar o 'bullying': Los padres deben recordar la necesidad de actuar (ya sea directamente o denunciando los hechos) y hacerles ver que la indiferencia implica complicidad y culpabilidad.
Ternura: Es positivo decirles que se les quiere, darles besos (aunque no les guste) y abrazarlos. No hay que romper los lazos de afectividad, por muy ariscos que se hayan vuelto los hijos.
Predicar con el ejemplo: Los padres deben mantener las decisiones que toman, saber rectificar y pedir perdón cuando han cometido un error.
Libertad a la hora de elegir una carrera: El joven no debe ceñirse a las demandas del mercado, hay que escoger vocacionalmente lo que se desea. De ello, junto con el acierto en la pareja, depende en gran parte la felicidad a lo largo de la vida.
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El experto alerta ante la banalización de la sexualidad y el rebrote de machismo que se percibe en un sector importante de las nuevas generaciones
↓ PEQUEÑA GUÍA DIFERENCIAL PARA EDUCAR A UN HIJO · De 0 a 2 años, de 3 a 6, de 7 a 12 y de 13 a 18.
ISABEL URRUTIA, 22 JUL 2009 (VOCENTO)
Un caso espeluznante, pero no único. Ayer mismo [sábado y domingo pasados], otros siete menores -varios de 13, 14 y 15 años-, eran detenidos en Isla Cristina, Huelva, por abusar de otra niña la madrugada anterior.
El psicólogo Javier Urra, ex presidente de la Red Europea de Defensores del Menor, conoce al dedillo la evolución de la juventud española y no disimula su preocupación. «La inmensa mayoría educa muy bien a sus hijos, pero estos hechos no son aislados. En esta sociedad hay un factor contaminante, tóxico, grave, que transmite la idea de que todo vale. Los chavales ya no saben lo que son los límites... Fallan los diques de contención que ponen freno. En definitiva, está fallando la educación», advierte el autor de 'Educar con sentido común' (Aguilar), una hoja de ruta que ayuda a los padres a meterse en la cabeza de sus hijos para dejarles clara la frontera entre lo admisible y lo prohibido.
— Llama la atención que abusen de una niña a las seis de la tarde, a plena luz del día y en mitad de un barrio.
— Pues, fíjese, a mí no me sorprende. Refleja la banalización de la sexualidad. Estos chavales no tienen un sentimiento de que lo que han hecho está mal. Si así fuera, lo habrían hecho a oscuras y en un ascensor, donde nadie pudiera verlos.
— ¿Cómo se ha llegado a este extremo?
— Vivimos en un clima pernicioso. Sin valores. Prima el 'todo vale'. Sin ir más lejos, no hay más que ver la televisión... Ya sabe, programas con el típico tío que está con una, luego con otra y dice barbaridades de los hijos; cámaras en habitaciones con muchachos de 30 años que dan una imagen vaga, sucia... Se impone la zafiedad. Eso es sumamente lesivo. No se transmiten criterios claros, limpios, nada que favorezca la convivencia y el respeto al prójimo. Al final, todo eso va dejando un poso.
— Y los padres, ¿en qué fallan?
Yo les recordaría algo fundamental, que cultivar la autoestima del crío es importante pero, por favor, hagamos hincapié en el valor y la estima de los demás. Ésa es una de las grandes asignaturas pendientes: la educación emocional profunda. Hay un rebrote de machismo entre la juventud, y eso lo estamos viendo cada vez a edades más tempranas.
—¿Causas?
Son muchos los factores que entran en juego... El empuje de las mujeres desubica a muchos adultos y les hace reaccionar con agresividad y desprecio. Todo eso lo perciben los chavales, que terminan poniéndose a la defensiva y actúan con prepotencia ante las chicas. En cuanto al segundo factor, no perdamos de vista la realidad española.
— ¿A qué se refiere?
