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jueves, 24 de septiembre de 2009
ESTUDIO- RECOPILACIÓN POR Sociedades Médicas SEPEAP y AEPap
En España, sólo se detectan el 10-20% de los casos de maltrato infantil
El pediatra de AP es el profesional que mejor  puede detectar, tratar o derivar los problemas de violencia con mayor efectividad
· Se ha producido un desprestigio de la autoridad de los padres y profesionales relacionados con los jóvenes
   
•  El maltrato infantil en las CCAA de España oscila entre un 5 y un 15,19 por 10.000 menores 
•  El “bullying” o acoso escolar afecta al 17% de escolares
•  El 60% de los menores que acosan en el colegio cometen algún delito antes de los 24 años
• Algunos motivos desencadenantes:  alcoholismo y otras drogodependencias
• Falsas creencias: "Todos lo hacen" - "La violencia en la calle ha sucedido siempre"
   

Madrid, 15 SEP 2009 (ACCESO)
Los problemas de violencia aparecen en los niños y adolescentes como burlas, amenazas, insultos, agresión, maltrato por el género, conductas delictivas,... Esta situación puede dañar a la víctima (miedo, deterioro psicológico, problemas de rendimiento escolar, laboral o social), al agresor (al potenciar sus conductas, disminuye la empatía y se refuerza la falta de tolerancia) y a los observadores (les parece normal la violencia).

Violencia entre padres e hijos
La violencia hacia los niños, o maltrato infantil (MTI) se define como cualquier acción, omisión o trato negligente, cometido por individuos, instituciones o por la sociedad, que prive al niño de sus derechos y libertad, o que interfiera en su ordenado desarrollo físico, psíquico y/o mental. En España la prevalencia estimada en las distintas CC.AA. oscila entre un 5 y un 15,19 por 10.000 menores.

En contrapartida, la existencia de límites conceptuales imprecisos da cabida a un espectro muy amplio de situaciones, permitiendo interpretaciones distintas de un mismo suceso. Esta constatación, “unido al hecho de que el MTI ocurra habitualmente en la privacidad del ámbito familiar, y los problemas en el diagnóstico e intervención en la práctica, son factores que influyen en la estimación de que solo se detecten un 10-20% de los casos, y también en las dificultades para conseguir datos epidemiológicos que reflejen la realidad”, explica la Dra. Carmen Martínez González, pediatra de la Asociación Española de Pediatría de Atención Primaria (AEPap).

ASPASIEn este sentido, “la Atención Primaria de Salud (APS) es un observatorio privilegiado y un escenario normalizado para la detección precoz y la prevención de problemas que ocurren fundamentalmente en el ámbito familiar, como el maltrato”, apunta la pediatra.

El tipo de maltrato más frecuente es la negligencia, pero actualmente asistimos al auge de formas sutiles, sin violencia física, como el “síndrome de alienación parental”, que se podría incluir dentro del maltrato psicológico. A veces en este contexto, padres afectiva y funcionalmente normales, son denunciados por su pareja y convertidos en sospechosos de abusar de sus hijos ante el menor síntoma, como una leve irritación de la zona del pañal o la más mínima verbalización incluso de niños que apenas hablan. Para el manejo de estas situaciones no hay recetas ni protocolos, “pero poner en marcha toda la maquinaria legal para intervenir ante sospechas poco justificados puede ser tan dañino como dejar de intervenir en aquellos casos necesarios”, recomienda la Dra. Martínez.

Violencia entre niños y adolescentes

La violencia entre los niños y adolecentes es una forma de maltrato en sus formas extremas de acoso escolar, también conocido por el término “bullying”. No se consideran como tal las peleas entre iguales si no hay desequilibrio de poder. Los agresores tienen una personalidad dominante, impulsiva, con dificultades para controlar la ira. “Es importante el papel pasivo de los espectadores, que colaboran en el maltrato tanto si se inhiben como si apoyan al agresor”, apunta la pediatra.

La prevalencia en nuestro país está en torno al 17% de la población escolar; en Estados Unidos la violencia en jóvenes se considera como una epidemia para la salud pública y se estima que el maltrato entre iguales en la escuela afecta al 29,9% de los niños y jóvenes escolarizados.

Prevención de la violencia en la infancia y adolescencia

“La violencia que afecta a menores es un problema de salud pública que se puede prevenir y disminuir sus efectos; de la misma manera en que las medidas de salud pública han logrado prevenir y disminuir las enfermedades infecciosas en la infancia, es posible cambiar los factores que contribuyen a producir respuestas violentas, ya sea los dependientes de la actitud y el comportamiento o los relacionados con situaciones sociales, económicas, políticas y culturales más amplias”, comenta el Dr. Patricio José Ruiz Lázaro, pediatra de la de la Sociedad Española de Pediatría Extrahospitalaria y Atención Primaria (SEPEAP).

