«La información que no pondrías en una pintada, nunca la publiques en la Red»
Expertos recomiendan una mayor vigilancia del uso de las redes sociales por parte de los niños • La prevención se perfila como la mejor defensa
↓ ¿Por qué lo enseñamos todo en la Red? La hora de los NARCISOS 2.0
ANIA ELORZA - San Sebastián - 30/07/2009 (EL PAIS)
Hace seis años sólo los más avanzados en las nuevas tecnologías se estaban familiarizados en este universo inexplorado. Hoy en cambio la pertenencia a una o varias redes sociales se da por sentada en la generación más joven, la que crece sumergida en un ciberespacio que alcanza unos límites inimaginables e impulsa nuevos retos. De la mano de esta amplitud de posibilidades, los problemas no han tardado en aparecer.Tres años -los mismos que lleva en el aire Tuenti, la red española más popular- son los que han hecho falta para que la doctora en Psicología Ángela Magaz, que dirige el curso de la UPV Acoso y violencia en el centro escolar: prevención e intervención, observe un gran incremento de las horas dedicadas a las redes y del uso de estas aplicaciones, y una gran reducción en la edad de sus usuarios. Y es que se trata de un público que aprende rápido a manejar las redes sociales, ya que es la primera generación que ha crecido con Internet. Este es uno de los mayores problemas: los menores han avanzado en sus conocimientos de estas herramientas sin la tutela, puesto que una buena parte de los adultos "no pueden supervisarlas si no saben cómo usarlas", explica Magaz. Al hilo de este hecho, se ha generado una descompensación entre la infinitud de oportunidades y el avance de los valores que deben sostener esa oferta. "Los valores de los escolares en este ámbito han ido por delante de nuestra posible influencia", resalta la psicóloga.
Al tiempo que Magaz propone una fórmula para los menores -"la información privada que no pondrías en una pintada, nunca la publiques en la Red" -, el director de Infancia y Juventud de Política Social de la Diputación guipuzcoana, José Ignacio Insausti, hace lo propio con los padres: "La Red no es distinta de la calle, y ningún padre deja solos a sus hijos en una gran ciudad".
Ante los riesgos, las soluciones planteadas son varias. Por un lado, las propias aplicaciones protegen al menor. Tuenti ha determinado la edad mínima de 14 años, sólo acepta usuarios que han sido invitados previamente, evita que la información aparezca en los buscadores -algo que otras redes como Facebook no cumplen- y ha generado un sistema de denuncia de fotografías. Representantes de esta red afirman que más del 90% de los perfiles que se sospechaban de menores de 14 años han sido cerrados, de modo que hoy menos de un tercio de los usuarios son menores. Sin embargo, Magaz recuerda que "sólo tienen herramientas para los casos más graves". Otra solución se basa en que los adultos aprendan a usar las redes para poder enseñar a los niños, según la psicóloga. Además, recomienda que los ordenadores estén situados en los espacios comunes para saber qué comunica el menor, con quién y de qué manera lo hace. "No se trata de invadir su intimidad", recalca. En su opinión, los adultos son responsables de los menores y no pueden serlo sin tener la información precisa. La prevención es, según Insausti, la mejor arma para evitar la desprotección de los menores en estas redes. La tecnología avanza a una celeridad mayor que la sociedad que la utiliza y por ello se debe proteger a los más vulnerables de sus efectos más nocivos.
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LA HORA DE LOS NARCISOS 2.0
¿Por qué lo enseñamos todo en la Red?
Facebook, Twenti, MySpace o Twitter son sólo la punta de lanza de las denominadas redes sociales de la Red. Comunidades virtuales que mantienen a miles de personas enganchadas por todo el planeta mostrando su intimidad al público digital.Millones de personas viven conectadas a las redes sociales, donde abren las puertas de su intimidad como no lo harían en la vida real. El fenómeno ya tiene nombre: `extimidad´ y nadie se libra de sucumbir a sus encantos. Ni siquiera el MI6 británico.
Daniel Méndez, 26 JUL 2009. MADRID (XLSEMANAL)
«Fantásticas fotos, Shelley! Y qué buenas noticias las del nuevo puesto de John.» No parece haber nada extraordinario en esta frase: extraída de Facebook, debe de haber millones de sentencias similares en la célebre red social, que cuenta ya con 200 millones de usuarios en todo el mundo. El problema radica en que ‘el nuevo puesto de John’ es la dirección del MI6, el servicio secreto de espionaje británico, cargo para el que John Sawers fue elegido el pasado mes de junio (y al que en principio se incorporará el próximo mes de noviembre). Días después de su nombramiento, el semanario británico Mail on Sunday revelaba que la página de su esposa, Shelley Sawers, en Facebook, daba mucha información personal sobre el futuro director del MI6 –en la actualidad es embajador británico ante la ONU–. De esta manera, no era necesaria una compleja red de espionaje para averiguar dónde se encuentra el apartamento familiar en Londres ni dónde pasa sus vacaciones el futuro director de los James Bonds de las islas: bastaba con realizar una búsqueda en Google. El buscador remitía al internauta a la página personal de Shelley Sawers (la página fue borrada pocas horas después de que la publicación revelara su existencia). Además, no hacía falta ser `amigo´ virtual de Shelley: ella había elegido que cualquiera pudiera visitar su página, donde colgó centenares de fotos de su familia y sus amigos. Allí podíamos verlos de vacaciones, de fiesta en casa o jugando en la playa. Pero, más allá de los apuros que atraviesa Sawers, la pregunta es: ¿por qué? ¿Qué necesidad hay de exponerse en la web de esta manera? ¿Qué nos lleva a colgar, a la vista de millones de internautas, datos y fotos de nuestra vida privada?
