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viernes, 21 de agosto de 2009
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ANÁLISIS
·  AURELIO ARTETA | CATEDRÁTICO DE FILOSOFÍA MORAL Y POLÍTICA DE LA UPV-EHU 
Los disimulos del Ararteko
  
INFORME ARARTEKO AL PARLAMENTO VASCO Atención institucional a las víctimas
 
«Con que hubiera un escolar, solamente uno, que no rechazara a ETA debiera preocuparnos»

El 15% de los adolescentes vascos no rechaza o justifica a ETA · Hay una mayor repulsa a la violencia entre los jóvenes que cursan sus estudios en castellano
  
El Gobierno vasco ve prioritario potenciar los valores contra ETA entre los jóvenes
Reformará «cuanto antes» el Plan de Educación por la paz tras saber que un 15% de adolescentes no rechaza la violencia
BILBAO, 20.08.09 (EL CORREO) 
Vamos a felicitar de entrada a la institución que dirige el Ararteko. Su informe sobre la 'Atención institucional a las víctimas del terrorismo en Euskadi', por su cuidado y rigor, incluso por su inusual atrevimiento, merece la debida atención por parte de las autoridades y exige ser resumido para difundirlo cuanto antes entre los ciudadanos. Sí, también entre los nacionalistas, aunque en estas fechas les quede poco tiempo para su lectura, ocupados como están en protestar por la retirada de los edificantes carteles terroristas. Mientras los lectores más interesados se zambullen en las centenares de páginas de este documento, me van a permitir un juicio de urgencia. Y puesto que otros se encargarán de resaltar los innegables aciertos del Informe, me ocuparé de sus no menos visibles desaciertos: algunas confusiones, ciertas ausencias notorias... y los llamativos comentarios del señor Lamarca en su presentación a la prensa. 

Creo que la peor de las confusiones es definir el atentado con víctimas mortales como «un acto injusto intencionado, en nombre de un fin que decía justificar los medios» (pág. 616). Tal definición condena los medios violentos por injustificables, al tiempo que da   por sentada la legitimidad de los fines. ¿Y si también los fines, así como los presupuestos últimos desde los que esos fines se postulan, carecieran de justificación democrática suficiente? ¿Y si fueran los falsos derechos nacidos de tales presupuestos los que han empujado y aún empujan a muchos a servirse de la fuerza o a disculparla? Son consideraciones en que los redactores, por si acaso, no se adentran. Tampoco resulta correcto insistir en que las víctimas de persecución (los amenazados) han sido escogidas por 'representar la pluralidad en Euskadi'. Representan sólo una parte de esa pluralidad, más bien la parte constitucionalista. En definitiva, encarnan justamente la resistencia frente al intento de acabar con la pluralidad o, mejor, con el pluralismo. De modo que esas víctimas no representan «la pluralidad de las ideas políticas» en nuestra sociedad, porque entre los amenazados no se distinguen precisamente a defensores de ideas políticas abertzales. Representan sólo las posiciones críticas frente al nacionalismo, pero esto es algo que al parecer quiere disimularse. 