La comprensión de los factores que incrementan el riesgo de que los menores se conviertan en víctimas o perpetradores de actos violentos es esencial para formular políticas y programas eficaces de prevención de la violencia en menores

Según los expertos de SEPEAP y AEPap, existe un gran número de factores de riesgo que han sido implicados en el desencadenamiento de la violencia:

1. Asociados a los padres, familiares y amigos:
- Antecedentes de maltrato, desatención física o emocional severa
- Desestructuración familiar
- Carencia de experiencia en el cuidado del niño, de sus características evolutivas y necesidades
- Deficiencia mental, inestabilidad emocional, depresión, inmadurez, pobre autoestima y problemas psicológicos ó psiquiátricos
- Aislamiento social
- Alcoholismo y otras drogodependencias
- Prostitución. Delincuencia
- Hijos no deseados. Padres adolescentes
- Modelos inadecuados de disciplina.

2. Asociados al niño y adolescente:
-Discapacidades, minusvalías psíquicas, defectos congénitos, problemas de salud crónicos
- Hiperactividad

3. Asociados al nivel socioeconómico y cultural:
- Desempleo, inestabilidad laboral, pobreza, hacinamiento
- Aprobación cultural de la violencia y el castigo físico.
- Alta movilidad, con cambio de domicilio frecuente
- Exceso de vida social, de trabajo o competitividad.

La comprensión de los factores que incrementan el riesgo de que los menores se conviertan en víctimas o perpetradores de actos violentos “es esencial para formular políticas y programas eficaces de prevención de la violencia en menores”, apunta el Dr. Ruiz Lázaro. 

Los adolescentes creen que la violencia es algo normal e inevitable

En una investigación cualitativa, que se está realizando mediante observación participante en Alcalá de Henares, en el marco del Programa JAMPA del proyecto de participación comunitaria de adolescentes del centro de salud Manuel Merino (http://adolescentes.blogia.com), en Alcalá de Henares, coordinado por el pediatra Dr. Patricio José Ruiz Lázaro, se están detectando en los adolescentes creencias erróneas y actitudes que no ayudan a prevenir la violencia y dificultan la convivencia. Ellos creen que:
- “La violencia en la calle ha sucedido siempre y no puede cambiarse”
- “Todos lo hacen”
- “Juntarse chavales de distintas tribus urbanas (raperos, pokeros, bakalas, heavys, ...) es mal rollo seguro”
- “Las cosas de la calle se resuelven en la calle: a hostias”
- “Si te provocan y no entras al trapo y no pegas, no te respetan, y si no te respetan no eres nadie”
- “A veces estoy nervioso, necesito descargar la tensión y pegar a alguien”
- “Los padres no se enteran de qué va la calle, no me pueden ayudar”
- “Lo que pasa en la calle es problema nuestro, no se cuenta a nadie... no somos chivatos”
- “El que provoca se merece un escarmiento”
- “La quiero tanto por eso soy tan celoso”
- “Los hombres que pegan a las mujeres son los que beben”
- “La coca te pone violento, los porros te relajan”
- “Hay chavales que se lo buscan, merecen que se les pegue, por pipas”
- “A mi nadie me toca, sólo me toca mi padre” (tocar = sacudir)

• La estrategia de intervención más exitosa, recomendada por la Organización Mundial de la Salud es hacerlo desde un modelo en cuatro niveles: individual, relacional, comunitario y social. Cada categoría del modelo representa un grado de riesgo y también puede concebirse como un punto clave para la intervención

Estrategias de intervención

La estrategia más exitosa, recomendada por la Organización Mundial de la Salud es intervenir desde un modelo en cuatro niveles: individual, relacional, comunitario y social. Cada categoría del modelo representa un grado de riesgo y también puede concebirse como un punto clave para la intervención.

La vida cotidiana del adolescente no está cargada de planificación sobre lo que se quiere hacer, sí de inmediatez, novedad, acción, experiencia en relación con lo hay a su alrededor. De ahí, “la dificultad de la aceptación por el adolescente de los mensajes preventivos si tratan de inocular valores inamovibles, mensajes unívocos referidos estrictamente a la salud y a la “no violencia” como valores” explica el Dr. Ruiz Lázaro. 

La sociedad de consumo y la estructura social existente, que se concreta en contextos, servicios y mercados generadores de “carencias” (imposible conseguir todo lo que se oferta) y niveles de frustración bajos (siempre queremos más), ejerce una influencia sobre los adolescentes que los obliga a una manejo permanente de potenciales situaciones conflictivas. Por esto, “es fundamental ofrecer escenarios distintos a los existentes para generar en los adolescentes nuevas actitudes y comportamientos frente a la violencia”, finaliza el pediatra.

