«Hay que aceptar que no se puede ayudar a todo el mundo», según Aguado
| Esta noche, 21h35 Viernes, 24 de Julio de 2009 Adolescentes con problemas en 'Hermano Mayor' de Cuatro |
ALMERÍA, (TELEPRENSA)
Pedro García Aguado -“Toto”- deportista de élite del waterpolo (Campeón Olímpico en Atlanta 96, campeón del mundo en Perth 98 y 565 veces internacional con la selección nacional absoluta y reconocido como mejor jugador de la liga española de waterpolo en el año 2001) es conocido hoy por haber declarado públicamente su adicción a las drogas y haber contado su proceso de rehabilitación. Autor de varios libros sobre este asunto, como “Mañana lo dejo”, ofrece conferencias para prevenir sobre las consecuencias del uso del alcohol y otras drogas entre los jóvenes. Es conocido por el gran público gracias al programa “Hermano Mayor” (CUATRO), un reality en el que trata con adolescentes conflictivos y sus familias. Nos encontramos con él en el aeropuerto de Almería a donde ha llegado para participar como ponente en el Curso de Verano de la Universidad de Almería “Cambio de valores sociales y su incidencia en los menores”.
— Este viernes se repone tu programa, El Hermano Mayor, mientras preparáis la próxima temporada que se empieza a emitir en enero. Has comentado que quieres formarte más en este tiempo ¿qué estás haciendo?
— Quería ponerme más en la piel de los adolescentes porque ahora ellos lo tienen todo más al alcance de la mano, “en un clic”, no es la misma adolescencia que yo tuve. Quería saber como piensan para tener más posibilidad de ayudarles y no caer en lo típico de los mayores de esto se hace así y ya está, tener más recursos, saber cómo piensan. Estoy informándome de los retos a los que ellos se enfrentan, de cuales son sus frustraciones y sus inquietudes.
— ¿Y cómo estás acercándote al mundo de los jóvenes?
— Estoy con literatura, estoy hablando mucho con jóvenes, reuniéndome con ellos, y he hecho un programa de radio, que se titula “Pregúntale a Pedro”, y que se empezará a emitir en septiembre en Radioenergia.es. Son siete u ocho chavales, que preguntan cosas…Ya no tengo tanto pelo (risas) pero me siento con ganas y me involucro con ellos. También hablo con los padres. A veces se rinden antes de tiempo.
— Vienes a Almería para participar en un Curso de Verano de la UAL. Ofrecerás una conferencia ante un público donde hay muchos profesionales que trabajan con menores y que también sienten la frustración de verse como un último recurso cómo tú en tu programa de televisión y, como a ti te ocurre, a veces no consiguen los objetivos propuestos. ¿Qué les dirías?
— Creo que es la humildad, aceptar que no puedes ayudar a todo el mundo aunque pongas todo de tu parte y tengas los recursos y la formación adecuada. Y hay chicos que no se dejan ayudar. El esfuerzo debe ir para todos pero en estos casos pongo el ejemplo de un equipo: el entrenador les dice a todos lo que tienen que hacer y marca la estrategia pero no puede jugar el partido por ellos. Pienso que los profesionales y yo en mi caso facilito herramientas a los chavales que no tenían antes, si las utilizan o no ya no depende de mí. Cuando trabajé como terapeuta del centro de adicciones yo les decía lo que yo hice para salir de las drogas pero no puedes obligar a nadie. Sería fantástico igual que si los médicos pudieran salvarle la vida a todo el mundo pero no es así.
— Se esta hablando de la reforma de la ley de menores, hay cierta polémica con los últimos sucesos acaecidos, ¿Cuál es tu opinión en todo esto?