A mi entender, hay otros graves ejercicios de disimulo. Uno de los capítulos del documento expone los resultados de una encuesta entre los escolares vascos de la ESO sobre sus actitudes ante ETA (368 y ss). Espeluznantes, pero nada sorprendentes a ojos de cualquier observador atento. Que sólo una mitad de ellos se pronuncie con claridad contra ETA y la 'kale borroka' es para echarse a llorar... y a temblar por el mañana. Que ese porcentaje descienda bastante todavía en los alumnos del modelo D tal vez debiera hacernos pensar si ese modelo, antes que una opción lingüística, supone una opción ideológica, y una opción malsana. Pero una lectura tan arriesgada no se la permiten los autores. Que casi una cuarta parte constante de alumnos reprueben a ETA en un grado nada más que «regular» manifiesta esa tibia equidistancia que seguramente habrán aprendido de sus mayores. De nada vale que los investigadores se pongan radicales y sentencien: «Con que hubiera un escolar, solamente uno, que no rechazara a ETA debiera preocuparnos». He ahí una fórmula para desentenderse radicalmente de las raíces de lo que está pasando. Dígase más bien que son los frutos de ese relativismo moral del 'todas las opiniones son respetables', 'todas las ideas son legítimas', 'no hay que juzgar a nadie' o, por favor, 'no querrá usted convencerme'. Aquel 'probido prohibir' de Mayo del 68 sigue haciendo estragos. Algunos aprovecharán la ocasión para clamar por la educación en valores (¿ ), pero hace ya tiempo que aquí nuestras facultades de Pedagogía y escuelas de Magisterio han prescindido de la Ética en beneficio de la Educación Vial y otras didácticas de chichinabo... 

Llama así la atención que los sociólogos no hayan planteado a los profesores una encuesta parecida a la de los escolares (396). A lo mejor por ahí se encontraban algunas claves de tanta perversión. Sin temor a que los resultados me desmientan, aventuro la hipótesis de que las actitudes de los profesores no iban a alejarse mucho de las de sus alumnos. Es decir, una minoría se atrevería a exponer en clase su diatriba frente al terrorismo y sus cómplices, en tanto que otra minoría mayor -y más copiosa aún en el modelo D- pregonaría ante los alumnos sus convicciones abertzales. Entre medio, claro, la mayoría optará por callarse o no levantar demasiado la voz. Y, ya puestos, uno se pregunta por el silencio de los empresarios (499). Sabemos las criminales extorsiones a las que están sometidos y nos duele imaginar sus angustias, pero eso no les concede bula para esconder sus actitudes respecto de ETA y su terror. A menos que ellos desconfíen del anonimato, estén 'au dessus de la melée' o tan sólo hayan de rendir cuentas en el tribunal del mercado. 

Decir que ciertas declaraciones de Íñigo Lamarca al ofrecer su Informe, tal como las recogió este periódico (14 de julio), fueron llamativas es quedarse corto en el adjetivo. A la vista de la legión de escolares vascos afines a las propuestas terroristas, aquél sólo acierta a reconocer «un cierto fracaso en el habilitar democrático (¿ )». Menos mal. Pero asombran más las declaraciones del Ararteko a propósito del encuadramiento político o profesional de las víctimas -las mortales y las amenazadas- del terrorismo. O yo no le entiendo, o él no recordaba su propio Informe, o trata de seguir disimulando; lo cierto es que se contradice a tope. 

ues el caso es que el Informe insiste en que «la inmensa mayoría de las personas amenazadas o heridas por ETA pertenecían previamente a colectivos amenazados» (478). Que también la «violencia de persecución (...) implica la amenaza de muerte y la limitación de la libertad de los miembros de algunos colectivos» (495) y que «sólo afecta a una minoría» (513). Que entre tales colectivos figuran militares, policías de todos los cuerpos, jueces, funcionarios de prisiones, miembros del PSE y del PP, a los que se añaden periodistas y directores de prensa, intelectuales, articulistas, profesores, escritores que trabajan en actividades relacionadas con la creación y transmisión de ideas (...)» (498), y es de suponer que no serán ideas abertzales. Para el Ararteko, sin embargo, «no hay fronteras ideológicas» entre los candidatos a víctima y cualquier vasco está «potencialmente amenazado» por ETA. 

Más allá de la incoherencia, esa gastada tararira de que todos -desde el portavoz del PNV hasta el delegado del Gobierno- estamos en el punto de mira del terrorista cumple funciones inadmisibles. No sólo falsea palmariamente la realidad, sino que las falsas víctimas restan méritos a las verdaderas y anulan la rebelión social porque, oiga, bastante hacemos con soportar esa universal amenaza. Peor aún, sirve para cortar de cuajo la sospecha de la mayor responsabilidad de unas creencias públicas en mantener este horror, y de la indudable complicidad de unos ciudadanos cuando se amedrenta a otros conciudadanos. No nos amenaza un terrorismo indiscriminado, sino otro cada vez más selectivo. Y el Defensor de los ciudadanos vascos lo denuncia, pero debería atreverse a denunciarlo sin tantas cautelas.