Recomendaciones de los pediatras de AP
En este sentido los pediatras de AP demandan:

1) La ampliación generalizada del horario de la utilización de infraestructuras sociales, educativas, culturales y deportivas para la realización de actividades que favorezcan la creación de vínculos saludables.

2) Ofertar alternativas saludables de ocio y tiempo libre a los adolescentes, que amplíen la experiencia de relacionarse con otras personas de forma saludable (amistad e integración como prevención).

3) Iniciar en la comunidad un proceso de elaboración de estrategias que eviten el aislamiento y favorezcan la integración y cohesión social; y permitan superar situaciones de alto contenido de agresividad y violencia presentes en el ámbito comunitario (incluida la vida política española).

4) Generar espacios de reflexión e intercambio entre los distintos agentes sociales para:
a. Favorecer el análisis de situaciones en donde predominen conductas violentas.
b. Encontrar propuestas de cambios actitudinales en la vida pública (favorecer la capacidad de ponerse en el lugar del otro)
c. Instalar el diálogo para reestablecer valores como la igualdad y el respeto mutuo, así como rechazar sus obstáculos (el racismo, el sexismo)

5) Que las actividades de prevención de la violencia se realicen necesariamente con participación de jóvenes, como sucede en el proyecto de participación comunitaria de adolescentes del centro de salud Manuel Merino (http://adolescentes.blogia.com)

6) Fomentar una educación que desapruebe clara y explícitamente la violencia de cualquier tipo y promueva la igualdad de género desde que los niños son pequeños, tanto en el ámbito familiar como escolar.

7) Animar a los padres a participar en  actividades de educación para la salud que incrementen sus habilidades educativas y afectivas, como son la educación maternal preparto ó las escuelas de padres, y a los adolescentes en programas de educación sexual.

8) Mejorar la formación del personal sanitario y de los profesores para detectar situaciones de riesgo importante susceptibles de apoyo y seguimiento desde servicios sociales.

Sociedad Española de Pediatría Extrahospitalaria y Atención Primaria (SEPEAP)

La Sociedad Española de Pediatría Extrahospitalaria y Atención Primaria (SEPEAP), es una sociedad científica y profesional  de ámbito nacional y de carácter no lucrativo, que se fundó en el año 1983 y cuenta en la actualidad con más de 2.400 socios.  +info www.sepeap.org

Asociación Española de Pediatría de Atención Primaria (AEPap)
La Asociación Española de Pediatría de Atención Primaria (AEPap) se constituyó como una Federación de Asociaciones de Pediatras que trabajan en Atención Primaria, de carácter científico y profesional y sin fines lucrativos, en la actualidad se encuentra asociados más de 2.500 pediatras de Atención Primaria de todo el Estado español. +info  www.aepap.org

Para más información sobre este Estudio:
Javier Pérez-Mínguez
Berbés Asociados
Tel.: 91 563 23 00 - 637 824 877  javierperezminguez@berbes.com

By ACCESO

Un problema de salud pública, según los pediatras

Menos del 20% de casos de maltrato infantil salen a la luz y seis de cada diez acosadores escolares cometen un delito antes de los 24 años.
“Si enseñas que la persona que te quiere te puede pegar, perpetuas la violencia” apuntan expertos.

Madrid, 15 sep. (COLPISA, Miguel Lorenci).
“La violencia es un fenómeno cíclico y global, que se da en todos los niveles sociales y culturales, que se puede prevenir y que en lo que respecta a los menores se ha de abordar como un problema de salud pública”. Lo aseguran los pediatras Carmen Martínez y Patricio José Ruiz, miembros de la Sociedad Española de Pediatría y expertos en la violencia en la infancia y la adolescencia. Apuntan como “la mayoría de quienes la padecen en la infancia o la adolescencia, la ejercerán en algún momento de sus vidas” y como esta violencia “tiene múltiples manifestaciones, alcanza a toda la sociedad sin distinción de de nivel económico, social o educativo y muestra datos preocupantes en las fases más tempranas de la vida”.

Según los distintos estudios que manejan estos expertos, en España se detectan apenas un 20% de los casos de maltrato infantil, y, a pesar de que no repuntan, se dan cada vez más casos de negligencia; seis de cada diez menores que acosan a sus compañeros en el colegio cometen algún delito antes de los 24 años; el 80% de los adolescentes que son denunciados por agredir a sus padres fueron a su vez víctimas de castigos físicos infringidos por sus progenitores y hay un “deterioro generalizado de todo tipo de autoridad”.
Ante este preocupante panorama la Asociación Española de Pediatría reitera la necesidad de abordarlo desde un prisma público. “La violencia que afecta a los menores es un problema de salud pública, como lo pude ser la gripe A; se puede prevenir alterando las pautas culturales y sociales que la abonan y la propician” apunta Patricio José Ruiz. “Antes de buscar culpables con cierta desesperación, seamos proactivos en la búsqueda de soluciones” propone. “Hemos de fomentar una educación que destierre al violencia como método de resolver conflictos. Si desde pequeños percibimos un absoluta intolerancias contra la violencia, estaremos en el buen camino”, señala.

