Este experto de Cullera ha realizado el primer estudio sobre esta nueva forma de acoso entre jóvenes, que mina la autoestima de la víctima al exponer públicamente los insultos y ofensas
↓ Investigar la grafía de los sospechososPEPI BOHIGUES, 25 OCT 2009 - CULLERA Valencia (LEVANTE-emv / argijokin)
El acoso escolar ha existido desde siempre, pero ha sido en estos últimos años cuando la sociedad ha querido hacerlo visible y afrontarlo. Un adolescente puede acosar a otro de muchas maneras y una de ellas es el "grafobullying" o acoso grafopsicológico, es decir, a través de grandes pintadas descalificativas dirigidas hacia un compañero de clase y que se realizan en sitios públicos, fuera del colegio, para que tengan más repercusión.
José Ángel Valls, perito calígrafo y estudiante de Psicología, ha realizado el primer estudio sobre este tipo de acoso escolar: "Acoso escolar grafopsicológico. Una forma de violencia escolar". Este vecino de Cullera explica que el "grafobullying" es una forma de maltrato muy "despiadada" porque no se queda dentro del centro escolar, sino que, al estar en un sitio público o, incluso, escrito donde vive la victima, pueden verlo toda su familia, amigos y vecinos y la vejación consigue mayor repercusión. La pintada puede permanecer durante meses en la calle y la víctima no tiene posibilidad de defenderse. Es un acoso más violento que el "cyberbullying" porque, según dice Valls, "agrede más que un correo porque se hace participe a toda la sociedad".
Este estudio surgió a raíz de que José Ángel Valls descubrió a principios de 2008 una pintada en una finca de Alzira donde, con letras de gran tamaño, se podía leer el nombre de una chica seguido del descalificativo "la puta". Valls averiguó que la víctima vivía en ese edificio y que el centro escolar al que acudía estaba a sólo treinta metros de distancia. Lo que no da?ba lugar a dudas: algún compañero de clase había querido acosar a la joven.La ofensa se hace pública
El acoso escolar más tradicional no suele salir de las aulas y la víctima crea un muro entre su familia y el colegio para que nadie conozca su difícil situación. Pero escribiendo un insulto en casa de la víctima "se hace participe a toda la sociedad", dice Valls. Además, en el caso de Alzira, las letras tenían casi un metro de altura. "No era una chiquillada, había conciencia de hacer daño", dice el perito. En estos casos, la víctima sufre un gran estrés por la magnitud pública que tiene la agresión.Según José Ángel Valls "si se hubiera escrito en una libreta o se le hubiera dicho de viva voz, es diferente que si las letras tienen un metro de altura. Destroza la autoestimade la víctima". El agresor, por su parte, "queda impune y va a ganarse el respeto de su cuadrilla porque nadie le castiga", señala el experto cullerense. "Ha logrado manipular a la víctima sin tener contacto físico ni necesidad de insultarla verbalmente".
Investigar la grafía de los sospechosos
Valls quiere que el acoso grafo-psicológico sea reconocido como una forma más de violencia escolar y para ello llevará a cabo una serie de conferencias y presentará su estudio entre los profesionales del sector educativo y psicológico.Las pintadas son anónimas y el centro escolar poco puede hacer porque el delito ha ocurrido en la calle, pero la víctima podría denunciar y "si se fuera a la escuela (con orden judicial) para que los sospechosos escribieran unas palabras, se podría averiguar quién es el autor", explica Valls. De forma que el agresor no quedaría impune.
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