logo argijokin La Mirada de Jokin Bullying  ·  Problemática adolescente
 PORTADA
News
 ÚLTIMA HORA | el menor digital | INFANCIAepJUVENTUD  
miércoles, 18 de noviembre de 2009
El sistema educativo cambia el esquema y carga a los docentes con el mayor peso de la educación cuando se pone en duda su autoridad
Cuatro profesionales gaditanos debaten sobre la situación en las aulas
El respeto necesario para enseñar día a día · Tres profesores malagueños presentan su experiencia
· «Se dan casos en los que hay que atender a padres divorciados por separado»
· «Creo que el problema de la conflictividad está sobredimensionado. No hay tantos casos»
· «Hay que estar detrás de los padres para que las Ampas continúen»
La participación de las familias es fundamental para el éxito académico    


ELENA MARTOS, 15 NOV 2009 | CÁDIZ (LA VOZ /argijokin)
La autoridad hay que ganársela en el aula. Los docentes saben que ni los castigos ni el tratamiento de usted los legitiman ante una clase. Tal vez sirvan de barrera de contención los primeros días, pero si en ese tiempo el profesor no se hace con el grupo estará perdido.

El curso comenzó en septiembre con serias dudas sobre el papel del educador. Las administraciones reivindicaron la necesidad de recuperar la figura de autoridad pública de este funcionario, que por otro lado, ya recogía el Código Penal. Pero las medidas planteadas tienen poco recorrido y ninguna de ellas va al origen del problema. El profesor asume el papel de docente, vigilante, tutor y amigo -por aquello de la comunicación de cercanía-. Cada curso tiene que hacerse cargo de nuevas responsabilidades que le genera desorientación e incertidumbre. Tiene herramientas, pero no siempre cuenta con el apoyo social y de las familias para cumplir la tarea asignada.

Las conclusiones surgen de un debate organizado por LA VOZ con cuatro profesores de centros públicos y concertados de Cádiz en el que participó la directora del periódico, Lalia González-Santiago. Pertenecen a generaciones diferentes y la experiencia separa sus métodos docentes, pero el alumnado al que forman es el mismo.

En general son jóvenes que han crecido en un «ambiente más amable, con poca cultura del esfuerzo». La educación se ha dejado en manos de los abuelos, «mucho más bondadosos y flexibles a los que nunca han visto como una verdadera autoridad», plantea Manuel Otero, director del Colegio Campo del Sur. Sus alumnos pertenecen, en muchos casos, a familias desestructuradas, con problemas económicos y eso se refleja en el rendimiento en las aulas. «La falta de estabilidad en un hogar o de atención por parte de los padres son responsables del fracaso escolar», explica el docente de 52 años.

Manuel Otero comparte experiencias con Francisco Vacas, director del Instituto Columela. Al centro de las Puertas de Tierras le tocó asumir la enseñanza de los alumnos de 12 a 16 años del Campo del Sur que iniciaban la Secundaria cuando se suprimió la antigua EGB. Recuerda que aquellos años fueron los más conflictivos y tuvieron que recurrir incluso a la Policía Local y a la Delegación de Asuntos Sociales para reducir los altos niveles de absentismo escolar.

«De eso hace ya una década y la situación ha mejorado, pero los grupos siguen cambiando», explica el director del Columela. «Llevo casi treinta años en la educación y siempre he considerado que hay que partir de una relación de confianza mutua con los alumnos», añade Vacas, que no duda de que la base de la disciplina en los colegios la tiene el tutor y si sabe llevar la clase «se reducirá la conflictividad».

Cambios educativos

Pero no siempre resulta fácil y no todos los grupos son iguales. La reforma de la Logse zanjó el problema que había en las escuelas y lo trasladó a los institutos. El principal escollo se encontraba entre sexto y séptimo, donde se concentraba el mayor número de repetidores. Era entonces cuando el desinterés por los estudios y las malas notas daban lugar a alumnos problemáticos. «Ahí sí había que ponerse en su sitio. He visto a compañeros verdaderamente quemados, que daban clase en barrios conflictivos», recuerda Manuel Otero. El problema no es nuevo, siempre se han producido casos, pero las estadísticas y la propia realidad evidencian el aumento del desgaste profesional en este sector.

El profesor Jerónimo Moreno da clase ahora a jóvenes de esos niveles y considera que «la situación no es tan mala». «Los años de experiencia y el trabajo que realices con ellos es fundamental para que no se te vayan de las manos», dice al respecto. A pesar de las estrategias, reconoce que «cada vez se necesitan más herramientas para atraer su atención». «Los profesores tenemos que incluir, no sólo los cambios tecnológicos o pedagógicos que proponga la Administración, sino al entorno social que rodea a nuestros alumnos. Si no te adaptas, te estrellas».

Cambios sociales

Los docentes invitados coinciden en que la realidad del centro está marcada por la sociedad, desde la situación familiar a las pandillas de amigos. La conciliación de la vida laboral y familiar recae casi en exclusiva sobre la escuela que cada vez asume un mayor peso. El director del Columela advierte de que «la educación tiene que ser compartida, pero siempre de la mano de los padres. Esa dinámica de dejar al niño por la mañana y recogerlo por la tarde no me parece lo más adecuado».