“Ese 60% de acosadores en la escuela que acaba cometiendo delitos de cualquier tipo no hace otra cosa que perpetuar la violencia y trasladarla al ámbito laboral o al familiar. Si se valoran el castigo físico para corregir comportamiento y actitudes, se logra que la agresión se convierta en un valor para muchos adolescentes. Si trasmitimos el valor del castigo físico, si enseñas que la persona que te quiere te puede pegar, trasladas ese comportamiento al matrimonio y muchos ámbitos de la vida”, apunta Patricio José Ruiz. Insiste, con todo, este experto en el grave riesgo de generalizar y advierte que “los adolescentes que se involucran en situaciones violentas, no son necesariamente personas malas”.

Sin autoridad

Saben los expertos que la causa de la violencia radica en un complejo y diverso conjunto de circunstancias, pero los pediatras admiten que “hay un desprecio generalizado contra todo tipo de autoridad”. “Los hijos no reconocen esa autoridad a los padres ni a los profesores; los padres a menudo también ponen en duda la autoridad de profesores y médicos” dice la doctora Carmen Martínez. “Hemos de recuperar el sentido de la autoridad de padres, maestros, médicos y jueces, Que nuestros hijos sepan que hay límites que no se pueden traspasar”, propone.

“La amistad saludable y un vinculo emocional seguro son la mejor prevención contra la violencia ejercida por los adolescentes” apunta Patricio José Ruiz. Pero al tiempo destaca como la inseguridad de esos vínculos, en especial con respecto a los padres, está en la misma esencia de la adolescencia, de modo que “más del cincuenta por ciento de los adolescentes tienen vínculos inseguros con sus padres”.
Dejan muy claro los pediatras que “no hay un solo nivel socioeconómico que esté libre de violencia, que tampoco se detecta diferencias por el nivel educativo, económico o cultural en fenómenos como el acoso escolar o el maltrato infantil, “del que sólo salen a la luz entre 10 y un 20% de los casos” y que “además tendemos a estigmatizar al a clases sociales bajas, cuando se dan en todo los niveles” explica Carmen Martínez. Y eso que en ese ámbito se reconocen avances sustanciales. “Ahora conocemos más casos porque hay una red de alerta eficaz, pero lo cierto es que las agresiones infantiles van a menos y que se han desterrado hábitos sociales tan arraigados hasta hace poco como que la letra con sangre entra”.

La violencia hacia los niños o maltrato infantil es técnicamente “cualquier acción, omisión o trato negligente cometido por individuos, instituciones o por la sociedad que prive al niño de sus derechos y libertad o que interfiera en su ordenado desarrollo físico, psíquico o mental”. Según los datos manejados por los pediatras e España la prevalencia oscila entre las distintas comunidades entre un 5 y un 15,19 por cada 10.000 menores.
COLPISA

Estudio recopilatorio de dos sociedades médicas

Los pediatras avisan de que un 80% de casos de maltrato infantil pasan inadvertidos

MADRID, 15 Sep. (EUROPA PRESS) -
Ocho de cada diez casos de maltrato infantil no se detectan en España, según estimaciones realizadas por la Sociedad Española de Pediatría Extrahospitalaria y Atención Primaria (SEPEAP) y la Asociación Española de Pediatría de Atención Primaria (AEPap).

Así, los pediatras señalan que, según sus estimaciones, basadas en diferentes estudios, en España "sólo" se detectan el 10 ó 20 por ciento de los casos de maltrato infantil, algo que, según la pediatra de AEPap, Carmen Martínez González, explica las dificultades para conseguir datos que reflejen la realidad".

Por otro lado, según indicó, el 60 por ciento de los menores que acosan en el colegio cometen algún delito antes de los 24 años, "perpetúan la violencia y la trasladan al ámbito laboral, familiar o vecinal". Además, en España, la prevalencia estimada de maltrato infantil en las distintas CC.AA. oscila entre cinco y 15,19 casos por 10.000 menores. En el caso del 'bullying' o acoso escolar, la cifra, según sus cálculos, asciende al 17 por ciento.