No seamos timoratos. En nuestro país, cada catorce kilómetros tenemos un 'puticlub'. Hay chicos que tienen padres y tíos que están todo el día de putas. Ése no es el mejor ambiente para educar en el respeto a las mujeres. Además, se abusa del alcohol y se cae en el 'zapping' emocional: hoy con una, mañana con otra... Una superficialidad que, por cierto, también se da entre las chicas. Hay muchas relaciones sexuales no queridas, que surgen sin más ni más, como si no tuvieran importancia. Y no, no es así. Siempre afectan. Siempre dejan huella.
Todo a su tiempo
— Los adolescentes se inician cada vez más temprano en el sexo.— Se incentiva algo que no les es propio. ¡Todo a su debido tiempo! A los críos de trece años lo que les toca es jugar, ligar... No puede ser que veamos chicas de 13 años con una forma de vestir que no es propia de una niña. Van como una mujer mayor y, además, qué tipo de mujer... Por no hablar de chantajes emocionales gravísimos que sufren las niñas, cosas del tipo 'si no me acuesto con mi novio, me dejará'.
Todo esto es muy grave. Un clima insano, tanto para ellos como para ellas.
— Se ha reabierto el debate sobre la Ley del Menor. La madre de la joven de Baena exige que los menores violadores no queden impunes.
— Claro. Y yo, en este tema, mantengo mi postura. No me parece mal que se modifique la norma. Ahora bien, estoy convencido de que la cuestión no reside tanto en el endurecimiento de las penas sino en el límite de edad. Habría que bajarlo a los doce años.
— ¿En qué supuestos?
— En los casos de violación, homicidio y multirreincidencia. Entendiéndolo, evidentemente, como un fracaso total.
— Y con el peligro de que, al poco tiempo, se pida otro cambio.
— Ya, ya, que se baje a los diez años... No, si a este paso tendremos que llevar a los bebés a juicio. Terrible. O educamos como se debe o vamos muy mal. Le recuerdo que hemos multiplicado por ocho el número de centros de reforma en España. ¡Están llenos! Hay nada menos que 72.000 adultos en las cárceles. Somos el país que, proporcionalmente, tiene más presos en Europa. Y un 5% están privados de su libertad por ser abusadores sexuales.
— ¿Estaría de acuerdo con un endurecimiento de las sanciones?
— Pues sí, conforme. Pero, ojo, no olvidemos el costo que eso conlleva... Por eso, más valdría apelar al viejo axioma de Pitágoras: 'Educad a los niños y no será necesario castigar a los hombres'. Yo insisto en lo que le decía al principio: al chaval tenemos que recordarle que hay límites, que no se pueden hacer determinadas cosas bajo ningún concepto. Debemos dejarle claro que tener relaciones con una chica en contra de su voluntad echa por los suelos su propia dignidad. Se convierte en un ser indigno. A raíz de estos últimos casos, no vendría mal que todos los padres miraran a los ojos a su hijo y le preguntaran: 'Oye, en las fiestas del pueblo, si algo así llegara a ocurrir, si te encontraras en medio de un grupo que acorrala a una chica, ¿tendrías capacidad de decir 'no' a ese grupo?'.
— Y usted, como psicólogo forense, ¿qué les diría a los agresores de la niña de Baena o de la de Huelva?
— Les haría la gran pregunta: '¿Qué te parecería si hubieran hecho esto a tu hermana?'. Se lo soltaría a cada uno, por separado y en mi despacho. A bocajarro.
— ¿Qué piensa que le responderían?
— 'Los mataría'. Conozco muchos casos similares y seguro que dicen algo así. Qué paradoja, ¿no? Clara señal de que algo no funciona. Está mal, sí, pero no cuando lo hacen ellos. Tienen la idea de que pueden hacer lo que les da la gana.Son chavales nihilistas y hedonistas, que sólo piensan en su placer. Primero yo, y luego yo. Ésa es la sociedad que estamos fomentando. A ver si nos damos cuenta de una vez y le ponemos remedio entre todos.