Javier Caravaca tiene 30 años y es profesor en el Colegio concertado San Felipe Neri. A pesar de su corta experiencia, asegura que la participación de los padres en su centro es mayor, a juzgar por las intervenciones realizadas durante el debate.

Caravaca deja claro desde un principio que «no es por el colegio en sí, probablemente los que se encuentran en la misma zona tengan una situación parecida». A su parecer, el problema de la conflictividad está sobredimensionado. «No creo que haya tantos casos como se plantea ni que los profesores estemos indefensos o hayamos perdido el respeto ante la clase». Aun así, reconoce que «está en la calle y hay que intentar comprender cada realidad».

El profesor habla de situaciones como la necesidad de citar a padres de un mismo alumno en diferentes días porque están separados o replantear algunas clases cuando hay estudiantes de otras nacionalidades. «Es evidente que nada tienen que ver las clases de hoy con las que se impartían hace diez años».

LA VOZ

«Hay que estar detrás de los padres para que las Ampas continúen»

La participación de las familias es fundamental para el éxito académico

Las escuelas comienzan a parecerse cada vez más a una guardería. Ésa es la percepción de los profesores que participan en el debate sobre la cuestión de la autoridad en los centros organizado por LA VOZ. Aulas matinales, comedores, actividades extraescolares y las clases ordinarias forman parte de la agenda de muchos de los niños gaditanos. Los padres exigen ayuda para compatibilizar la vida laboral y la familiar, pero su papel es mínimo en la participación en los centros.

«Las reuniones de evaluación se quedan desiertas», asegura Francisco Vacas, director del IES Columela cuando se plantea la cuestión. Para el educador resulta fundamental que «la educación sea compartida, pero centrada en los padres».

Las ampas son el modelo del que disponen las familias para influir en la formación. «Prácticamente hay que estar detrás de los padres para que se involucren», asegura Manuel Otero, director del Colegio Campo del Sur, que tiene sus propias estrategias. Cuenta durante su intervención que empieza por los padres más jóvenes para intentar convencerlos y parece que le da resultado.

Sin embargo, Otero dice sorprenderse de que todos los padres aleguen que están trabajando para no acudir a las reuniones cuando Cádiz tiene una de las tasas más altas de desempleo.

El profesor del San Felipe Neri, Javier Caravaca, insiste en que la participación ha bajado, pero en su centro se mantiene alta. Argumenta que «la zona en la que se encuentra el colegio con más nivel económico y profesional, tiene mucho que ver eso».

En toda esta situación tiene mucho que ver los cambios en las propias familias. Desde ellas debe partir los principios de respeto y autoridad hacia los educadores, pero a veces los niños repiten los mismos comportamientos que sus padres y se hace flaco favor al sistema cuando a un toque de atención se responde con agresividad.
LA VOZ

El respeto necesario para enseñar día a día

La Junta andaluza regulará la protección del profesorado mediante una Carta de Derechos · Docentes cuentan sus experiencias 

Cristina Fernández / Málaga | 16.11.2009 (MALAGAhoy /argijokin)
Mercedes Moreno, profesora de Francés del instituto Torre Atalaya, cuenta que su hermano estuvo amenazado de muerte por sus alumnos, adolescentes en un pueblo de Cádiz que llevaban encima incluso armas. Por fortuna, son casos aislados y el curso pasado no se produjeron en Málaga casos significativos de agresiones graves a profesores. No obstante, la violencia en las aulas, ya sea a docentes o entre iguales, es algo que preocupa a la comunidad educativa y el nuevo reglamento de organización de Centros quiere hacer especial hincapié en ello. 

Este fin de semana la consejera de Educación, Mar Moreno, ha vuelto a anunciar en Málaga que su administración regulará la protección del profesorado mediante una Carta de los Derechos del Profesorado y una completa regulación sobre las garantías de los mismos. Mientras sale adelante esta herramienta para luchar contra conductas indeseables en la escuela, los maestros han de luchar día a día por ganarse el respeto de unas aulas que son el puro reflejo de "los problemas que hay en la calle", como considera el director del IES Portada Alta, Antonio Marfil.

"Al mismo tiempo que cambia la sociedad, se modifican las relaciones en el centro y los niños, si les pides que recojan un papel que han tirado, te contestan: eso no me lo dice ni mi padre, y es verdad, la familia no le corrige esas conductas", dice Marfil. Su centro cuenta con más de 550 alumnos y 25 grupos en los que, "como la vida misma, hay momentos buenos, otros incómodos, situaciones complicadas, desajustes y conductas que pueden impedir el trabajo normal del docente y los alumnos", afirma.