En cuanto a las causas que subyacen a la violencia dentro de las aulas, los expertos detectaron por parte de los padres, familiares y amigos desatención física o emocional severa (hacia el niño violento), desestructuración familiar, carencia de experiencia en el cuidado del niño, de sus características evolutivas y necesidades por parte de los padres; deficiencia mental, inestabilidad emocional, depresión, inmadurez, pobre autoestima y problemas psicológicos ó psiquiátricos o aislamiento social.

También situaron como motivo "desencadenante" de una actitud de maltrato entre los compañeros el que los padres, familiares y amigos estén afectados por el alcoholismo y otras drogodependencias, la prostitución, la delincuencia, el que se trate de hijos no deseados o de padres adolescentes, así como los modelos "inadecuados" de disciplina.

En cuanto a los aspectos asociados al niño y adolescente, situaron las discapacidades, minusvalías psíquicas, los defectos congénitos y los problemas de salud crónicos, así como la hiperactividad. Por último, en lo que respecta a los motivos asociados al nivel socioeconómico y cultural, situaron al desempleo, la inestabilidad laboral, la pobreza, el hacinamiento, la aprobación cultural de la violencia y el castigo físico y la alta movilidad, con cambio de domicilio frecuente o el exceso de vida social, de trabajo o competitividad.

En este sentido, el pediatra de SEPEAP, Patricio José Ruiz Lázaro, valoró que la violencia entre menores debe ser tomada como una "cuestión de salud pública, que se puede prevenir". Además, aseguró que detrás de estos comportamientos hay "creencias y actitudes erróneas que favorecen la violencia" y que, a su entender, deben desterrarse.

FALSAS CREENCIAS: "TODOS LO HACEN"

De este modo, en una investigación cualitativa que estos profesionales han realizado en Alcalá de Henares --en el marco del Programa JAMPA del proyecto de participación comunitaria de adolescentes del centro de salud Manuel Merino--, detectaron en los adolescentes "creencias erróneas y actitudes que no ayudan a prevenir la violencia y dificultan la convivencia".

"La violencia en la calle ha sucedido siempre y no puede cambiarse", "Todos lo hacen", "Juntarse chavales de distintas tribus urbanas es mal rollo seguro", "Las cosas de la calle se resuelven en la calle: a hostias", "Si te provocan y no entras al trapo y no pegas, no te respetan y si no te respetan no eres nadie" o "A veces estoy nervioso, necesito descargar la tensión y pegar a alguien" son algunas de las "creencias erróneas" detectadas en el estudio coordinado por Ruiz Lázaro.

Ante esta situación, los pediatras recomiendan, por ejemplo, "la ampliación generalizada del horario de la utilización de infraestructuras sociales, educativas, culturales y deportivas para la realización de actividades que favorezcan la creación de vínculos saludables". También llaman a "ofertar alternativas saludables de ocio y tiempo libre a los adolescentes".

Además, solicitan que se inicie "un proceso de elaboración de estrategias que eviten el aislamiento y favorezcan la integración y cohesión social". Asimismo invitan a crear "espacios de reflexión e intercambio entre los distintos agentes sociales" o que las actividades de prevención de la violencia se realicen "necesariamente" con participación de jóvenes.

Otras propuestas pasan por "fomentar una educación que desapruebe clara y explícitamente la violencia de cualquier tipo y promueva la igualdad de género desde que los niños son pequeños, tanto en el ámbito familiar como escolar" o animar a los padres a participar en actividades de educación para la salud que "incrementen sus habilidades educativas y afectivas". También solicitan la mejora de la formación del personal sanitario y de los profesores para "detectar situaciones de riesgo importante susceptibles de apoyo y seguimiento desde servicios sociales".
EP

Los menores violentos son un problema de salud pública, según los pediatras

La organizaciones de pediatría advierten de que se ha producido un desprestigio de la autoridad de los padres y profesionales relacionados con los jóvenes
 
EFE - Madrid - 15/09/2009

Varias organizaciones de pediatras han expuesto que la violencia de los menores es un problema de salud pública, que se puede prevenir, por lo que estiman necesario que se actúe para acabar con datos como el de que seis de cada diez menores que acosa en el colegio acaba delinquiendo antes de los 24 años. Tras la recopilación de diversos estudios, responsables de la Asociación Española de Pediatría de Atención Primaria (AEPap) y de la Sociedad Española de Pediatría Extrahospitalaria y Atención Primaria (SEPEAP) han advertido de que no hay nivel socioeconómico que esté libre de violencia vinculada a los menores y opinan que se ha producido un desprestigio de la autoridad de los padres y profesionales relacionados con los jóvenes.

