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martes, 22 de septiembre de 2009
DEBATE SOCIAL

Autoridad: ¿por ley o por calidad? 
SALVADOR PEIRÓ I GREGÒRI | UNIVERSIDAD DE ALICANTE. GRUPO DE ESTUDIOS DE ACTUALIDAD DE VALENCIA
Cuando un IES sólo ofrece actividades rutinarias
(según algunos estudios, copiar del encerado parece la tarea a la que el alumnado dedica más tiempo), que suponen un escaso alimento para su pensamiento formal, entonces el aburrimiento se transforma en aborrecimiento de la situación. La proyección hacia los demás no se deja de esperar y surge la crisis. Los estudiantes del IES [Secundaria] manifiestan necesidad de autoafirmación personal; tienen problemas de... Todos estos aspectos se multiplican por cada uno de los chicos y chicas que convergen en el aula. Escudarse en «no me toques que soy 'autoridad'» es un peligro de intentar generar un poder hueco, incluso anoréxicamente ético.

Autoridad
IGNACIO FRANCIA
«En las aulas demasiados alumnos despliegan violencia verbal y hasta física contra los profesores»
El primer foco de responsabilidad por esas actuaciones es evidente que reside en los padres, unos padres que en todos los estratos sociales y en demasiados casos no educan a los hijos. Si de casa el alumno sale sin formación cívica, sin la indicación clara de que al profesor hay que respetarlo, de que es la persona que enseña y también educa, los jóvenes montaraces desplegarán su capricho frente a un profesor desarmado, por preparado que esté 

Docentes intrépidos: ¿'auctoritas' o 'potestas'?
MANUEL MOLINA DOMÍNGUEZ, abogado
Debate absurdo, en mi opinión, porque para poder realizar su trabajo de forma eficaz el profesor debería ser provisto de ambas. Por un lado, de un sólido respaldo moral y social (fomentado en los alumnos desde sus propios hogares). Pero también de esa potestas perseguida por el proyecto legislativo al que me refería al principio: es decir, dotar a los docentes del carácter de "autoridad pública" en su ámbito profesional.

Nada como que te llamen profe, la autoridad a debate
CARMEN COELLO
Confundir autoridad con autoritarismo se está convirtiendo en un debate perverso, que a quien único perjudica es a la institución educativa. Existe en el derecho romano el término "Auctoritas" que no es más que la legitimación moral que debe darse en nuestra sociedad a la figura –en este caso– del docente y es precisamente este punto, la clave de todo el problema suscitado.
Durante los últimos años la evolución de los comportamientos y las formas es enorme y todos los colectivos padres, profesores y alumnos deben acoplarse a los nuevos tiempos. Pero es cierto que miles de compañeros y compañeras se sienten desilusionados al enfrentarse a un nuevo curso. Parte de nuestra sociedad no valora el trabajo de este colectivo, que diariamente ejerce no sólo una función meramente instructiva, sino primordialmente formativa.


“El alumno sabe que no se le castiga aunque insulte al profesor”
ENTREVISTA· Inmaculada Suárez, defensora del profesor
“Los alumnos que vienen de fuera se sorprenden de la falta de respeto a los profesores”

Prtotesta en Granada. Octubre de 2007.Suárez analiza la polémica surgida en las aulas para que se les conceda más autoridad a los profesores...
— La nueva normativa soluciona este problema y el profesor tendrá siempre presunción de veracidad…
Afortunadamente, eso es algo muy positivo que incluye esta regulación. Existe una gran desproporción entre las consecuencias de que un padre denuncie a un profesor y viceversa. Si un padre denuncia a un profesor, el daño que puede causar es gravísimo. Se le puede abrir el expediente o incluso apartar de la docencia. Sin embargo, cuando el profesor denuncia a su[s] padres, como mucho se les impone una pequeña multa. Les sale muy rentable.

En Andalucía serán los centros educativos los que establezcan sus políticas disciplinarias
“La autoridad se gana, se consigue, y no es materia legal”
Se puede decir más alto, pero no más claro. Con esa declaración, el presidente de la Junta de Andalucía deja patente que no comulga con la pretensión de la Comunidad de Madrid de elaborar la Ley de Autoridad del Profesor. El debate en torno a la necesidad de adoptar medidas contundentes para acabar con la indisciplina en las escuelas llega así a nuestra región...