«No nos amenaza un terrorismo indiscriminado, sino otro cada vez más selectivo. Y el Defensor de los ciudadanos vascos lo denuncia» en su reciente informe «pero debería atreverse a denunciarlo sin tantas cautelas», entiende el autor
EL CORREO

Ideawww.ararteko.net

Presentación del Informe

PDF Atención institucional a las víctimas del terrorismo en Euskadi
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PS

Enfurruñado El 20 por ciento de los adolescentes vascos no considera que haya que acabar con ETA

Un informe del Ararteko entrevista a 762 alumnos de secundaria para evaluar su apoyo hacia las víctimas del terrorismo

La presencia de ETA y su entorno en las escuelas
El entorno criminal de ETA cuenta con una red asociativa que opera en colegios, institutos y universidades del País Vasco y Navarra. Buen ejemplo de ello es la asociación Ikasle Abertzaleak («Estudiantes Patriotas» ), que desarrolla la estrategia común de ETA-Batasuna en el entorno educativo. Esta asociación estudiantil no sólo convoca manifestaciones, organiza campañas y pega carteles; también intenta influir en los contenidos de las clases -muchas veces con amenazas- para intentar colocar los mensajes de los proetarras en las aulas conm absoluta impunidad.
En la Universidad del País Vasco esta asociación ha llegado a presentarse en solitario al principal órgano institucional de representación estudiantil tras haber amedrentado a la oposición, tal y como denunció el año pasado Nuevas Generaciones del PP vasco. Aprovechando su presencia institucional en la Universdiad se dedicaron a utilizar los consejos de estudiantes para organizar actos a favor de presos de ETA. Numerosos integrantes de esta asociación aún legal han sido detenidos por pertenecer a organizaciones ilegalizadas como Segi o Ekin.

ALONSO DE LAS HERAS, 24 AGO 2009 | MADRID (ABC)
Los primeros cien días del Gobierno de Patxi López han estado marcados, sobre todo, por el intento de deslegitimar a ETA, de acabar de una vez por todas con la «comprensión», cuando no «complicidad», de algunos sectores de la sociedad vasca con los terroristas, a los que quizá no apoyen, pero tampoco se enfrentan. La tarea es ardua y requerirá de años de trabajo, ya que el punto de partida es complicado, tal como refleja el último informe del Ararteko (defensor del pueblo vasco) presentado en julio, que se fija especialmente en la juventud.
Para muestra, un botón. «ETA es un grupo terrorista que genera víctimas y por tanto hay que acabar con ella». Pues bien, esta afirmación, tan evidente en la mayor parte de España, es negada tajantemente por uno de cada cuatro estudiantes vascos de Secundaria, mientras que casi un 30 por ciento manifiesta dudas o indiferencia sobre la cuestión.

El preocupante estudio del Ararteko recoge entrevistas a 762 alumnos de Secundaria con edades comprendidas entre los 12 y los 16 años, a los que se pidió que expresaran su grado de conformidad con diferentes enunciados referidos al fenómeno terrorista y sus víctimas. Un 24,1 por ciento de los encuestados cree que los atentados pueden estar justificados «en ocasiones» y un porcentaje parecido no considera necesario que haya que acabar con ETA. Un 18 por ciento de los alumnos ve mal que ETA asesine, pero en cambio considera «necesaria» la violencia callejera relacionada con la banda terrorista. Además, un 11 por ciento cree que los atentados de ETA son «positivos para Euskadi».