PEQUEÑA GUÍA PARA EDUCAR A UN HIJO
De 0 a 2 años
Masajes: Después del baño o cuando se tiene un momento de tranquilidad, es conveniente realizar masajes que estimulen los músculos del niño, favorezcan su crecimiento psicomotriz y ayuden a desarrollar el sentido del tacto. Deben realizarse una vez al día y en los bebés prematuros, por lo menos, tres.Cómo hablarles: Con un tono de voz alto, modulando despacio y con claridad, usando vocablos y frases cortas, repitiendo correctamente las palabras que los niños suelen pronunciar de cualquier manera. No conviene abusar del uso de diminutivos ni emplear 'lengua de trapo'.
Pesadillas: Aparecen hacia los ocho meses, cuando el niño empieza a desplazarse autónomamente. Nacen de la inseguridad. Es importante tranquilizarlo de forma inmediata, para que concilie el sueño enseguida.
Que no rompan nada: Antes de los dos años, no hay que permitirles que destruyan de forma deliberada sus cosas, o que las ensucien adrede. A los dos, ya deberían ayudar a recoger sus juguetes.
Relación con los demás niños: Hacia los 20 meses, ya comprenden que los actos que dañan a los otros están prohibidos. Hay que dejárselo bien claro.
Que note las diferencias: Si habitualmente queda al cuidado de una 'canguro', es conveniente que los padres se reserven ciertas actividades como bañarle, darle de cenar y sobre todo acostar al niño cada noche.
De 3 a 6 años
Hábitos alimenticios: Si no desea comer, no hagamos una tragedia ni le hagamos un menú distinto. Eso sí, no le permitamos ingerir nada hasta que llegue la hora de la próxima comida.Que se haga responsable: A partir de los 3 años, deberían asumir tareas domésticas, como la de ayudar a poner la mesa o vaciar los cestos de papeles.
Primera rabieta: Se ha de responder con calma, pero con determinación. El niño no puede conseguir lo que se propone. Hay que enseñar a los críos a dominarse y a controlar los enfados.
Angustias: Durante el tercer y cuarto año, pueden sentir miedo a estar solo, a la oscuridad, a los insectos, al médico o a las tormentas; en el quinto y sexto, los temores pueden aflorar por criaturas imaginarias, ya sean monstruos o fantasmas. También pueden tener miedo a la muerte, especialmente a la de la madre, y esto se manifiesta con insomnio severo. Para contrarrestar las angustias, hay que transmitirles seguridad, cariño, no burlarse nunca de ellos y, en casos extremos, acudir a un psicólogo.
De 7 a 12 años
Que no sea sumiso: Es normal que los niños quieran complacer a los padres al cien por cien, pero esa postura no debe alargarse más allá de los 10 años, ya que se está anulando su sentido crítico. No debe confundirse la mansedumbre con el respeto.Sin infantilismos: No hay que esconderles ni el dolor ni la muerte. Y fomentar el sentido del humor. El buen tono y relativizar los problemas es esencial.
Álbum: Todos los niños deberían tener un libro de fotos de su vida con breves anotaciones. Les ayuda a tomar conciencia de su evolución.
De 13 a 18 años
Salidas nocturnas: Sobre los 14 años, si es responsable y lo demuestra, conocemos a los amigos con quienes sale, los sitios donde va a estar y tenemos teléfonos para localizar a su cuadrilla, se le puede dejar salir hasta las once de la noche. Cada año, se irá sumando una hora y media más (a los 16, se le permitirá salir hasta las dos de la madrugada; a los 17, hasta la tres y media...).Ante el acoso escolar o 'bullying': Los padres deben recordar la necesidad de actuar (ya sea directamente o denunciando los hechos) y hacerles ver que la indiferencia implica complicidad y culpabilidad.
Ternura: Es positivo decirles que se les quiere, darles besos (aunque no les guste) y abrazarlos. No hay que romper los lazos de afectividad, por muy ariscos que se hayan vuelto los hijos.
Predicar con el ejemplo: Los padres deben mantener las decisiones que toman, saber rectificar y pedir perdón cuando han cometido un error.
Libertad a la hora de elegir una carrera: El joven no debe ceñirse a las demandas del mercado, hay que escoger vocacionalmente lo que se desea. De ello, junto con el acierto en la pareja, depende en gran parte la felicidad a lo largo de la vida.
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