Los profesores aragoneses reclaman agilizar las sanciones a los alumnos conflictivos
Agilizar los trámites es prioridad en la comunidad educativa aragonesa
Los docentes de Aragón han remitido un documento a Educación en el que piden acortar los plazos. La expulsión de un alumno puede tardar más de un mes en hacerse efectiva si los padres la recurren. Algunos centros han puesto ya en marcha las llamadas aulas de convivencia para estudiantes conflictivos. Los profesores consideran que deben potenciarse. Y ello pasa por dotarlos de personal especializado, algo que ahora no sucede, pues se responsabiliza de estas clases a docentes sin una formación adecuada, a menudo con poca experiencia, y que cambian cada curso, debido a la movilidad de los interinos.

Juguetes rotos
FRANCISCO J. POYATO, DIRECTOR DE ABC DE CÓRDOBA  
AQUELLA noche no era como las demás. Llevaba más de dos horas encerrada en el baño. Había clavado la mirada en el alma del espejo mientras mecía su llanto por las laderas de las arrugas que en muy poco tiempo habían poblado sus ojos. Los pliegues de su eterna sonrisa se habían apagado ocultando su encanto. No era aquella vigorosa maestra cuyo timbre de voz había prendido en numerosas generaciones la llama del aprendizaje. La soledad y el silencio se habían apoderado de su casa. Los suspiros eran ya la única nota discordante, mientras su marido se había convertido en un mero espectador de tragedias.

Aquella noche no era como las últimas en que su inagotable vitalidad y energía centrifugaron los insultos, las amenazas o las bromas groseras. Su ferviente vocación se había antepuesto. Reinventarse cada mañana era el reto. No amilanarse ante los boicoteadores, su obsesión. La comunión con gran parte de sus compañeros, una especie de brebaje y conjuro. A veces, mientras echaba un pitillo en la guardia del recreo, discurría sobre las teorías del péndulo de Foucault en esto de la enseñanza o la vida; el fracaso escolar, el bullying o el sentimiento de orfandad ante la Administración y, sobre todo, el poder político que viaja cada septiembre a hacerse la foto de inicio del curso... para no volver más.

Aquella noche había decidido abandonar. Pese a llevar en su genética esa exquisita caligrafía, o esa manera genuina de alumbrar lo desconocido, quería tirar la toalla. Aquel imberbe energúmeno que la acosaba por el pasillo, había rajado las ruedas de su coche, había grabado su trasero y escote en el móvil para colgarlos en Internet o se enfrentaba a ella con gritos y chulería mocosa decidió aquel siniestro día masturbarse en clase delante de sus narices y ante el borreguil silencio del manso rebaño que jadeaba y reía con sorna.

En el infinito negro de su mente, sentada en la taza del inodoro, se entrometían fugaces las imágenes. El vómito en el lavabo, las preguntas de sus compañeros, el eco victorioso de la jauría en la clase por la hazaña... y la puerta del director cerrada a cal y canto cuando huía despavorida del centro. Cerrada, como se la encontraba desde hacía tiempo tras el portazo que le dio a la «autoridad», asqueada, impotente, y resignada por no poder hacer nada para frenar aquellas insolencias, agresiones y vejaciones.

Lo había intentado decenas de veces en reuniones de padres. Qué casualidad. Aquellos pánfilos mimados, capaces de sembrar la mayor brutalidad, eran angelotes rococos incapaces de herir a nadie en casa. «Claro que tampoco había nadie en casa para comprobarlo», pensaba para sus adentros. Estaba harta de decirlo en los claustros. De intentar recavar el apoyo de sus compañeros frente al director, más convertido en comisario de la Administración que en una víctima más del sistema. Pero cada semana que pasaba, sus reflexiones y alarmas encontraban menos refugio. «¡Tienen que pisarme el cuello para que pueda expulsarlos!», increpó... «Somos juguetes rotos», sentenció.

Su marido la sentó a cenar como se acomoda a un mueble. La mirada perdida despertó al ver en la televisión una serie en la que unos alumnos se liaban con una profesora. Pero el ruido atronador del botellón que bullía junto a la plaza donde ella y su marido vivían, ni siquiera le permitió escuchar aquel patético pasaje catódico. Rápidamente, su pareja clausuró esa especie de infamia con el mando a distancia. Ojeó el periódico, y entonces leyó lo de la autoridad en los docentes y penar con cárcel a quienes los agredieran. Y también que la autoridad no se debía imponer con una ley, sino ganársela día a día. O aquella injuria del diálogo, la corresponsabilidad, los siete mil euros par aprobar, seis mil para seguir estudiando o regalar un portátil sin que fuese Navidad... Abrió sus labios, miró a su marido, y exclamó en un hilo de voz: «Juguetes rotos»...
ABC Francisco J. Poyato Director de ABC Córdoba







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