El primer `pelotazo´ de las redes sociales llegó en 2002, con la –por entonces– célebre comunidad virtual Friendster. En los años siguientes llegaron Linked In, Yahoo 360 Flickr… En nuestro país hay ya cerca de 13 millones de usuarios de todas las edades en redes como Facebook, Tuenti, MySpace o Twitter y en guías de servicios como 11870.com. Los más jóvenes son los más familiarizados con estas nuevas tecnologías, todo un fenómeno que, hay que recordarlo, apenas lleva unos años entre nosotros. Según un estudio realizado por la consultora Xperience Consulting a mediados del pasado año (cabe imaginar que las cifras son, hoy, más altas), un 83 por ciento de los jóvenes con edades comprendidas entre los 14 y los 22 años está registrado en, al menos, una de estas redes. Casi la mitad de ellos accede a diario a los sites. Y un 82 por ciento publica fotos on-line; aunque muchos menos son los que `cuelgan´ sus vídeos. Todo vale, todo es susceptible de ser compartido con los `amigos´ virtuales en un fenómeno global que ha seducido especialmente a los más jóvenes. Los padres, la escuela, los amigos, la menstruación, el sexo, las noticias, las drogas, el desayuno del día o, simplemente, una pequeña frase para glosar qué se hace en cada momento. Y a menudo, abierto a cualquier visitante anónimo.
Hay un concepto que comienza a cuajar al hablar de este fenómeno: la `extimidad´. El término no es nuevo –se ha tomado prestado de la obra del psico-analista Jacques Lacan–, pero ha adquirido nuevos matices al entrar en contacto con las nuevas tecnologías. En resumidas cuentas, hace referencia a la manera actual de exhibir al mundo (virtual) nuestra intimidad, nuestra vida cotidiana.
Educadores, padres, psicólogos y autoridades judiciales y políticas se muestran preocupados por el fenómeno. Arturo Canalda, Defensor del Menor de la Comunidad de Madrid, explica que no distingue clase social ni género. «Perciben que el que no está en la Red no existe», afirma. «Se genera una necesidad: sienten que tienen que colgar fotos, cuantas más, mejor, y el número de visitas [al blog o a la página en Facebook o Twitter] se convierte en un símbolo de estatus. El que más tiene es el líder. Surgen unas rivalidades preocupantes en la medida en que no tienen nada que ver con la realidad.» Por eso han puesto en marcha una campaña televisiva [se emite en Telemadrid, pero Canalda explica que otras comunidades le han solicitado ya el spot de 50 segundos] «para concienciar a los chicos de que una vez que cuelgan una imagen en la Red, o dan datos personales, cualquiera puede usar la información como quiera y puede convertirse en un problema». De ahí que la red social Tuenti, una de las más usadas en nuestro país, haya puesto un estricto límite de edad, precisamente en los 14 años. En caso de que existan sospechas de que un usuario no supere esa edad, los responsables de Tuenti solicitan el envío de una fotocopia del DNI. Desde que se puso en marcha la iniciativa, apenas un diez por ciento de los casos ha presentado la información requerida y decenas de perfiles han sido eliminados de la red.
Jacobo Fernández-Llébrez, al cargo de la Fiscalía provincial del Servicio de Criminalidad Informática (SCI) de Málaga, conoce bien esos `problemas´. Desde que, a comienzos de año, se puso en marcha esta sección –que la Fiscalía General del Estado pretende instaurar en cada comunidad autónoma–, han recibido muchos casos en los que había menores implicados. Bien como víctimas –el acoso sexual o la suplantación de identidades son cada vez más frecuentes–, bien como ‘actores’: el fiscal pone el ejemplo de un profesor, cuya foto, manipulada, acabó en Tuenti. «Creen que es una gamberrada, pero es un delito», subraya Fernández. El Servicio de Criminalidad Informática ha dado muchas charlas en los últimos meses, dirigidas a los niños, a los padres y a los educadores. «Queremos concienciar a unos y a otros de que con una serie de cautelas se pueden evitar muchos problemas. Las mismas precauciones que tomamos en la vida real deben trasladarse a entornos virtuales. ¿Verdad que no dejamos a cualquiera entrar en casa? Las tecnologías pueden ser una ventana abierta a nuestra intimidad.» Coincide Fernández con otros entrevistados en que la clave está en la educación. Educación de todos. «Hay que reducir la brecha digital, los padres deben saber qué hacen sus hijos en Internet.»
No todo son críticas, sin embargo. Hay voces que alaban esta nueva ola de narcisismo. La consultora Best Relations ha acuñado recientemente un término que pretende resumir el impacto de las redes sociales y la blogosfera: hablan de la Generación Yo S. L., definida como «la ‘generación escaparate’ que habita en Internet, está enganchada a las redes sociales y gestiona su vida como una empresa». Ignasi Vendrell, socio director de la consultora, lo explica así: «Son jóvenes y pretenden obtener la máxima satisfacción personal, pero con poco esfuerzo. Tienen un alto conocimiento de la tecnología: saben retocar fotos y editar vídeos, saben crear contenido sobre sus propias vidas». Vendrell subraya el elemento creativo de los medios sociales y aclara que no tienen por qué ser sustitutos de su «vida tradicional off-line». «Lo importante –sostiene– es que abre las puertas a la autoafirmación y permite que esas personas se conozcan mejor; aunque utilicen un nombre falso.» Él mismo tiene una página web, y cuenta en Twitter, Linkedin y Facebook, además del blog de Best Relations. Coincide, eso sí, con otros entrevistados en que hay que tomar cautelas con los más jóvenes y que esto no ha hecho más que empezar.
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