Plantean la necesidad de que se refuercen los contextos sociales frente a la violencia, protegiendo a las víctimas y sancionando a los agresores. "Vemos que la consideración de la agresión como valor está extendida en los jóvenes" y también "la falsa sensación de que aquí no pasa nada", explica el pediatra Patricio José Ruiz Lázaro, de la SEPEAP, que ha realizado un estudio con adolescentes, que detecta entre ellos actitudes que no ayudan a prevenir la violencia. Por ejemplo, muchos de ellos aseguran que "la violencia en la calle ha sucedido siempre y no puede cambiarse", que "todos lo hacen", que "si te provocan y no entras al trapo y no pegas, no te respetan" o que "la persona que te ama te puede pegar".

En España, el 17% de la población escolar sufre acoso escolar, es decir, al menos una agresión semanal durante más de seis meses, un fenómeno que suele comenzar a partir de los 6 años, que aumenta a los 8-14 años y disminuye en los últimos años de la adolescencia. Respecto a los casos de maltrato infantil, sólo se detectan entre el 10 y el 20 por ciento y la mayoría de ellos se cometen por negligencia, ha asegurado la doctora Carmen Martínez González, de la AEPap), aunque ha alertado de que están aumentando las situaciones de maltrato psicológico cometidos por uno de los padres, en procesos de separaciones.

Respeto a los padres y los profesionales


"Es importante detectar estas situaciones para no entrar en una espiral que judicialice al niño", ha explicado la pediatra, quien ha reivindicado una mayor intervención de los servicios de atención primaria, sociales y educativos "ante cualquier sospecha para intentar contener el maltrato". Además, estima necesario que se refuerce el respeto a la autoridad que deben ejercer profesionales, como los pediatras o los educadores, que deben intervenir ante este tipo de situaciones y que se mejore su formación para detectar las situaciones de riesgo.

"La violencia es un ciclo, hay que cortarla", ha señalado el doctor Ruiz Lázaro, quien ha alertado de que el 80% de los menores agresores han recibido violencia por parte de sus padres y de que el 60% de los que acosan en el colegio cometen algún delito -la mayoría menores- antes de cumplir los 24 años. Para este experto, "no es esporádica la violencia vinculada a los jóvenes, es un problema de salud pública, que está ahí y sobre el que hay que intervenir", de la misma manera que se hace para prevenir o disminuir enfermedades.

"Hay que hacer más cosas", ha reclamado el doctor Ruiz Lázaro, quien asegura que "es posible cambiar los factores que contribuyen a producir respuestas violentas". Entre las recomendaciones, proponen ofertas alternativas saludables de ocio y tiempo libre a los adolescentes, ampliar el horario de las infraestructuras sociales, educativas, culturales y deportivas para la realización de actividades que favorezcan la creación de vínculos saludables y fomentar una educación que desapruebe explícitamente la violencia de cualquier tipo.
EL PAIS

 La violencia se queda en familia

No es cuestión de ponerse melodramáticos. Pero tampoco se pueden minizar las cosas. Un día si y otro también aparecen en los medios de comunicación noticias sobre la espiral de violencia que vive nuestra sociedad. Los casos de violencia de género se multiplican. Los asesinatos también.

Victor Fernandez/Deminorias
Se nos advierte del aumento de la violencia contra los hijos cuando son pequeños. De los hijos hacia los padres cuando crecen. Los alumnos con los profesores. De los padres de los alumnos contra los profesores, violencia, violencia, violencia...
 
Y, además, se trata de una violencia encubierta. El último datros es de la Fiscalia de menores que habla de la violencia de los adolescentes contra sus padres. Y no menciona cifras. Tampoco se dan cifras en el caso de la violencia de los padres o madres contra sus hijos. Tan sólo que ocho de cada diez casos de maltrato infantil no se detectan en España, según estimaciones realizadas por la Sociedad Española de Pediatría Extrahospitalaria y Atención Primaria (SEPEAP) y la Asociación Española de Pediatría de Atención Primaria (AEPap).

Así, los pediatras señalan que, según sus estimaciones, basadas en diferentes estudios, en España "sólo" se detectan el 10 ó 20 por ciento de los casos de maltrato infantil, algo que, según la pediatra de AEPap, Carmen Martínez González, explica las dificultades para conseguir datos que reflejen la realidad".

Ocho de cada diez casos de maltrato infantil no se detectan en España, según estimaciones realizadas por la Sociedad Española de Pediatría Extrahospitalaria y Atención Primaria (SEPEAP) y la Asociación Española de Pediatría de Atención Primaria (AEPap). Así, los pediatras señalan que, según sus estimaciones, basadas en diferentes estudios, en España "sólo" se detectan el 10 ó 20 por ciento de los casos de maltrato infantil, algo que, según la pediatra de AEPap, Carmen Martínez González, explica las dificultades para conseguir datos que reflejen la realidad".