— Quién debería hablar de esto son los letrados, los jueces, las personas que saben realmente de leyes. Yo lo que sí digo es que tiene que haber un trabajo desde casa, en las familias, en el colegio, en los institutos, en los barrios, por decirlo de alguna manera, conflictivos. Tiene que haber un trabajo de todos, pero lo que es más la reforma y si endureciendo penas va a ser mejor o peor habrá que preguntarse mejor o peor para qué; ¿para reinsertar o para castigar?, ¿para qué sirve meter a un menor en un centro? Lo apartas de la sociedad porque es un peligro, desde ese punto de vista muy bien pero luego ¿qué? Realmente no me quiero meter en estos temas, con el tiempo se verá. De lo que estoy seguro es que los delitos se van a seguir cometiendo y lo que de verdad es válido es prevenir, la prevención eficaz, no discursos a medias.
— Por último: ¿Qué destacaría de su trabajo con adolescentes?
— Que son lo mejor, es el futuro, están llenos de energía y valores y de competencias. Lo que te pasa cuando eres adolescente es que no sabes para qué sirves. Si llega alguien y saca de dentro eso que eres, si te orientan, si conoces qué camino seguir, entonces al adolescente se le dibuja una sonrisa en la cara. Cuando tu a un adolescente le dices tú vales se le ilumina la cara, esa es la mejor recompensa en el trabajo con jóvenes.
TELEPRENSA
«Hay que aceptar que no se puede ayudar a todo el mundo», según García Aguado
24.07.09 - E. R. G. | ALMERÍA (IDEAL)
El conocido Pedro García Aguado, deportista de élite del waterpolo y Campeón Olímpico en Atlanta 96 reconoció públicamente su adicción a las drogas. Una vez rehabilitado, presta su ayuda a través de diferentes publicaciones como 'Mañana lo dejo' o el programa de televisión 'Hermano Mayor',un reality en el que trata con adolescentes conflictivos y sus familias. Acude hasta Almería, concretamete a Purchena, para participar en el curso de verano, 'Cambio de valores sociales y su incidencia en los menores' y contar su experiencia.
- A partir de hoy, vuelven a reponer tu programa, El Hermano Mayor, mientras preparáis la próxima temporada. Has comentado que quieres formarte más en este tiempo ¿qué estás haciendo?
- Quería ponerme más en la piel de los adolescentes porque ahora ellos lo tienen todo más al alcance de la mano, "en un clic", no es la misma adolescencia que yo tuve. Quería saber como piensan para tener más posibilidad de ayudarles y no caer en lo típico de los mayores de esto se hace así y ya está, tener más recursos, saber cómo piensan. Estoy informándome de los retos a los que ellos se enfrentan, de cuales son sus frustraciones y sus inquietudes.
-Vas a ofrecer una conferencia ante un público donde hay muchos profesionales que trabajan con menores y que también sienten la frustración de verse como un último recurso cómo tú en tu programa de televisión y, como a ti te ocurre, a veces no consiguen los objetivos propuestos.
- Creo que es la humildad, aceptar que no puedes ayudar a todo el mundo aunque pongas todo de tu parte y tengas los recursos y la formación adecuada. Y hay chicos que no se dejan ayudar. Pongo el ejemplo de un equipo: el entrenador les dice a todos lo que tienen que hacer y marca la estrategia pero no puede jugar el partido por ellos. Pienso que los profesionales y yo en mi caso facilito herramientas a los chavales que no tenían antes, si las utilizan o no ya no depende de mí. Sería fantástico igual que si los médicos pudieran salvarle la vida a todo el mundo pero no es así.
-Se esta hablando de la reforma de la ley de menores, hay polémica con los últimos sucesos acaecidos, ¿Cuál es tu opinión en todo esto?
-Tiene que haber un trabajo desde casa, en las familias, en el colegio, en los institutos, en los barrios, por decirlo de alguna manera, conflictivos. De lo que estoy seguro es que los delitos se van a seguir cometiendo, lo es válido es prevenir.