El informe traza un perfil del alumnado en función de sus simpatías o rechazo a la banda. Son más proclives a manifestar apoyo a ETA los chicos que las chicas, y los vecinos de Guipúzcoa más que los de las otras dos provincias vascas. El estudio también recoge que el porcentaje de alumnos que apoya a ETA permanece constante a lo largo de los cuatro cursos de Secundaria, mientras que la proporción de jóvenes que manifiesta su compromiso con los Derechos Humanos y su rechazo al terrorismo crece conforme aumenta el nivel escolar.
Para el Ararteko, Iñigo Lamarca, esto significa que la benevolencia hacia ETA y su entorno se forja en la familia, mientras que la escuela ejerce una «acción positiva» que corrige los apoyos al terrorismo. Esta afirmación se ve respaldada por uno de los resultados más preocupantes del estudio, que asegura que un 32,6 por ciento de los jóvenes encuestados ha escuchado alguna vez en casa que hay razones que justifican a ETA para asesinar.

El modelo educativo vasco es bilingüe, y las diferencias que esta segregación lingüística imprime sobre los estudiantes también se manifiesta en las diferencias de opinión que los alumnos expresan sobre el fenómeno terrorista. Aquellos alumnos que estudian siguiendo el modelo «A» -monolingüe en castellano- manifiestan tasas más altas de oposición a la banda terrorista, con un 81 por ciento de rechazo, mientras que en aquellos que estudian el modelo hegemónico, el «D» -con el euskera como única lengua- el porcentaje de rechazo desciende al 62 por ciento. El modelo bilingüe, el «B», se encuentra en un punto intermedio con un 74 por ciento de adolescentes contrarios al terrorismo.

La respuesta al informe del Ararteko no se ha hecho esperar. Ante lo preocupante de las cifras, el Colectivo de Víctimas del Terrorismo del País Vasco (Covite) pidió al Gobierno de Patxi López una campaña clara para deslegitimar el terrorismo. La portavoz de la asociación, Cristina Cuesta, felicitó al Ararteko por el informe y señaló que «los planes educativos vascos necesitan orientaciones pedagógicas específicas para desmontar la fanatización de la identidad, que es el germen del terrorismo de ETA».

Reformular la educación

Sobre esta cuestión, la portavoz del Gobierno Vasco, Idoia Mendía, anunció una «reformulación» del Plan vasco de Educación para la Paz y los Derechos Humanos, una iniciativa del Ejecutivo de Patxi López para combatir el terrorismo deslegitimándolo desde la educación en valores democráticos. La reforma anunciada pretende «contextualizar» el proyecto, ya que según Mendía «parece que lo mismo sirve para Euskadi que para Murcia, cuando no se trata de la misma situación». En otoño se presentará la reforma en el Parlamento Vasco para que los grupos aporten sus ideas.
ABC

Iñigo Lamarca: ''La principal fuente de adquisición de valores es la familia''


En la entrevista concedida a Radio Euskadi [VÓDEO], el Ararteko Iñigo Lamarca ha hecho alusión al informe que indica que el 15% los adolescentes vascos no rechaza o justifica la violencia.

BILBAO, 24 AGO 2009 (EiTB)
En la entrevista concedida a Radio Euskadi [VÍDEO], el Ararteko Iñigo Lamarca ha apostado porque se trabaje ''más y mejor en la ética por los valores a todos los derechos humanos''. Haciendo alusión al informe que indica que el 15% los adolescentes vascos no rechaza o justifica la violencia, Lamarca ha señalado que ''las principales fuentes de adquisición de valores no es la Escuela'', sino la familia, en primer lugar, y los amigos, en segundo.


En este sentido, el defensor del pueblo vasco ha emplazado a todos los ciudadanos vascos a realizar una reflexión de ''cómo podemos cada uno de nosotros contribuir a la mejora de los valores éticos a todos los valores humanos''.