Por otro lado, según indicó, el 60 por ciento de los menores que acosan en el colegio cometen algún delito antes de los 24 años, "perpetúan la violencia y la trasladan al ámbito laboral, familiar o vecinal". Además, en España, la prevalencia estimada de maltrato infantil en las distintas CC.AA. oscila entre cinco y 15,19 casos por 10.000 menores. En el caso del 'bullying' o acoso escolar, la cifra, según sus cálculos, asciende al 17 por ciento.

En cuanto a las causas que subyacen a la violencia dentro de las aulas, los expertos detectaron por parte de los padres, familiares y amigos desatención física o emocional severa (hacia el niño violento), desestructuración familiar, carencia de experiencia en el cuidado del niño, de sus características evolutivas y necesidades por parte de los padres; deficiencia mental, inestabilidad emocional, depresión, inmadurez, pobre autoestima y problemas psicológicos ó psiquiátricos o aislamiento social.

También situaron como motivo "desencadenante" de una actitud de maltrato entre los compañeros el que los padres, familiares y amigos estén afectados por el alcoholismo y otras drogodependencias, la prostitución, la delincuencia, el que se trate de hijos no deseados o de padres adolescentes, así como los modelos "inadecuados" de disciplina.

En cuanto a los aspectos asociados al niño y adolescente, situaron las discapacidades, minusvalías psíquicas, los defectos congénitos y los problemas de salud crónicos, así como la hiperactividad. Por último, en lo que respecta a los motivos asociados al nivel socioeconómico y cultural, situaron al desempleo, la inestabilidad laboral, la pobreza, el hacinamiento, la aprobación cultural de la violencia y el castigo físico y la alta movilidad, con cambio de domicilio frecuente o el exceso de vida social, de trabajo o competitividad.
DMINORIAS

Niños que apuntan maneras

M. ASENJO | MADRID
El 60 por ciento de los menores que acosan en el colegio cometen algún delito antes de cumplir los 24 años, según el informe realizado por la Sociedad Española de Pediatría Extrahospitalaria y Atención Primaria (Sepeap) y la Asociación Española de Pediatría de Atención Primaria (Aepap).

Estas organizaciones sostienen que la violencia que afecta a los menores es un problema de salud pública, que se puede prevenir. En este sentido, consideran que el pediatra de Atención Primaria es el profesional de la salud que mejor conoce al niño, al adolescente y a su familia y, por tanto, puede detectar, tratar o derivar los problemas de violencia con una mayor efectividad.

Tras analizar diversos estudios, la doctora Carmen martínez González (Aepap) y el doctro Patricio José Ruiz Lázaro (Sepeap)alertan de que no hay nivel socioeconómico que esté libre de violencia vinculada a los menores y de que se ha producido un desprestigio de la autoridad de los padres y profesionales relacionados con los jóvenes. Asimismo, consideran necesario reforzar los contextos sociales frente a la violencia, protegiendo a las víctimas y sancionando a los agresores.

El informe destaca que, de acuedo con la mayoría de los estudios, el 17% de la población escolar sufre acoso, es decir, al menos una agresión semanal durante más de seis meses, un fenómeno que suele comenzar a partir de los 6 años, que aumenta entre los 8 y los 14 y disminuye al término de la adolescencia.

Respecto a los casos de maltrato infantil, sólo se detectan entre el 10 y el 20% y la mayoría de ellos se cometen por negligencia, asegura Carmen Martínez González, de la Aepap), aunque indica que están aumentando las situaciones de maltrato psicológico cometido por uno de los padres, en procesos de separaciones. «Es importante detectar estas situaciones para no entrar en una espiral que judicialice al niño», explica la pediatra.

«La violencia es un ciclo, hay que cortarla», sostiene por su parte Ruiz Lázaro, al tiempo que resalta que el 80% de los menores agresores han recibido violencia por parte de sus padres y en el mencionado índice (60%) la perpetuan y la trasladan al trabajo o a la familia.

Ofertas de ocio

Entre las propuestas que presentan para erradicar este fenómeno destacan ofrecer alternativas saludables de ocio y tiempo libre a los adolescentes, ampliar el horario de las infraestructuras sociales, educativas, culturales y deportivas para la realización de actividades que favorezcan la creación de vínculos saludables y fomentar una educación que desapruebe explícitamente la violencia.
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PS

La infancia violentada 


ÁNGELES CÁCERES
ALICANTE, 25 SEP 2009 (DI)

Llevo unos días recibiendo información directa sobre la violencia en la infancia, y he de decir que duele. Mucho. Por lo común estos son temas hirientes que impresionan y entristecen, que a veces revuelven las tripas y que en más de una ocasión nos enfurecen, colocándonos al borde de perder los estribos. Por muy templado que se tenga el carácter, por muy antiviolencia que se sea, quién no ha sentido en algún momento el impulso de agarrar unas tijeras de podar de las más grandes y capar, directamente y sin intermediarios, a un pederasta, en especial si es uno de esos que se aprovechan de su condición (familiar, maestro, catequista, canguro) para acceder más fácilmente al niño y violentarlo, destrozándole la vida para los restos. Eso cuando lo dejan con vida, que como todos sabemos no es siempre.