IDEAL
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PS
Pequeños tiranos
José María García Linares
27/07/2009, MELILLA (MELILLA HOY)
Cuatro, el canal de Sogecable, lleva años emitiendo una serie de programas que han traído un soplo de aire fresco, tanto por sus contenidos como por sus formatos, al panorama rosa-fucsia y casposo de la televisión española. Callejeros, Desafío Extremo, 21 días…, Supernanny, Ajuste de Cuentas, S.O.S. Adolescentes, Hermano Mayor, etc., conocidos ya de sobra por el impacto que han supuesto en las audiencias. Montaña, ciudad, economía familiar, psicología o educación compiten contra el griterío y los corazones resecos. De entre toda la oferta, siempre me han parecido especialmente dramáticos aquellos espacios que buscan solucionar los conflictos entre padres e hijos, ya sean éstos de corta edad o adolescentes. Mal nos tienen que ir las cosas cuando desde la televisión nos enseñan cómo educar a los pequeños, cómo limitar sus exigencias y comportamientos.
Hablar de menores en España es muy difícil. La demagogia lleva ganándole el pulso a la razón desde hace décadas, en casi todos los temas tanto políticos como sociales, pero en especial en éste. Con cada asesinato, violación o abuso cometido por un adolescente, el debate se enciende a propósito de una Ley del Menor que protege y disculpa, en vez de sancionar, a quien ha cruzado la línea de lo que es socialmente admisible. Quienes trabajamos con ellos sabemos que con catorce o quince años se sabe distinguir perfectamente entre lo que está bien y lo que está mal. Tal vez haya excepciones, tal vez haya asuntos en los que el joven titubee, pero desde luego sabe que matar a un semejante o violar a una compañera es inmoral y, además, un delito. ¿Por qué una joven es adulta para abortar a los dieciséis años y no lo es un violador para cumplir su pena?
Los niños son tiranos desde que nacen. Egocéntricos, egoístas, dictadores, caprichosos e instintivos. Educarlos consiste precisamente en corregir sus comportamientos, en reconducir sus exigencias y en poner límites a su propio yo para que no invadan el espacio de aquellos que los rodean. El arbolito, como dice el refranero, desde chiquitito. Y para que el niño aprenda lo que puede hacer y lo que no, necesita de la autoridad de sus progenitores, en un primer momento, y de sus educadores, en segundo lugar y más adelante. El terreno que pisamos es muy resbaladizo, porque para educar hay que estar presente, y la gran mayoría de padres y madres no pueden estarlo en los años más delicados de la formación de sus hijos por cuestiones de trabajo. El poco tiempo que pasan con ellos, al llegar a casa, no lo dedican a regañar, sino todo lo contrario. El niño alcanza la edad de los doce años sin un referente de autoridad, acostumbrado a chantajear a sus mayores, seguro de que sus apetencias están por encima de los deseos de los demás y, además, respaldados en ocasiones por sus padres que ya no saben qué hacer con su hijo aparte de consentirle todo aquello que al joven se le ocurra por miedo a represalias, discusiones y gritos. Hay menores que empiezan a hacer lo que les da la gana porque, precisamente, pueden hacerlo. Se han acostumbrado a conseguir todo aquello que se proponen. Pasan de curso sin estudiar, puede golpear a un compañero, puede insultar a su maestro, etc., y además saben que sus padres lo apoyarán a ellos porque los tienen en la palma de la mano.
La educación del menor no es una responsabilidad de los Estados, sino de su familia, salvo aquellos casos alarmantes para los que están los servicios sociales. No se puede tener un hijo para que lo críen y lo eduquen los demás. El problema, hoy por hoy, es que el modelo español no permite la conciliación de la vida familiar con el trabajo. Suecia, por ejemplo, sí que posee una estructura social como la que apuntamos aquí. Un sistema en el que la productividad económica está por encima de demandas como la de que un padre y una madre puedan dedicarle tiempo a su recién nacido acaba fracturándose irremediablemente, estallando por los aires.
MH