Adquisición de valores

''La principal fuente de adquisición de valores para nuestros niños no es la escuela, es la familia. Los valores se adquieren a una edad muy temprana y los valores básicos quedan ya afianzados entonces por lo que se escucha, por lo que se ve, por los comportamientos ve en sus progenitores, en su familia más cercana'', ha añadido.

Por último, Iñigo Lamarca ha apuntado que, ''en segundo lugar, antes que la propia escuela están también los amigos''. ''A partir de ahí, tenemos que mejorar los planes y las políticas públicas que tiendan a que todos los ciudadanos, no sólo los menores, seamos cada vez más respetuosos con todos los derechos humanos''.
EiTB
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PS

Educación nacionalista 

EDITORIAL ABC · Madrid, 25-08-09 
EL informe del Ararteko sobre la actitud ante el terrorismo de los alumnos de Secundaria del País Vasco ofrece datos muy preocupantes: más del 20 por ciento de los adolescentes no considera que haya que acabar con ETA, y un porcentaje algo superior justifica los atentados «en ocasiones». Más del 32 por ciento de los escolares afirma que ha escuchado en casa algún argumento que justifica el terrorismo. Los detalles del informe confirman algunas percepciones sociales: hay más apoyo a ETA en Guipúzcoa que en las otras provincias y los alumnos del modelo D (euskera como única lengua) son más proclives que los demás a defender a los criminales. El entorno etarra está muy presente y activo en el mundo escolar y universitario, utilizando como siempre las amenazas, el chantaje y la violencia contra cualquiera que pretenda oponerse a sus métodos mafiosos. Aunque no puedan sorprender a nadie, las conclusiones que cabe extraer del informe del defensor del pueblo vasco demuestran el daño causado por el nacionalismo identitario y excluyente en un ámbito tan sensible como es la educación, generando un sentimiento de odio hacia la nación española y creando una mentalidad totalitaria que no se detiene ante los Derechos Humanos más elementales, incluido el propio derecho a la vida.

La complicidad de un sector de la sociedad vasca con los terroristas de ETA es una evidencia que exige una actitud firme y decidida para dar la batalla en nombre de la democracia y la libertad. El nacionalismo es contrario al sentimiento de convivencia y respeto a los demás, en nombre de una falacia histórica, social y cultural que pretende imponerse como verdad oficial. En términos de ideologías políticas, estamos ante un fenómeno estrictamente totalitario que ni siquiera respeta el principio de las mayorías parlamentarias, en nombre de unos supuestos derechos históricos y naturales a gobernar el territorio del que se apropian en exclusiva. El pacto por la Constitución entre PP y PSE ofrece por ahora avances muy positivos en el terreno del respeto al ordenamiento jurídico y al propio sentido común. Sin embargo, todavía hay que afrontar en todas sus dimensiones la cuestión educativa, uno de los fundamentos del acuerdo sellado entre Patxi López y Antonio Basagoiti, que ha permitido desalojar del poder autonómico al PNV y a sus socios. Si por ahora los nacionalistas mandan en las escuelas y universidades, resulta imprescindible apoyar a las muchas personas dignas y sensatas que luchan por una enseñanza en libertad y se sienten amedrentados y acosados -física y moralmente- por los asesinos y su entorno social. El Ararteko pone el dedo en la llaga cuando admite la «condescendencia» de muchos adolescentes hacia los terroristas. Como es obvio, aquí está la cantera de futuros criminales que se inician en la lucha callejera y continúan muchas veces con asesinatos infames. Hay que enseñar a los jóvenes vascos -y al resto de los españoles- la historia tal como ha sido y no como la inventan los nacionalistas. También es imprescindible transmitir los valores democráticos y la defensa de los Derechos Humanos y la dignidad de la persona. A causa de ETA, el caso vasco es sin duda el más complejo, pero conviene no olvidar los estragos que otros nacionalismos han causado también en materia educativa en otras partes de España.
ABC



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