Moderar un ciclo de conferencias en La Vila, que es lo que me encargó Armando Sala, de entrada no parecía algo que se fuese a diferenciar mucho de tantas otras actividades similares que una lleva desarrolladas a lo largo de los años. De entrada, digo; porque en cuanto vi el programa y los ponentes me di cuenta de que allí se iba a hablar de esas cosas que la mayoría de la gente prefiere mantener lo más ocultas posible, entre otras razones por lo que ya he dicho al principio: porque duelen. Y porque, a más de doler, dejan al descubierto los trapos sucios de nuestras más sagradas instituciones sociales, empezando por la familia y siguiendo por las escuelas.

Así que me apresté a oír una pila de cosas que con seguridad no iban a gustarme, y no me equivoqué. Ni siquiera en mi presentimiento inicial de que iba a aflorar una cierta tendencia a cargar las tintas sobre la "ingobernabilidad" de "esta infancia tan rebotada que nos ha tocado sufrir": como así fue. Lo cual que el muy mediático especialista en menores Javier Urra, (que, por cierto, con el circo televisivo de Belén Esteban y su Andreíta lo están poniendo a caldo) confirmó públicamente mi vieja impresión: por mucho que la gente se niegue a reconocerlo, los críos de ahora no son peores que los de antes. De lo que se desprende que si las cosas están tan mal como están el fallo no es de los niños sino de nosotros, o sea, de los adultos, que somos los responsables directos de la sociedad y los modos de vida que hemos preparado para ellos.

Tenía yo especial interés en la conferencia de Enrique Rodríguez Marín, jefe de la Sección Operativa de Protección al Menor, y ahí tampoco me equivoqué. Porque este muy bregado y bragado policía es también el jefe de la Brigada de Investigación Tecnológica, más conocida como la BIT, y eso, en los tiempos que corren, es como decir que trabaja diariamente con una bomba de relojería a punto de explotarle entre las manos. Mejor dicho, con una bomba que le explota cada vez que consiguen acorralar y descubrir una red de pederastia. Era tremendo oírle "que había que preparar cerros de tila" antes de mostrarle a una madre, en la pantalla del ordenador, las pruebas de que su marido estaba violando a sus propios hijos y colgando las imágenes en la red. Y mucho más tremendo ver las imágenes, que se iniciaron con la de un bebé obligado a hacer una felación y siguieron con toda clase de agresiones y vejaciones a niños, desde la cuna hasta la adolescencia.

Y tan tremendo, o más, fue saber por su propia boca que en cuanto cuelgas una imagen en la red, estás vendido para los restos; con lo cual las felices mamás que meten las tiernas fotos de sus bebés en su "facebook", ni de lejos sospechan que hay quien, precisamente a través de esa red, vende niños que son fáciles de localizar, seguir y secuestrarÉ porque en el "facebook" le gente mete también su perfil y sus datos. Y escucharle apercibirnos, una vez más, contra el gravísimo riesgo de un niño solo en su cuarto frente a un ordenador que le deja en manos de cualquiera. Y escucharle decir, con desaliento infinito, que las agresiones no se denuncian, que se silencian por vergüenza o por miedo, dificultando al máximo cualquier investigación; y que la BIT, en tecnología, siempre va por detrás de los delincuentes, que adquieren los últimos modelos de ordenadores continuamente; y que, a veces, ellos se dejan la piel persiguiendo a los pederastas, y cuando los tienen pillados "Sus Señorías los dejan en la calle". Porque esas cosas, por muy inconcebibles que parezcan y por mucho que duelan, pasan y estamos cansados de verlas.

De todos modos, quizá uno de los datos de estos días que más me ha arañado ha sido el que dio la psicóloga Pepa Horno: las agresiones de niños a sus padres no llegan a 10.000 en el país; las de padres a sus hijos menores y bebés pasan de 10.000 por Comunidad Autonóma, la diferencia es sangrante. Comparó la psicóloga la abundancia de campañas contra el maltrato a mujeres, y la precariedad de las dirigidas contra el maltrato infantil, algo tan real como poco percibido. Seguramente porque el maltrato infantil está largamente enraizado en nuestra cultura, y se nos olvida que a un niño se le puede violentar de muchas maneras. Y que todas ellas le hieren y le dejan una cicatriz indeleble. Cuando no una llaga infectada imposible de cicatrizar, que también.
DI


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