En su centro parten de la siguiente idea: "Hay que hacer frente el conflicto porque existe, lo que se intenta es atajarlo", subraya el director. Por ello, su centro tiene medidas implantadas como el aula de convivencia, un espacio de reflexión para aquellos adolescentes que causan verdaderos problemas. "Aunque el profesor tiene que tener mucha mano izquierda, hay momentos en los que el problema se agudiza y deja la clase parada", relata Antonio Marfil. En ese momento el docente escribe en "la hoja amarilla" lo que ha pasado y el alumno se saca de clase para asistir al aula de convivencia, en la que "se le atiende de manera individualizada". En este espacio se intenta que el alumno "comprenda que su conducta es una falta de respeto".

Para este director, los casos más graves que ahora encuentran es el ciberacoso, aunque "no son generalizados". Y su centro tan sólo ha vivido un par de casos de agresión grave que necesitaron el cambio de centro de los estudiantes. "La educación se universaliza en un mundo muy complejo, la televisión es cada vez más soez, hay menos valores, si la sociedad volviera al respeto y la tolerancia, también lo haría la escuela", asegura Antonio Marfil. Pero este es un trabajo lento y mucho menos visible que impulsar una carta de derechos, un documento que aunque no solucione un problema mucho más profundo como consideran algunos, "todo lo que sea la ampliación de derechos es bien recibida", estima Santiago Cabello, director del instituto Torre Atalaya. Su centro tiene 580 alumnos divididos en 15 grupos de Secundaria y cinco de Bachillerato. A pesar de no ser un centro pequeño, sus docentes se enorgullecen de la poca conflictividad que se da en él.

"Somos partidarios de la propedéutica antes que de la terapéutica, es decir, que hay que adelantarse y prevenir antes de que surjan los problemas", dicen Santiago Cabello y Mercedes Moreno, profesora de Francés. Hace varios años se diseñó en el centro un plan de convivencia en el que es fundamental el contacto directo con las familias, los padres actúan como aliados. "No somos partidarios de viejos sistemas escolares y damos continuas oportunidades a los niños", explica Santiago Cabello y relata el sistema.

Cuando un alumno comete una falta como un insulto, una mala contestación o interrumpe en clase, se le controla el comportamiento en lo que ellos llaman "escala de observación". Además, desde el mismo momento en que se comete la acción, la familia está al tanto de todo. Este control consiste en que el alumno tiene que acudir a clase con un parte en el que se apunta la conducta de ese día en la clase en la que ha tenido el problema. El jefe de estudios es el que lleva el control.

Mercedes Moreno asegura que la simple vigilancia del alumno funciona en la mayoría de los casos. Eso sí, en el Torre Atalaya no hay manga ancha con actitudes racistas o sexistas, con casos de acoso o acciones violentas graves, para las que se ejecutan las sanciones más graves, la expulsión de 3 a 29 días o el traslado a otro centro. Sólo dos casos han tenido que alejar del instituto por pillarlos consumiendo droga "para intentar quitarles las redes de distribución que puedan tener en el centro", señala el director.

En su clase de Francés Mercedes tiene muy claro cómo actuar. "Tienes que ser flexible pero las normas que impongas que estén muy claras, además, cada grupo, cada niño, es diferente y has de hablar mucho con ellos, procurar conocerlos y saber qué les das a cada uno", sostiene esta profesora que por suerte dice "no sentirse amenazada" pero que conoce historias de compañeros "que trabajan en situaciones muy regulares, se sienten en riesgo, tienen auténticos conflictos, como insultos reiterados, amenazas de muerte" o atentados contra el patrimonio de los docentes. "Si cortas las acciones pequeñas ellos son conscientes de que las graves se van a castigar", añade esta profesora.

También en el IES Torre Atalaya existe el aula de convivencia. Y no sólo eso. Este centro TIC y bilingüe participa en los programas Escuela Espacio de Paz, tiene un proyecto de coeducación y ha participado con excelentes resultados en la campaña Los Buenos Tratos. Todas las actividades para intentar inculcar valores a los chavales son bienvenidas, aunque con una reflexión de fondo. "Antes la familia educaba y la escuela reafirmaba, ahora hay, a veces, que enseñarles a decir buenos días. Se pretenden que la escuela eduque sola y eso no se puede", matiza Mercedes Moreno.

La convivencia en las aulas es distinta cuando los alumnos pasan de los 18 años. O por lo menos ésa es la experiencia que tiene Rosario Biedma, profesora de ciclos formativos del IES Santa Bárbara. "Son adultos, ya han decidido lo que quieren hacer, no están allí por obligación, quieren ejercer la profesión que han elegido", dice Rosario que no ha vivido ningún tipo de violencia ni falta de respeto.
MH

DISEÑO y RECOPILACIÓN © argijokin <>

Traductor/ Translate

Acerca de ...
Ver perfil público del propietario del blog
«Mis ojos seguirán», Jokin CL
Ƞ 21-S-2004, Hondarribia
Buscador
Nube de tags
»CLiC: activar Nube de tags

Calendario


AYÚDAme · SOS · »Despliega el menú y haz clic

Categorias


Puntos Rojos
colegio/instituto
compromiso activo (… ±)


Archivo
Sindicacion
Feed, RSS, Ranking, (… ±)


Enfoques

Logo de apoyo a Jokin y los 'otros Jokin',  víctimas del bullying · Nik'J · Yo, Jokin